Alfredo MaravillaUn testimonio del pastor Alfredo Maravilla.

Hace varios meses, luego de impartir un Taller de Composición en la ciudad de Cojutepeque (El Salvador), tuve la oportunidad de conversar con el pastor Alfredo Maravilla, director ministerial de Instituto Canzion El Salvador. Entre plática y plática me relató una experiencia de composición que nunca antes había relatado a alguien. A través de esta entrada tengo el honor de compartir con usted este testimonio de composición que él me autorizó publicar. Creo que su experiencia tiene el potencial de bendecirlo y animarlo en su vida cristiana.

En el año 2000 Alfredo aún no trabajaba a tiempo completo en el pastorado. En ese entonces fungía como Jefe del Departamento de Créditos de una empresa que vendía repuestos automotrices y de maquinaria pesada. Mientras él desarrollaba sus funciones de Jefe de Departamento sucedió un robo. Ladrones entraron a las oficinas de la empresa, forzaron la puerta y robaron una cantidad muy importante dinero. Al día siguiente todo mundo se enteró del robo, la gerencia comenzó las investigaciones y la búsqueda de posibles sospechosos.

Alfredo dice: “Solo habíamos cinco personas que sabíamos dónde estaba el dinero y que teníamos acceso a ese lugar… los Jefes de Departamento. Como ves eso me implicaba como posible autor”. Como nadie reconoció ser el ladrón la gerencia tomó la medida de enviar a todos los Jefes a una prueba de polígrafo (detector de mentiras) y así dar con el culpable.

Las pruebas de polígrafo suelen ser experiencias muy estresantes, incluso denigrantes. Alfredo tenía nociones de eso, y por lo tanto, se sentía preocupado. Aunque sabía que no había hecho nada sentía mucha angustia dentro de sí. Él dice: “En la empresa algunos empleados hasta habían comenzado a rumorar culpables, como Jefes de Departamento, muchos nos miraban raro. Tú sabes, en EE.UU. y Europa eres inocente hasta que se demuestra lo contrario; en El Salvador es al revés… ¡Eres culpable hasta que se demuestra lo contrario!”

La tarde previa al examen Alfredo salió de la oficina y se dirigió a su casa, al llegar se recostó en el sofá para descansar y comenzó a orar en su mente pidiéndole al Señor paz y tranquilidad ya que se sentía nervioso por la evaluación del siguiente día. Pasaron unos minutos y entre breves oraciones y un poco de sueño, escuchó una canción. “Sucedió de repente, primero oí una melodía, era una música suave, su sonido me envolvió. Luego escuché palabra por palabra y frase por frase al Señor cantándome…”

“Clama a mí” (escúchela aquí)
Alfredo Maravilla

Yo Jehová tu Dios hice los cielos
La Luna, las estrellas y el mar
Yo que con mis manos formé la Tierra
Cómo no abriré a tu llamar.

Yo Jehová tu Dios hice los cielos
El que era, el que es y quien será
Si en el día de la angustia tú me llamares
Mi diestra de poder te sostendrá

/Clama a mí y yo te responderé
Cosas grandes y ocultas
yo te enseñaré.
Clama mí y yo responderé
Desde ahora y para siempre
Contigo yo estaré/
(1).

Alfredo afirma: “Sentí que Dios me estaba hablando al corazón, dándome la paz y la confianza que tanto necesitaba debido a la prueba que haría. Esa canción me confirmó que el Señor estaba conmigo y que todo saldría bien”.

El día siguiente en lugar de irse al trabajo Alfredo se dirigió a la oficina donde le harían la prueba del polígrafo. Aunque sentía paz en su interior igual sentía incomodidad por lo vergonzoso de la evaluación. Llegó a las 8:00 a.m. y la prueba duró alrededor de 3 horas.

Alfredo relata: “Primero llené un formulario, luego me sentaron e instalaron todo el equipo: los cables y los censores. Allí comenzaron las preguntas. A medida que avanzaba el tiempo las preguntas dejaron de ser preguntas y se convirtieron en acusaciones; más bien, en ataques para amedrentarme. Por ejemplo, me decían: ´Mire, ¿por qué no confiesa de una vez y nos ahorramos todo este interrogatorio?´ Tanta era la presión que en un momento las acusaciones empeoraron y dejé de responder, miré al interrogador directo a los ojos y le dije: ´Mire, usted no me puede acusar de esa forma porque no me conoce y no sabe quién soy. Yo estoy aquí para responder sus preguntas pero usted no me puede acusar de esa forma. Yo no sé qué tipo de personas vienen a este lugar, pero le solicito por favor que sea más respetuoso ya que yo no he hecho nada´. En ese momento el interrogador se tranquilizó y cambió completamente su semblante. Ya no me acusó y cambió su forma de hablarme”.

Demás está decir que fue una experiencia sumamente incómoda.

Al terminar el interrogatorio Alfredo salió del lugar y se dirigió hacia su trabajo, notificó a sus superiores que había hecho el examen conforme se lo habían pedido y continuó sus labores de forma normal.

Unos días después el dueño de la empresa llamó a Alfredo y lo citó en su oficina. Él sabía que iban a hablar sobre el examen del polígrafo.

Cuando llegó y se sentó frente al escritorio su jefe le dijo: “Mire Alfredo, la verdad es que después de todo este proceso de evaluaciones yo no tengo la obligación de mostrarle a nadie los resultados del polígrafo. Pero ha sucedido algo inusual y quiero mostrarle los suyos”. Alfredo se sorprendió y su jefe continuó: “Los resultados de su examen han arrojado que usted es un empleado altamente confiable y quería felicitarlo por eso. Para mi es un honor que gente como usted trabaje con nosotros. ¡Gracias de verdad!”

Alfredo salió con una sonrisa de oreja a oreja y muy contento por todo lo que había acontecido. Al final se descubrió al ladrón. No había sido ninguno de los Jefes de Departamento, sino un ex empleado que se las había ingeniado para entrar a las oficinas y robar.

Mi conversación con Alfredo terminó cuando dijo: “Cuando recuerdo esa experiencia y la canción que el Señor me inspiró, me siento agradecido con él por lo bueno y generoso que ha sido conmigo. ¡Te voy a confesar algo! Esa es la única canción que he recibido y que me he animado a cantar en mi iglesia. Yo he escrito más canciones pero llevan guardadas varios años. “Clama a mi” la comenzamos a cantar ese mismo mes que el Señor me la dio y ha sido una gran bendición para la gente”.

Después de ese empleo Alfredo Maravilla comenzó a trabajar en el pastorado y ya tiene 9 años a tiempo completo. Actualmente, además de formar parte del staff de Instituto Canzion El Salvador, pastorea la Iglesia Maranatha de la ciudad de Jayaque y es director de alabanza en Iglesia Maranatha de Santa Tecla.

Noel Navas.

Notas:

(1) “Clama a mí”, escrita por: Alfredo Maravilla. Interpretada por: Luis Gerardo Aquino. Todos los Derechos Reservados 2009.