Mitos de la música secular (Cuarta parte)

Mitos de la música secular (Cuarta parte)

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Conceptos equivocados acerca de la música.

La vez pasada vimos El mito de los ritmos perversos, el mito de lo seguro y el mito de que toda es mala. ¡Siete mitos hasta el momento! Hoy finalizaré esta breve serie hablando de dos mitos más. Espero que mis acotaciones le estén siendo útiles, que aunque no esté totalmente de acuerdo conmigo por lo menos pueda reflexionar un poquito acerca de un tema que a veces damos por sentado sin sopesar sus fundamentos. No olvide que los comentarios que usé para esta serie los tomé del Facebook de Radio Progreso el día que me entrevistaron sobre el tema de la música secular y producto de las preguntas: “¿Puede un cristiano escuchar música secular? ¿Es mala toda la música secular?”

El mito del qué dirán.

Otra persona escribió:

“Yo creo que no tiene nada de malo, siempre y cuando uses audífonos para no dañar el testimonio ni el cuerpo de Cristo”. Gabriela.

Este mito dice que la práctica de escuchar música secular (con buenos mensajes) es mala “si” y solo “si” otros se enteran de que lo hacemos o si nos ven haciéndolo. Por lo tanto, si se enteran o lo ven, escuchar música secular (con buenos mensajes) es una práctica mala porque usted está siendo de tropiezo para otros.

Recientemente me enteré de un líder de alabanza de una iglesia que tajantemente ha prohibido a su equipo escuchar música secular, no importa que las canciones digan cosas buenas, es malo y punto; sin embargo, me enteré por fuentes fidedignas que a solas escucha música secular en su casa.

Como muy bien me dijera Alejandro Alonso, ganador del Premio Arpa a la Trayectoria 2012,Muchos músicos critican que se escuche música secular pero ellos mismos la escuchan. Eso me parece una deshonestidad”

Hace algunos meses estuve en una reunión de líderes y alguien preguntó: “¿Quiénes de los que están aquí escuchan música secular?” ¡Solo yo levanté la mano! Yo sabía que más de la mitad de quienes estaban allí escuchaban deliberadamente música romántica; sin embargo, como se trataba de una reunión de pastores y líderes, se avergonzaron de alzar la mano.

Viene a mi mente la participación del ex pastor evangélico Harold Caballeros en las pasadas elecciones presidenciales en Guatemala. En un foro televisado, él tuvo la “suerte” de que le preguntaran si estaba de acuerdo o no con la legalización de las drogas en el país. Respuesta que dio sin titubear y que con franqueza dijo que si se daban ciertas condiciones, claro que estaba de acuerdo con la legalización.

Al siguiente día los medios de comunicación lo señalaron por tal afirmación.

Unas semanas después Ismael Cala lo entrevistó en CNN y le preguntó acerca de su postura y el revuelo que habían ocasionado sus afirmaciones. Harold dijo lo siguiente: “Yo creo que uno debe ser claro en sus posiciones, a mí lo que menos me gusta es decir “sí” pero “no”, “no” pero “sí”. Hay que decir lo que uno cree sobre todo si lo ha pensado… Aquí hubo una pregunta directa y yo dije lo que yo pienso, como suelo hacerlo, eso todo”.

Me gustó su respuesta porque fue clara, puntual y sincera. Por eso cuando a mí me preguntan sobre el tema de la música secular soy claro en afirmar que lo bueno o lo malo de una canción radica en el mensaje que comunica, en ninguna otra cosa más. Por lo tanto, si una canción de esas no dice nada malo, ¿por qué entonces es malo escucharla?

No hay base bíblica para afirmar que una canción secular con un buen mensaje sea mala. Y de paso, si a alguien se le pregunta lo que cree al respecto debería responder abiertamente y sin inhibiciones lo que piensa sobre el tema.

