logo-instituto-canzionTaller de Composición en Canzion El Salvador.

El Sábado pasado impartí un Taller de Composición en Instituto Canzion El Salvador que titulé: “Cómo traer los cantos de los cielos a la Tierra”. Gracias a la invitación de Alfredo Maravilla, director ministerial del Instituto, tuve la oportunidad de compartir con 60 estudiantes del curso ministerial a los que nunca había enseñado. La verdad yo ya he enseñado en Canzion pero únicamente a los estudiantes del técnico ministerial, entre semana, jamás lo había hecho un día Sábado. Como evidencia de mi primera vez con ellos cuando pregunté quiénes conocían mi sitio de Internet solamente tres manos se levantaron, jeje. En fin, al final del Taller abrí un tiempo para preguntas y respuestas donde rescato tres que pienso pueden beneficiar a los lectores del blog.

Como siempre, abrí mi ponencia aclarando que la composición más que un don es un arte para todos. Que todo mundo podría aprender a componer si así lo quisieran. Utilicé el pasaje de Apocalipsis 14:1-5 para mostrarles bíblicamente que los cantos del cielo realmente pueden ser manifestados en la Tierra y por primera vez utilicé como ejemplos canciones del disco que estoy por terminar. Además, compartí tres claves para que un compositor pueda concebir las canciones del Reino y darlas a luz. Luego de presentar algunos conceptos, ejemplos y tip´s prácticos adicionales abrí un tiempo de preguntas y respuestas que a continuación presento.

Por cuestiones de claridad las preguntas las he editado.
Por cuestiones de espacio solo presento tres y…
Por cuestiones de tiempo me he permitido ampliar y mejorar mis respuestas.

Pregunta: Usted ha hablado que las melodías pueden surgir tanto en tiempos de adoración privada como cuando uno va caminando o realiza sus labores diarias. ¿Cómo se puede saber si una melodía o canción que uno está tarareando en la mente es original y no de alguna canción que alguien ya grabó? ¿Puede pasar eso?

Tu pregunta me recuerda la historia detrás de la canción “Yesterday” que hicieron famosa los Beatles y que compuso Paul MaCartney. Se dice que él la comenzó a crear un día por la mañana al nomás despertar. Cuando abrió los ojos se dirigió de inmediato al piano y comenzó a grabarla para no olvidarla. Se dice que al principio creyó que había plagiado la composición de alguien más y por eso, durante un mes entero llevó la canción a ingenieros de audio y personas de la industria musical para que le confirmaran si habían escuchado o no esa canción en alguna parte. Él sentía como si había encontrado algo y si nadie lo reclamaba en un mes lo haría suyo. Todo mundo le dijo que no, que nunca la habían oído. Al fin de cuentas supo que verdaderamente su canción era inédita y que podía adjudicarse la composición de ella.

¿Qué te quiero decir con esta anécdota? Que cualquier de nosotros puede experimentar lo mismo en algún momento. Cuando las melodías y las letras emanan en nuestra mente debemos prestarles atención. Claro, probablemente sean de canciones conocidas, probablemente no. Es cuando creemos que son inéditas y totalmente nuevas que debemos prestar atención y grabarlas para no olvidarlas. Si por alguna razón, como tú dices, uno duda y cree que dicha melodía la ha escuchado en alguna parte o presiente que ya está grabada en algún disco, entonces hay que hacer lo que hizo Paul MaCartney: mostrarla a mucha gente durante algún tiempo para cerciorarnos que la canción es realmente nuestra y no de alguien más. Si se diera el caso que efectivamente es de alguien más entonces ni modo, hay que desaferrarnos de esa melodía y reconocer que no es nuestra. Ahora bien, si corroboramos que la melodía es verdaderamente original e inédita debemos alegrarnos y asegurarnos de darle seguimiento. Es decir, trabajarla hasta convertirla en una canción completamente estructurada.

Pregunta: ¿Alguna vez ha olvidado alguna melodía que surgió espontáneamente en usted? ¿Qué ha hecho cuando eso ha pasado? Cuando se pierden ese tipo de ideas y uno no las pudo grabar, ¿realmente se pueden volver a recuperar?

Sí, me ha pasado. Resulta que vengo de una familia evangélica desde mis abuelos. Por ejemplo, mis abuelos paternos fueron quienes donaron el primer terreno de la primera iglesia de las Asambleas de Dios allá entre 1920 y 1930 en Lomas de San Marcelino, en las faldas del volcán de Santa Ana. Para quienes no lo saben, las Asambleas de Dios en El Salvador nacieron producto de un avivamiento en ese lugar donde mis abuelos donaron el terreno. El asunto es que mi papá es el menor de 12 hijos. Una noche mi tía Isabel, la hermana mayor de mi papá, estaba de visita en la casa. Recuerdo que fue un día Jueves a eso de las 7:00 p.m. cuando ella comenzó a compartirnos cómo fue el avivamiento en Lomas de San Marcelino. Ella era una niña cuando vio todo el mover del Espíritu Santo durante esos días. Mientras tía Isabel hablaba yo estaba impresionado por todas las anécdotas que contaba y que sucedieron durante ese despertar. Dos cosas de las que dijo tengo presente: La primera, que el mover del Espíritu en ese lugar fue tan poderoso que hasta los niños de brazos hablaban en lenguas. Y la segunda, que cuando se refería a ciertos hermanos que mí tía recordaba decía: “Por ejemplo, fulano y fulana… ¡Vieras qué lenguas más hermosas hablaban cuando Dios los bautizaba en el Espíritu Santo!” Francamente yo nunca había escuchado a alguien referirse al don de lenguas de ese modo, o sea, atribuyéndoles belleza. Eso me impresionó.

