¿Dónde está tu pasión? (Segunda parte)

¿Dónde está tu pasión? (Segunda parte)

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El testimonio de mi amigo Alfredo Maravilla.

Alfredo despertó del coma un mes después de ingresar al hospital pero el pronóstico no era alentador. Los médicos creían que no recuperaría la movilidad del brazo y lo peor: por el daño en las vértebras del cuello tampoco creían que volvería a caminar. Lo fui a visitar algunas veces, así como muchos hermanos de su iglesia y amigos más. Alfredo siempre ha tenido exceso de peso pero en el hospital ya no. Se veía muy pero muy delgado. Una vez me dijo: “¡Hey, Noel! ¡Mirá que figurita estoy!” Nos reímos.

Pero no todo era alegría, las largas horas encamado y el sentimiento de soledad que experimentaba era abrumador. Solo podía recibir dos visitas durante el día: al medio día y al caer la noche. Es decir, estaba acompañado alrededor de dos a tres horas diarias, nada más. El resto del tiempo la pasaba solo.

A medida que avanzaba el tiempo y se acercaba Navidad comenzó a abrigar la esperanza de salir antes de las festividades de fin de año y así poder estar con su familia. Tuvo expectativa por muchos días solo para enterarse alrededor del 20 de diciembre que gran parte del personal médico ya estaba de vacaciones y las evaluaciones médicas se habían postergado hasta inicios de enero. Eso significaba que pasaría Navidad y Año Nuevo en el hospital.

Entró en depresión.

Alfredo me relató que pocos días después sintió que Dios lo visitó en su habitación. Yo sé que para algunos leer este tipo de experiencias puede despertar escepticismo; sin embargo, yo conozco muy bien a mi amigo y les aseguro que no es un desequilibrado mental. Alfredo me contó que fueron como cuatro horas sumamente intensas en la presencia de Dios. No paraba de llorar mientras pasaban por su mente algunos episodios de su vida como si de películas se tratara, a la vez que escuchaba la voz del Señor diciéndole algunas cosas que tenía que enmendar y otras más que lo llamaba a realizar.

Nunca más se volvió a sentir triste.

Una mañana, antes de finalizar diciembre, una de las enfermeras que siempre lo atendía fue a rasurar su barba. Semanas antes ella se había identificado como cristiana, pero esa vez, mientras lo rasuraba, le dijo: “Hermano Alfredo, estoy aquí para cortarle la barba pero también para darle una palabra que Dios me dio. El Señor me dijo que le dijera que por haber cuidado de su rebaño ahora él cuidaría de usted”.

Alfredo se conmovió.

Resulta que diez años antes él había iniciado su ministerio pastoral pero con muchas dudas. De trabajar como empleado en algunas empresas comenzó a sentir un fuerte llamado para dedicarse al ministerio a tiempo completo; sin embargo, él sabía de las dificultades económicas y carencias que suelen a travesar los pastores. Por lo tanto, titubeaba con decir que sí.

Un día mientras oraba sintió que el Señor le habló claramente y le dijo: “Si cuidas de mi rebaño, yo cuidaré de ti”. Ese día decidió dedicarse al ministerio. Por eso, cuando la enfermera que lo rasuraba le dio esa palabra, Alfredo se conmovió porque eran las mismas que lo terminaron de animar a aceptar el llamado pastoral diez años antes.

Después de una operación en el cuello y algunos días más en reposo, Alfredo salió del hospital en enero, en silla de ruedas y con un cuello ortopédico. A las pocas semanas volvió a caminar, la movilidad del brazo la recuperó fácilmente y aunque padece algunas secuelas en su visión él siempre me ha repetido: “Aunque suene extraño, ese accidente es lo mejor que me pudo haber sucedido”.

En la actualidad el pastor Alfredo Maravilla está casado con Ana Belén, sigue pastoreando su iglesia, imparte clases en el Instituto Canzion y recientemente se incorporó a la directiva de la Alianza Evangélica de El Salvador.

¡Ah! ¡Y seguimos siendo amigos!

Noel Navas.

PD: Cuando Alfredo salió del hospital y mientras recordábamos los días previos al accidente me preguntó qué me había parecido el concierto de Juan Luis Guerra al que por obvios motivos no pudo ir. Le conté que debido a que estaba hospitalizado por solidaridad no quise asistir y por eso obsequié las entradas. “¡¡¡Qué, qué, qué!!!”, exclamó… “¡¡¡Si vos hubieras estado hospitalizado yo sí hubiera ido al concierto!!!” Jajaja.

¡Vaya amigo eh! 😉

1 Comentario

  1. wow! Yo recuerdo esa noticia, y tammbién recuerdo que con un grupo de amigos estuvimos orando por el pastor Alfredo. Siempre me agrada leer sus entradas, Noel, pero en este caso es más especial. Saludos!

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