Me parece sumamente deshonesto que pastores y líderes evangélicos, al preguntárseles si escuchan música secular, lo nieguen en público y lo practiquen en secreto. ¿Por qué hacen eso? Supongo que se debe a que tienen miedo al qué dirán, a supuestamente ser tropiezo para otros o porque no tienen el coraje para afrontar las consecuencias de dicha aseveración.

El mito paranoico.

Un último comentario fue:

“Si creen que les edifica escúchenla, a mí en lo personal no me edifica, por eso ya no escucho música secular. Y hay quienes dicen que depende de la letra; pero para escuchar la letra de una e identificarla se tienen que escuchar varias. Mis convicciones son de “no” escuchar música secular”. Samuel.

Este mito dice que escuchar música secular (con buenos mensajes) no es malo, pero como para encontrar este tipo de canciones se tiene que discriminar entre las que sí dicen cosas malas, entonces hacer eso es malo porque uno se expone a mensajes malos.

Ahora, es cierto que para encontrar canciones seculares sanas hay que hurgar entre algunas que no son tan sanas. Por ejemplo, cuando cayó a mis manos el disco “Poquita ropa” de Ricardo Arjona, yo tuve que buscar entre todas ellas las que dijeran cosas buenas. Rescaté dos: “Puente” y “Escribir una canción”. Y lo mismo hice y hago con otros discos que me interesaba oír. Escucho todas y selecciono aquellas que mis convicciones bíblicas y de conciencia me permiten disfrutar.

Una ventaja de la música digital es que para definir si una canción tiene un buen mensaje o no, uno puede escuchar un breve audio en Internet o leer alguna reseña del álbum y entonces escoger cuáles comprar y descargar, obviando aquellas que no llenan nuestra expectativa bíblica y de conciencia.

Aun así, siempre hay que escuchar algo de todo.

En mi opinión hacer eso no tiene nada de malo. Escuchar todo y escoger lo bueno, es una buena paráfrasis de las palabras de Pablo: “Examinadlo todo y retened lo bueno”. O en palabras del profeta Jeremías, “entresacar lo precioso de lo vil”.

Una cosa es escuchar de todo para escoger solo lo bueno y otra escuchar todo para vivir conforme a los antivalores de las canciones que dicen cosas malas.

Si su intención al hurgar en un disco es seleccionar aquellas que no dicen cosas incorrectas, pienso que no se está incurriendo en ninguna falta al escuchar el resto de canciones con las que inevitablemente se topará mientras se apropia de aquellas que dicen cosas buenas.

Recuerdo cuando recién empezaba a abrir mi mente a canciones seculares con buenos mensajes. Fue allá por el 2003. Resulta que toda la vida me enseñaron que oír cualquier tipo de música secular era malo, incluso hasta alguna vez rompí algunos discos que tenía como muestra de mi nivel de consagración.

Una vez fui a lo que ahora es Wallmart, aquí en El Salvador. Antes tenían una sección de música y hasta estantes donde uno podía pararse enfrente, ponerse unos audífonos gigantescos y saltar de track en track mientras se escuchan las canciones.

La primera vez que hice eso fue con el disco “No es lo mismo” de Alejandro Sanz. Antes de tomar los audifonotes miré hacia todos lados para asegurarme que ningún hermano de la iglesia estuviera allí. “Vamos…” Decía yo, “Soy líder de alabanza, ¡no me pueden ver escuchando estooo!!!”

Con algún grado de culpa me los puse sobre mi cabeza y comencé a escuchar el primer track. ¡Se oía genial! Pero como no sabía que dichos estantes no sonaban la canción entera, sino solo algunos segundos, de repente el track se detuvo, hizo “pip” y avanzó al siguiente track. En ese momento me espanté, me quité los audífonos lo más rápido que pude y me fui a caminar por el supermercado un tanto asustado. “¿Quién me habrá descubierto que apagó el track?” Decía para mí.

¿Lo ve? Yo también sufrí una especie de paranoia hasta que entendí cómo era la dinámica de este tipo de dispensadoras, je.

