Siete cosas que me preocupan de la composición de hoy (Tercera parte)

Siete cosas que me preocupan de la composición de hoy (Tercera parte)


Sentimentalismo y presencia de Dios.

En el artículo anterior comencé a enumerar las preocupaciones que surgen en mí al escuchar ciertas  canciones. Hablé sobre el uso excesivo de clichés y cómo utilizarlos puede ser una manifestación del pobre crecimiento intelectual de nuestros compositores. Aclaré que no es que sea malo usarlos, pero deberíamos dejar ese tipo de canciones para nuestra expresión privada y no para la adoración pública. Debemos buscar las canciones que literariamente aporten a la mente del creyentes más allá de los gastados clichés. Bueno, en esta oportunidad hablaré de dos preocupaciones más.

No. 2: Me preocupa el sentimentalismo exagerado.

La música es emocionante en sí misma. Tocar un instrumento, componer canciones o simplemente escuchar a alguien cantar, eleva el alma humana a niveles sumamente efusivos.

La emoción y los sentimientos no son malos, pero lo que me preocupa de la composición de hoy es que estamos cayendo en un sentimentalismo desmedido. Por ejemplo, canciones que le piden al Señor sentir su presencia, experimentar su amor o que simplemente piden que Dios los “toque”, me dan la impresión que exageran la emotividad de la adoración.

Un ejemplo es esta canción: “Yo quiero sentir”, que encontré en Youtube. Francamente no sé quién es el autor. Igual me sirve de ejemplo para lo que quiero ilustrar. El coro dice:

Yo quiero sentir, Señor,
tu Espíritu en mí,
Yo quiero sentir, Señor,
que llenes mi alma hoy,
y  que quites de mi lo que
impida que pueda yo crecer
Yo sé que tu mano,
me puede sostener

¿Es malo pedir este tipo de cosas? Si la canción será para nuestra relación privada con Dios, está bien. Cada quien plasma en sus canciones sus más profundos deseos. Sin embargo, lo que me preocupa es que los compositores publiquen este tipo de canciones. Cuando las graban en un CD y se programan en las radios el mensaje es: Los sentimientos y las emociones son indispensables en la vida cristiana.

¿Es malo sentir? ¿Es malo emocionarse? No. Lo que estoy diciendo es que no podemos basar nuestra vida cristiana en las emociones. En sentir o no sentir la presencia de Dios. El cristianismo en un estilo de vida cuya columna vertebral son las convicciones. Sí, sentiremos cosas lindas. Sí, experimentaremos cosas emocionantes; sin embargo, sienta o no sienta mi confianza debe estar firme en Dios y su Palabra a pesar de lo que digan mis sentimientos.

El problema con esto es que las canciones son educativas. Nunca son neutrales. O le educan sobre un tema o le educan sobre otro. Todas llevan sobre sí un componente educativo esté o no esté consciente de ello. En este sentido, por medio de canciones que magnifican el sentir cosas, le estamos dando a entender a la iglesia que experimentar sensaciones es indispensable para nuestra relación con Dios. Que cuando no sentimos hay que procurar sentir y para eso hay que pedírselo al Señor. ¡Y no! Sienta o no sienta, Dios está con nosotros. Me emocione o no me emocione, el Señor está a nuestro lado. Por eso debemos tener cuidado de no darle excesivo énfasis a los sentimientos en nuestras letras.´

Mire, las canciones son reflejo del carácter del compositor. Si usted quiere conocer los pensamientos y convicciones de un escritor de canciones, simplemente vaya a sus letras y tendrá una idea de la personalidad del artista. Por lo tanto, cuando un compositor compone periódicamente canciones donde le ruega a Dios sentir su presencia y que lo toque para tener la certeza de que está con él, lo que refleja es que no ha comprendido el papel de la fe en la vida cristiana. 

Muéstreme una canción que magnifique sentir cosas y le mostraré a un compositor sentimentalista.

En parte, el excesivo énfasis que los cristianos le damos a las sensaciones y a las experiencias se debe al postmodernismo que ha permeado la iglesia. El movimiento pentecostal es el típico ejemplo. Ojo: se lo está diciendo alguien que nació en el pentecostalismo y que toda su vida se ha congregado en iglesias así. El énfasis en sentir cosas  está a la orden del día en muchas de nuestras reuniones. Por ejemplo, vea a los directores de alabanza. Aunque no todos incurren en este error, he visto decenas de ellos dirigir la adoración y al comenzar el tiempo de cantos lentos, le dicen a la gente: «Hermanos, algunos de ustedes llevan meses sin sentir la presencia de Dios. Por favor, cante con nosotros y pídale al Señor sentir su presencia».

¿Por qué los directores dicen este tipo de cosas? ¿Qué les estamos dando a entender a las personas con este tipo de reflexiones? ¿Sabe qué cosas? Que quien no siente la presencia de Dios está mal y quien sí la siente está bien. Que sentir es lo normal y no sentir es anormal. Vamos, ¿de dónde hemos sacado este tipo de conclusiones? ¿Qué clase de vida cristiana nos han enseñado? 

