Habilidades del compositor

Habilidades del compositor

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El mini-taller que di en Iglesia Jerusalén.

El jueves pasado compartí un mini-taller de composición al equipo de alabanza de Iglesia Cristiana Jerusalén, mi iglesia. Por lo general, cuando me invitan a enseñar a algún lugar, un tema sobre adoración o composición, derivo mis pláticas de algún post que haya venido reflexionando muchos días y que ya haya publicado en el blog.

Esta vez quise hacer distinto. Compartí un tema que algunos podrían estar familiarizados, pero otros no. Hablé sobre las habilidades que todo compositor primerizo debería desarrollar si espera algún día convertirse en un mejor compositor.

Resulta que Pablo Rosales, líder de Radicales 51 y del ministerio musical de la iglesia, lleva varias semanas enseñando el tema de los atributos de Dios. Como punto cúspide a la serie, él asignó la tarea de componer una canción basada en dichos atributos. Estoy por publicar un artículo basado en dicha experiencia, ya que según me contó Pablo y algunos integrantes del ministerio, han creado canciones interesantes.

Sabiendo esto, Pablo me invitó a enseñar, así que quise hablarles de las habilidades que todos deberíamos buscar desarrollar para convertirnos compositores maduros.

Entre otros textos, comencé citando el libro de Deuteronomio:

Ahora pues, escribe este cántico
y enséñalo a los hijos de Israel;
ponlo en su boca, para que este
cántico me sirva de testigo contra
los hijos de Israel… Moisés escribió
este cántico aquel día, y lo enseñó
a los hijos de Israel.
Deuteronomio 31:19, 22.

Según este pasaje, quien tuvo la iniciativa por componer una canción fue Dios. No Moisés, no alguien del pueblo. Dios mismo le dijo a su siervo que compusiera un canto que hablaría a toda la congregación.

Esto nos confirma lo que muchos compositores cristianos han afirmado por años cuando han dicho: “Dios me dio esta canción”. Sí, Dios da canciones. La Escritura lo dice. Pero no solo las da para el disfrute propio. Las da para que las enseñemos y las pongamos en la boca de las personas. No para guardárnosla y cantarlas en privado; sino para que las saquemos a la luz y las compartamos con la congregación.

Mi énfasis principal con este pasaje no fue tanto verificar la realidad de la inspiración divina dentro del compositor, sino evidenciar el hecho de que el receptor de dicha inspiración debe contar con las habilidades necesarias para ser un eficiente instrumento en las manos de Dios.

Moisés muy bien pudo haber recibido la inspiración de Dios, pero no contar con las habilidades necesarias que harían que la canción del Señor se materializara en la Tierra. Es decir, Dios escogió a Moisés para que compusiera una canción porque sabía que él tenía la capacidad de poder llevar a cabo esta obra.

Como usted sabe, Moisés era un compositor de canciones. Éxodo 15 y el Salmo 90 son claros ejemplos de su capacidad de escribir.  Deuteronomio 32 lo es también. ¿Dónde aprendió a componer Moisés? ¿Quién lo capacitó para desenvolverse en este arte? ¿Dios, un ángel o ya traía el don desde que nació?

Seguramente él aprendió a componer mientras era educado en Egipto. Recuerde que según el libro de Éxodo fue formado en casa de Faraón y en las escuelas de conocimiento egipcio hasta su destierro a los 40 años de edad. Todo conocimiento, habilidad y destreza que Moisés desarrolló durante su vida fue conformado en el país pagano.

En este sentido, cuando Dios le pidió componer una canción, Moisés hizo uso de las habilidades aprendidas para poder desarrollar efectivamente la tarea de escribir este canto. Si Moisés no hubiera tenido estas habilidades, obvio, Dios no le hubiera pedido realizar esta obra; sin embargo, como poseía dichas habilidades le confió la tarea de componer.

Hace algunos meses di un breve taller de composición en el Instituto Canzion, aquí en San Salvador. Como mi taller era más motivacional que instruccional, no me centré en las aptitudes de la composición, sino más bien en las actitudes para disfrutar la Aventura. Cuando abrí un espacio de preguntas y respuestas, una señorita dijo: “Yo pensé que para componer uno tenía que estudiar, pero por lo que usted nos ha dicho basta solo con la inspiración”.

Inmediatamente le expliqué que mi plática iba orientada más a que se animaran a componer que en darles tips prácticos para ser mejores compositores. Para eso necesitaba más tiempo. Además le dije: “¡Y  una aclaración eh! ¡Sí hay que estudiar para componer buenas canciones!”

Moisés fue un canal eficiente de la inspiración divina y pudo finalizar su misión de componer la canción de Deuteronomio 32, porque tenía las habilidades necesarias para lograrlo. Si nosotros aspiramos a seguir su ejemplo, debemos desarrollar habilidades similares para cumplir nuestro llamado de componer.

¿De qué habilidades estoy hablando? De tres…

1. Habilidades literarias.

La composición no es cuestión del azar. Las canciones no aparecen mágicamente ni surgen de la sola inspiración. La composición es producto del estudio de la poesía y la literatura. ¿Desea convertirse en un canal eficiente de la inspiración del cielo? Entonces crezca intelectualmente.

