¿Por qué se parecen las letras?

¿Por qué se parecen las letras?

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Mi respuesta a la pregunta de un amigo.

La semana pasada participé del Congreso CIELA 2013. El Congreso de las Asambleas de Dios para los educadores que laboran en sus distintos colegios en el continente. Resulta que trabajo para ACSI, una asociación de escuelas cristianas que brinda servicios educativos a colegios evangélicos. El tema es tuve que supervisar la mesa de exhibición de la literatura que ofrecemos y bueno, en los espacios libres algunos amigos se acercaron a saludarme.

Amilcar, un líder juvenil y conocido mío de años, me dijo que quería hacerme una consulta: “¿Por qué las letras de las canciones cristianas se parecen entre sí?”, me preguntó.

Este artículo trata sobre mi respuesta.

LUGARES COMUNES

La pregunta de Amilcar no es nueva; sin embargo, mi percepción es que solo algunos líderes cristianos están preocupados por este tema. El cristiano promedio, que compra y escucha música de forma habitual, no necesariamente ha meditado sobre la falencia de nuestras letras. ¡Lástima!

Lo que he notado es que a quienes les gusta la reflexión literaria y musical, son quienes se preguntan este tipo de cosas. El resto ni se inmuta. Supongo que se imagina por qué.

Si sigue mi blog habrá visto que el lunes pasado publiqué un artículo sumamente duro sobre las letras cristianas. No lo escribí yo, sino el bloguista mejicano Daniel Ramírez, creador del blog: Nieveenverano.com

Resulta que hace un par de semanas un contacto de Facebook me escribió sugiriéndome que leyera esa nota. Cuando la leí pensé: “¡Ops! ¡Qué duro escribe este cuate!” ¿Pero sabe qué? Disculpando el tono con que se expresa, su reflexión sobre la música cristiana en México se aplica a todo el continente.

¿Conclusión? Realmente hay crisis.

En su nota, Daniel afirma con relación a las letras de las canciones cristianas: “Si apuntas al aire con una flecha, le vas a dar. Y eso es lo que pasa con este tipo de canciones: están tan saturadas de lugares comunes que evaluarlas es innecesario. Le van a gustar a la gente, aunque las letras sean mediocres” (1).

En lo personal nunca había escuchado el concepto de “lugar común”. Lo más cerca que lo había rozado era a través de la palabra “clichés”. Pero la expresión “lugar común” no la conocía.

En su artículo brinda un link de Wikipedia que define “lugar común” así: “Palabra, frase o idea considerada como un vicio del lenguaje por ser demasiado sabido o por su uso excesivo o gastado. Presenta una o varias de las siguientes características:

1) Demuestra poca imaginación de quien la expresa. Sustituye la búsqueda e ideas originales o creativas por otras ya gastadas.

2) Evidencia ser una copia de una idea de otro», etc. (2).

Por lo tanto, ¿por qué las letras de las canciones se parecen? Porque los compositores visitan los mismos “lugares comunes”.

Si componer una canción es una aventura, una aventura que gusta adentrarse en diversidad de sitios, ¡qué aburrido visitar el mismo lugar una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez teniendo a disposición galaxias por conocer!

El universo literario e imaginativo es tan vasto que el compositor cristiano debería caracterizarse por ser un viajero interestelar, no un sedentario terrenal.

CORTAR Y PEGAR

Toda mi vida he sido cristiano y desde muy joven me aficioné por la música cristiana. Uno de los primeros cantantes que escuché fue Steve Green. Su música me acompañó durante toda mi adolescencia y aunque no lo crea, me sigue acompañando al día de hoy.

En mi opinión, Steve Green es uno de los mejores intérpretes cristianos que viven en la actualidad, sino el mejor. No solo por su calibre vocal, sino por la integridad ministerial que ha modelado en más de 30 años de ministerio y por el tipo de canciones que siempre ha procurado interpretar.

Cuando en enero pasado un viaje de trabajo a Costa Rica coincidió con uno de sus conciertos, me esforcé para conseguir entrevistarlo para LADC. Gracias a Dios lo logré. Cuando le pregunté sobre su opinión de la composición de canciones dentro de la iglesia me dijo:

“En lo que están fallando los escritores es como cuando yo escribo un documento en mi computadora, yo pongo: ´Cortar´ y ´Pegar´. Entonces copian cada cliché. ´Cortan´ y ´Pegan´ y hacen una canción de frases que ya no me hacen pensar. Las he oído tantas veces que sé de qué hablan pero al compositor no le ha costado nada escribir esa letra” (3).

¿Realmente los compositores “cortamos” y “pegamos”? Bueno, si no conscientemente, inconscientemente. Una revisión superficial de las canciones de adoración congregacional lo confirmaría.

En teoría todo compositor es reflejo de los compositores que admira y sus canciones son reflejo de las canciones que escucha. Por lo tanto, alguien que admire a Marcos Vidal o Jesús Adrián Romero, tendría más probabilidades de escribir letras inusuales, ingeniosas y relevantes que si escucha a la mayoría de compositores que están sonando en las radios.

Como dijo Steve Green cuando le pregunté sobre los hábitos que favorecen su faceta de escritor: “Escucho, no música mala, ¡esa ni la quiero dejar entrar a mi mente! ¡Quiero música buena que me haga pensar!” (4).

¿Oye usted canciones que lo hacen pensar? ¿Le gustan las canciones con letras inusuales? Entonces podría ser que su forma de componer refleje letras como las que le aficiona oír.

DE LA ABUNDANCIA DEL CORAZÓN

Aunque es cierto que el compositor podría ser reflejo de quienes admire, la verdad es que desarrollar la creatividad es mucho más complejo que eso. Uno no puede pasarse toda la vida escuchando música y esperar crecer como escritor. Por eso, además oír, el compositor debe desarrollar el hábito de la lectura.

Dígame qué tipo de libros lee y le diré qué tipo de letras escribirá. Es más, dígame cuántos libros lee al año y le diré cuán amplio será su vocabulario a la hora de componer. Como le oí decir una vez a Lucas Leys: “Me preocupo cuando me entero que el único estudio que los músicos conocen es el estudio de grabación”.

Una de las últimas cosas que terminé diciéndole a mi amigo Amilcar ante su pregunta de por qué las letras de las canciones cristianas se parecen, fue el texto donde el Señor dijo: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45).

¡Y ojo eh! El corazón en lenguaje bíblico es la mente.

Es decir, la profundidad de lo que hablamos o escribimos es directamente proporcional a nuestro crecimiento intelectual. Lamentablemente hay muchos que componemos desde la superficialidad de nuestras vidas y he allí por qué nuestras letras además de parecerse entre sí, carezcan de peso literario.

En fin.

Ojala pronto podamos revertir esta tendencia.

Noel Navas.

Notas:

(1) Tomado de: http://www.laaventuradecomponer.com/articulos-de-internet/crisis-en-las-letras/ 

(2) Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/Lugar_com%C3%BAn

(3, 4) Tomado de: http://www.laaventuradecomponer.com/conversando-sobre-composicion/

1 Comentario

  1. Me quedo con esta frase » Si apuntas al aire con una flecha, le vas a dar. Y eso es lo que pasa con este tipo de canciones: están tan saturadas de lugares comunes que evaluarlas es innecesario. Le van a gustar a la gente, aunque las letras sean mediocres”

    Ojala se pueda revertir esto, y al escribir cada uno de nosotros no caiga en ese cortar y pegar. Componer sinceramente es una AVENTURA.

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