Pensando y sintiendo los Salmos (Tercera parte)

Pensando y sintiendo los Salmos (Tercera parte)

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Serie sobre los Salmos, por John Piper.

John Piper es pastor de Bethlehem Babtist Church en Minneapolis, Minnesota. Un predicador respetadísimo por su pasión por la pureza del evangelio y el cristianismo verdadero. En esta serie, tomada del sitio en español de Desiring God (“Deseando a Dios”) y transcrita de 6 de sus sermones basados en los Salmos, Piper nos habla de la importancia de la renovación de los pensamientos y sentimientos en la vida cristiana. ¿Le gustaría sentir lo que los salmistas experimentaron cuando escribieron sus canciones? ¿Le gustaría conocer qué pasó por la mente de ellos cuando compusieron sus salmos? Entonces, únase a leer esta serie de 12 artículos donde se estudian 6 de las canciones más destacadas de la Biblia y aprenda a componer según el modelo del libro de los Salmos. En esta tercera parte se nos habla de los estados depresivos que a veces el cristiano compositor puede experimentar y cómo puede salir de ellos.

Depresión espiritual en los Salmos
Por John Piper.

Salmos 42

Para el director del coro. Masquil de los hijos de Coré.

Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira
por ti, oh Dios, el alma mía.  Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente; ¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?
Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche,
mientras me dicen todo el día:  ¿Dónde está tu Dios?
Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí;
de cómo iba yo con la multitud y la guiaba hasta la casa de Dios,
con voz de alegría  y de acción de gracias, con la muchedumbre
en fiesta. ¿Por qué te abates, alma mía,  y por qué te turbas
dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por
la salvación de su presencia. Dios mío, mi alma está en mí
deprimida; por eso me  acuerdo de ti desde la tierra del Jordán,
y desde las cumbres del Hermón, desde  el monte Mizar.
Un abismo llama a otro abismo a la voz de tus cascadas;
todas tus  ondas y tus olas han pasado sobre mí. De día
mandará el Señor su misericordia,  y de noche su cántico
estará elevaré una oración al Dios de mi vida. A Dios, mi roca,
diré: ¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué ando sombrío
por la opresión del enemigo?  Como quien quebranta mis huesos,
mis adversarios me afrentan, mientras me dicen  todo el día:
¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te abates, alma mía, y por qué
te turbas  dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle
otra vez. ¡El es la salvación de mi ser,  y mi Dios!

Una de las situaciones emotivas prominentes en los salmos es la depresión espiritual. Martyn Lloyd-Jones escribió un libro titulado Spiritual Depression y lo fundamentó en el Salmo 42. Ese será el Salmo en que nos enfocaremos hoy, el que dice: “¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí?”.

Los Salmos: Canción e instrucción

El encabezado del Salmo nos recuerda lo que vimos la semana pasada: “Para el director del coro. Masquil de los hijos de Coré”.

Los hijos de Coré eran un grupo de sacerdotes encargados del ministerio de cánticos. 2da de Crónicas 20:19 los describe en acción: “Y se levantaron los levitas, […] de los hijos de Coré, para alabar al Señor, Dios de Israel, en voz muy alta”.

Así que el encabezado implica que este salmo era usado, probablemente, en la adoración pública y era cantado. Es algo de lo que dijimos la semana pasada. Los salmos son canciones, son poemas. Fueron escritos para despertar y expresar y moldear la vida emocional del pueblo de Dios. La poesía y las canciones existen porque Dios nos hizo con emociones, no solo con pensamientos. Nuestras emociones son inmensamente importantes.

Lo segundo que debemos notar en el encabezado es que el salmo es llamado “Masquil”. No está claro cuál sea el significado de la palabra. Es por eso que la mayoría de las versiones no la traducen. Proviene de un verbo hebreo que significa instruir, hacer sabio. Así que cuando es aplicado a los salmos, pudiera implicar una canción que instruye, o una canción que ha sido sabiamente creada. Lo que nos recuerda el otro aspecto que enfatizamos la semana pasada: Los salmos fueron creados para instruir: “Bienaventurado es el hombre que […] en la instrucción del Señor está su deleite, y en su instrucción medita de día y de noche!”.

Así que: “Para el director del coro. Masquil de los hijos de Coré” subraya los dos aspectos de nuestro último encuentro. Los salmos son instrucción, y los salmos son canciones. Y Jesús enseñó que fueron inspirados por Dios. Su propósito es que moldeen lo que la mente piensa, y que moldeen lo que el corazón siente. Cuando nos sumergimos en ellos, estamos “pensando y sintiendo con Dios”. Mi oración es que esta serie de mensaje nos ayude a lograrlo.

Una perspectiva del Salmo 42

La manera en que me gustaría introducirnos en el Salmo 42 es mediante una perspectiva general, para luego mostrar seis características del justo en su depresión espiritual, seis aspectos que debemos moldear en la manera en que lidiamos con nuestras propias temporadas de oscuridad.

Esta es la perspectiva. Externamente sus circunstancias son opresivas. El versículo 3 dice que los enemigos “me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios?”. Y el versículo 10 dice lo mismo, solo que describe el efecto como el de una herida mortal: “Como quien quebranta mis huesos, mis adversarios me afrentan, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios?”. Y, “¿dónde está tu Dios?” implica que algo ha salido mal también, o no estarían preguntando “¿dónde está tu Dios?”. A ellos les parece que él salmista ha sido abandonado.

