Pensando y sintiendo los Salmos (Octava parte)

Pensando y sintiendo los Salmos (Octava parte)

- en Pensando y sintiendo los Salmos
1075
0


Serie sobre los Salmos, por John Piper.

John Piper es pastor de Bethlehem Babtist Church en Minneapolis, Minnesota. Un predicador respetadísimo por su pasión por la pureza del evangelio y el cristianismo verdadero. En esta serie, tomada del sitio en español de Desiring God (“Deseando a Dios”) y transcrita de 6 de sus sermones basados en los Salmos, Piper nos habla de la importancia de la renovación de los pensamientos y sentimientos en la vida cristiana. ¿Le gustaría sentir lo que los salmistas experimentaron cuando escribieron sus canciones? ¿Le gustaría conocer qué pasó por la mente de ellos cuando compusieron sus salmos? Entonces, únase a leer esta serie de 12 artículos donde se estudian 6 de las canciones más destacadas de la Biblia y aprenda a componer según el modelo del libro de los Salmos. En esta octava parte finaliza su exposición del Salmo 103 hablándonos sobre por qué debemos vivir agradecidos con Dios.

Temer a Dios

Verso 17: “Mas la misericordia del Señor es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen”. Creo que temer a Dios significa que Dios es tan poderoso y tan santo y tan sorprendente para nosotros que no nos atreveríamos a huir de él, sino solo a correr hacia él por todas las promesas que tiene para nosotros. Así que temer a Dios no es diferente a ir hacia el Mesías, Jesús. Es la manera en que venimos: venimos reverentemente, venimos humildemente, venimos sin presumir que Dios nos deba algo, venimos con temblor, como vimos en el último mensaje, venimos contritos y humillados.

Verdadera fe en el Redentor

Y el tercer requerimiento que David menciona para que nuestros hijos experimenten la justicia de Dios salvándoles, no condenándoles, es el verso 18: “para los que […] se acuerdan de sus preceptos para cumplirlos”. Este texto significa que la fe en el Redentor debe ser real. Una confianza real en Cristo, una verdadera sumisión a su gobierno, cuando verdaderamente atesoramos su dignidad, nuestras vidas son cambiadas. Así que el requerimiento de la obediencia en el verso 18 es simplemente el requerimiento de que nuestro temor de Dios y nuestra confianza en Cristo deben ser reales, efectivos, fructíferos. Quien nos perdona y justifica es Cristo y su sangre y su justicia. Pero nuestra obediencia, nuestra justicia, imperfectas como son, muestran que Dios nos ha salvado, que nuestra fe es real. Verdaderamente somos guardadores del pacto. Y nos aferramos a nuestro atesorado sustituto: Jesucristo.

Por tanto padres, conozcan que todos somos como polvo. Somos como la hierba, florecemos como la flor del campo. El viento pasa sobre ellas dejan de ser y su lugar ya no les reconoce (vv. 15-16). Después de nosotros vendrán nuestros hijos y sus hijos. Y la pregunta que nos hacemos es: ¿temerán a Dios, guardarán su pacto, y obedecerán sus mandamientos? Si lo hacen, la misericordia y la justicia de Dios les bendecirán para siempre.

Guiando a nuestros niños al bendecir al Señor

¿Cuál es entonces, el énfasis fundamental de este salmo con relación a lo que los padres debemos hacer para guiar a nuestros hijos hacia esta bienaventuranza? ¿Qué debiéramos hacer? Esto es para todos, pero como los padres son mencionados en el salmo, le pregunto a los padres: ¿cuál es la principal recomendación de este salmo con relación a lo que debemos hacer por nuestros hijos? ¿Por nuestras esposas? ¿Por nuestras iglesias? ¿Por nuestra ciudad? ¿Por nuestras almas?

La Respuesta es: Bendigan al Señor

El salmo comienza y termina con la predicación del salmista a su alma para que ella bendiga al Señor, y la predicación a los ángeles y a las huestes celestiales y a la obra de las manos de Dios. El salmo está abrumadoramente enfocado en la bendición del Señor.

Versos 1-2: “Bendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios”, entonces comienza a enumerar los beneficios. Y al final, en los versos 20-22 dice: “Bendecid al Señor, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su dominio. Bendice, alma mía, al Señor”.

Alabar al Señor

¿Qué significa bendecir al Señor? Significa hablar bien de su grandeza y su bondad. Es casi sinónimo de alabanza. El Salmo 34:1 une así los dos términos: “Bendeciré al Señor en todo tiempo; continuamente estará su alabanza en mi boca”. Y fíjese en la palabra boca: “continuamente estará su alabanza en mi boca”. Bendecir al Señor significa hablar o cantar acerca de las bondades y grandezas del Señor.

