¿Positivo o negativo? (Segunda parte)

¿Positivo o negativo? (Segunda parte)

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En la entrada anterior planteé la realidad de que la confesión positiva, corriente que afirma que “lo que dices recibes”, se ha enquistado en la mente de muchos cristianos. Entre ellos: directores de adoración, cantantes, músicos y compositores. Todos somos producto de lo que creemos; por lo tanto, si alguien abraza una forma de pensamiento contraria a la Biblia y la adopta como verdad, su quehacer cotidiano se verá permeado de dicha creencia. En el caso de quienes están involucrados en el ministerio musical, si ellos han abrazado esta doctrina, se verá reflejado en la selección de canciones para la reunión de adoración, el estilo de dirección a la hora de ministrar y hasta el tipo de letras que escribirán al momento de componer.

¿CREE USTED EN LA CONFESIÓN POSITIVA?

Como sé que algunos se estarán preguntando si han caído en el error de creer en la confesión positiva, te invito a que respondas las siguientes preguntas con «sí» o «no» y de esta manera descubras si has creído o no en la doctrina de la confesión positiva.

TEST DE EVALUACIÓN DE LA CONFESIÓN POSITIVA

 

No

1. ¿Cree usted que como cristiano tiene el poder de alterar su futuro a través de sus confesiones?

 

 

2. ¿Cree usted que tiene poder de crear realidades con sus palabras así como Dios hizo en Génesis capítulo uno?

 

 

3. ¿Cree usted que si confiesa algo positivo con suficiente fe eso bueno le ocurrirá?

 

 

4. ¿Cree usted que si confiesa algo negativo eso malo le ocurrirá?

 

 

5. Cuando alguien confiesa algo bueno, ¿repite dentro sí o dice en voz alta: ¡Recibo! ¡Recibido!?

 

 

6. Cuando alguien confiesa algo malo, ¿repite dentro sí o dice en voz alta: ¡Rechazo, cancelo o anulo!?

 

 

7. ¿Se angustia usted cuando oye algo negativo y no logra decir a tiempo: ¡Rechazo, cancelo o anulo!?

 

 

8. ¿Alguna vez ha padecido una enfermedad y ha dicho: “¡Me declaro sano!” aun estando enfermo?

 

 

9. ¿Cree usted que si un cristiano decreta “x” o “y” cosa eso se cumplirá?

 

 

10. ¿Alguna vez ha “tocado madera” después de escuchar una confesión negativa?

 

 

Si tú respondiste a una sola de las preguntas anteriores con un “sí”, entonces has abrazado una corriente de pensamiento anti bíblica.

TEXTOS FUERA DE CONTEXTO

Aunque sería sumamente largo explicar de dónde proviene esta creencia de que las palabras tienen poder sobrenatural, basta con decirte que no proviene de la Biblia; sino de maestros y gurús de la metafísica que durante décadas enseñaron este tipo de conceptos y posteriormente predicadores cristianos estadounidenses comenzaron a escucharlos y, en consecuencia, a meter dichas creencias en sus sermones. Como tú sabes, si EE.UU. estornuda, ¡a Latinoamérica le da gripe! En este sentido, como las principales corrientes teológicas han venido de  allá, los latinoamericanos hemos consumido sus maneras de pensar, ¡hasta las equivocadas!

Para conocer un poco más de el origen histórico de esta creencia, te invito a que leas un artículo del pastor Edgar Ponce que escribió para el sitio web «9 Marks» y donde, además de hacer una reseña del libro «Yo declaro» de Joel Osteen, brinda un breve recuento histórico de dónde surgió esta creencia. Si deseas leerlo en este momento da clic aquí.

Bueno, como los predicadores de la confesión positiva usan la Escritura para justificar su doctrina, permíteme presentarle algunos de los textos preferidos de estos maestros y, posteriormente, explicaré a qué elementos debemos prestar atención para tener equilibrio a la hora seleccionar las canciones para el servicio de adoración, al momento de dirigir la adoración y hasta cuando nos sentemos a componer.

PROVERBIOS 18:21:

“La muerte y la vida están en poder de la lengua
el que la ama, comerá de sus frutos”.

Este es uno de los textos favoritos de la confesión positiva, sino el que más citan para respaldar su creencia. “¿Lo ve?”, afirman ellos, “¡Nuestras palabras tienen poder!” Aquí hay que hacer una diferenciación: una cosa es decir que las palabras tienen poder y otra muy distinta decir que tienen poder sobrenatural. ¿Me explico? ¿Las palabras tienen poder? ¡Claro que sí! El texto anterior lo dice, pero no poder sobrenatural. No tienen ese poder de quienes afirman que como hijos de Dios tenemos la capacidad de materializar con nuestras palabras todo cuanto queramos o modificar con nuestras confesiones las realidades presentes. Las palabras tienen poder, pero no el mismo poder de que Dios ejerció en Génesis capítulo uno para crear todo lo que existe. Dicho tipo de poder solo lo posee Dios, no los seres humanos.

