Pensando y sintiendo los Salmos (Séptima parte)

Pensando y sintiendo los Salmos (Séptima parte)

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Serie sobre los Salmos, por John Piper.

John Piper es pastor de Bethlehem Babtist Church en Minneapolis, Minnesota. Un predicador respetadísimo por su pasión por la pureza del evangelio y el cristianismo verdadero. En esta serie, tomada del sitio en español de Desiring God (“Deseando a Dios”) y transcrita de 6 de sus sermones basados en los Salmos, Piper nos habla de la importancia de la renovación de los pensamientos y sentimientos en la vida cristiana. ¿Le gustaría sentir lo que los salmistas experimentaron cuando escribieron sus canciones? ¿Le gustaría conocer qué pasó por la mente de ellos cuando compusieron sus salmos? Entonces, únase a leer esta serie de 12 artículos donde se estudian 6 de las canciones más destacadas de la Biblia y aprenda a componer según el modelo del libro de los Salmos. En esta séptima parte nos habla acerca del Salmo 103, sobre la paternidad de Dios y por qué debemos vivir agradecidos con él.

Bendice, alma mía, al Señor
Por John Piper.

Salmos 103:
Salmo de David

Bendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.
El es el que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades;
el que rescata de la fosa tu vida, el que te corona de bondad y compasión;
el que colma de bienes tus años,
para que tu juventud se renueve como el águila.
El Señor hace justicia, y juicios a favor de todos los oprimidos.
A Moisés dio a conocer sus caminos, a los hijos de Israel sus obras.
Compasivo y clemente es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia.
No contenderá
con nosotros para siempre, ni para siempre guardará su enojo.
No nos ha tratado según nuestros pecados, ni nos ha pagado conforme
a nuestras iniquidades. Porque como están de altos los cielos sobre la tierra,
así es de grande su misericordia para los que le temen. Como está de lejos
el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones.
Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor
de los que le temen. Porque El sabe de qué estamos hechos, se acuerda
de que somos sólo polvo. El hombre, como la hierba son sus días;
como la flor del campo, así florece; cuando el viento pasa sobre ella,
deja de ser, y su lugar ya no la reconoce. Mas la misericordia del Señor
es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen,
y su justicia para los hijos de los hijos, para los que guardan su pacto
y se acuerdan de sus preceptos para cumplirlos. El Señor ha establecido
su trono en los cielos, y su reino domina sobre todo. Bendecid al Señor,
vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su mandato,
obedeciendo la voz de su palabra. Bendecid al Señor, vosotros todos sus e
jércitos, que le servís haciendo su voluntad. Bendecid al Señor, vosotras
todas sus obras, en todos los lugares de su dominio. Bendice, alma mía, al Señor.

Este es otro mensaje en una serie de varias partes sobre los Salmos. La serie se llama: Pensando y Sintiendo con Dios. Hay una secuencia, el primer mensaje sobre el Salmo 1 dio una perspectiva: Los Salmos son la Palabra de Dios y son poemas, así que debiéramos sumergirnos en ellos para que se vuelvan nuestra instrucción y nuestro cántico. Deberían moldear nuestros pensamientos y sentimientos, en todo.

El segundo mensaje a partir del Salmo 42 tenía el propósito de ayudarnos a lidiar correctamente con el abatimiento: “¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios” (Salmo 42:5).

El tercer mensaje a partir del Salmo 51 tenía el propósito de ayudarnos a lidiar correctamente con nuestro arrepentimiento y quebrantamiento a causa del pecado: “Hazme oír gozo y alegría; que se regocijen los huesos que has quebrantado” (Salmo 51:8).

Y el mensaje de hoy, a partir del Salmo 103, tiene el propósito de ayudarnos a lidiar correctamente con la bondad de Dios y nuestra gratitud. Así que quiero comenzar por tanto, en el versículo 13: “Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen”.

Buenos aspectos de la paternidad para Dios

Cuando este versículo dice: “Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen”, no quiere decir que el Señor aprende a ser Dios mirando a los padres humanos. No significa que Dios se pregunte si debiera compadecerse y luego nota que los buenos padres son compasivos con sus hijos y decide actuar de esa manera también.

No, lo que significa cuando dice: “Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen”, es que cuando usted ve a un buen padre, está viendo una imagen de Dios. O para decirlo en otras palabras: Dios diseñó la paternidad humana para que fuera un retrato de sí mismo. Dios tenía un Hijo antes de crear a Adán. Él era Dios el Padre antes de ser Dios el Creador. Sabía lo que quería mostrar cuando creó la imagen.

