Pensando y sintiendo los Salmos (Novena parte)

Pensando y sintiendo los Salmos (Novena parte)

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Serie sobre los Salmos, por John Piper.

John Piper es pastor de Bethlehem Babtist Church en Minneapolis, Minnesota. Un predicador respetadísimo por su pasión por la pureza del evangelio y el cristianismo verdadero. En esta serie, tomada del sitio en español de Desiring God (“Deseando a Dios”) y transcrita de 6 de sus sermones basados en los Salmos, Piper nos habla de la importancia de la renovación de los pensamientos y sentimientos en la vida cristiana. ¿Le gustaría sentir lo que los salmistas experimentaron cuando escribieron sus canciones? ¿Le gustaría conocer qué pasó por la mente de ellos cuando compusieron sus salmos? Entonces, únase a leer esta serie de 12 artículos donde se estudian 6 de las canciones más destacadas de la Biblia y aprenda a componer según el modelo del libro de los Salmos. En esta novena parte nos habla de los Salmos imprecatorios, de ira y enojo.

Derrama sobre ellos tu indignación
Por John Piper.

El nombre de esta serie de mensaje sobre los Salmos es: «Pensando y sintiendo los salmos». El mensaje de ese nombre es que, por un lado, los mensajes son inspirados por Dios y por tanto tienen el propósito de instruirnos cómo pensar acerca de Dios y el hombre y el mundo. Y por otro lado, los Salmos son poemas o canciones y tienen el propósito de despertar, expresar y moldear nuestros sentimientos acerca de Dios y el hombre y el mundo.

En los mensajes anteriores nos hemos enfocado en los sentimientos de depresión espiritual o desánimio (Salmo 42), y en el arrepentimiento y la culpa (Salmo 51), y en la gratitud y la alabanza (Salmo 103). Hoy nos enfocaremos en la emoción de la ira, o más específicamente en el deseo de represalia o venganza, la ira que sentimos cuando es hecho algo horriblemente malo o injusto, sea el abuso sexual a un niño, o alguna discriminación racial evidente, o alguien que asesinó a su esposa, o traicionó los votos matrimoniales y va tras otra persona.

¿Satisfacción en la justicia?

Cuando usted está viendo un filme, y es mostrada una gran maldad e injusticia, y se llena de ira por aquello que parecen lograr, y algunas personas humildes, sacrificadas, arriesgan sus vidas, y capturan a los villanos y les traen a la justicia, ¿es bueno sentir una profunda satisfacción porque fue hecha justicia?

Y en sus propias vidas, ¿cómo se sentirían acerca de aquellos que les han dañado, quizás les han dañado terriblemente? ¿Cómo debieran sentirse y cómo debiera pensar? ¿Y qué debieran hacer?

Los salmos que maldicen

Hay un grupo de salmos que son llamados salmos imprecatorios porque incluyen imprecaciones, es decir maldiciones, juicios contra los enemigos de Dios. Estos salmos son generalmente considerados un problema para los cristianos porque Jesús nos enseñó: “Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen; 28 bendecid a los que os maldicen; orad por los que os vituperan” (Lucas 6:27-28). Y Jesús oró por sus enemigos en la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Así que estos salmos parecen hacer lo opuesto a lo que Jesús dijo e hizo.

Tomemos el Salmo 69 como uno de los salmos imprecatorios más grandes y tratemos de entenderlo, y de entender cómo debería moldear nuestros pensamientos y emociones con Dios.

La clave: El uso en el Nuevo Testamento

La clave será ver cómo utilizaron este Salmo los autores del Nuevo Testamento, cómo lo interpretaron. Y tenemos mucha ayuda aquí porque siete de los versos de este salmo son citados claramente en el Nuevo Testamento, incluyendo las partes que son imprecatorias. Los escritores del Nuevo Testamento no huyeron tímidamente de los salmos imprecatorios. De hecho, parece que ellos los encontraron especialmente útiles para explicar la obra de Jesús y su significado para nosotros.

