Pensando y sintiendo los Salmos (Cuarta parte)

Pensando y sintiendo los Salmos (Cuarta parte)

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Serie sobre los Salmos, por John Piper.

John Piper es pastor de Bethlehem Babtist Church en Minneapolis, Minnesota. Un predicador respetadísimo por su pasión por la pureza del evangelio y el cristianismo verdadero. En esta serie, tomada del sitio en español de Desiring God (“Deseando a Dios”) y transcrita de 6 de sus sermones basados en los Salmos, Piper nos habla de la importancia de la renovación de los pensamientos y sentimientos en la vida cristiana. ¿Le gustaría sentir lo que los salmistas experimentaron cuando escribieron sus canciones? ¿Le gustaría conocer qué pasó por la mente de ellos cuando compusieron sus salmos? Entonces, únase a leer esta serie de 12 artículos donde se estudian 6 de las canciones más destacadas de la Biblia y aprenda a componer según el modelo del libro de los Salmos. En esta cuarta parte se nos habla de los últimos pasos que tomó el compositor del Salmo 42 para salir de su estado depresivo.

3. ¡Canta!

Tercero, canta al señor de noche, rogando por su vida. Verso 8: “De día mandará el Señor su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo; elevaré una oración al Dios de mi vida”. Esta no es la canción de una esperanza gozosa. No siente una esperanza jubilosa. Él está buscando la esperanza llena de júbilo. Esta es una oración-canción y una canción-súplica, una canción al “Dios de mi vida”. Es decir, una canción rogando por su vida.

Pero, ¡¿no es sorprendente que él esté cantando su oración?! Mi suposición es que de aquí provino el Salmo 42. Este mismo salmo pudo haber sido esa oración-canción nocturna. No muchos de nosotros componemos canciones cuando nos sentimos desanimados y lloramos día y noche. Es por eso que es bueno tener cerca un libro de salmos que pueda cantarse, o un himnario con todas esas emociones. Por ejemplo, Isaac Watts escribió estos versos para ser cantados:

¿Cuánto tiempo ocultarás tu rostro? Mi Dios, ¿cuánto tardarás? ¿Cuándo sentiré esos rayos celestiales Que arrojarán lejos mis temores?

¿Cuánto tiempo mi pobre alma cansada luchará y se esforzará en vano? Tu Palabra puede controlar a todos mis enemigos Y puede calmar mi intenso dolor.

El Salterio de 1912 tiene estos versos para ser cantados de la misma forma en que el salmista del Salmo 42 cantó de noche:

¿Cuánto tiempo me olvidarás, Oh Señor, Dios de gracia? ¿Cuánto tiempo me asediarán los temores Mientas las tinieblas ocultan tu rostro? ¿Cuánto más me angustiarán las penas y volverán mi día en noche? ¿Cuánto más me oprimirán mis enemigos y triunfarán en su poder?

Oh Señor mi Dios, contémplame Y escucha mi ardiente clamor; Para que la muerte no me rodee, Ilumina mis ojos; Para que mis adversarios ya no me insulten No se jacten en su éxito, Y mis enemigos gozosos no se regocijen en mi dolor.

Estas no son canciones de júbilo. Son canciones de fe. Y están moldeadas por el pensamiento y los sentimientos con Dios en los Salmos.

4. Le predica a su propia alma

Cuarto, el salmista predica a su propia alma. Verso 5: “¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por la salvación de su presencia” ¡Cuán crucial es esto para la pelea de la fe. Debemos aprender a predicarnos la verdad. Escuche a Lloyd-Jones aferrándose a este verso:

¿Se ha dado cuenta de que la mayor parte de su infelicidad en la vida se debe al hecho de que se está escuchando a sí mismo en lugar de hablarse a sí mismo? Vea esos pensamientos que vienen a usted en el momento en que despierta en la mañana. No los ha originado pero le hablan, le recuerdan los problemas de ayer, etc. Alguien está hablando ¿Quién le está hablando? Su ego le habla. Ahora, el tratamiento de este hombre [en el salmo 42] fue este: en lugar de permitir que su ego le hablara, comienza a hablarse a sí mismo: ¿Por qué te abates, alma mía”, pregunta. Su alma le había estado deprimiendo, aplastando. Así que se levanta y dice: «Ego, escucha un momento, te voy a hablar». (Depresión Espiritual, 20-21)