De ese ejercicio de escuchar todas las canciones de un disco secular pude rescatar “Labana” y “Sandy a orilla do mundo”, canciones que a mi manera de ver son muy interesantes y con grandes mensajes para reflexionar. No me pasó así con “No es lo mismo”, canción que huele más a relativismo y a anarquía moral a pesar de ser una ingeniosa y pegajosa composición.

Mi punto es que hasta que un cristiano no venza la paranoia de que toda la música secular es mala, entonces no experimentará la libertad de escuchar música de este tipo con buenos mensajes. Y por ende, a tener un criterio más amplio y objetivo para valorar el arte de forma más integral.

UNA PALABRA FINAL

Algunos que han leído la serie El cristiano y la música secular o me siguen por Facebook y Twitter pensarán que soy alguien que escucha mucha música secular. ¿Quiere que le diga la verdad? ¡Para nada! La mayoría de música que escucho es cristiana, quizá ronda el 90% de todo mi repertorio. El 10% restante es secular, principalmente instrumentales y soundtracks de películas.

Lo siento, pero los evangélicos producen muy poca música instrumental como para dejar de escuchar piezas compuestas por invonversos.

¿Cómo me entero entonces de la música secular que hay en el mercado? No es que la escuche, simplemente veo las noticias de la televisión y del periódico. Cuando llega la sección de espectáculos no la esquivo y así me entero de lo está sonando. Nada más.

Algunos me han señalado de ser un promotor de la música secular y de darle demasiado énfasis al tema. ¿Ah, sí? Francamente quienes piensan así no comprenden que mi labor cómo cantante y motivador de la composición es educar, en este caso, a través del blog. Y de paso, que yo lo único que he hecho durante las últimas semanas ha sido aceptar las invitaciones que me han hecho a las radios y responder las preguntas que me han lanzado sobre el tema.

Quienes tienen esa impresión de que soy alguien que abogo por escuchar música secular… O no han leído la serie: El cristiano y la música secular en su totalidad o probablemente no les agrada que alguien refute sus argumentos y se hallen sin armas para vencer en un debate. Ojo: Yo no estoy diciendo que sea infalible; sin embargo, si alguien no está de acuerdo con mi propuesta de que hay música secular con buenos mensajes que es bueno que un cristiano oiga… ¡Vamos!… Conversemos como hermanos en Cristo y busquemos juntos la verdad. En lo personal me considero alguien flexible y dispuesto a re-evaluar cualquier convicción que yo haya adoptado. Soy un buscador de la verdad y si por algún motivo me he desviado de ella suelo ser muy agradecido con quienes me corrigen en amor.

¡Eso sí eh! Me confieso un impulsor de que el cristiano use su intelecto y filtre sabiamente las letras de las canciones que escucha, sean cristianas o no, y evalúe todo lo que escuche. Si la canción dice algo positivo y no contradice alguna verdad de las Escrituras, haya sido escrita por un cristiano o no, vamos, disfrútela con libertad.

Por mi parte me quedo con las palabras que me dijo Jeffrey de León la vez que lo entrevisté en Costa Rica: “No existe música cristiana ni secular, ¡existe música bien hecha y música mal hecha!”

The End.

Noel Navas.

3 Comentarios

  1. buenísima serie, felicidades brother! que Dios t siga bendiciendo 🙂

  2. He leido toda la serie y está excelente. Saludos.

  3. muchas gracias
    esto me ha aclarado muchas
    dudas que he tenido desde
    siempre. aunque no soy
    una cristiana en el sentido de
    consagrarme a la comunidad(puesto que de corazon y de fe me considero como tal) siempre tenia dudas de que si estaba bien o no escuchar musica de ambas partes, acudi a muchas personas pero hasta ahora pude aclarar mis dudas. muchisimas gracias por su blog. es edificante y desmuestra sus conocimientos, rompiendo mitos acerca de las personas conversas que desafortunadamente he tenido que escuchar.

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