Echemos entonces un vistazo al Salmo y luego veamos cómo lo utiliza el Nuevo Testamento.

Un vistazo al Salmo 69

La situación es que David se siente abrumado por los enemigos. No parecen ser enemigos militares sino personales. Son despiadados y depravados.

David no dice ser perfecto. De hecho, admite en el verso 5 que ha hecho maldad y que Dios lo sabe. Pero las hostilidades en su contra no se deben a esos malos actos. Le odian sin causa. Y le atacan con mentiras. Verso 4: “Más que los cabellos de mi cabeza son los que sin causa me aborrecen; poderosos son los que quieren destruirme, sin razón son mis enemigos, me hacen devolver aquello que no robé”.

Celo por la gloria de Dios

Lo preocupante es que él está celoso por la gloria de Dios, y sus adversarios le reprochan por eso. Verso 7: “Pues por amor de ti [oh Dios] he sufrido vituperio; la ignominia ha cubierto mi rostro”. Verso 9: “Porque el celo por tu casa [oh Dios] me ha consumido, y los vituperios de los que te injurian han caído sobre mí”. En otras palabras, su sufrimiento no solo es inmerecido, él lo soporta precisamente porque es un representante de Dios: “Los vituperios de los que te injurian han caído sobre mí”. Cuando Dios es vituperado, el salmista es vituperado: «Es la gente que te odia, Dios, quienes me hacen la vida difícil, porque yo te represento».

Rogando ser rescatado

David le pide a Dios ser rescatado de esta miserable situación. Verso 14: “Sácame del cieno y no me dejes hundir; sea yo librado de los que me odian, y de lo profundo de las aguas”. Verso 18: “Acércate a mi alma y redímela; por causa de mis enemigos, rescátame”.

Entonces llegan los versos 22-28, que son imprecaciones o maldiciones sobre sus enemigos. Él ora a Dios para que estos enemigos, sus enemigos y los enemigos de Dios, experimenten toda la fuerza del juicio de Dios y que no sean absueltos. Él no está orando para la salvación de sus enemigos, está orando para su mal. Versos 22-24:

“Que la mesa delante de ellos se convierta en lazo, y cuando estén en paz, se vuelva una trampa. Núblense sus ojos para que no puedan ver, y haz que sus lomos tiemblen continuamente. Derrama sobre ellos tu indignación, y que el ardor de tu ira los alcance”.

Rogando por ayuda

Entonces termina el salmo con otro clamor por ayuda y una promesa de alabanza. Versos 29-30: “Pero yo estoy afligido y adolorido; tu salvación, oh Dios, me ponga en alto. Con cántico alabaré el nombre de Dios, y con acción de gracias le exaltaré”.

Así que, en resumen, aquí tenemos al rey David, no a un hombre perfecto (v.5), sino a un hombre justo (v.28), un hombre que ama la gloria de Dios, confía en la misericordia de Dios para el rescate y la redención (v.18), y quien se levanta por la causa del humilde (vv.32-33), y quien está sufriendo la inmerecida persecución de sus enemigos y enemigos de Dios. Y en medio de su lamento y clamor por ayuda, dedica siete versos a pedir a Dios para que castigue estos enemigos.

El Salmo 69 en el Nuevo Testamento

¿Cómo trata a este Salmo el Nuevo Testamento?

Primero, diríamos que el Nuevo Testamento, al citar el Salmo, nunca se siente avergonzado, o lo crítica. Nunca trata al salmo como a algo que debiéramos rechazar o abandonar. Nunca trata el salmo como a una venganza pecaminosa. Así que aprendemos del Nuevo Testamento, tal como esperaríamos, pues Jesús considera al salmo como un escrito inspirado por Dios (Marcos 12:36; Juan 10:35; 13:18), este salmo es reverenciado y honrado como una verdad sagrada.

El Nuevo Testamento cita al Salmo 69, al menos, en dos formas importantes: Cita al salmo como las palabras de David, y cita al salmo como las palabras de Jesús. Tomémoslas y luego terminemos preguntando cómo leeremos el salmo hoy y cómo pensaremos y nos sentiremos con relación a la oración de David por el castigo de los hombres perversos y violentos.