David está (en los primeros y últimos versos de este salmo, cuando dice: “Bendice, alma mía, al Señor”), diciendo que la proclamación de las bondades y las grandezas de Señor debe provenir del alma. Bendecir a Dios con la boca sin involucrar el alma sería hipocresía. Jesús dijo: “Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mi” (Mateo 15:8). David conoce ese peligro, y está predicándose a sí mismo para que eso no suceda: «Ven alma, mira las grandezas y bondades de Dios. Únete a mi boca, y bendigamos al Señor con todo nuestro ser».

Padres bendiciendo al Señor

Ahora, este es el mensaje principal para los padres. Me atrevo a decir que quizás nada hay más efectivo cuando queremos ayudar a nuestros hijos a temer a Dios y guardar el pacto con Dios y obedecer a Dios, que nuestra propia bendición continua al Señor en presencia de ellos.

Oh, cuán raro es este importante regalo a nuestros hijos: padres quienes abiertamente y desde sus almas bendigan al Señor. Oro con ustedes padres para que no hagan oídos sordos a este mensaje. Para que no sean fatalistas y digan: «Yo no soy así». Oh, quiera el Señor derramar un nuevo poder y una nueva plenitud y una nueva libertad en ustedes y en sus esposas y en todos nosotros como iglesia. Oh, que surja en nuestros corazones un deseo de bendecir al Señor.

Razones para bendecir al Señor

Nos llevaría semanas hablar de todas las razones que David menciona por las cuáles su alma debiera bendecir al Señor. Este pudiera ser el salmo más rico en evangelio de todo el Libro de los Salmos. Pero solo mencionaré tres categorías de razones y les dejaré a ustedes los detalles.

1. Dios es Soberano

Primero, permitan que sus hijos le escuchen bendecir a Dios por su soberanía. Verso 19: “El Señor ha establecido su trono en los cielos, y su reino domina sobre todo”. Permitan que sus hijos les escuchen decir: «Te bendigo Señor, porque tu reino domina sobre todo». Sobre todas las personas, sobre todos los gobiernos. Sobre todos los sistemas climáticos. Sobre todos los animales. Sobre todas las moléculas, sobre todas las galaxias.

David sabe que Dios ejerce su gobierno soberano mediante los ángeles y los seres celestiales, y por eso les invita a unirse a él en su bendición. «Vengan ángeles, bendigan al Señor mientras obedecen su palabra, huestes celestiales, bendigan al Señor mientras hacen su voluntad. Vengan todos, toda la obra de sus manos en todas los extremos de su dominio, bendigan al Señor» (vv. 20-22).

Permitan que sus hijos les escuchen bendecir al Señor por su poder grande, bueno y soberano, y por su autoridad sobre todas las cosas.

2. Dios es Justo

Segundo, permitan que sus hijos les escuchen bendecir al Señor por su justicia y su rectitud. Verso 6: “El Señor hace justicia, y juicios a favor de todos los oprimidos”. Permítanles escucharles mientras ustedes se gozan en la justa intervención de Dios por los oprimidos. Digan en la mesa y en los devocionales en la mañana o en la noche: «te bendecimos oh Dios, por tu justicia y rectitud, te bendecimos porque a pesar de que la maldad parece ser tan fuerte, aun tú eres el Rey. Te bendecimos porque se hará justicia en este siglo o en el venidero. Bendigan al Señor».

3. Dios es Misericordioso

Por último, permitan que sus hijos les escuchen bendecir al Señor por su misericordia y su perdón. Si este salmo celebra con claridad alguna característica del Señor, es su inmensurable misericordia al no atribuirnos nuestros pecados. Este es el evangelio. Sabemos que todo esto se debe a Cristo. Difícilmente se hayan escrito palabras más dulces que estas:

Verso 3: “El es el que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades”. Versos 10-12: Bendigan a Dios porque “No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades. Porque como están de altos los cielos sobre la tierra, así es de grande su misericordia para los que le temen. Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones”.

Oh padres, permitan que sus hijos les escuchen bendecir al Señor por el evangelio. Permítanles escuchar sus almas gozándose en Cristo. Permítanles escuchar el palpitar de sus corazones en gratitud. Permítanles escuchar sus sentimientos por el Señor. Permítanles escuchar de su amor por Cristo y del gran amor de Cristo por ustedes. Permítanles escucharles decir: «oh, bendigo tu nombre, porque mis pecados han sido perdonados». Entonces, amen a sus esposas e hijos de la misma manera en que él nos ama.

Amén (1).

Continúa…

Notas:

(1) Tomado de: http://es.desiringgod.org/resource-library/sermons/bless-the-lord-o-my-soul

 

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Te podría interesar

¡Adquiere «100 canciones con versos cuestionables»!