S.D.G

S.D.G

- en Misceláneos
1981
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s.d.gExaminando nuestras motivaciones.

El fin de semana pasado estuve enseñando en el Instituto Canzion de la ciudad de San Miguel, a dos horas de la capital. Su director, César Flores, me invitó a compartir en el primer devocional del año y bueno, cuando regresaba pensé que sería buena idea escribir a manera de artículo los conceptos que compartí con los estudiantes. Si usted es cantante, músico, compositor, ¡o cualquiera de los tres!, pienso que mis reflexiones podrían ayudarle a reenfocar sus motivaciones a la hora de emprender algún proyecto para el Señor. Confío en Dios que así será.

El Nuevo Testamento dice:

Según la gracia que Dios me ha dado,
yo, como maestro constructor, eché los cimientos,
y otro construye sobre ellos. Pero cada uno tenga
cuidado de cómo construye, porque nadie puede
poner un fundamento diferente del que ya está puesto,
que es Jesucristo. Si alguien construye sobre este fundamento,
ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con madera,
heno y paja, su obra se mostrará tal cual es,
pues el día del juicio la dejará al descubierto.
El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba
la calidad del trabajo de cada uno.
Si lo que alguien ha construido permanece,
recibirá su recompensa.
1 Corintios 3:10-14.

Este pasaje de la Escritura nos habla de varias cosas. La primera es que al convertirnos en cristianos es puesto un fundamento en nuestra vida interior. Una base sólida sobre la cual construir la vida cristiana: El Señor Jesucristo. Otros textos bíblicos hablan de que él es “la piedra del ángulo”, es decir, la primera piedra que se puso cuando se comenzaron las obras de construcción y sobre la cual la edificación se levantará. Sin dicho fundamento la construcción o no existiera o se desmoronaría de inmediato.

En segundo lugar: el texto habla de que partiendo de dicho fundamento cada quien es responsable de la calidad de materiales con los cuales construirá su edificación. Habla de dos tipos: Oro, plata y piedras preciosas, o madera, heno y paja (“hojarasca”, dice otra versión).

El clímax del texto llega cuando se afirma que durante el día del juicio sabremos si nuestro edificio es una impresionante construcción de altísimo valor o una decepcionante choza de paja. Es decir, en este momento nosotros podríamos creer que nuestra casa es un gran palacio real cuando en realidad es pura madera mezclada con heno. Será hasta el día del juicio que lo sabremos con exactitud.

Aplicando el texto a nuestra faceta musical como cristianos tenemos el mismo fundamento: El Señor Jesucristo. ¿Verdad? Y ahora nuestra responsabilidad es edificar una vida digna de dicho fundamento. Vamos, las disciplinas espirituales (orar, estudiar la Palabra, congregarnos, etc.) nos permiten edificar con calidad. Ayunar, evangelizar y servir a los demás también. Todas estas cosas se convierten en materiales valiosos de la casa espiritual. Todo lo que hagamos forma parte de nuestra construcción. Inclusive: Inscribirnos a una escuela de música o canto y hasta recibir clases personalizadas para ser más excelentes con nuestros talentos.

Sí, capacitarse en música, crecer como cantantes o perfeccionarnos en el arte de componer son materiales que se van añadiendo a nuestra edificación. Todo eso va adhiriéndose a nuestra forma de pensar y actuar y por lo tanto, sumándose a todo cuanto estamos construyendo en nuestra vida.

La pregunta es: ¿Cómo sabemos si lo que estamos haciendo es oro, plata y piedras preciosas delante de Dios? ¿Cómo estamos seguros que no es madera, heno y paja? ¿Cómo podemos tener la certeza de que nuestra edificación sobrevivirá al fuego el día de las recompensas?

Saber esto es crucial si pretendemos vivir una vida libre del engaño. Es decir que podríamos vivir engañados toda la vida si no sabemos la verdad respeto a esto. Creyendo ser majestuosos palacios podríamos ser casas dignas de un arrabal por no preguntarnos este tipo de cosas. ¡Vaya sorpresas nos llevaremos aquel día!

Considero que el calibre de los materiales que la Escritura describe radica en una palabra: Motivaciones.

Motivaciones hay de dos tipos: Puras e impuras. Si nuestras motivaciones son puras podríamos tener la certeza de que oro, plata y piedras preciosas están adhiriéndose a nuestro ser; si son impuras entonces madera, heno y paja nos están conformando. Es más, según el pasaje que leímos: Si nuestras motivaciones son puras recibiremos recompensa eterna; si no, no.

La clave entonces es la palabra: Motivaciones.

Mire, hay una interrogante que revela las más profundas motivaciones del ser. Es la pregunta: «¿Por qué?» Periódicamente deberíamos estarnos preguntando por qué hacemos lo que hacemos. “¿Por qué estudio música? ¿Por qué quiero ser un mejor cantante? ¿Por qué escribo canciones? ¿Por qué deseo ser un mejor compositor?”