Yo no digo que esté mal sentir sensanciones lindas en la adoración. Soy el primero en confesar que me encanta sentir cosas mientras canto; sin embargo, cuando no siento  nada, eso no significa que Dios no esté conmigo. Simplemente significa que no estoy sintiendo algo y ya. Mi fe está puesta en Dios y su Palabra que dice que él vive en mí y que soy el templo de su presencia. Él está conmigo y punto, lo sienta o no.

En lo personal nunca me estreso cuando no siento la presencia de Dios debido a que no dependo de mis emociones para deternimar la calidad de mi vida cristiana. Una vida obediente a su Palabra, una vida sólida de oración y una confianza inquebrantable en sus promesas, son los parámetros de la verdadera espiritualidad. No los sentimientos. 

En este sentido, cuando el compositor escribe periódicamente letras que manifiestan su deseo de sentir cosas y de paso, publica estas canciones, está hablándole a la gente de que las sensaciones son vitales si esperan tener la certeza de que Dios está con ellos. Vamos, tengamos cuidado con lo que componemos. Principalmente con nuestro concepto de la presencia de Dios, de lo cual hablaré en el próximo punto.

Me gusta mucho los versos de una canción que escribí y que titulé: «¿Sabías tú?». El coro dice:

Dios, enséñame a vivir una vida de fe,
no de sentimientos.
Que aunque sentir está bien
lo que importa es en verdad creer
que tú estás adentro
Tú estás aquí dentro
Tú estás aquí dentro

Antes de terminar, le invito a leer la serie de tres artículos que hace unos meses publiqué y titulé: Más allá de la emoción. Si desea leerlos y de paso, escuchar la canción completa que acabo de citar, por favor haga click aquí.

No. 3: Me preocupa nuestro concepto de la presencia de Dios.

Aunque pude haber escrito lo siguiente en el apartado anterior, preferí separarlo. Si antes dije que debemos tener cuidado de dar excesivo énfasis a sentir cosas en la vida cristiana, ahora déjeme decirle que me preocupan algunas canciones que en cierto modo contradicen la omnipresencia de Dios.

Por ejemplo, la última canción que Jesús Adrián Romero lanzó al mercado y que está en su más reciente producción, contiene una frase un tanto extraña. La verdad es que un par de canciones suyas de discos anteriores incurren en este desacierto, pero uso este ejemplo porque es el más reciente que encontré.

La canción se llama “Brilla”, una canción muy bien elaborada y cuya melodía es bellísima. Me parece muy ingeniosa la idea de la letra; sin embargo, la segunda estrofa dice:

Duele el frio que ha dejado en mi tu ausencia,
Duele el aire al respirar sin tu presencia,
Ya mi aceite se acabó sin darme cuenta,
y mi lámpara se apaga en la tormenta
.

Yo podría ponerme del lado del compositor e intentar entender su intención al escribir; sin embargo, hasta donde veo los dos primeros versos de esta estrofa chocan con aseveraciones de la Palabra de Dios. Es decir, sin importar lo que sintamos o no sintamos, si usted y yo hemos invitado a Jesucristo y a su Espíritu a morar en nuestra vida, él no se va. Siempre está. ¿No dijo el Señor antes de ascender a los cielos “yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”? ¿No dice el libro de Hebreos: “No te dejaré ni te desamparé”?

Entonces, ¿cómo le podemos decir al Señor “duele el frío de tu ausencia”? ¿No es eso poner en duda su promesa de que siempre nos acompañaría?

No dudo de la intención de Jesús Adrián al escribir esa frase. Seguramente si yo tuviera la oportunidad de preguntarle al respecto, él ratificaría su convicción de que el Señor nunca nos abandona. Pero el problema aquí no es su intención, sino lo que claramente dice la letra. Las canciones son educativas y si damos a entender a través de ellas que a veces Dios se ausenta, como dice esta canción, entonces no estamos transmitiendo toda la verdad de la Escritura a pesar de que nuestra intención sea buena.

Viene a mi mente otra canción, entiendo que es una traducción del inglés. Sé que en español la grabó Luigi Castro y también la iglesia de Claudio Freidzon. Se llama: “Atráeme a ti” y dice:

Atráeme a ti, no me dejes ir,
lo rindo todo una vez más,
a cambio de tu amistad
Yo te anhelo a ti, solamente a ti
pues nadie más en tu lugar
me abrazará con tanto amor
Guíame Señor, de regreso a ti

Coro:
Te anhelo a ti,
Señor te necesito
te anhelo a ti,
dime que cerca estás

Francamente podría señalar varios versos que no me parecen de esta emocionante canción, pero me centraré en el último que dice: “Te anhelo a ti, dime que cerca estás”. De nuevo: ¿Qué concepto tenemos de la presencia de Dios? ¿Acaso creemos que va y que viene? Es más, ¿no ya nos dijo el Señor en su Palabra que siempre estaría con nosotros? ¿Acaso no creemos lo que ya nos dijo?

