¿Positivo o negativo? (Cuarta parte)

¿Positivo o negativo? (Cuarta parte)

Después de exponer las premisas fundamentales de la confesión positiva, presentar algunos versículos bíblicos que acostumbran sacar de contexto, hablar de los decretos y explicar a groso modo el impacto que este movimiento ha tenido en el tema de las canciones cristianas, a continuación comparto algunos elementos que considero que los compositores deberíamos tomar en cuenta en nuestra labor creativa.

¿DÓNDE ESTÁ EL EQUILIBRIO?

En lo personal creo que el equilibrio que el cristiano debe tener en cuanto a este tema es reconocer que efectivamente las palabras tienen poder, pero no un poder sobrenatural. Si te fijas, entre ambas afirmaciones hay un gran abismo de separación. Una cosa es creer que las palabras tienen poder para brindarnos todo cuanto confesemos y otra muy distinta creer que tienen poder para motivar o desanimar, levantar o derribar, edificar o destruir.

Cuando hace algunos años se tradujo al español la canción “Cambiaré mi tristeza” de Darrell Evans, que dice: “Cambiaré mi tristeza, cambiaré mi vergüenza, los entregaré por el gozo de Dios/Cambiaré mi dolor y mi enfermedad, los entregaré por el gozo de Dios”, etc. algunos directores de adoración y equipos de alabanza se enfrentaron a la disyuntiva de quitar el pronombre “mí” y sustituirlo por los artículos “la» y «el” a modo de impersonalizar la letra y no dar la sensación de que se estaban apropiando de todas esas cosas negativas. Es decir, de la tristeza, el dolor y la enfermedad. En la iglesia donde me congregaba en esa época experimentamos ese conflicto, algunos dijimos: “No debemos decir que la enfermedad es nuestra, no vaya a ser que se quede y no se vaya”. Por eso solo cambiamos la expresión “y mi enfermedad…” por “y la enfermedad…”

Viendo en retrospectiva no debimos temer a eso y tampoco hacer el cambio.

¿Qué pasó entonces con “Cambiaré mi tristeza”? Lo mismo que he venido hablando desde el inicio de esta serie, que debido a la doctrina de la confesión positiva algunos directores de adoración, cantantes y músicos hemos temido hablar de ciertas cosas en las canciones y por lo tanto, mejor ni mencionarlas. Algunos no lo saben, pero la doctrina de la confesión positiva es parte del conglomerado de doctrinas que se derivan la teología de la prosperidad. La cual enseña que el plan de Dios para los seres humanos es que sean sanos, ricos y prósperos. Por lo tanto, cuando la enfermedad toque a la puerta hay que hacer uso de la confesión positiva para permanecer en el estado de sanidad que Dios ha planificado para nosotros.

El problema con la teología de la prosperidad es que está plagada de medias verdades. Que aunque Dios desea que sus hijos experimenten salud y bienestar, eso no significa que no atravesaremos dolores y enfermedades durante nuestra estancia en la Tierra. Pablo escribió refiriéndose a su amigo Epafrodito: Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él, sino también de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza” (Filipenses 2:27). En este pasaje se nos muestra a Pablo hablando de tristeza y acerca de su amigo que recién se había recuperado de una grave enfermedad. En ningún momento el apóstol negó que ambos hubieran experimentando tales realidades. ¿Por qué? Porque la enfermedad y la tristeza forman parte de la vida.

Cuando Santiago dijo: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él…” (Santiago 5:14), ¿por qué no dijo “Si alguno está enfermo, ¡confiesen que es sano! ¡Cancelen la enfermedad! ¡Decreten la sanidad!”? ¿Ah? Porque hacer eso no está bien, no es correcto y no es realista.

