Tengo hambre, ¡mucha hambre!

Tengo hambre, ¡mucha hambre!

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Una analogía que se suele utilizar refiriéndose al sermón dominical es la del pastor dándole de comer pasto a las ovejas. Un buen pastor le sirve a la grey pasto verde, fresco y nutritivo, ¿no es cierto? La idea es que al salir del culto el creyente se vea a sí mismo habiendo sido alimentado con el mensaje de la Palabra de Dios y teniendo la certeza de que en su iglesia local lo están nutriendo con la sana enseñanza de la Escritura.

El asunto es que la nutrición durante los servicios no solo depende del pastor que nos sirve semana a semana un menú adecuado para las necesidades de crecimiento que tenemos las ovejas, sino que depende también de los directores de adoración que nos sirven de comer durante el tiempo de cantos.

“¡No, no, no!” dirá alguien, “el tiempo de adoración es para glorificar a Dios, no está diseñado para los creyentes”.

¿Ah, sí?

Pues si tú crees que eso, entonces tienes una visión incompleta del ministerio de adoración. Aunque sí, es cierto, cuando la iglesia se reúne para adorar lo hace para glorificar a Dios, también lo hace para edificar a los creyentes. Por ejemplo, cuando Pablo dio directríces para los servicios de adoración del primer siglo, dijo en 1 Corintios 14:26: “¿Qué hay que hacer, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada cual aporte salmo, enseñanza, etc. Que todo se haga para edificación”.

¿Lo ves? La adoración a Dios, sí, es para glorificar a Dios, pero también es para edificar a los creyentes. Ambas cosas se constituyen en los dos magnos objetivos de un servicio: glorificar a Dios y edificar a la iglesia.

La cuestión es que los directores de adoración por lo general escogen la lista de cantos para los servicios pensando nada más en el Señor. Cosa que no está mal. Pero olvidan que las canciones también deben escogerse pensando en alimentar (“edificar”, dijo Pablo) al rebaño. ¿Se entiende?

Lo que quiero decir es que, si bien es cierto que el pastor de la iglesia local nutre con la Palabra de Dios las necesidades espirituales de las ovejas que pastorea, los directores de adoración también deberían de verse a sí mismos desarrollando una función pastoral y el ministerio que realizan como parte de la nutrición que se le brinda a los creyentes semana a semana.

Siendo muy positivo voy a pensar que los pastores están cumpliendo su labor nutricional hacia el rebaño de forma óptima, pero ¿qué de los directores de adoración? ¿Están seleccionando adecuadamente el menú de canciones a modo de alimentar óptimamente a la iglesia? ¿Están siendo cuidadosos con el tipo de letras que escogen y de esta forma nutrir eficazmente la mente y corazón de los adoradores? ¿O es que están escogiendo las canciones solo por los extraordinarios arreglos, emocionantes melodías y porque son las canciones de moda que todo mundo está cantando? ¿Ah?

Si este fuera el caso, entonces los directores de adoración que seleccionan mal el menú que sirven el domingo, se estarían comportando como esos padres irresponsables que con tal que su hijo pequeño coma algo les da igual que coman golosinas, dulces, chocolates y postres en lugar de lo que realmente necesitan para nutrirse: pollo, carne, pescado, arroz, ensalada, queso, leche, refrescos naturales, etc. ¿Me estoy dando a entender?

A los directores de adoración (y seguramente a algunos pastores también) les haría bien recibir algunas clases de nutrición y sana alimentación para que entonces les “caiga el veinte” de que hay una analogía espiritual cuando de planificar y preparar servicios de adoración se trata. Esto es cuestión de selecionar canciones con letras bíblicamente sólidas, teológicamente relevantes y literariamente bien elaboradas para entonces tener la certeza de que se está alimentando sanamente a la grey de Dios y no de puras papas fritas, hamburguesas baratas y bebidas gaseosas.

En mi experiencia personal, la mayoría de iglesias que visito en mi país y los servicios de adoración que me toca estar, el 90% de las veces me quedo con hambre. No encuentro alimento en las letras que escucho ni me nutro con las canciones que se cantan. Muy rara vez mi mente y corazón se siente saciado con el menú musical que a fuerza le sirven a uno en la mesa por culpa de directores de adoración sin discernimiento.

Pues sí, como ellos están acostumbrados a comer pura comida chatarra, snacks de los medios cristianos de comunicación y golosinas de ciertos discos de adoración, ¿cómo ellos podrán servirle de comer algo nutritivo y saludable a los adoradores?

“¡Al hambre le pedís pan!” decía mi hermano menor.

Por mi parte solo me resta repetir que tengo hambre, ¡mucha hambre!… ¿y tú?

Noel Navas.

2 Comentarios

  1. Esta en lo correcto lo expresado aqui

  2. REVARO: Gracias por comentar!

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