Mostrando a nuestros hijos cómo es Dios

La implicación obvia para todos los padres es que fuimos diseñados para mostrar la paternidad de Dios, especialmente (aunque no solamente) a nuestros hijos. Y ello implica que hoy aprendemos a ser padres, mirando a Dios cuidando paternalmente a sus hijos. Lo que implica que los hijos hoy aprenden ampliamente cómo es la paternidad de Dios al mirarnos a nosotros.

Los padres son como el polvo

Así, la cadena de influencias se mueve desde Dios (como el Padre infinitamente perfecto sobre sus hijos imperfectos) quien nos muestra cómo es la buena paternidad para que podamos mostrarles a nuestros hijos y a otros cómo es la paternidad de Dios. Ese, hermanos, es nuestro llamado. Cuando David dice: “Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen”, quiere decir: Dios creó la paternidad a su propia imagen, y la buena paternidad señala a Dios.

Cuando David dice en el versículo 14 que los padres (y el resto de nosotros), son como polvo (“[Dios] sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos sólo polvo”), lo hace reflejando la pequeñez de la vida humana comparada con la vida de Dios, sin principio y sin fin, y en cómo se relaciona con nuestro hijos. Leamos los versículos 15-18:

El hombre, como la hierba son sus días; como la flor del campo,
así florece; cuando el viento pasa sobre ella, deja de ser, y su lugar
ya no la reconoce. Mas la misericordia del Señor es desde la eternidad
hasta la eternidad, para los que le temen, y su justicia para los hijos
de los hijos, para los que guardan su pacto y se acuerdan de sus preceptos
para cumplirlos. El Señor ha establecido su trono en los cielos, y su reino
domina sobre todo.

Así que los padres deben darse cuenta de que no siempre estarán cerca. Y sus hijos no siempre estarán cerca. El verso 17 se refiere a los “hijos de los hijos”. Y la pregunta que un padre debiera hacer es: ¿cómo pueden mis hijos beneficiarse eternamente del amor de Dios? ¿Cómo pueden volverse beneficiarios de la justicia de Dios en lugar de ser condenados por ella?

Los versos 17-18 dan tres respuestas a esa pregunta. Escúchelos mientras leo de nuevo: “Mas la misericordia del Señor es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen, y su justicia para los hijos de los hijos, para los que guardan su pacto y se acuerdan de sus preceptos para cumplirlos”. La misericordia del Señor y la justicia del Señor seguirán a nuestros hijos de generación en generación si se cumplen tres requerimientos:

1. Si ellos le temen (v. 17).
2. Si ellos guardan su pacto (v. 18).
3. Y si ellos cumplen sus mandamientos (v. 18).

Guardando hoy el pacto de Dios

Enfoquémonos por un momento en este segundo requerimiento: “Su justicia para los hijos de los hijos, para los que guardan su pacto” ¿Qué significa guardar el pacto de Dios hoy? El mundo ha cambiado desde que vino el Mesías.

En la Última Cena, Jesús levantó la copa presentando su propia sangre y dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros”. Con esto quiso decir que ahora hay un nuevo pacto entre Dios y su pueblo. Es tan obligatorio como el anterior. El Nuevo Pacto provee, de parte de Dios, la sangre de Cristo para cubrir nuestros pecados y el poder del Espíritu para capacitarnos a fin de caminar en novedad de vida. El Nuevo Pacto requiere de nosotros que estemos unidos a Cristo por el nuevo nacimiento y que recibamos a Cristo como nuestro Señor y Salvador y Tesoro de nuestras vidas. Así es cómo obra en nosotros la sangre y justicia de Cristo.

Así que cuando los versículos 17 y 18 dicen que el amor de Dios y la justicia de Dios bendicen a nuestros hijos si guardan el pacto de Dios, ello implica para la actualidad que nuestros hijos deben ser traídos para que reciban a Cristo como el Salvador supremamente valioso y Señor de sus vidas. Los otros dos requerimientos que David menciona son temer a Dios (v.17), y cumplir sus mandamientos (v.18) (1).

Continúa…

Notas:

(1) Tomado de: http://es.desiringgod.org/resource-library/sermons/bless-the-lord-o-my-soul

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