¿Por qué hay cristianos que nunca dejan de decir malas palabras?

¿Por qué hay cristianos que nunca dejan de decir malas palabras?

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Hace unos meses un amigo y yo tuvimos una reunión con un pastor bastante conocido en el país. Ambos necesitábamos hablar con él sobre un tema, deseábamos saber su opinión y recibir su consejo. Nos recibió muy cordialmente, pero como mi amigo se mueve dentro de cierto círculo particular de líderes cristianos, al nomás sentarnos el pastor le dijo: “¡Oye! ¿Y el pastor Fulano de tal se sigue reuniendo con ustedes?” Mi amigo: “¡Sí, siempre!” Al oír su respuesta, el pastor que estábamos visitando dijo con tono hostil: “¡Es que el otro día le llamé por teléfono para darle una p _ t _ _ da por esto, esto y esto!”

Me sentí asqueado. El pastor del que él estaba hablando es un pastor respetadísimo en El Salvador y, además de que el tono que usó no era el correcto, que se haya dirigido a él con malas palabras hizo que el buen concepto que yo tenía suyo… cayera al piso.

En otra ocasión, otro pastor nos invitó a mi amigo (de la anécdota anterior) y a mí a su casa para cenar. Mientras conversábamos sobre varios temas noté que el pastor anfitrión se le salió una mala palabra mientras hablaba, pero ni se inmutó. Parecía que él la usaba como muletilla o para iniciar alguna explicación. Decía: “P _ _ _ bla, bla, bla, etc.” Y así lo hizo varias veces hasta que lo interrumpí y le dije: “Oiga, ¿por qué usted dice malas palabras? Francamente, no sabía que usted las hablaba como si fuera normal”. ¡Para qué dije eso! Me regañó: “¿Ve? ¡Estoy en mi casa! Además, ¡yo siempre he hablado así! ¿Y vos vas a venir a decirme cómo debo de hablar?” A todo esto mi amigo solo se reía. Parece que él sabía que este pastor decía malas palabras y solo yo no estaba enterado.

Por último, otro amigo pastor y yo estábamos hablando acerca de una mega iglesia de la capital debido a que, en ese entonces, se creía que el pastor principal estaba por fallecer debido a ciertas complicaciones de salud. Mi amigo y yo teorizábamos sobre quién sería su sucesor en el puesto y, por lógica, concluimos que definitivamente su hijo heredaría el cargo. Antes de despedirnos, mi amigo, que conocía más a profundidad ese ministerio, me dijo: “Mirá Noel, lo único que te puedo decir de esa mega iglesia es que yo he estado en reuniones pastorales con todo el equipo de ellos y solo de “P” para arriba se tratan entre sí”.

Todos los ejemplos anteriores son de pastores de iglesias en mi ciudad y, claro, con esto no quiero que te prejuicies y creas que todos los pastores en mi país son unos malhablados. No, estos son ejemplos con los que me he topado y supongo que no son la regla. Mi pregunta es: si así hablan algunos pastores evangélicos, ¿cómo hablarán sus seguidores? ¿Tendrán en alta estima no decir palabrotas, no ser vulgares ni emplear lenguaje soez o verán como normal hablar de ese modo?

No lo sé, pero sí sé que hay muchos cristianos que luchan con no decir malas palabras. Vamos, no estoy hablando de recién convertidos o cristianos que apenas llevan 1 año de conocer a Jesús, estoy hablando de cristianos de años. Que, a pesar de conocer el evangelio, no han cambiado su forma de hablar.

El apóstol Pablo escribió: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29). En este texto, lo que Reina-Valera tradujo como “corrompida”, la Biblia de las Américas lo tradujo como “mala palabra”; pero en el griego original es “podrida”. Es decir, Pablo está hablándole a los cristianos de que no deben emplear lenguaje podrido al conversar, que su lengua no debe apestar a pescado descompuesto ni oler a basura hedionda. ¿Me explico?

La otra pregunta es: ¿por qué hay cristianos evangélicos que desobedecen este mandamiento? ¿Por qué siguen diciendo malas palabras después de tantos años de conocer a Jesús? La respuesta es sumamente simple: porque no han querido rendir esa área de sus vidas al señorío de Cristo. Nada más. No hay que buscarle 5 patas a la mesa. Quien sigue diciendo malas palabras se debe a que no ha hecho a Jesús totalmente el Rey de su corazón.