Es por esta razón que me siento incómodo cuando escucho la canción de Juan Luis Guerra: “En el cielo no hay hospital”, donde en la estrofa describe algunas enfermedades que Dios le sanó y con tono optimista afirma en el coro: “En el cielo no hay hospital, te aseguro que te quiere sanar/En su nombre te vas a levantar, en el cielo no hay hospital”.

No estoy enterado si en la iglesia de Juan Luis creen en la confesión positiva, no lo sé; pero por la letra de la canción deduzco que le han enseñado a interpretar el tema de la sanidad divina de esa manera. ¿Qué dice la Biblia sobre la sanidad? Que sí, Dios sana; pero no sana a todos. “¿Por qué te atreves a decir que Dios no sana a todos?” preguntará alguien. Porque en la Biblia hay casos de personas que Dios no sanó. ¿Recuerdas al rey de David orando y ayunando para que Dios sanara a su hijo recién nacido? Dios no lo sanó (ver 2 Samuel 12:15-20). ¿Recuerdas al apóstol Pablo y el aguijón de la carne? La mayoría de estudiosos creen que dicho aguijón se refería a una dolencia física. O pudo haber sido un problema visual o probablemente quedó lisiado después de alguna de las palizas que le dieron en las persecuciones. Independientemente de qué fuera exactamente dicho aguijón, la mayoría coincide que era una dolencia física. ¿Dios lo sanó? No, más bien le dijo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

Afirmar que Dios no sana a todos no es falta de fe, sino ser consecuente con la enseñanza bíblica sobre la sanidad. Claro, eso no significa que no debamos orar con fe para que la gente sea sanada. ¡Debemos orar por sanidad! Pero si alguien no sana debemos entender que hay cosas que sobrepasan nuestro entendimiento y que debemos confiar en la voluntad soberana de Dios.

Siempre me he preguntado si Juan Luis —o cualquiera de nosotros— se atrevería a cantar: “en el cielo no hay hospital, te aseguro que te quiere sanar/En su nombre te vas a levantar…” ante padres de familia con hijos con Síndrome Down, con hijos de espectro autista o con cuadriplejía. ¿Seríamos capaces de asegurarles que el Señor los quiere sanar así como dice la canción? ¿Seríamos tan osados de garantizarles que se van a levantar después que hallamos orado por ellos?

Sí, Dios sana; pero no sana a todos.

¿Dónde está el equilibrio entonces? En que como compositores desarrollemos la habilidad de movernos en todo el espectro de realidades que afronta el ser humano, desde la alegría hasta la tristeza, desde el deleite hasta el dolor y desde la salud hasta la enfermedad.

UNA PALABRA FINAL

Junto con un amigo estoy trabajando en proyecto que no sabemos cómo vamos a titular, pero abordará el tema del sufrimiento. ¿Conoces algún disco de música cristiana cuyo énfasis de las canciones sea el dolor? No te estoy preguntando si conoces una canción que hable de ello, sino un disco entero que aborde esta temática. Yo sí, pero nada más un par.

Es por eso que incluiremos canciones como: “¿Dónde está tu pasión?” que habla del sufrimiento de Job, del profeta Jeremías y hasta de Jesucristo mismo. “Bendito sea tu nombre” que escribí reflexionando en la tragedia que experimentó Job. “¿Sabías tú?” que habla del dilema que experimentamos cuando en medio del sufrimiento no sentimos la presencia de Dios. Entre otras más.

La idea es intercalar canciones de esta temática con el testimonio del pastor Alfredo Maravilla, quien es amigo personal y que sobrevivió a un accidente de tránsito. Antes de su recuperación pasó tres meses hospitalizado, uno de ellos en coma. Cuando Alfredo ya había despertado me contó que alguien lo visitó, él no recuerda quién, y le dijo: “¡Declaro que mañana mismo estarás fuera de este hospital!” ¿Ocurrió lo que esta persona declaró? No, pasó dos meses más y no se cumplió la declaración del mal adoctrinado hermano.

