Salmo de fin de año (Segunda parte)

Salmo de fin de año (Segunda parte)

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Un Salmo para dar gracias.

La segunda clave para cultivar una vida y un corazón agradecidos es:

2. Haz una lista de bendiciones.

Esto es lo que hizo el salmista en el Salmo 103 mientras conversaba consigo mismo:  un inventario de todas las cosas buenas que Dios le había dado.

Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es el que perdona todas tus iniquidades,
el que sana todas tus enfermedades;
el que rescata de la fosa tu vida,
el que te corona de bondad y compasión;
el que colma de bienes tus años,
para que tu juventud se renueve como el águila.

¡Eso solo para comenzar! Porque el resto del Salmo 103 detalla más bendiciones que el salmista había recibido donde como ondas expansivas que poco a poco se desplazan de sí hacia su alrededor pasan por las cosas creadas hasta llegar al cielo.

¿Quieres tener un corazón agradecido? ¡Haz una lista de bendiciones!

Nuestro problema como hijos de Dios no solo estriba en que no hemos aprendido a sostener buenas conversaciones internas, sino también que padecemos de una especie de “Alzheimer espiritual”. ¡Tendemos a olvidar las cosas buenas que Dios nos da! Por eso el salmista se decía a sí mismo: “Bendice alma mía al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios”.

Lo más cerca que he estado de una persona con Alzheimer fue en un viaje que hice por Centroamérica. Resulta que hace algunos años cuando Danilo Montero celebraba los Retiros Internacionales de Adoración en San José, Costa Rica, a veces yo viajé por tierra a dicho evento. Una vez viajé con mi amigo Roberto Luna e hicimos escala en Managua, Nicaragua y nos hospedamos en la casa de un misionero estadunidense.

En casa vivían sus padres… muy ancianos y seniles. Cuando nos sentamos a la mesa estaban ellos dos, la empleada que nos servía, mi amigo Roberto y yo. Como no nos conocíamos al inicio no mediamos ninguna palabra; sin embargo, a los pocos minutos la mamá del pastor nos preguntó (con acento gringo): “¿de dónde ser ustedes?” Les respondimos que de El Salvador. De inmediato nos dijo: “¡ah! ¡Qué bien! ¡Nosotros haber sido misioneros en El Salvador!”

Como yo sabía que ellos pertenecían a las Asambleas de Dios y yo he crecido toda mi vida en las Asambleas de Dios, dije para mí: “yo he conocido prácticamente a todos los misioneros de las Asambleas en el país, ¿quiénes serán ellos?” Así que procedí a preguntarle: “hermana, ¿y en qué año fueron misioneros en El Salvador?”

Ella, que estaba por engullir un bocado, suspendió su brazo en el aire con el tenedor en la mano y a punto de meterlo en su boca, me dijo (con acento gringo): “¡No me acuerrrdooo!!!”

“Bueno…” dije para mí, “si no se acuerda, por lo menos ha de acordarse en qué parte de El Salvador fueron misioneros, ¿no?” así que le pregunté en qué lugar del país habían radicado. Ella, interrumpiendo otro bocado de comida que dirigía hacia su boca, con el típico acento gringo me dijo: “¡No me acuerrrdooo!!!”

“¡Ya sé!” … pensé yo, “¡si supiera cómo se llaman asunto arreglado! ¡Con eso sabré cuándo exactamente fueron misioneros en el país!” así que procedí a preguntarle sus nombres. Ella, haciendo un esfuerzo por contestar y suspendiendo su mano frente a su cara con otro bocado que dirigía hacia su boca, me respondió: “¡No me acuerrrdooo!!!”

¡La cara se me puso roja de la vergüenza!

Cuando regresamos a la habitación donde nos hospedaron Roberto me dio un leve puñetazo en el hombro y me regañó: “¿Por qué le andás haciendo esas preguntas a los ancianos? ¿Ah? ¿Que no te fijaste que padecen Alzheimer?”  

¡Francamente no lo sabía!

Pues bien… así hay un montón de cristianos que cuando les preguntan: “¿qué bendiciones te ha dado el Señor este año?” responden: “¡no me acuerrrdooo!!!”. O cuando les piden enumerar las cosas buenas que Dios les ha concedido en sus familias o trabajos, dicen: “¡no me acuerrrdooo!!!”

¿Eres tú uno de ellos? ¿Padeces Alzheimer espiritual?

Gracias al cielo que este tipo de trastorno tiene cura. El Salmo 103 nos dice cómo revertirlo: “Bendice alma mía al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios”. Es simple, pero requiere esfuerzo y concentración. Es cuestión de inventariar los dones recibidos y decirnos con firmeza: “¡Hey! ¡Acuérdate de todas las cosas buenas que Dios ha hecho contigo! ¡Haz una lista de las bendiciones recibidas! ¡Vamos! ¡Enumera todas y cada una de las cosas maravillosas que Dios ha hecho en tu vida!”

Entre las que el salmista enumera están:

Ser perdonado
Ser sanado
Ser rescatado
Ser coronado
Ser renovado
Etc.

Y tu lista, ¿qué cosas va a incluir?

Continúa…

4 Comentarios

  1. Christian David Ospina Caicedo

    Noel, buena reflexión!

    Sólo quería dejar una pequeña corrección con mucho cariño y respeto: El «has» que usas debe ser «haz», ya que se trata del verbo «hacer» y no «haber». La expresión correcta sería:

    «Haz una lista de bendiciones».

    Saludos!!!

  2. Gracias… ¡ya lo corregí!

  3. Christian David Ospina Caicedo

    Genial! 😉

    Sólo que en la parte final del texto quedó:

    ¡Has una lista de las bendiciones recibidas!

    Jeje, un saludo!

  4. Corregido ya también.

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