Como cristianos frecuentemente deberíamos examinar nuestro corazón para saber qué son las cosas que realmente nos motivan. Esta reflexión debe hacerse a conciencia, no de forma superficial. Llegar a las más profundas motivaciones se logra en silencio, ante la Palabra, en oración … A solas.

Mientras decide buscar un lugar a dónde ir a reflexionar sobre este tema permítame darle una ayudita. Voy a ser muy directo con los ejemplos que voy a dar, pienso que eso nos ayudará a todos a elegir los materiales de construcción que permanecerán sólidos frente a la eternidad.

Si usted hace lo que hace para demostrar que es mejor que los demás… Sus motivaciones son impuras. Si lo hace porque le gusta jactarse ante sus iguales… Son impuras. Si lo hace porque simplemente quiere ganar dinero, hacerse famoso, alcanzar un estatus social o porque le gusta el glamur que rodea la industria de la música cristiana… Vamos, sus motivaciones son impuras.

La otra vez un amigo se acercó y me dijo: “Vos, tengo ganas de grabar un disco, ¿qué me recomendás?” Yo le dije: “Mmm… Antes de recomendarte algo mejor decime por qué querés grabar? ¿Qué es lo que te motiva?” Se quedó pensativo y luego me dijo: “¡Es que me gustaría que la gente me conociera!”

Motivaciones impuras.

Alguna vez he relatado una conversación que sostuve con mi amigo Luis Fernando Solares en un restaurante en Guatemala hace algunos años. Para quienes no lo conocen él es un cantante, músico y compositor de renombre en la industria musical. Hoy en día funge como pastor asociado en la iglesia que fundó su padre que cuenta con varios miles de miembros.

El asunto es que mientras conversábamos le conté de mis frustrados intentos de enviar “demos” de canciones a los grandes ministerios musicales (Danilo Montero, Jesús Adrián Romero, Marcos Witt, etc) para que las evaluaran y usaran. Le comenté que no había recibido respuesta o que las respuestas no habían sido favorables. No sé qué cara puse o qué tono de voz utilicé pero esa vez que hablaba con Luis Fernando me preguntó: “Noel, ¿para quién escribiste esas canciones?” “¡Para Dios!” Respondí de inmediato. “¿Y ya las escuchó él?” Volvió a preguntar. “Sí, ya”. “Entonces, ¡date por satisfecho!”

De nuevo: ¿Por qué hacemos lo que hacemos? Si nuestras motivaciones son impuras entonces la madera, el heno y la paja se quemarán ante los ojos inquisitivos de Dios. Pero si son puras la Escritura dice que tendremos recompensa. Permítame repetir la interrogante: ¿Por qué hace lo que hace? ¿Qué es lo que lo motiva?

Aunque no soy muy dado a conocer relatos de personas que dicen haber ido al cielo o al infierno le confieso que hay algunos que han despertado mi atención. Una de ellos el de un joven que tuvo un accidente allá por la década de los 80´s y que dijo que al llegar al cielo el Señor Jesucristo se le presentó y le preguntó: “Dime, ¿qué has hecho por mí en la Tierra?” El joven comenzó a recordar algunas de sus grandes hazañas ministeriales y el Señor le dijo: “Sí, pero eso lo hiciste para ti, ahora dime: ¿qué has hecho para mí?” El joven no supo qué responder.

Otra vez le pregunto: ¿Por qué hace lo que hace? ¿Para quién?

Si nuestras motivaciones son puras recibiremos recompensa, si son impuras, ¡olvidémoslo!, quizá seremos aplaudidos por los hombres y tal vez hasta homenajeados por las multitudes, pero delante de la mirada penetrante de Dios es madera, heno y paja.

He aquí una clave para saber si lo que hacemos es oro, plata y piedras preciosas. ¿Desea conocerla? ¿Realmente quiere saber qué hará de sus obras elementos preciosos delante del Señor? Bueno, se lo escribo subrayado y en cursivas para que nunca lo olvide…

Si lo que usted hace lo hace para la gloria de Dios y para beneficio de los seres humanos (que son hechos a imagen y semejanza de Dios), permítame asegurarle que sus motivaciones son puras y por lo tanto, recibirá recompensa.

Por favor, vuelva a leerlo.

Ojo: Estoy hablando de que lo que usted haga “realmente” sea para darle gloria a Dios y beneficiar a su prójimo. Solo si su corazón es recto usted será recompensado; si no, ¡olvídelo! Es responsabilidad de cada quien reflexionar seriamente si lo que hacemos es para la gloria de Dios o para gloria de nosotros mismos.

