Pensando y sintiendo los Salmos (Segunda parte)

Pensando y sintiendo los Salmos (Segunda parte)

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Serie sobre los Salmos, por John Piper.

John Piper es pastor de Bethlehem Babtist Church en Minneapolis, Minnesota. Un predicador respetadísimo por su pasión por la pureza del evangelio y el cristianismo verdadero. En esta serie, tomada del sitio en español de Desiring God (“Deseando a Dios”) y transcrita de 6 de sus sermones basados en los Salmos, Piper nos habla de la importancia de la renovación de los pensamientos y sentimientos en la vida cristiana. ¿Le gustaría sentir lo que los salmistas experimentaron cuando escribieron sus canciones? ¿Le gustaría conocer qué pasó por la mente de ellos cuando compusieron sus salmos? Entonces, únase a leer esta serie de 12 artículos donde se estudian 6 de las canciones más destacadas de la Biblia y aprenda a componer según el modelo del libro de los Salmos. En esta segunda parte se nos habla de cómo la Palabra pueden moldear nuestra vida y la de otros.

El poder moldeador de los Salmos

Acabamos de terminar una serie sobre el nuevo nacimiento. Aprendimos que en el nuevo nacimiento, el Espíritu Santo resucita a los que están espiritualmente muertos al darles una nueva mente y un nuevo corazón que cree en el evangelio y el amor de Dios, y quiere conformarlos a la imagen de Cristo. Sin embargo, las personas nacidas de nuevo no son perfectas. Son verdaderamente nuevas, verdaderamente vivas, verdaderamente espirituales, pero en muchas formas no son una obra completada, sino inmaduras, como los recién nacidos en nuestra familia.

Así que la pregunta para los cristianos primitivos (y para nosotros) era: ¿Cómo la nueva mente y el nuevo corazón, con todos sus pensamientos y emociones imperfectos, buscarán la plenitud del pensamiento correcto y la plenitud de las emociones santas? Una de las principales respuestas de la iglesia primitiva era sumergirse en los Salmos. Los Salmos es el libro del Antiguo Testamento más comúnmente citado en el Nuevo Testamento. Era el libro de cánticos, el libro de poesía, y el libro de meditaciones de la iglesia. Junto a las enseñanzas de Jesús y los apóstoles, los Salmos era el libro que más moldeaba el pensamiento y las emociones de los creyentes.

Y esto es lo que yo quisiera hacer por nosotros. Durante estas semanas, solo quiero ayudar a promover ese uso de los Salmos para algunos, y motivar aun más a otros. El propósito es que haya un ambiente centrado en Dios, que exalte a Cristo, y saturado del pensamiento y los sentimientos de los Salmos en nuestra iglesia. Creo que este tipo de pensamiento y emociones producirán fruto de vidas que aman a las personas y magnifican a Cristo.

Dos preguntas en el Salmo 1

Vamos ahora hacia el Salmo 1, veremos la confirmación de mucho de lo que acabamos de ver. Este salmo es digno de, al menos, tres sermones. Solo haré dos observaciones que provienen de dos preguntas.

Pregunta 1: ¿Por qué el salmista comienza de esa manera?

¿Por qué el salmista comienza: “¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores!!”? ¿Por qué dirigir la atención hacia el impío, el pecador, el escarnecedor? ¿Por qué enfocarse en dónde buscamos la influencia: «No sean influenciados por los impíos, no sean influenciados por los pecadores, no sean influenciados por los escarnecedores»?

La razón es que el contraste que quiere resaltar no es impiedad versus justicia. El contraste que quiere resaltar es ser influenciado por un lugar versus ser influenciados por otro lugar. Ser moldeado de una forma contrastado con ser moldeado de otra forma. Ser moldeado en nuestro pensamiento y sentimientos por el impío, el pecador, y el escarnecedor, contrastado con ser moldeados por la ley del Señor, la instrucción del Señor encontrada en los Salmos.

Así que él establece el verso 1 a fin de prepararnos para el contraste en el versículo 2. No dirijan su atención hacia el mundo (el impío, el pecador, el escarnecedor) deleitándose en sus caminos. Verso 2: “…sino que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche!”.

Nadie anda el camino del impío sin quererlo, nadie se detiene en el camino de los pecadores sin quererlo, nadie se sienta en la silla de escarnecedores sin quererlo. Andamos y nos detenemos y nos sentamos porque queremos. Y queremos porque hemos estado mirándoles tan intensamente que lo que hacen ahora nos es atractivo. Hemos meditado en ellos (sin llamarle así). Y ahora nos deleitamos en ellos. Así es como aparece la mundanalidad.

Usted simplemente comienza mirando las cosas que el mundo produce. Y las mira y piensa tanto en ellas que las desea. Y así anda, se detiene, y se sienta en el consejo de los impíos, y en su camino, y en su silla.

Por eso el contraste en el verso 2, no se refiere al deber y la obediencia, sino al deleite y la meditación. La enseñanza es que la única esperanza contra los placeres del mundo, es el placer de la Palabra de Dios. Y de la misma forma, los placeres del mundo son despertados al mirarlos suficientemente, así que los placeres del mundo son despertados en el alma regenerada al mirarlos durante un tiempo suficientemente largo, día y noche.

Medite día y noche en la instrucción de Dios en los Salmos y Dios hará surgir el deleite. Ese es el propósito de los Salmos: informar a nuestros pensamientos de manera que se deleiten nuestros corazones. Meditar día y noche produce un deleite que nos libera de los placeres de los impíos, de los pecadores, y de los escarnecedores.

Así que los primeros dos versículos en el libro de los Salmos confirman lo que hemos visto: todo este libro está diseñado para moldear nuestros pensamientos mediante la meditación y para moldear nuestros sentimientos al convertirse en nuestra delicia.