1) Como las palabras de David

Primero, Romanos 11:9-11 cita al Salmo 69:22-23. Esto es lo que salmo dice:

“Que la mesa delante de ellos se convierta en lazo, y cuando estén en paz, se vuelva una trampa. Núblense sus ojos para que no puedan ver, y haz que sus lomos tiemblen continuamente”.

Este es el comienzo de la oración de David, para que Dios derrame su indignación sobre sus adversarios (v.24). Él ora para que de la misma forma en que ellos le dieron veneno en lugar de comida (v.21), así su mesa se convierta en lazo. La misma recompensa que ellos creen tener terminaría siendo su juicio. Y ora para que ellos sean cegados e incapaces de encontrar su camino y que el temor les golpee para siempre.

En otras palabras, su oración es una oración para condenación, para destrucción, daño. Versos 27-28: “Añade iniquidad a su iniquidad, y que no entren en tu justicia. Sean borrados del libro de la vida, y no sean inscritos con los justos”. David los envía a la perdición, al infierno.

No es una venganza personal pecaminosa

Ahora, usted pudiera decir que si esta fuera una venganza personal pecaminosa, el apóstol Pablo, al menos hubiera evitado el salmo y quizás lo hubiera corregido. Pero hace lo opuesto. Va directo hacia el texto para apoyar su propia enseñanza en Romanos 11. Él no se siente desplazado en lo más mínimo por este salmo. En Romanos 11 enseña que la mayor parte de Israel ha rechazado a Jesús como su Mesías y ha caído bajo el juicio de Dios. El juicio de Dios es que llegará un endurecimiento sobre la mayor parte de Israel para que no crean.

Romanos 11:7: “Entonces ¿qué? Aquello que Israel busca no lo ha alcanzado, pero los que fueron escogidos lo alcanzaron y los demás fueron endurecidos”. Versículo 25: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis sabios en vuestra propia opinión: que a Israel le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”. Así que una de las enseñanzas fundamentales de Pablo en Romanos 11 es que Dios está juzgando a Israel con este endurecimiento hasta que el número señalado los gentiles sean salvados.

Hablando a favor de Dios

En ese contexto, Pablo retrocede hasta el así llamado, Salmo 69 imprecatorio (de todos los textos del Antiguo Testamento que pudo haber citado) para apoyar su mensaje y cita los versos 22-23 en Romanos 11:9-11: “Su banquete se convierta en lazo y en trampa, y en piedra de tropiezo y en retribución para ellos. Oscurézcanse sus ojos para que no puedan ver, y dobla sus espaldas para siempre”.

En otras palabras, Pablo interpreta las palabras de David, no como una venganza personal pecaminosa, sino como una expresión confiable de lo que sucede a los adversarios del ungido de Dios. David es el rey ungido de Dios, y está siendo rechazado y vituperado e insultado. David manifiesta mucha paciencia en su vida (Salmo 109:4). Pero llega un momento en que David como el ungido y vocero inspirado de Dios, y por su oración envía a sus adversarios a las tinieblas y al endurecimiento. Ellos experimentarán este juicio porque David está hablando en nombre de Dios.

Palabras de juicio, sobrias, proféticas

Pablo no solo escucha palabras emotivas de represalia en la voz de David. Él escucha palabras de juicio sobrias y proféticas que el ungido de Dios trae sobre sus adversarios. Por eso cita estas palabras en Romanos 11 donde está desarrollando la misma idea: los adversarios de Cristo, el Mesías de Dios, serán enviados a las tinieblas y endurecidos como parte del juicio de Dios.

Esa es la primera forma en que el Nuevo Testamento cita el Salmo 69, es decir, como las palabras proféticas de juicio expresadas por el vocero inspirado de Dios contra los adversarios del ungido de Dios (1).

Continúa…

Notas:

(1) Tomado de: http://es.desiringgod.org/resource-library/sermons/pour-out-your-indignation-upon-them

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