¿A qué se refiere entonces Proverbios 18:21? A que nuestras palabras tienen poder, es decir, efectos positivos o negativos en nuestra relación con los demás. Como bien podemos estimular, motivar y animar a nuestros semejantes (dar vida), también podemos desanimar, herir y hasta destruir a quienes nos escuchen (dar muerte).

Como todo texto de la Biblia debe interpretarse según su contexto, cuando se estudia el libro de Proverbios en su totalidad uno ve que en ningún lado se habla del poder materializador de las palabras ni de su capacidad creativa, cosa que afirma la confesión positiva. Por el contrario, cuando se habla de la lengua y de las palabras el libro de Proverbios se refiere al efecto positivo o negativo sobre las personas. Para confirmar que 18:21 tiene similitudes a otros proverbios que hablan de la lengua, te invito a que leas: 10:11 y 18:6, 7 y 8. En un contexto bíblico más amplio te invito a revisar: Eclesiastés 10:12 y Santiago 3:10-12. Y como comprobarás, sí, las palabras tienen poder, pero poder de impactar positiva o negativamente sobre los demás; no poderes sobrenaturales para hacer visible lo invisible, material lo inmaterial o posible lo imposible.

PROVERBIOS 6:2:

“Te has enredado con las palabras de tu boca
y has quedado atrapado en los dichos de tus labios”.

Este es otro texto predilecto de la confesión positiva. “¡Aja!”, afirman ellos, “¡Ten cuidado con lo que dices sino quedarás atado a ello”. Pero si uno revisa el contexto inmediato, el proverbio se está refiriendo a no comprometerse a ser fiador de otra persona. El versículo uno dice: “Hijo mío, si has salido fiador por tu amigo o les has empeñado tu palabra a un extraño…” y entonces aparece el verso dos: “te has enredado con las palabras de tu boca y has quedado atrapado con los dichos de tus labios”. Por lo tanto, atarse con las palabras se refiere a promesas hechas sin antes meditar en las consecuencias. No al echo de que si confiesas que estás enfermo nunca te sanarás o que si dices «¡moriría por un helado!», te vas a dar un infarto esa misma semana.

MARCOS 11:23:

“De cierto os digo que cualquiera que diga a este monte:
´Quítate y arrójate en el mar´, y no duda en su corazón,
sino que cree que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”.

“¡Ya ve!”, dicen los de la confesión positiva, “¡Lo que digas creyendo se va a cumplir!” Pero olvidan el contexto dentro del cual se encuentran las palabras del Señor. Si retrocede unos versos, verás que se describe a Jesús teniendo hambre y como no halló fruto en la higuera, la maldijo (Marcos 11:12-14). Un día después (v. 20) encontraron  que la higuera se había secado y los discípulos estaban sorprendidos. Fue allí que Pedro le dijo: “Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado” (v. 21), y es aquí donde aparece el verso en cuestión: “Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. De cierto os digo que cualquiera que diga a este monte: “Quítate y arrójate en el mar”, y no duda en su corazón, sino que cree que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (v. 22-23).

¿Dicen estos textos que si confesamos positivamente lo que digamos ocurrirá? No, por eso es importante leer el contexto de lo que leemos. Mira lo que Jesús dijo inmediatamente después: “Por tanto, os digo que todo lo que pidáis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24).

Si te fijas, el Señor no le estaba dando una fórmula a los discípulos de hablarle a la nada o a las circunstancias para que fueran modificadas al sonar de sus dichos, sino que les dijo “todo lo que pidáis orando”. Es decir, les estaba enseñando a orar. La confesión positiva no es oración, es hablarle a cualquier cosa pero no es orar. Por lo tanto, a lo que se refiere el pasaje en cuestión es a orar con fe, por eso Jesús dijo: «Tened fe en Dios» (v. 22) y luego: “lo que pidáis orando creed que lo recibiréis, y os vendrá” (v. 24).

La confesión positiva es: “¡yo declaro!”, “¡yo confieso!” y “¡yo decreto!”, no es pedir algo en oración conforme a lo que Jesús enseñó. La confesión positiva centra la fe en el poder de las palabras, no en el poder de Dios. La oración centra la fe en Dios, no en el poder de las palabras. La confesión positiva hace a un lado a Dios para darnos el protagonismo a nosotros. ¿Para qué orarle a él si ya tenemos el poder de determinar lo que ocurrirá en nuestra vida con solo confesar? ¿Para qué necesitamos a Dios si ya nos dio la capacidad de crear nuestras realidades con solo pronunciar las cosas? La confesión positiva independiza de Dios, la oración nos hace dependientes de él. Y, por lo tanto, quienes amparan su creencia en las confesiones en este texto, están tergiversando las palabras de Jesús.

Continúa leyendo la Tercera parte aquí.

2 Comentarios

  1. Muy buen artículo Noel, me mataste de la risa cuando en el cuestionario decís ¿Alguna vez ha “tocado madera” después de escuchar una confesión negativa?

    Esta serie de fijo la voy a estudiar con el grupo de alabanza de la iglesia.

  2. Excelente artículo, gracias por compartir.

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