En este lado de la cruz, sabemos cuál es el mayor fundamento de nuestra esperanza: Jesucristo crucificado por nuestros pecados y triunfante sobre la muerte. Así que lo principal que debemos aprender es predicarnos el evangelio:

«Escucha ego: si Dios está a tu favor, ¿quién puede estar en tu contra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por ti, ¿cómo no te dará, por gracia, con él todas las demás cosas? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Es Dios quien justifica ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, más aun, el que fue resucitado, quien está a la diestra de Dios, quien, además, intercede por ti ¿Quién te separará del amor de Cristo?» (Paráfrasis de Romanos 8:31-35.)

Aprenda a predicarse el evangelio. Si este salmista hubiera vivido después de Cristo, eso es lo que hubiera hecho.

5. El Salmista recuerda experiencias pasadas

Quinto, el salmista recuerda. Rememora experiencias pasadas. Recuerda experiencias de adoración junto al pueblo de Dios. Verso 4: “Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí; de cómo iba yo con la multitud y la guiaba hasta la casa de Dios, con voz de alegría y de acción de gracias, con la muchedumbre en fiesta”.

Oh, cuánto más pudiera decirse acerca de la importancia de la adoración conjunta en nuestras vidas. No tome a la ligera estos tiempos juntos. Aquí hacemos una verdadera transacción con el Dios viviente. Dios quiere que estos encuentros con él, en adoración corporativa, preserven nuestra fe ahora, y luego, cuando sean recordados. Si la adoración corporativa no fuera una obra realmente sobrenatural de Dios, sería un simple sentimentalismo que el salmista recordara estas experiencias. Él no siente nostalgia. Está confirmando su fe en el medio de la turbación y el desánimo, al recordar cuán real fue Dios en la adoración conjunta.

Oh, cuán solemnes debiéramos estar en la adoración corporativa. Pídale al Señor que le muestre qué compromete.

6. Tiene sed de Dios

Finalmente, el salmista siente sed de Dios como un siervo anhela las corrientes de aguas. Versos 1-2: “Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente; ¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?”. Lo crucial y hermoso de esta situación, es que él no tiene sed fundamentalmente para ser aliviado de las circunstancias amenazadoras. No tiene sed fundamentalmente para escapar de sus enemigos o para desear su destrucción.

No es incorrecto desear el alivio u orar por él. A veces es correcto orar por la derrota de los enemigos. Pero más importante que todo es Dios mismo. Cuando pensamos y sentimos con Dios en los Salmos, este es el resultado principal: nos enamoramos de Dios, y queremos ver a Dios y estar con Dios y estar satisfechos en la admiración y exaltación de Dios.

Esa es mi esperanza suprema y mi oración para estas semanas que dedicaremos juntos en los Salmos. Que Dios se revele, queramos conocerle como es, y tener comunión con él.

Viendo la faz de Dios en el evangelio de Cristo

Una traducción probable del final del verso 2 es: « ¿Cuándo vendré y veré el rostro de Dios». La respuesta suprema a esa pregunta fue dada en Juan 14:9 y en 2da a los Corintios 4:4. Jesús dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Y Pablo dijo que cuando nos convertimos a Cristo vemos “el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios” (2da a los Corintios 4:4).

Cuando vemos el rostro de Cristo, vemos el rostro de Dios. Y vemos la gloria de su rostro cuando escuchamos la historia del evangelio de su muerte y resurrección. Ese el “evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios”.

Que el Señor incremente nuestra hambre y sed por ver el rostro de Dios. Y quiera él concedernos nuestro deseo mediante el evangelio de la gloria de Cristo, quien es la imagen de Dios (1).

Continúa…

Notas:

(1) Tomado de: http://es.desiringgod.org/resource-library/sermons/spiritual-depression-in-the-psalms

 

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