Quizá ahora entiendas por qué soy tan vehemente al denunciar la falsa doctrina de la confesión positiva. No solo porque es anti bíblica, sino porque muchas veces convierte a los cristianos en seres insensibles al dolor ajeno.

Aprendamos a componer canciones que aborden todo el espectro de la experiencia humana. No solo canciones felices. Que si alguien quiere especializarse únicamente en ellas, ¡allá él! Es su decisión; pero, en mi opinión, dicho compositor debería evaluarse a sí mismo y sopesar si lo hace porque ha creído un cristianismo libre de dolor o simplemente porque le gusta tal énfasis. Cada quien es libre de componer de los temas que quiera componer; sin embargo, me gusta como lo dijo Jefrey De León la vez que conversé con él sobre el tema de escribir canciones:

«Yo creo que la reflexión más poderosa proviene del dolor. Debemos reflexionar desde el dolor de la gente. Muchas veces escribimos desde afuera, no desde adentro. Cristo vino y se hizo humano, y nos entendió desde adentro. Muchos compositores escriben desde afuera. Si no viven el dolor de la gente, no se identificarán con la gente».

¡Opino lo mismo!

Noel Navas.

4 Comentarios

  1. Leí los 4 temas de una sola vez y aunque estuve tentado a comentar en los anteriores no lo quise hacer para tener todo el panorama de tus artículos.

    Me parecen muy acertados. Y teniendo a mi favor la experiencia de ser de esos que confesaban positivamente puedo añadir a lo que expones que una de las razones por la que las personas confiesan así es por temor.

    Irónicamente, es el mismo miedo a sufrir que hace que confesemos lo contrario para apaciguar nuestra conciencia y anestesiar nuestros sentidos.

    Porque la confesión positiva de que nada malo nos sucederá no es efectiva, cuando algo malo sí sucede nos frustramos y entonces nos resignamos a «la voluntad de Dios», que a mi parecer, debe ser siempre nuestro norte.

    Es más fácil enseñar a confesar positivamente y esperar a que algo suceda a esforzarse por tener fe y esperar en que Dios obre su perfecta voluntad.

    Muy buenos artículos.

  2. Muy interesantes artículos…
    Creo que toda enseñanza debe estar basada en la sana doctrina (lo que real y en aspectos de la vida cristiana que no son negociables bajo ninguna circunstancia, entre ellos La fe, la santidad, etc. Estos son determinantes para que «la voluntad de Dios de vernos bendecidos pueda ser realidad.

    Creo en la confesión, pero no positiva, sino màs bien en la confesión sustentada por la obdiencia, consagración y otros ingredientes, el problema está en creer que porque nos portamos bien Dios está en la obligación de cumplir nuestros caprichos.

    La fe se activa por medio de la palabra, con el corazón se cree pero debemos confesar con la boca para salvación, no sólo de nuestra alma, sino de cualquier situación donde necesitemos ayuda.

    La humildad es otro factor determinante y es de lo que más carece la confesión positiva a la que te refieres.

    La voluntad de Dios es que vivammos abundantemente porque lo tenemos a Él, no por las cosas materiales, es de buscar ese punto de convergencia y por supuesto tener la ayuda del Señor para poder discernir…
    Saludos

  3. Muy interesante leí los cuatro además de los falsos maestros y me he quedado muy pensativa sobre todo ello.

    Gracias por ayudar ampliar nuestro conocimiento y esto me ayuda a saber que es bíblico y que no, ya que muchas veces nos sentimos tan cómodos con lo que escuchamos que no cuestionamos nada, solo lo adoptamos.

    Gracias, has bendecido mi vida con estos temas, ahora tendré más cuidado con lo que escucho desde el púlpito.

  4. Cuantas personas cada dia perecen por falta de conociniemientos biblicos. Dios nos lo advierto a traves de su siervo oseas. Y aun hoy atravez de estudios como este. Dios te bendiga y twsiga usando para su gloria

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