A eso de las 8:00 p.m. tuve que despedirme de mi tía Isabel y dirigirme a ENLACE, el canal cristiano que estaba cerca de mi casa. Por ese entonces yo colaboraba con unos amigos contestando los teléfonos y brindando consejería mientras se transmitía el programa que ellos producían. El punto es que cuando me dirigía hacia el canal y mientras meditaba en todo lo que tía Isabel me había narrado, una melodía y una letra me asaltó: “Las palabras más dulces provienen del corazón que alaba a Dios/La presencia del Espíritu Santo les da un toque de perfección/Levanta tu canto y alábale, su canto en tu boca estará/Levanta tu voz y alábale, tu boca él llenará/Coro: Le alabaré, le adoraré, mi corazón cantará/Le alabaré, le adoraré, mis labios alabarán/Qué precioso lugar es este para alabar pues su Espíritu está aquí”.

En ese entonces yo no tenía celular ni una grabadorcita para guardar la idea. Cuando llegué al canal tuve que concentrare por completo en el trabajo de contestar teléfonos y ayudar a la gente en consejería. A eso de las 10:00 p.m. que terminamos quise volverme a acordar de la canción y no la encontré por ningún lado de mi mente. “¡Qué dolor!” pensé, “¡Olvidé la canción!” Llegué a mi casa y me acosté triste porque había perdido esa buena idea.

A la mañana siguiente que me levanté aún sentía una leve tristeza por esa canción que había olvidado pues ni siquiera el título recordaba. La había perdido totalmente. Lo gracioso es que mientras estaba en el baño, ¡lo siento!, no estaba bañándome, ¿ok? Y bueno, mientras estaba sentado en el baño, jeje, oré: “Señor, ayer me vino una gran idea para una canción y la olvidé… ¿Podrías recordármela?” Sin exagerar, ¡pum!, en ese momento recordé la canción por completo. Y hasta el día de hoy no la he olvidado.

¿Que si yo he olvidado canciones? Varias, lastimosamente esas experiencias fueron las que me ayudaron a estar conciente de que si quería tomar en serio la composición tenía que conseguirme una grabadorcita para guardar mi ideas. Y lo hice, con el tiempo tuve el dinero para comprarme una grabadora digital que por cierto es la que uso actualmente para conversar sobre composición con los compositores que entrevisto.

Mi consejo es que prioricen comprar una grabadorcita digital, ¡ok!, ¡ok!, sino digital por lo menos de casetitos. Aún así hay teléfonos celulares que tienen la función de grabar sonido, ese es otro gran recurso, usar el celular. Si aún así no pudieran conseguir una grabadorcita o un teléfono con función de grabar, ¡ni modo!, van a tener que llamarse a ustedes mismos a sus casas para grabar en la contestadota automática sus propias melodías para no olvidarlas, jeje.

Pregunta: ¿Cree usted que Dios me demandará no haberle dado importancia a las melodías que a veces vienen a mi mente? No sé, a veces yo no he tenido dónde grabarlas y las he olvidado. ¿Cree que Dios me demandará el no haberme esforzado más en esta área?

Es muy difícil contestar tu pregunta, pero si yo estuviera sentado en el trono de Dios y me tocara juzgarte… ¡Te fulmino de inmediato! ¡Jajajá! Broma. No, la verdad yo pienso que si vienen frecuentemente melodías a tu mente e ideas para canciones probablemente Dios, a través de eso, te está animando a componer. Si decides prestar atención a esa melodiosidad que hay en ti y buscar la forma de almacenar tus ideas para posteriormente convertirlas en canciones pienso que Dios va a ver tu esfuerzo y pasará por alto tu indiferencia hacia las ideas que alguna vez tuviste y perdiste. El asunto es comenzar hoy a priorizar tu llamado a la composición y echarle ganas al tema de escribir canciones.

Por otro lado, debes saber que tus canciones tienen el potencial de bendecir poderosamente la vida de las personas. Dios inspira canciones porque quiere tocar el corazón de alguna gente a través de ellas. Pero también debes de saber que todas las canciones tienen un inicio. Por lo general una idea melódica que asalta nuestra mente. Sin importar que solo sea una frase melódica debes grabarla. Toda canción es la suma de muchas frases melódicas… ¡Y todas comienzan con una! Por lo tanto, valora esas pequeñas ideas y luego busca la manera de darles forma hasta convertirlas en canciones. Si lo haces, a su tiempo verás que esa pequeña idea que surgió en ti fue el inicio de toda una cadena de eventos que tenían como fin conformar una canción y bendecir a muchas personas.

En este sentido, si a tu pequeña idea original no le diste la importancia debida y por ende, no proseguiste en completar tu canción y además de eso, esa canción iba a bendecir a muchos y no sucedió porque no le diste importancia a esa pequeña idea, entonces probablemente Dios exigirá una explicación de tu parte.

Lo importante es dejar el pasado atrás y comenzar a ser sensibles a lo que Dios quiere que hagamos de ahora en adelante.

Noel Navas.