La condición interna del salmista es la depresión y la total turbación. En los versículos 5 y 11, se describe a sí mismo como abatido, y turbado. En el versículo 3 dice: “Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche”. Así que se siente desanimado hasta el punto de llorar día y noche. En el verso 7 dice que se siente como si se ahogara: “todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí”.

Peleando por la esperanza en Dios

En todo esto, él está peleando por la esperanza. Verso 5: “¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por la salvación de su presencia”. Versículo 11: “¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez. ¡El es la salvación de mi ser, y mi Dios!”. El salmista no se rinde ante las emociones de desánimo. Está ripostando.

No puedo decirles cuántos cientos de veces en los últimos veintiocho años en Bethlehem tuve que pelear contra el peso del desánimo con estas mismas palabras: «Espera en Dios John. Espera en Dios, pues le alabarás de nuevo. Esta miserable emoción pasará. Esta temporada pasará. No te abatas. Mira a Jesús. Ya amanecerá». Era tan esencial a nuestro modo de pensar y hablar a principios de los ochenta que pusimos un inmenso letrero “Espera en Dios” fuera de la puerta del antiguo santuario y fuimos conocidos entre todos los vecinos como la iglesia “Espera en Dios”.

Las circunstancias externas del salmo eran opresivas. Las emociones internas del salmista eran la depresión y el la total turbación. Pero él pelea por la esperanza. Y realmente es impresionante ver que al final del salmo, aun está peleando y no haciendo lo que hubiera querido hacer. Las últimas palabras del salmo (y las últimas palabras del salmo siguiente) son “¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez. ¡El es la salvación de mi ser, y mi Dios!”. Termina el salmo peleando por la gozosa experiencia de la esperanza y la libertad de la turbación. Aún no está alabando como quisiera.

Un final agridulce

¿Es un final feliz? Como casi todo lo demás en esta vida, está mezclado. Realmente es sorprendente la fe del salmista, y su pelea es valiente. Pero no está como quisiera estar, en paz y esperanza y alabanza.

Así que asumo que este salmo está en la Biblia por el propósito de Dios, y que si lo escuchamos cuidadosamente, si observamos la pelea del salmista, si meditamos en su instrucción día y noche, nuestros pensamientos acerca de Dios y la vida, por un lado, y nuestras emociones por el otro, serán moldeados por Dios. Y nos volveremos un árbol que lleva fruto y sus hojas no caen cuan do llegan las sequías de la opresión, el desánimo, y la turbación.

¿Cómo responde el salmista al desánimo?

Así que hay seis formas en las que este salmista responde al desánimo y a la turbación que llegó con el vituperio de sus enemigos. Las pondré en el orden que pudo haber ocurrido, aunque seguramente se sobreponen y repiten a sí mismas.

1. Pregunta a Dios: ¿Por qué?

Primero, responde a las circunstancias al preguntarle a Dios: ¿Por qué? Verso 9: “A Dios, mi roca, diré: ¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué ando sombrío por la opresión del enemigo?”. La palabra “olvidado” es una exageración. Y él lo sabe. En el verso 8 dice: “De día mandará el Señor su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo”.

Lo que él quiere decir es que «parece como si Dios se hubiera olvidado de mí». Se siente como si Dios se hubiera olvidado de él. Si Dios no se ha olvidado, ¿por qué no son sus enemigos repelidos y consumidos? Sería bueno que todos fuéramos tan controlados y cuidadosos cuando nos expresamos en el desánimo que nunca dijéramos nada incorrecto. Pero no es así como sucede. En medio del tumulto de emociones, no somos cuidadosos con nuestras palabras.

Aquellos que estuvieron cerca en 1985, cuando prediqué sobre el libro de Job, pudieran recordar cómo recibimos esta verdad como iglesia. Cuatro años después, nos referiríamos a las palabras de Job 6:26 y hablaríamos de “palabras para el viento”. Job dice a sus críticos: “¿Pensáis censurar mis palabras, cuando las palabras del desesperado se las lleva el viento?”. En otras palabras, no salten sobre las palabras de un desesperado. Déjenlo ir. Habrá bastante tiempo para discernir las convicciones más profundas del corazón. Dejen que el viento se las lleve. Son palabras para el viento.

Así que el salmista pregunta: ¿Por qué? Es una pregunta legítima. Quizás no hizo una pregunta precisa teológica o lingüísticamente, pero si con el tiempo demuestra que no quiso decir que Dios le había abandonado, dejaremos esas palabras para el viento.

2. Afirma el amor soberano de Dios

En medio de su desánimo, afirma el amor soberano de Dios por él. Verso 8: “De día mandará el Señor su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo; elevaré una oración al Dios de mi vida”. En los versos 5 y 11, llama a Dios “la salvación de mi ser, y mi Dios”. Y aunque dice que parece como si Dios le hubiera olvidado, nunca deja de creer en la soberanía absoluta de Dios sobre toda su adversidad. Así que al final del verso 7, dice: “todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí”. Tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

En otras palabras, todas sus circunstancias desalentadoras, opresivas, todos sus golpes son las olas de Dios. Él nunca abandona estas grandes verdades acerca de Dios. Son el balastro en su pequeño bote de fe. Le impiden volcarse en el tumulto de sus emociones. Oh, cuántos de ustedes han aprendido esta verdad más profundamente que yo, a causa de las olas que han golpeado sus vidas. Ustedes han aprendido que no hay alivio en decir que Dios no gobierna sobre el viento y las olas. Así que el salmista afirma el amor soberano de Dios por él, en y en medio de todos los problemas (1).

Continúa…

Notas:

(1) Tomado de: http://es.desiringgod.org/resource-library/sermons/spiritual-depression-in-the-psalms

 

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