¿Por qué hay cantantes y bandas de música cristiana que graban canciones de otros sin autorización?

¿Por qué hay cantantes y bandas de música cristiana que graban canciones de otros sin autorización?

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—¡Hola Carlos! ¿Cómo estás?

—¡Bien, Noel! ¡Qué bueno es escucharte! Me escribiste que querías hablar conmigo y hacerme una consulta sobre una canción…

—¡Sí, claro! Es que estaba leyendo algo sobre la historia detrás de una canción que tu banda incluyó en su último álbum y mientras la leía me surgió una inquietud.

—Dime, ¿cuál es?

—Carlos, ¿ustedes pidieron permiso para grabar la canción?

—¡No, no lo pedimos! La canción es de dominio público y, por lo tanto, no es necesario pedir ningún permiso a nadie.

—¡No, Carlos! La canción la compuso Fulana de Tal que murió en 2008, por lo tanto, la canción no es de dominio público. Una canción es dominio público 75 años después de la muerte del autor; mientras tanto, seguramente la familia está administrando los derechos de propiedad intelectual y, por ende, los ingresos por regalías de la canción.

—Pero, Noel, nosotros como ministerio le pagamos mensualmente a una agencia de representación y ellos hicieron la investigación sobre la canción y nos dijeron que era de dominio público.

—¡No puede ser! Yo con diez minutos buscando Google encontré quién la compuso. ¡En Wikipedia!

—Bueno, envíame la información y vamos a ver qué hacemos. Porque la canción ya está en el álbum y el álbum ya está en el mercado.

—¡Por supuesto Carlos! ¡Yo te envío la información!

Un mes después vía Inbox…

—¡Hola Carlos! ¿Cómo estás? Quería saber cómo les había ido con el asunto de la canción aquella que hablamos y que me pediste que te enviara la información. ¿Contactaron a quienes administran los derechos de autor? ¿Pudieron poner en orden ese asunto?

La conversación es verídica. La maticé un poco para que no sepas de qué ministerio musical estoy hablando y no te prejuicies cuando los escuches. Sin embargo, a la fecha de hoy Carlos no volvió a responderme. Supongo que le incomodó que lo confrontara con el tema y prefirió barrer el polvo, empujarlo y esconderlo debajo de la alfombra. Aun así, tengo la esperanza de que la información que le brindé la haya utilizado para ordenar ese asunto. Utilizar canciones sin autorización es un delito penado por la ley, principalmente con multas de cientos de miles de dólares. Por lo tanto, si este ministerio no puso manos a la obra, entonces andan por toda Latinoamérica ministrando en congresos y eventos multitudinarios presentándose como cristianos íntegros cuando tras bambalinas no lo son.

Es triste, pero es la realidad. Hay cantantes y ministerios musicales que emplean canciones de otros, principalmente covers del inglés que, como los cantantes anglos no están pendientes de la música cristiana latina, entonces ni se enteran de que hay ministerios que graban sus canciones sin solicitarles autorización. Para algunos cantantes basta con traducir, ponerles un nuevo arreglo y ¡pum! ¡Grabémosla! Pero no, hermanos, según la ley de todos los países eso es un delito, es robo, hurto y usurpar propiedad intelectual ajena. Y, por lo tanto, un pecado.

Donde frecuentemente he visto pecar de ese modo, es con el uso de los himnos y coritos cristianos. Muchos ministerios musicales creen que todos los himnos o todos los coritos son de dominio público. Y puede que con la mayoría sea así, pero no en todos los casos. Emmanuel Espinosa relató hace muchos años que cuando quiso incluir el himno Cuán grande es Él en un álbum del grupo Rojo se topó con la noticia de que tenía derechos de autor. Como ya dije, después de 75 años de fallecido el compositor, la canción pasa a ser de dominio público, pero en ese entonces, Emmanuel dijo que faltaban 3 años para que se cumplieran los 75 años. Por ende, tuvo que pagar por usar el himno en una de sus grabaciones.

