Testimonio del accidente de Frank y Liza Mejía.

Frank y Liza Mejía son directores de alabanza de la Iglesia Centro Cristiano Internacional (CCI) en San Pedro Sula, Honduras. Además de cantantes son compositores, por cierto: los primeros que entrevisté para la serie: Conversando sobre composición que publico cada tres semanas en el blog. El pasado 25 de Enero sufrieron un accidente automovilístico que casi les cuesta la vida. Aunque tuvieron severas quebraduras y están en período de recuperación pueden testificar de cómo la mano de Dios intervino para preservarlos. A través de esta entrada comparto su testimonio y una maravillosa canción que nació en medio del dolor.

Todo comenzó el domingo 25 de Enero por la mañana, día en que cantaron por primera vez la canción “Día de renuevo” como punto especial en la reunión de la iglesia y que es una de las últimas canciones que compusieron. Su deseo de compartirla con los hermanos se debió a que sentían que el Señor quería renovar la fe de la congregación. Incluso la lista de cantos de ese día trató la sobrenaturalidad del poder del Señor. Según cuentan ellos la reunión estuvo impresionante, tanto el tiempo de adoración como la predicación del pastor. En palabras de Frank y Liza: “Salimos de la reunión satisfechos de que verdaderamente tuvimos un tiempo de renovación sin saber que unos minutos después nos esperaba otro tipo de renovación”.

Al retirarse de la iglesia se dirigieron hacia una reunión familiar para almorzar. En el auto iban Frank, conduciendo, Liza a la par, Andrés, su hijo de 1 año y medio, y su sobrino en el asiento de atrás. Iban a alta velocidad y en un momento del trayecto, en una pequeña curva, un auto se atravesó y Frank perdió el control del vehículo. Por más que lo intentó no pudo impedir que se estrellaran violentamente contra un árbol. Las consecuencias del accidente fueron trágicas. Frank quedó aturdido por el golpe y con el fémur fracturado. El lado derecho del auto, donde iba Liza, fue el más destruido, lo cual le ocasionó un golpe en el rostro y que ambas piernas se fracturaran de gravedad. Su sobrino también se quebró el fémur y providencialmente Adresito sufrió únicamente una lastimadura en el rostro. El auto quedó completamente dañado al punto que tardaron 40 minutos en sacar a Liza del vehículo destruido.

Curiosamente el primer auto que pasó frente al accidente fue el del tío de Frank, un médico muy respetado en la ciudad, que cuando vio lo que pasó se detuvo y comenzó a orientar a la muchedumbre para que no tocaran a los accidentados, además, llamó a amigos médicos y a la ambulancia.

Liza relata que cuando sufrieron el impacto sintió un inmenso dolor en sus piernas. Cuando cayó en cuenta de lo que había sucedido oró: “¡Dios mío! ¡Ten misericordia de mis piernas!” En ese instante sintió que una voz le habló: “¡Hijita mía! Estás en el hueco de mi mano y no vas a perder tus piernas”. Esas palabras fueron las que la fortalecieron para soportar el tiempo que tardaron en sacarla del auto y las 5 horas adicionales que vendrían antes de que la operaran en el hospital.

Ya en el hospital, en medio de la conmoción, los amigos y hermanos de la iglesia comenzaron a llegar. Con el rostro golpeado y estando en una camilla Liza relata que sentía una paz extraordinaria. Muchos se les acercaban para darle palabras de ánimo pero eran ellos los que salían animados por las palabras de fe que ella compartía. Liza cuenta que su pastor, el hermano Mario Valencia, se acercó llorando y ella le dijo: “Pastor no llore, yo sé que mis piernas están rotas pero mi espíritu está vivificado”. Él le dijo: “¿Cómo me puedes decir eso si te estoy viendo con dolor en esa camilla?” Ella respondió: “Pastor, es que es cierto, Dios tuvo misericordia de mí y mis piernas no las voy a perder ni me las van a amputar, Dios me las va a preservar”.

