Dos compositores en conflicto (Primera parte)

Dos compositores en conflicto (Primera parte)

- en Testimonios de composición
887
0


Elí y LissethUn testimonio de reconciliación.

Soy el cuarto de cinco hermanos. Todos varones. Aunque siempre todos nos llevamos muy bien desde pequeño tuve más afinidad con mi hermano menor: Elí. Él estudió música en el C.C.D.M.A.C. (ahora Instituto Canzion) en Durango, México. Por cierto, además de músico también es compositor. Ha escrito unas 15 canciones en su vida. Bueno, el punto es que hubo una etapa en nuestra relación de hermanos donde experimentamos un conflicto aparentemente insignificante, pero que nos distanció. Ese es el testimonio que deseo relatarle. Como siempre al final encontrará una canción relacionada al tema.

Creo que si tuve un mejor amigo en mi infancia, adolescencia y juventud ese fue Elí. Dormíamos en la misma habitación y conversábamos de todo: Dios, la Biblia, la música, el ministerio, etc. Típicos hermanos que se acuestan noche resolviendo los problemas del mundo.

Los problemas entre ambos comenzaron cuando Elí comenzó a roncar. Fue un año y medio antes que él se casara. Fueron tan repentinos los nuevos sonidos nocturnos que fue como si él se hubiera dormido un 31 de Diciembre y amanecido el 1ero. de Enero roncando como morsa. ¡Horrible!

Desde ese día en adelante las noches fueron distintas. Caracterizándose por periódicas interrupciones del sueño, no solo mías, sino de él, ya que yo tenía que despertarlo para decirle: “Elííí… Estááá roncaaannndddooo”. Cosa que él corregía cambiando de posición y aminorando los sonidos de inmediato. Claro, un par de horas más tarde me despertaba otra vez y volvía a cantar mi melodía: “Elííí… Estááá roncaaannndddooo”. Y así todas las noches.

Comencé a quejarme con mis papás al respecto y Elí y yo la pasábamos irritados con frecuencia. A tal grado llegó la crisis que a los meses me resigné y mejor instalé una colchoneta en la sala para ir a dormir allí. De este modo podría descansar sin interrupciones. Cuando Elí despertaba y se iba al trabajo me veía tiradote en la sala y hasta donde recuerdo le incomodaba la escena matutina de su hermano que no dormía en el cuarto.

Una de las noches que sí dormí en mi cama recuerdo que desperté a causa de los habituales ronquidos por hay de las dos de la mañana. Yo otra vez: “Elííí… Estááá roncaaannndddooo”. En eso él se despertó abruptamente y dijo con voz alarmada: “¿Aaahhh? ¡¡¡Quién!!! ¿¿¿Yo???” “Nooo…” exclamé con ironía, “¡Marcos Witt! ¡Hoy sí que está roncando como vacaaa!” ¡¡¡Vacaaa… tu abuelaaa!!!” gritó él. Y yo: “¡Usted sí que es bruto! ¿Verdad? ¿Qué no ve que usted y yo tenemos la misma abuelaaa?”

Otra vez me fui a la sala a dormir.

Las cosas empeoraron al punto que ya casi no nos dirigíamos la palabra. De ser mejores amigos nos convertimos en simples compañeros de habitación. Las veces que sí hablábamos era cuando de verdad teníamos problemas y necesitábamos un consejo. Digamos: por dificultades en el ministerio de alabanza o situaciones familiares. De allí… Nada.

La relación se deterioró más después de un almuerzo dominical en donde departí con algunos familiares. Entre risas y conversaciones me preguntaron:

Hey, Noel. ¿Cómo te sentís ahora que Elí se va a casar?
¡¡¡Feliz!!! Exclamé, ¡Estoy contando los meses para que se vaya! A la vez que levantaba 4 de mis dedos que indicaban los meses que faltaban.

Todos notaron mi ironía y preguntaron:

¿Cómo así? ¿No estás feliz de que se casa?
De que se casa sí, pero más feliz de que por fin voy a dejar de escuchar tanto ronquido por las noches.

Todos nos reímos.

Dos días después estaba viendo televisión en la habitación de mis papás y mi mamá me dijo:

Te quiero contar que tu hermano se enteró de lo que dijiste el domingo que almorzaste con la familia. ¿Por qué estás feliz de que Elí se vaya? Deberías ir y pedirle perdón por lo que dijiste.
¡No, cómo creés! Exclamé, Es que ya no aguanto. Llevo meses sin dormir bien y además, me la paso bostezando durante el día por lo mal que estoy durmiendo.

Realmente nunca supe qué tan mal le cayeron mis palabras a mi hermano (ni a Lisseth, su novia) hasta el día que se casaron. Aunque nos fuimos juntos en el auto, como parte de la ceremonia hubo un tiempo de alabanza en donde cantó un amigo de Elí. En ese momento alguien me dijo:

¿Sabes por qué cantó fulano de tal y no tú?
No, respondí.
Porque la relación entre uds. dos ya no ha sido la misma desde hace un tiempo.

Me entristeció mucho saber eso, pero en mi mente nunca me vi como el culpable.

Un mes después de la boda hubo una reunión familiar a la cual Elí y Lisseth (ya casados) asistieron. Recuerdo que en un momento de la reunión Lisseth se acercó y me preguntó con tono nostálgico:

Noel, ¿qué tal estás durmiendo por las noches?
¡¡¡Súper bien!!! Exclamé. ¡¡¡Hasta siento más fresca la habitación ahora que Elí no está!!!

Ella solo agachó los ojos con tristeza.

¡Ajááá! Pensé dentro de mí, ¡¡¡Por fin ella entiende a qué me refería cuando dije que estaba contando los meses para que mi hermano se fuera!!! ¡¡¡Ñaca, ñaca!!!

Continúa…

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Te podría interesar

«Dos fases, una fase», el nuevo libro de Noel Navas. ¡Descárgalo aquí!

“El dispensacionalismo, tal cual lo conocemos hoy, en