Otro que relató una experiencia similar fue el cantante mexicano Manuel Bonilla. Resulta que Marcos Witt incluyó el corito Donde está el Espíritu de Dios en el álbum Recordando Una Misma Senda y cuando Manuel Bonilla se vio con Marcos Witt, le dijo: “¡Oye, Marcos! En el álbum pusiste que ese corito es de dominio público y no es así. Yo lo escribí en la década de los 70´s”. Marcos se sorprendió, le pidió perdón y le dijo que arreglarían eso para que él pudiera recibir sus respectivas regalías.

Mi punto es que muchos cantantes en Latinoamérica no investigan adecuadamente de quiénes son las canciones y si realmente son de dominio público. Y otros, sabiendo que son canciones contemporáneas, simplemente no investigan nada y las graban como si fueran propias.

Si a esto le sumas la moda de cantar canciones de cantantes cristianos conocidos y versionarlas para Youtube, esto también podría caer en infracciones a la ley. ¿De qué estoy hablando? Que si versionas una canción de Steven C. Chapman o Kari Jobe o si quieres, de MIEL San Marcos o Evan Craft, y al subirla a Youtube vas a percibir ingresos económicos por cantidad de clics o anuncios, si tú no pagas regalías entonces podrías estar robando. En teoría, Youtube tiene un algoritmo que identifica canciones con derechos de autor y no debería permitirte subirlas a tu canal; sin embargo, el punto es que si vas a percibir dinero por canciones de otros, lo ético es que traslades al autor las ganancias correspondientes.

De paso, muchos no lo saben, pero esto de usar una canción de un compositor no solo se limita a meterlas en grabaciones profesionales o a versionarla para Youtube. En EE. UU. ya no solo hay que pagar derechos de autor por eso, sino también por usarlas públicamente. Sí, una iglesia cristiana debe pagar una licencia de uso para cantarlas en sus servicios de adoración. Generalmente se le paga a la disquera y es un pago anual, y quienes van a la vanguardia de hacer las cosas legales son las iglesias anglos que están enteradas de lo que dicta la ley. Lamentablemente, son pocas las iglesias hispanas en EE. UU. que la obedecen. Un amigo me contó recientemente que fueron demandados por un ministerio musical por infringir esta ley y desde esa vez velaron para que eso no volviera a ocurrir. Por cierto, esta realidad legal de uso público de canciones, es lo que está motivando a muchas iglesias y sus ministerios de alabanza a componer sus propias canciones más habitualmente para no tener que andar pagando licencias y despreocuparse de infringir la ley de derechos de autor.

Alguien dirá: “Pero las canciones cristianas las inspiró el Señor. Es decir, son regalos del cielo, ¿por qué entonces hay que pagarle a alguien para que las grabemos en nuestros álbumes, las versionemos en Youtube o cuando las cantemos en la iglesia?” Generalmente, quienes piensan de ese modo no saben cuánto cuesta componer una canción, pero serían los primeros en pegar un grito en el cielo si el salario que devengan en sus empleos se lo dieran a otra persona y no a ellos, ¿no es cierto?

Pues la composición de canciones es un trabajo. Sí, es un don de Dios; sí, las canciones son regalos del cielo; sí, la música es un arte para compartir, ¡pero es un trabajo! Y Jesús dijo: “El obrero es digno de su salario” (Mateo 10:10), ¿lo recuerdas? Muchas canciones tardan horas, semanas y meses en componerse. Y si bien es cierto que algunas de ellas se pueden escribir en cuestión de minutos, eso no significa que sean la mayoría y mucho menos le quita que haya habido un esfuerzo intelectual, emocional y físico para crearse. Por lo tanto, como todo trabajo intelectual o físico debe ser remunerado, entonces debe pagársele al autor lo que corresponde a su labor.

¿Por qué entonces los cantantes y ministerios musicales graban canciones sin autorización? Por ignorancia, por no investigar, por antiéticos, por ilegales, por ladrones, por maldad… ¿quieres que siga?

Noel Navas.

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