Mientras todo esto sucedía los médicos decidían cómo iban a proceder y uno de ellos, que era el jefe del área y además es ateo, preguntó cuál era la situación. Uno de los doctores le dijo: “Probablemente no vuelva a caminar”. Cuando Liza oyó eso oró dentro de sí: “No Señor, yo tengo la confianza de que tú me dijiste que guardarías mis piernas así que voy a volver a caminar”.

A todo esto seguían viniendo más visitas al hospital y Liza les brindaba aliento. Cuando el doctor ateo oyó lo que Liza decía le dijo molesto: “¡Ajá! Y ese tu Dios de que tanto hablás, ¿no es el mismo Dios que te trajo aquí?” Liza le dijo: “Sí, es el mismo, el cual en su misericordia me guardó la vida y mis piernas, y el que en un mes me va a permitir volver aquí y testificarle a usted de su amor”. El doctor respondió: “¡Wow! ¡Si que creés en ese tu Dios!” Liza dijo: “¡Claro que sí!”

Algo interesante que sucedió es que luego de que operaran a Liza y a Frank y que la cuenta del hospital llegara el doctor ateo no cobró sus honorarios sino que brindó sus servicios gratuitamente. Además, los doctores y las enfermeras les preguntaban si eran personas famosas o celebridades, porque nunca en la historia de la institución habían llegado tantos visitantes. ¡Ni siquiera por gente rica que habían atendido! Incluso los guardias tenían que sacar gentilmente a las personas por la gran cantidad de hermanos que llegaban. Definitivamente la iglesia se volcó en apoyo por ellos y eso sorprendió a los empleados del hospital.

Frank y Liza cuentan que la noticia del accidente se propagó por la ciudad y muchas iglesias se unieron en intercesión por ellos aun sin que los conocieran. Muchos hermanos de otras congregaciones, conmovidos por el accidente, llamaron por teléfono y enviaron mensajes mostrando su apoyo en medio de la situación. Además, de la red de Iglesias CCI enviaron palabras de aliento al punto que recibieron mensajes de Filipinas, España, Chile, India, Argentina, EEUU, México, Centroamérica, etc. expresando su respaldo en oración.

Permanecieron alrededor de cinco días hospitalizados luego de la operación. Frank y Liza dicen: “Aunque sabíamos que el Señor estaba con nosotros esa primera semana meditamos que a lo mejor Dios quería usar esta situación para llamar nuestra atención”. En este sentido, han tomado el accidente sin sentimientos de condenación y como una oportunidad del Señor para ordenar áreas en sus vidas.

Mientras aún estaban en el hospital, el miércoles a las 6:00 a.m. una hermana de la iglesia entró abruptamente a la habitación respirando profundo como agitada y les dio una profecía: “Disculpen mis hermanos pero el Señor me habló esta mañana y tenía que venir a decírselos. El Señor me ha dicho que el momento ha llegado para que la música que él ha puesto en sus corazones salga al mundo. Al punto que cuando se oiga quiebre los huesos de las naciones para que se arrodillen y adoren al Señor. Interprétenlo como quieran interpretarlo pero eso es lo que me dijo el Señor”. Y así como entró, se despidió y se fue.

El pastor Mario Valencia les confirmó esta palabra compartiéndoles un sentir que puso el Señor en su corazón, les dijo: “Ustedes siempre se han preguntado por qué no han podido grabar un disco antes, pero ha sido porque no ha sido el momento antes. Ahora es el momento y lo que el Señor les va a dar para escribir durante este tiempo de reposo van a ser las canciones que van a trascender al mundo”.

Luego de llegar a casa las semanas que siguieron han sido de descanso y recuperación, aunque ellos siempre han sido disciplinados en sus vidas de oración como matrimonio no acostumbraban orar juntos. Este tiempo ha sido tan especial que sus lazos se han fortalecido y ahora hasta se despiertan en las madrugadas y oran al Señor como pareja. Sienten que han renovado su intimidad con Dios como matrimonio y aprovechan cada instante para leer la Biblia y abrir sus corazones el uno al otro como nunca antes lo habían hecho.

