Pensando y sintiendo los Salmos (Décima parte)

Pensando y sintiendo los Salmos (Décima parte)

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Serie sobre los Salmos, por John Piper.

John Piper es pastor de Bethlehem Babtist Church en Minneapolis, Minnesota. Un predicador respetadísimo por su pasión por la pureza del evangelio y el cristianismo verdadero. En esta serie, tomada del sitio en español de Desiring God (“Deseando a Dios”) y transcrita de 6 de sus sermones basados en los Salmos, Piper nos habla de la importancia de la renovación de los pensamientos y sentimientos en la vida cristiana. ¿Le gustaría sentir lo que los salmistas experimentaron cuando escribieron sus canciones? ¿Le gustaría conocer qué pasó por la mente de ellos cuando compusieron sus salmos? Entonces, únase a leer esta serie de 12 artículos donde se estudian 6 de las canciones más destacadas de la Biblia y aprenda a componer según el modelo del libro de los Salmos. En esta décima parte termina su explicación de uno de los Salmos imprecatorios.

2) Como las palabras de Jesús

La segunda forma en que el Nuevo Testamento cita al Salmo 69 es como las palabras del mismo Jesús. Y esto porque Jesús es el Hijo de David (Romanos 1:3; Mateo 21:15, 22:42), y porque lo que sucedió a David como el ungido real de Dios es una figura del ungido supremo, el Mesías, Jesús. Así que Jesús leyó este salmo y vio su propia misión vivida antes de tiempo.

Cuatro ejemplos rápidos:

a) Jesús limpia el templo

En Juan 2:13-17 leemos acerca de cómo Jesús echó del templo a los vendedores. El versículo 16 dice: “Y dijo a los que vendían palomas: Quitad esto de aquí; no hagáis de la casa de mi Padre una casa de comercio”. Los discípulos que conocían la Biblia ven su pasión por la casa de Dios, y escuchan a Jesús llamar al templo “la casa de mi Padre”, y recuerdan las palabras del Salmo 69:9. Versículo 17: “Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu casa me consumirá”. En otras palabras, ven en las palabras y acciones de David una representación de las palabras y acciones de David.

b) Jesús odiado por los suyos

En Juan 15:24-25 Jesús es odiado por los líderes judíos de la misma forma en que David fue odiado por su propio pueblo (v.8). Esta vez el mismo Jesús es quien explícitamente cita el Salmo 69 como parte de la ley de Dios, o la instrucción de Dios. Dice: “Si yo no hubiera hecho entre ellos las obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y me han odiado a mí y también a mi Padre. Pero han hecho esto para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: “Me odiaron sin causa”. Esta es una cita del Salmo 69:4: “Más que los cabellos de mi cabeza son los que sin causa me aborrecen”.

Así que Jesús mismo es consciente de la experiencia de David y las ve como una figura de sí mismo y dice: «Cuando David es odiado por sus adversarios, señala mi experiencia y su experiencia debe cumplirse en mí».

c) Jesús sobre la cruz

Sobre la cruz, en el momento más importante de la historia, Jesús trae su vida a un clímax al cumplir intencionalmente el Salmo 69 una vez más en su propia experiencia. En el verso 21 David había dicho: “Y por comida me dieron hiel, y para mi sed me dieron a beber vinagre”.

Obviamente Jesús había vivido en este Salmo y había absorbido este salmo y lo había convertido en su propia existencia. De otra manera, no conozco cómo debiéramos explicar Juan 19:28:30. Aquí él está colgando sobre la cruz en una terrible agonía y leemos

“Después de esto, sabiendo Jesús que todo se había ya consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed. Había allí una vasija llena de vinagre; colocaron, pues, una esponja empapada del vinagre en una rama de hisopo, y se la acercaron a la boca. Entonces Jesús, cuando hubo tomado el vinagre, dijo: ¡Consumado es! E inclinando la cabeza, entregó el espíritu”.