Para comenzar, lea mucho. Los buenos compositores son buenos lectores. No conozco ningún buen compositor que no tenga el hábito de la lectura. Presénteme a un compositor que no lee y le mostraré canciones con letras superficiales. Muéstreme un compositor que lee y le mostraré letras con profundidad.

Las canciones son la imagen y semejanza del compositor. Si el compositor es profundo en pensamiento y reflexión, sus canciones también lo serán. Si el compositor es superficial intelectualmente, sus canciones serán reflejo de ello.

Por lo tanto, le animo a que desarrolle el hábito de la lectura. Ame el idioma, ame la literatura, ame la poesía. Toda canción es una poesía cantada. Por eso, procure aprender a escribir poesía. Comience entendiendo qué es un verso, qué es una estrofa, qué es la rima, qué es la métrica. Y sobre todo, practique la poesía.

Si usted aprende a ser profundo intelectualmente y a expresarse poéticamente, sus letras reunirán el estándar literario de la buena composición.

2. Habilidades melódicas.

El buen compositor sabe crear melodías. Sea con su instrumento musical o sin él, sabe extraer de adentro de sí las melodías que darán brillo a sus letras.

Un principio clave de la composición es entender que las melodías provienen de los sentimientos. Ojo, los sentimientos no son malos, son buenos. Dios nos los dio para disfrutar nuestra relación con él, con nuestros semejantes y con la creación que nos rodea. Sentimos porque Dios siente. Sentimos porque somos su imagen y semejanza.

Por lo tanto, nunca olvide que todo sentimiento tiene el potencial de convertirse en melodías. Cuando sienta algo, amor, alegría, paz, etc. procure crear una melodía. ¿Cómo se crea una melodía partiendo de los sentimientos? Simple. Exteriorice eso que siente emitiendo un sonido con su voz. A eso le llamamos: Tararear, ¿no es cierto? Busque tararear una melodía inédita que nazca de su corazón.

Cuando lo haga y se habitúe a exteriorizar lo que siente, solo le faltaría estructurar esas figuras melódicas y enmarcarlas en una estrofa o un coro. Así es como se aprende a componer con o sin instrumento. Poco a poco, identificando melodías con potencial de convertirse en canción.

3. Habilidades armónicas.

Usted no necesita ser un músico para ser un receptor de la inspiración divina. Con esto no estoy diciendo que no estudie o se prepare. Al contrario, tocar un instrumento provee grandes recursos a la hora de crear. Aun así, ignorar este tema no lo descalifica de la Aventura de Componer.

Las habilidades armónicas son aquellas que tienen los músicos. Son esas que han desarrollado con meses o años de estudio. Los músicos tienen dentro de sí tal conocimiento de notas, acordes y escalas que podrían crear un sinfín de progresiones distintas para las estrofas y coros de sus canciones.

Haga la prueba, reúna tres o cuatro acordes de un mismo campo armónico, escoja un ritmo y tóquelos por algunos minutos. Mientras los ejecuta escuche la melodía detrás de ellos. Toda progresión armónica sugiere figuras melódicas. No solo una, sino varias. Usted podría crear melodías de una progresión y yo otras distintas basado en esa misma progresión.

Cuando haya definido algunas progresiones y estructuras melódicas, solo bastaría sumarle la letra para completar su canción.

El fenómeno de músicos que con bastos conocimientos armónicos no han escrito ninguna canción en su vida, podría deberse en parte a que no han aprendido a escuchar las melodías que detrás de los acordes que ejecutan. A veces tocan y ya. No sienten, no disfrutan, no escuchan las melodías detrás de sus armonías. La ejecución mecánica bloquea la creatividad.

En fin… De todo esto hablé en el mini-taller de composición que impartí en mi iglesia.

Le animo a que desarrolle sino las tres habilidades descritas, por lo menos una o dos. Le aseguro que quien procura perfeccionarse en ellas podrá escribir mejores canciones que quien no.

Noel Navas.

5 Comentarios

  1. Noel cada vez que entro a este sitio me dan ganas de sentarme y ponerme a escribir, pero mi problema (que no se si sea correcto llamarlo asi) es que tengo mas facilidad para crear melodías (la no. 2) y hacerle un acompañamiento (la no.3) que para crear letras =( Me cuesta poner en letra el tema que me gustaría abordar =( Toco guitarra y estoy estudiando el piano

  2. Gracias por estos consejitos…..saludos

  3. A seguir mejorando nuestras habilidades! Grcs Noel

  4. Buenas noches, Dios le siga bendiciendo:
    Mi nombre es Erik, escribo desde Panamá.
    quiero iniciar esta hermosa aventura de componer canciones.
    tengo una consulta que hacerle:
    cuando usted escribe que hay que leer, ¿se refiere a la literatura universal?
    saludos y bendiciones: Erik.

  5. ERIC: Efectivamente, a leer de todo. Desde líbros hasta periódicos, desde revistas hasta panfletos, eso sí, sobre todas las cosas La Biblia. Pero hay que leer de todo.

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