Una palabra para las iglesias multitudinarias (Segunda parte)

Una palabra para las iglesias multitudinarias (Segunda parte)

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Hace unos años estaba conversando con un amigo pastor que había dado un giro hacia un lado bastante conservador de la iglesia evangélica, me refiero a que se volvió reformado. Antes de ese giro, él era un pastor de jóvenes muy, pero muy exitoso, numéricamente hablando. Recuerdo que hasta yo procuraba ir a escucharlo por su forma tan dinámica y apasionada de enseñar. Luego le perdí la pista unos años hasta que volvimos a encontrarnos solo para darme cuenta de que había estado acariciando la línea reformada protestante. El asunto es que cuando se hizo pastor, escogió reunirse en un bar que los domingos lo convertían en iglesia. Aunque era un bar, los domingos usaban el salón para celebrar cultos y llegó a reunir a unos 1,400 asistentes. La mayoría jóvenes.

Aunque era un pastor sumamente exitoso, poco a poco se fue dando cuenta de que su iglesia no conocía la doctrina, sí, llegaban todos los domingos, sí, se reunían entre semana en casas, pero no conocían a profundidad la Palabra. Además, debido a la amistad que fue desarrollando con sus miembros, notó que un gran porcentaje de ellos tenían vicios, aún estaban en sus pecados y no se visualizaba que ellos quisieran algún cambio en sus vidas, aunque les gustara asistir a la iglesia.

Mi amigo seguía predicando cada domingo, pero a la vez, personalmente profundizaba en su conociendo acerca del movimiento reformado y su alta estima de las Escrituras. Mientras él experimentaba una gran transformación en su vida y familia a través de la Palabra, él no quería hacer un cambio tan drástico en su congregación porque sabía que quienes asistían no tenían la madurez para enfrentar un cambio semejante. Entonces, los domingos predicaba, pero no un gran sermón, solo algo para entretener o para seguir con la línea de prédicas light que siempre disertaba. Eso sí, algunos de sus líderes notaron que le pasaba algo, pero fue hasta que se le preguntaron que les confesó qué era lo que él estaba experimentando y hacia donde quería llevar a la congregación. La mayoría lo apoyó y emprendieron la transición.

¿Qué hicieron? Simplemente comenzaron a predicar la Palabra como corresponde, a impartir doctrina en cierto tipo de reuniones y a meter a la iglesia en las Escrituras como toda iglesia saludable debería de hacer. ¿Qué pasó durante el proceso? La congregación comenzó a mermar. Ahora mi amigo predicaba del pecado, del arrepentimiento, de la santificación, del juicio final, etc. y de todos esos temas que desafían a una vida de consagración al Señor. Ante tal giro, hubo gente que aportaba mucho dinero a la iglesia que se le acercaron y hasta lo amenazaron de que si no dejaba de predicar esos temas abandonarían la congregación y buscarían otra iglesia. Pero mi amigo no cambió, siguió fiel a la visión que el Señor había puesto en su corazón y al final, de 1,400 personas que se reunían con él, solo quedaron 400.

Pregunta de reflexión: ¿cómo considerarías la experiencia de mi amigo? ¿Un éxito o un fracaso?

Según los cánones actuales de lo que es el iglecrecimiento y el éxito ministerial, sería un fracaso; pero para los cánones del evangelio y de lo que modeló el Señor Jesucristo, sería un éxito. ¿Por qué sería un éxito a los ojos del Señor? Por lo que dije en la entrada anterior, Jesús no quería multitudes de gente que lo siguieran por entretención, sino que prefería grupos pequeños que desearan vivir el tipo de consagración que él demandaba.

Mira, si tú crees que Lucas 14:25-27 es el único pasaje que muestra a Cristo desanimando a las personas a seguirlo, te equivocas. Hay algunos pasajes más. Pero quiero mostrarte otro muy conocido. Es Juan 6. ¿Recuerdas qué episodio narra dicho capítulo? Es el de la alimentación de los cinco mil. Ojo, eran cinco mil varones, por lo que incluyendo mujeres y niños pudieron haber sido diez mil o más personas según algunos comentaristas bíblicos. ¡Oye! ¡Era una congregación de diez mil personas! Como dije antes, según los cánones actuales, Jesucristo sería el pastor de una mega iglesia, un pastor que ante todos sería considerado exitoso y digno de publicar un libro sobre iglecrecimiento. ¿No crees?

Pero ¿qué pensaba Jesús de las multitudes? Lo que ya expliqué, que si no iban a consagrarse y vivir de acuerdo con los estándares del evangelio, ¡que se vayan a sus casas! Jesús quería consagración y compromiso, no gente que lo siguiera por lo que él podía darles, sino por lo que él era. En un momento Jesús se volteó a la multitud y los confrontó con sus motivaciones erróneas. “En verdad, en verdad os digo: me buscáis, no porque hayáis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado” (Juan 6:26).

Las multitudes seguían a Cristo por lo que él podía darles, no porque ellos valoraran quién era él. Entonces, luego de delatar sus motivaciones, les dijo que en lugar de comer y buscar saciarse físicamente a expensas suyas, deberían saciarse con el verdadero alimento que les daría vida eterna… él. “Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed” (Juan 6:36). La analogía era familiar y si quieres, hasta cotidiana, pero cuando profundizó en ella afirmando que tenían que comer su carne y beber su sangre (Jn. 6:53-57), la Escritura dice: “Como resultado de esto muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él. Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios” (Juan 6:66-69).

Como ves, Jesús tenía sus tácticas para desanimar a la muchedumbre a que lo siguieran y cuando detectaba de que había motivaciones erróneas se aseguraba de que todo quedara claro con él. “¿Me quieren seguir? ¡Comprométanse entonces a hacerme parte integral de sus dietas! ¡Deséenme a mí más que la comida misma y entonces serán mis discípulos!” Y esto provocó miles de deserciones.

Un pastor de una mega iglesia actual de más de cinco mil miembros, ante tan magna retirada de los feligreses, ¿qué haría? ¿Cómo reaccionaría? Le diría a los que aún siguen con él: “¿Quieren irse ustedes también?” O, les diría: “¡Hey! ¡No se vayan! ¡Perdónenme! ¡Voy a predicar sermones más apropiados! ¿Ok?” Si no es que les daría un pre-infarto por la disminución de las ofrendas que no llegarían a las arcas de la iglesia.

La pregunta entonces es para los pastores que tienen iglesias multitudinarias o que les gustaría tener una: ¿Qué prefieren? ¿Una iglesia numéricamente grande, pero que sigue a Cristo por las motivaciones equivocadas o una iglesia pequeña, pero que verdaderamente viven según los estándares del evangelio?

Según el modelo de Jesús, él prefería la segunda. Por lo tanto, deja de juzgar tu éxito por las muchedumbres que se congregan contigo, mide tu éxito según los cánones de Cristo. Es decir, según la consagración de los creyentes de vivir a la altura de lo que Jesús demanda.

Noel Navas.

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