Según el apóstol Juan, Jesús murió cumpliendo el Salmo 69 ¿Qué tributo pudiera ser más glorioso para un salmo? El mismo salmo que tendemos a ver como problemático por sus imprecaciones fue el que Jesús vivió y el que le llevó a la cruz y le guió en la cruz.

d) Jesús soportando el vituperio

Otra ilustración del Salmo 69 como las palabras de Jesús: en el verso 9 David dice a Dios: “los vituperios de los que te injurian han caído sobre mí”. En Romanos 15 Pablo llama a los cristianos a ser pacientes con el débil y negarse a sí mismos y a humildemente recibir a otros.

Sorprendentemente en este punto, él retrocede nuevamente hasta el Salmo 69:9 y dice: “Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para su edificación. Pues ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te injuriaban cayeron sobre mi”. En otras palabras, él toma las palabras de David y las ve cumplidas en Cristo. Y se enfoca específicamente en que Cristo soportó voluntariamente los vituperios de los hombres.

Así que parece que el Salmo 69 tiene dos puntos de contactos con el Nuevo Testamento. Uno es el juicio: las imprecaciones no son represalias pecaminosas personales, sino aceptaciones proféticas de la justa retribución de Dios por el pecado.

El otro es el sufrimiento del ungido de Dios. Este sufrimiento es soportado por amor a Dios. Y el sufrimiento es el medio por el cual los adversarios son traídos al arrepentimiento o el medio por el cual son confirmados en su dureza y condenados.

¿Cómo debiera afectarnos el Salmo 69?

Así que retrocedamos y concluyamos preguntando: ¿Cómo debiéramos pensar y sentirnos cuando leemos hoy el Salmo 69? Tres respuestas:

1) La aprobación del juicio de Dios

Debiéramos escuchar la voz divinamente inspirada de David, el ungido del Señor, sufriendo por la gloria de Dios, y expresando su deseo por (y su aprobación a) los juicios de Dios sobre los adversarios del Señor que no se arrepienten. Él está dejando en claro que el juicio de Dios viene, y es justo, e incluso deseable, y que debiera venir cuando los adversarios están más allá del arrepentimiento. Hay un juicio divino que viene, y en ese día los cristianos aprobarán lo que Dios hace. Eso es lo que muestran claramente las implicaciones de David. Eso es lo que debiéramos pensar y sentir.

2) Representando el ministerio de Jesús

Debiéramos escuchar a David como a aquel que es figura del ministerio de Jesús. Lo que David experimenta como ungido del Señor, Jesús lo cumplirá en mayor medida en su propio sufrimiento y muerte. Su sufrimiento será un sufrimiento salvador y condenador. Para aquellos que lo acepten como su gloria, será salvación. Para aquellos que se endurezcan por él, será condenación.

¿O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? Mas por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios. (Romanos 2:4-5)

3) Incentivo para perdonar

¿Y qué hay con nosotros? Cuando leemos estas palabras, ¿qué debemos pensar y sentir y hacer?

Lo más importante a decir es que no tomamos las imprecaciones como exhortaciones o incentivos para maldecir a nuestros enemigos. De hecho, en la mente de Pablo, el salmo nos lleva exactamente en el sentido contrario. Pablo cita en salmo en Romanos 15:3 para animarnos a negarnos a nosotros mismos en lugar de gratificarnos en la lujuria por la venganza: “Pues ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te injuriaban cayeron sobre mi”. En otras palabras, sobrelleven, perdonen.

Pero no es porque no haya ira, que no haya castigo, que no haya juicio en el Salmo 69. Es precisamente porque hay un juicio. Y no somos nosotros quienes debamos ejecutarlo. El hecho de que Dios lo hará y de que es correcto que lo haga es medio por medio del cual podemos seguir a Cristo en su sufrimiento amando a aquellos que nos han agraviado:

“Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagare, dice el Señor. Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonaras sobre su cabeza”.

Los carbones encendidos serán purificadores si hay arrepentimiento, y habrá castigo sino lo hay. Dios decidirá. Nosotros aprobaremos. Pero hasta ese día de juicio, seguiremos las palabras del Rey Ungido: “[…] amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen; orad por los que os vituperan […] y seréis hijos del Altísimo” (Lucas 6:27-29; 35) (1).

Continúa…

Notas:

(1) Tomado de: http://es.desiringgod.org/resource-library/sermons/pour-out-your-indignation-upon-them

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