Frank dice: “Vieras cómo habla la Biblia del tema de los huesos rotos. El otro día el Señor nos habló por medio del pasaje que dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5-6). La mayoría leen estos dos versículos y se queda allí pero lo que el Señor nos habló fue en los siguientes dos: “No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo y refrigerio para tus huesos” (Proverbios 3:7-8)”. Basados en esta Escritura ellos están convencidos que la pronta recuperación que están experimentando y que testifican los médicos se debe a que su salud espiritual está repercutiendo en su salud física, tanto así que los especialistas creen que Liza podrá estar caminando antes de 6 meses y no hasta dentro de un año como inicialmente creyeron.

Ya ha transcurrido más de un mes desde que Frank y Liza sufrieron el accidente y aún continúan en rehabilitación. Hace unos días Liza compartió con Frank el deseo que había en su corazón de escribir una canción que debían titular: “En el hueco de tu mano”, conforme a la palabra que ella sintió que el Señor le habló al instante del accidente. Se propusieron escribirla y en un par de días lo consiguieron.

Frank dice: “Algo curioso que nos ha sucedido es que nuestra unión como pareja también se ha visto reflejada en nuestra forma de componer. Por lo general Liza es quien escribe las canciones y yo las arreglo. Si hay algo que cambiar de la letra yo lo sugiero pero ella es quien más escribe. El punto es que cuando decidimos escribir esta canción yo le di algunas ideas para la letra y ella las iba tomando. Es decir, ambos escribimos esta canción. Creo que es la canción que más unidos hemos escrito”.

Liza añade: “Algo que he sentido que el Señor me ha hablado bastante es que ya no debemos vernos como dos ministerios aparte, Frank en el de la música y yo en el del canto. No, somos un solo ministerio. Claro, no es que estuviéramos divididos, ¡para nada!, pero la gente debe conocernos como uno solo”. Ella dice que ha sentido fuertemente en su corazón que cuando el Señor la inspire a componer debe buscar a su esposo para completar y terminar sus canciones. Que sin importar que eso implique tardar más tiempo en escribir de ahora en adelante deben componer como matrimonio, ahora dejará de decir: “Dios me dio este canto”, sino que dirán: “¡Dios nos dio este canto!”

En esta oportunidad y como primicia de las maravillosas canciones que mis amigos Frank y Liza están escribiendo comparto con usted la canción: “En el hueco de tu mano”. La cual escribieron juntos y que usted solo escuchará en audio. La canción fue grabada estando ellos en cama en su habitación. Carlos Samayoa gentilmente nos ayudó tocando la guitarra y con mucho esfuerzo Frank y Liza se turnaron al micrófono para grabar sus voces por lo menos de forma casera. Ellos al igual que yo confiamos que este breve testimonio y la canción en sí pueden estimular su fe y recordarle que “a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados… a fin de que seamos hechos conforme a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:28-29).

“En el hueco de tu mano” (escúchela aquí)
Frank y Liza Mejía

Dios de misericordia a quien puedo acudir
en tiempo de prueba y angustia me ayudas a seguir
En tu mano mis tiempos en tu control están
y cambios que son eternos en mi producirás
Tú eres mi seguridad

Y aunque duela y sea difícil,
tú moldéame.
Termina en mí tu obra buena,
transfórmame Señor.

Coro:
/En el hueco de tu mano guárdame
Centro en ti mi vida, solo tú llenas mi ser
Dame un cambio genuino
en tiempo de tormenta
en el hueco de tu mano he de morar/

(Todos los derechos reservados, San Pedro Sula, Honduras).

Si usted ha sido bendecido por esta entrada le invito a dejar sus palabras de aliento para Frank y Liza en la sección de comentarios, además, recuerde que aún están en período de recuperación, por lo que le animo a permanecer orando a favor de esta maravillosa pareja y de sus hijos.

¡Dios le bendiga!

Noel Navas.