No dudo de las intenciones de quienes escribieron e interpretan actualmente esta canción, pero repito: Las canciones son educativas y a través de letras de este tipo estamos dando a entender que Dios no está con nosotros conforme nos prometió.

Como me dijera Jaime Murrell la vez que lo entrevisté:

Tenemos el desafío de comenzar escribir canciones que salgan de una plataforma donde ya estamos completos. Fíjate, siempre estamos anhelando o queriendo, no estamos escribiendo desde un lugar donde ya estamos. No decimos: “Yo sé, yo tengo, yo puedo”. Sé que parecerá chocante pero a veces escribimos: “Señor no me dejes, camina conmigo o dame más”. Pareciéramos dar a entender que el Señor es alguien difícil, como si fuera una chica bonita que sabe que es bonita y que uno está enamorado de ella, y que a pesar de pedírselo te lleva por la calle de la amargura mientras le ruegas que te dé un beso y que te quiera. ¡Pero Dios no es así! Él está más interesado en nosotros de lo que nos imaginamos. En este sentido, nuestros cantos deberían ser escritos desde otro punto de vista. Desde uno donde dices: “Yo sé, yo tengo, yo puedo”, no desde la mirada de una víctima; sino de una donde me posiciono, me aferro a la victoria de Jesús y declaro: “No estoy solo a pesar de que no te veo. Te alabo Señor porque eres bueno y porque en ti estoy completo» (1).

En este sentido, debemos tener cuidado con lo que enseñamos a través de nuestras canciones. No es que Dios está y no está. Él no va y viene. Él vino a nuestra vida… ¡Y vino para quedarse!

Continúa…

Notas:

(1) Tomado de: http://www.laaventuradecomponer.com/conversando-sobre-composicion

3 Comentarios

  1. mauricio vacas

    Estoy de acuerdo en el concepto general de tu nota, pero creo que (y sin ánimo de «defender» a nadie) tenemos que diferenciar cuando un músico cristiano hace un disco «en estudio», de cuando lo hace en vivo, con la iglesia reunida. En este caso, Jesús Adrián tiene más margen para expresarse, para declarar sus sensaciones, porque está haciendo un disco sin dirigir a nadie. Lo hace a título personal. Es distinto cuando un director de alabanza está ministrando, él es en ese momento la cabeza de la iglesia y ahí sí que debe cuidarse de los conceptos que sustentan las canciones que elige.
    Por otro lado, hay algunos salmos en los que dan ganas de discutirle al salmista, cuando le dice a Dios que por qué lo ha desamparado, o cuando dice que Dios lo bendice porque él (el salmista) ha sido justo y no se ha apartado de Dios. Son licencias poéticas que un artista se toma para expresarse con libertad. Porque, si bien es necesario cuidar la sana doctrina, es importante también no sentirse encorsetado a la hora de crear.

  2. Noel, aprecio mucho el trabajo que estas haciendo al escribir estos post sobre tu preocupación. Encuentro que en verdad haz reflexionado mucho sobre el tema. Y en general estoy de acuerdo en lo que escribís.

    Sin embargo, pienso que hay momentos en la adoración que no se puede distinguir entre lo que es congregacional y personal. Digo, la congregación junta puede estar cantando una canción con una letra que fue para el autor muy muy personal: como la «Acércame a ti». Micke Heron, dijo una vez que esta canción y otras similares esta en un tipo de adoración «humana» que sólo el hombre caído y restaurado puede ofrecer al Creador. Es decir, con todo y nuestras fallas y pecados venimos ante sus presencia pidiendo misericordia y perdón. Y por supuesto que le encontramos, porque, como tu dices, El está anhelándonos y quiere estar cerca.

    Te felicito porque hay que levantar el nivel de conocimiento de lo que cantamos. Como dice la Biblia en espíritu y en verdad. Con entendimiento de lo que decimos. Mi hijita me preguntó una vez, por qué una canción dice: «El se humilló, llevando la cruz», cuando le expliqué lo que significa humillarse, comenzó a cantar la canción completa con un entusiasmo renovado. Ella entiende lo que canta. Sigue escribiendo.

  3. Hno. Noel me ha gustado mucho la serie de artículos. Estoy de acuerdo con la mayoría de las afirmaciones que hace, sin embargo creo que en el punto Nº 3 cuando expresa su preocupación por «nuestro concepto de la presencia de Dios» no está considerando todos los casos.
    Es cierto que Dios promete estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, pero también afirma su Palabra: «Vuestros pecados han hecho separacion entre vosotros y Dios». En otra parte dice «acercaos a Dios y él se acercará a vosotros».
    ¿Qué estoy queriendo decir? Que si permanecemos en santidad, la presencia de Dios estará de continuo con nosotros, pero si nos alejamos de él, el pecado hace separación entre nosotros y Dios.
    Como muchos cristianos sufrimos altibajos y muchas veces fallamos, dejamos de sentir la presencia de Dios (aunque él siga observándonos y llamándonos). Estas canciones expresan el dolor del creyente que se ha alejado de Dios, como el hijo pródigo y anhela recuperar la comunión con su Padre.

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