Salmo de fin de año (Primera parte)

Salmo de fin de año (Primera parte)

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Un Salmo para dar gracias.

Desde hace un par de años asisto a una reunión de jóvenes adultos los días jueves por la noche. Es un estudio bíblico y de oración de una iglesia hermana aquí en San Salvador. A finales de noviembre pasado celebramos el Día de acción de gracias y Jorge, quien lidera el grupo, me pidió compartir una corta reflexión alusiva al día. Aunque lo que dije fue breve tres semanas después celebramos la cena navideña del grupo de jóvenes adultos de mi iglesia y decidí compartir con todos la misma reflexión del Día de acción de gracias. Y bueno, aprovechando que estamos a pocos días para finalizar el año y que estoy reactivándome con La Aventura de Componer quiero compartirles el Salmo que usé de base en ambas ocasiones. Espero que pueda servirnos para cultivar corazones agradecidos sin importar que lo que hayamos vivido este 2016 haya sido bueno o haya sido malo.

El Salmo 103 dice:

1 Bendice, alma mía, al Señor,
y bendiga todo mi ser su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es el que perdona todas tus iniquidades,
el que sana todas tus enfermedades;
el que rescata de la fosa tu vida,
el que te corona de bondad y compasión;
el que colma de bienes tus años,
para que tu juventud se renueve como el águila.

Yo creo que este Salmo nos brinda tres claves para cultivar corazones agradecidos. ¿Las quieres conocer? Aquí están:

1. Ten buenos diálogos internos.

Este salmo describe algo que todos hacemos durante el día: conversar con nosotros mismos. ¿Has notado que tú también lo haces? Todos lo hacemos, conscientes o no de ello siempre estamos dialogando en nuestro interior acerca de cualquier cosa, desde cosas triviales como qué ropa nos pondremos y si combina hasta de cosas verdaderamente relevantes sobre el trabajo y la familia. ¡Algunos hasta lo hacemos en voz alta!

El salmo 103 no nos dice exactamente qué estaba ocurriendo en la vida de David ni qué circunstancia específica lo estaba abrumando, solo que él estaba conversando con su alma. La estaba motivando y animando a que bendijera al Dios que le había concedido tantas cosas. Pareciera que su alma estaba adormecida y que necesitaba que la empujaran para que reaccionara: “¡Oye! ¡Es hora de levantarte! ¡Ya no puedes estar dormida! ¡Vamos! ¡Bendice al Señor! ¿Acaso no ves todas las cosas que Él ha hecho por ti?”

Quien quiera tener un corazón agradecido deberá aprender a sostener buenas conversaciones internas, sino su alma estará confinada al adormecimiento y muy probablemente a estados emocionalmente oscuros.

Hace pocas semanas me enteré de un salmista que cometió suicidio. Yo sabía que él había muerto, algunos medios cristianos lo habían anunciado; sin embargo, yo no sabía que se había suicidado. Quedé en shock.

¿Qué tipo de conversaciones internas habrá sostenido este cantante? ¿Qué pláticas habituaba tener consigo mismo? ¿Qué clase de charlas mentales sostuvo a modo de tomar tan fatal decisión?

Lamentablemente unas muy, pero muy malas.

Dime qué conversaciones sueles tener contigo mismo y te diré el estado emocional en el que sueles estar. Ten buenas conversaciones, como las que el salmista nos modela, y emergerán de adentro de ti la gratitud y la alabanza; sostén malas conversaciones interiores y emergerán de tu alma amargura, resentimiento y un sinfín de estados anímicos que podríamos catalogar de hasta tenebrosos.

Sugel Michelén, pastor de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en República Dominicana, en su sermón: “¿Por qué te abates, alma mía?” basado en los Salmos 42 y 43 habla de esto. Dichos salmos nos muestran al escritor sosteniendo una ardua conversación consigo mismo en miras a salir de un estado depresivo que lo quería controlar. El pastor Michelén habla de que ambos salmos dejan entrever que estamos conformados por un “Yo racional” y un “Yo emocional” y que muchas veces dichos “Yo´s” está en conflicto. Es decir, no siempre pensamos como sentimos y no siempre sentimos como pensamos. Y he allí una de las claves para experimentar una vida emocional equilibrada.

El “Yo racional” debe gobernar al “Yo emocional” si es que esperamos experimentar vidas estables y una actitud de continuo agradecimiento hacia Dios. Si permitimos que el “Yo emocional” gane nuestras conversaciones internas las probabilidades de vivir vidas inestables, quejumbrosas y desagradecidas serán muchimo mayores. Vamos, no es correcto dar rienda suelta a nuestras emociones, dejarlas sin control y que ellas dicten nuestros estados de ánimo. Debemos llenar nuestro “Yo racional” con la verdad de la Palabra de Dios y de la realidad de lo que Él ha hecho por nosotros para que nuestro “Yo emocional” se sujete a las Escrituras y de este modo cambie su actitud hacia una de alabanza y bienestar.

Precisamente esto es lo que estaba haciendo el salmista en el Salmo 103, su “Yo racional” estaba ordenándole a su “Yo emocional” que bendijera al Señor. Que no se quedara estático ante tantas cosas maravillosas que había recibido, así que decidió “predicarse a sí mismo”, afirma un autor, para que de esta forma se levantara a alabar y a adorar al Señor que le había otorgado tantas bendiciones.

Continúa…

1 Comentario

  1. Christian David Ospina Caicedo

    Hola Noel.

    Me alegro que estés volviendo a La Aventura. Ya nos hacías falta!

    Gracias por la reflexión del Salmo 103 y espero que tengas un feliz año nuevo, lleno de las bendiciones de Dios.

    Un saludo!

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