Pregunta 2: ¿Por qué el verso tres se lee de esa manera?

Ahora, esta es la segunda pregunta para el Salmo 1 que devela nuestra segunda observación acerca de este salmo ¿Por qué el verso 3 no dice: «Y cuando usted medita en la instrucción de Dios en los Salmos, y se deleita en lo que ve, entonces no actuará impíamente, ni actuará según el pecado, ni escarnecerá»? Eso hubiera redondeado las cosas agradablemente con el verso 1, ¿no es cierto?

La respuesta es que el salmista quiere que veamos que la vida del justo es como un árbol que produce fruto, no como un obrero que recoge frutos. Para utilizar el lenguaje de Pablo, la vida cristiana es el fruto del Espíritu, no las obras de la ley. Versículo 3: “Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera”.

Una pelea ganada con el deleite

Esta es una ilustración de la vida cristiana: hay corrientes de agua, es la vida de Dios fluyendo mediante la Palabra de Dios, los salmos. Usted está plantado allí por la gracia soberana de Dios (vea Mateo 15:13). Sus raíces llegan a al agua de vida que hace que sus hojas sean verdes durante la sequía y le hace fructífero cuando otros son estériles.

El sistema de raíces no es mecánico o automático. Las raíces obran mediante la meditación, es decir, al dar atención al pensamiento de los salmos. La meditación en los salmos es la manera en que las raíces tocan el agua. El resultado es el deleite, el placer espiritual en lo que vemos de Dios, el hombre, y la vida. Y a partir de esta delicia viene todo tipo cambio en las actitudes y comportamientos.

La batalla para evadir el consejo de los impíos y el camino de los pecadores y la silla de los escarnecedores (la batalla para ser justos, santos y humildes) es una batalla que es ganada por el deleite. Y ese deleite se nutre mediante la meditación, día y noche, en la instrucción de Dios en los salmos (1).

¿Qué podemos decir acerca de Jesús?

Lo que nos deja muy poco tiempo para hacer nuestra última pregunta: ¿Qué podemos decir acerca de Jesús? ¿Cómo nos guía a Cristo este salmo? De las tres maneras en que veo que este salmo nos guía a Cristo, solo mencionaré una.

La palabra justos en el verso 6 nos señala a Cristo como nuestra justicia: “Porque el Señor conoce el camino de los justos, mas el camino de los impíos perecerá”. Así que solo los justos sobrevivirán el juicio al final. Pero, ¿quién es justo?

Salmo 14:3: “Todos se han desviado, a una se han corrompido; no hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno”. Salmo 130:3-4: “Señor, si tú tuvieras en cuenta las iniquidades, ¿quién, oh Señor, podría permanecer? Pero en ti hay perdón, para que seas temido”. Salmo 32:2: “¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad…”.

Así que “los justos” en el versículo 6, son los pecadores que de alguna manera son contados como justos cuando no lo son en realidad ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede un Dios santo y justo pasar por alto la iniquidad? ¿Cómo puede un Dios santo y justo olvidar el pecado? ¿Cómo puede él no exigir una justicia perfecta para su cielo perfecto?

La justicia consumada en Cristo

La respuesta es que Dios sí tiene en cuenta la iniquidad, y sí tiene en cuenta el pecado, y sí requiere una justicia perfecta. Y por esa razón, este salmo junto a todos los demás salmos, nos guía a Cristo, él “fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades” (Isaías 53:5). Dios sí tuvo en cuenta nuestro pecado, y lo castigó en Cristo. Sí demandó justicia, y la cumplió en Cristo. Romanos 10:4: “Cristo es el fin de la ley [la meta de los Salmos] para justicia a todo aquel que cree”.

Este evangelio de verdad es parte del agua viva que fluye en la raíz de nuestras vidas. Es parte de lo que meditamos de día y de noche cuando leemos y cantamos los Salmos. Es la fuente de nuestro más dulce deleite.

Acepte el río del evangelio

Así que le animo a que acepte a este evangelio como el río de su vida. Y le invito a unirse a mí durante los próximos domingos a medida que buscamos pensar con Dios y sentir con Dios en los Salmos. Quiera Dios moldear nuestros pensamientos y moldear nuestras emociones para que podamos llevar el fruto del amor, el gozo, la paz, la paciencia, la bondad, la amabilidad, la fidelidad, la gentileza, y el autocontrol que exaltan a Cristo (Gálatas 5:22-23). Amén (2).

Continúa…

Notas:

(1) “Los Salmos pueden y debieran ser parte de la práctica constante de la presencia de Dios. Léalos regularmente, de principio a fin, ellos nos guían una y otra vez a considerar los aspectos de la vida y de la voluntad de Dios que de otra forma trataríamos de no recordar o confrontar (y mucho menos ser parte de nuestra vida). Los fragmentos de salmos memorizados pueden proveer una respuesta permanente a las apremiantes realidades de nuestros días. Cuando despierto en el pánico de las tinieblas de las primeras horas de la mañana (sumergido en el miedo, la autocompasión, o las dudas), los Salmos, a menudo, me han provisto con la certeza de que mis ansiedades son conocidas por Dios, quien ilumina mis lugares oscuros. Así, le animo a convertir a los Salmos en una compañía constante. Tenga una copia a mano, y mantenga sus palabras en la mente y corazón y en sus labios a medida que enfrenta los retos de sus días y noches” Gerald Wilson, The NIV Application Commentary, Psalms Vol. 1 (Grand Rapids: Zondervan, 2002), 104.

(2) Tomado de: http://es.desiringgod.org/resource-library/sermons/songs-that-shape-the-heart-and-mind

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