Recientemente escuché a un predicador español que dijo: “Sea que le cambies los pañales a tu bebé o que cuides a tu madre anciana que está en una silla de ruedas, si lo que haces lo haces para la gloria de Dios eso es verdadera espiritualidad cristiana”.

Por lo tanto, le invito a purificar sus intenciones y motivaciones, reenfoque su visión de por qué hace lo que hace. Si lo hace para su propia gloria será avergonzado en el día final. No importa la magnitud de lo que haya hecho o lo importante que haya llegado a ser, si lo que hizo no fue para la gloria de Dios y para beneficio de quienes le rodean, entonces está construyendo con madera, heno y paja.

Recientemente leí una breve biografía de alguien que a mi manera de ver vivió realmente para la gloria de Dios. ¿Su nombre? Juan Sebastián Bach (1685-1750).

¿Sabe cómo lo llamaban? “El compositor de compositores”. ¡Vaya apodo! Se le atribuye convertir a la música en lo que la conocemos hoy y establecer los fundamentos de lo que hoy llamamos la música clásica. Además, se le atribuye la habilidad de traducir la teología y el evangelio al lenguaje musical.

Mientras leía su breve biografía me impresionó ver que antes de comenzar a componer generalmente escribía las iniciales: “J.J” (“Jesu Juva” que es “Jesús Ayúdame”) o también podía escribir: “I.N.J.” (“In Nomine Jesu”, que es “En el nombre de Jesús”). Cuando terminaba de componer, al final de sus manuscritos, escribía: “S.D.G” (“Soli Deo Gloria” que es “Solo a Dios toda la gloria”).

Se afirma que su costumbre de escribir estas expresiones no era un simple ritual religioso o algo que le daba buena suerte, sino que eran expresiones que revelaban su más profunda devoción y convicción cristiana. Se dice que Bach le decía frecuentemente a sus estudiantes: “A menos que dediquen sus talentos a Jesucristo nunca llegarán a ser buenos músicos”.

Bach es un ejemplo de un cantante (porque también cantaba eh), músico y compositor que vivió para la gloria de Dios. Basado en su vida le ruego al Señor que nos conceda la gracia de que al inicio de cada día escribamos en nuestra mente: “J.J” (“Jesús Ayúdame”) y al llegar la noche firmemos con convicción: “S.D.G” (“Solo a Dios toda la gloria”).

¿Se une a mí en esta oración?

Noel Navas.

11 Comentarios

  1. Excelente reflexión. Un magnifico propósito para todos nosotros, el depositar todo en las manos de Dios y al final de cada día poder decir como Bach «a Dios sea la gloria».

  2. DNAVAS: Gracias por siempre leerme y por comentar. ¡Saludos a todas allá! (¿Viste? No dije «Todos», je).

  3. Gracias por este articulo. Es una caída y a la vez una levantada….! que mas honor para una persona que Dios lo escuche cantar con sus propias palabras a veces nos olvidamos que lo que perseguimos es el favor de Dios y no la fama. Creo que todo compositor cristiano da a Dios todo lo recibido de su mano.
    Muy Buena reflexion..
    Bendiciones

  4. Gracias por esta reflexion.

  5. ANGIE Y SERGIO: Gracias a ustes por visitar el blog y comentar. Muy amables, se los agradezco!

  6. Buena reflexión. Deberías de publicar un libro con el mismo nombre: La Aventura de Componer. Sería de ayuda para muchas personas que todavía buscan en las librerías un buen libro
    que edifique.

  7. MIGUEL: Gracias por tus palabras, pues en cuanto al libro, en eso estoy… En un par de años espero haberlo terminado.

  8. hola mi hermano Noel, he leido tu blog desde hace un tiempito ya, no mucho, lo tengo registrado desde el año pasado en mis marcadores, ha sido de mucha bendición las reflexiones y guias que das, Dios me ha dado la oportunidad de ser parte de los directores de alabanza de mi iglesia, soy músico y hasta hace un par de años comence a escribir, con el deseo de grabar un disco, creo que como el sueño de cualquiera, pero lo que más me ha motivado es saber que cuando canto estas canciones la gente se encuentra reflejada en esas letras, y me llena pensar que puedan motivar a otros a volver a los caminos de jesus! y a compromoterse con el de verdad! El me ha enseñado estos ultimos años que solo puedi depender de el (no ha sido nada suave el proceso eh) pero el resultado ha sido que la vida de varias personas cercanas se han vuelto a jesus como su refugio y eso me motiva!! gracias y adelante!! seguire leyendo tus reflexiones!! desde Honduras!

  9. DARWIN: Gracias por tus palabras, adelante mano! Cualquier cosa estoy para servirte.

  10. WOW aprendo mucho con tu blog Noel. Gracias

  11. Gracias por esta reflexión, me ayudará a mantenerme en el camino correcto. Cuídese….

    Bendiciones.

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