“¡Querrás decir el Rey de sus bocas, no de su corazón! ¿Verdad?”, dirá alguien.

No, quise decir el Rey de su corazón, no de la boca. ¿Sabes por qué? Porque Jesús dijo que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34); por lo tanto, si la boca de alguien exhala hedor a podredumbre, eso significa que el olor proviene de las alcantarillas de su corazón. El problema del cristiano que dice malas palabras no es externo, es interno. No es cosmético, requiere una transformación interior. ¿Acaso no recuerdas al profeta Isaías que dijo “¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, porque han visto mis ojos al Rey, el SEÑOR de los ejércitos” (Isaías 6:5). La debilidad del profeta Isaías era su boca, solía decir malas palabras. ¡Y no solo él! También el resto del pueblo delante de cual profetizaba. Por eso dijo «en medio de un pueblo de labios inmundos habito». Las malas palabras entre el pueblo de Dios, no es cosa nueva, es un mal endémico que permanece hasta el día de hoy. Por lo que, al enfrentarse a la luminosa y radiante santidad del Señor, su pecado fue expuesto y experimentó angustia y alarma por su condición. Pero el problema de Isaías no era externo, era interno, provenía del corazón porque Jesús dijo que de allí proviene lo que hablan nuestros labios.

Para concluir, permíteme brindarte algunos consejos si es que esperas cambiar de una vez por todas tu modo de hablar, ¿ok? Por favor, presta atención a estas 5 cosas que deberías de hacer:

1. Arrepiéntete.

Decir malas palabras es pecado. ¡Punto! No racionalices tu debilidad diciendo que siempre has hablado así o que viste a tus padres siempre hablar así. Deja las excusas y sé como Isaías que, al enfrentarse a la santidad de Dios, reconoció que era una persona de “labios inmundos” y se arrepintió de todo corazón delante del mismísimo trono de Dios.

2. Ilumina esa área obscura.

Para sacar de adentro de tu corazón la podredumbre que hay en tu corazón, necesitas la luz de las Escrituras que ilumine esas áreas obscuras de tu interior y, entonces, podrás limpiar toda la suciedad que está allí acumulada. Comienza memorizando Efesios 4:29 y luego todo el capítulo 3 de la epístola de Santiago, además de otras escrituras que hablan sobre hablar bien. De este modo, la Palabra de Dios iluminará tu obscuridad e irá limpiando poco a poco lo más recóndito de tu malvado corazón.

3) Cuida lo que ves y lo que oyes.

Si acostumbras a ver películas en el cine, series de Netflix o de la televisión, e inclusive, canciones seculares con lenguaje soez, ¡deja de ver y escuchar todo eso! Escoge mejores películas, selecciona mejores series y elige mejor música si es que esperas cambiar tu hábito pecaminoso de decir malas palabras. Sé serio con este tema y deja de meter basura en tu corazón, porque si lo sigues haciendo, nunca dejarás de vomitar palabras fétidas.

4) Selecciona tus amistades.

Pablo escribió: “No erréis, las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33), y cuando de dejar de decir malas palabras se trata, este texto cobra relevancia. Si quieres dejar de decir malas palabras, aléjate de esas amistades que de 10 palabras, 9 son vulgaridades, groserías y obscenidades. Si por algún motivo, alejarte permanentemente de ellos es imposible, no permitas que digan malas palabras delante de ti. Habla con ellos, pídeles de favor que moderen su lenguaje y, entonces, sostén la conversación que debas sostener con ellos. ¡Sin malas palabras! Si aún hablando con ellos no las dejan de decirlas, definitivamente debes alejarte.

5) Rinde cuentas.

Por último, hay pecados que no se vencen solos. Aunque para algunos la sola memorización de las Escrituras será suficiente para experimentar un gran cambio en su forma de hablar, en otros casos requerirá que busques a tu pastor, a un líder que respetes o a algún buen amigo cristiano para que te comprometas a que él supervise los avances o retrocesos de tu vocabulario. Muchas veces, saber que estamos dando cuentas de nuestras vidas a alguien, nos concientiza de que debemos asumir responsabilidad de nuestras palabras y hechos. Así que busca lo antes posible alguien que te pueda echar la mano como mentor y comienza a dar pasos hacia la transformación en tu forma de hablar.

Noel Navas.

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