Infeliz cumpleañosLa tristeza como recurso de composición.

¿Ha escuchado usted la canción: “Infeliiiz cumpleaaaños a tiii, infeliiiz cumpleaaaños a tiii”? ¿No la oído? ¡No, no puede ser! ¿Por qué yo sí? ¿Ah? Ya sé, es que esa fue la canción que escuché durante mi último cumpleaños. ¡Ay mis hermanos! Tengo cada anécdota de cumpleaños que contar que en esta ocasión me he tomado la libertad de escribir una entrada a través de la cual quiero enseñarle cómo utilizar la tristeza como recurso de composición. “¿La tristeza?” Sí, la tristeza. Sé que la alegría es el sentimiento más asociado a la composición de canciones cristianas, pero sino lo sabía, la tristeza puede tornarse en canciones que den gloria a Dios.

Mi única tristeza de día de cumpleaños es que nadie se acuerde de cuándo cumplo años jeje. Claro, por lo general mi familia sí lo hace. Pero me refiero a otras personas que para mi son importantes y que no se acuerdan.

Comencé a notar este fenómeno desde hace algunos años, nadie se acordaba de felicitarme. Al final de un triste día de esos, pensé: “Qué pena, quizá estoy cosechando algo que yo mismo he sembrado”. Inmediatamente tomé una decisión: “¡Ya sé! ¡Lo que voy a hacer de ahora en adelante es sembrar en los demás y entonces en mi próximo cumpleaños todos se acordarán!”

Los siguientes meses los dediqué a mostrar más interés en mis amigos. Les llamé cada dos o tres semanas para saludarlos, los visité por lo menos una vez al mes sin que ellos lo esperaran. ¡Hasta los invitaba a comer más a menudo!

¿Qué pasó en mi siguiente cumpleaños? ¡Nadie se acordó!

Lección: de nada sirve llamar a los amigos, visitar a los amigos e inclusive… invitar a comer a los amigos… ¡Si no les dices la fecha de tu cumpleaños! ¿Ok? Jeje.

Algo así me pasó el año pasado. Andaba de viaje de negocios en Tegucigalpa, Honduras, donde yo sabía que la fecha de mi cumpleaños caería durante esos días. Unos amigos que me aprecian mucho me rogaron que me hospedara con ellos así que acepté. A las 5:30 de la mañana (del día de mi cumpleaños) oí unas voces cantando dulcemente tras mi puerta: “Feliz, feliz cumpleaños deseamos para ti, que Dios Omnipotente te pueda bendecir. Feliz, feliz cumpleaños, que Dios en su bondad te dé muy larga vida, salud, felicidad”. En ese momento y debajo de la sábana pensé: “¿Quién les habrá dicho que hoy es mi cumpleaños?” En ese momento, ¡otra canción!: “Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, cumpleaños, cumpleaños, ¡cumpleaños feliz!” Y para terminar: “Ya queremos pastel, ya queremos pastel, aunque sea un pedacito pero queremos pastel”. Cuando dejaron de cantar todos gritaron: “¡¡¡Feliz cumpleaños Oswaldito!!!”

Así se llama uno de los hijos de mis amigos que me hospedaron. Cumple años el mismo día que yo.

Lo triste pasó el mes pasado que cumplí 34. Una vez más nadie me felicitó el propio día con excepción de mi mamá, Aly (mi amiga de México) y MariLaura (mi amiga de Uruguay). De allí… Nadie.

Francamente esta vez sí me sentí triste. Todos los años anteriores no, pero esta vez sí. Pero más que triste… Solo. Bien raro, nunca me había pasado eso.

“¡Ay, hermano Noel!” dirá alguien, “¿Pero no ha oído ese corito que dice: “No puede estar triste el corazón que tiene a Cristo”? Bueno, sí lo he oído. ¡Pero no me gusta el corito! Porque lo que dice no es cierto. Sí puede estar triste un corazón que tiene a Cristo y sí puede estar triste un corazón que tiene a Dios. Una lectura superficial de la Biblia podría testificar de ello. Es más, bastaría con leer el episodio en Getsemaní para ver al mismo Cristo triste.

En fin, por A o B motivo, ese día que cumplí 34 no pude dormirme temprano, así que me acosté casi de madrugada. Cuando cerré los ojos una melodía brotó de mi corazón. Misteriosamente la primera idea me susurró sobre qué versaría la letra. Continué estructurando otras ideas con mi imaginación y cuando me sentí seguro salté de la cama, prendí la luz y me senté a escribir a la par de mi teléfono celular que me ayudó a grabar todas las ideas melódicas. Esta fue la canción que escribí:

¿Sabías tú? (escúchela aquí)
Noel Navas.

¿Sabías tú que el amor
es mucho más que una emoción?
¿Sabías tú que hay placer
aunque no sientas nada en tu ser?
¿La vida es mucho más que sentimientos? Dímelo.
¿Más emocionante que la emoción?

Coro:
/Dios, enséñame a vivir una vida de fe
no de sentimientos.
Que aunque sentir está bien
Lo que importa es en verdad creer
que tú estás adentro.
Tú estás aquí dentro,
tú estás aquí dentro/

¿Sabías tú que la verdad
es la verdad aunque no estés de acuerdo?
¿Sabías tú que perdonar
es decisión, no un sentimiento?
¿La vida es mucho más que emociones? Dímelo.
¿Que emociona al que no busca la emoción?
(1)

¿Por qué he compartido con usted todo esto y de paso, una canción? Bueno, porque me sirve de antesala para decirle que un compositor cristiano puede escribir canciones a partir de cualquier estado de ánimo en el que se encuentre. Algunos cristianos piensan que los únicos estados válidos para componer son la alegría, el regocijo y la celebración. Es decir, aparte del entusiasmo, no hay otro.

Pensar de ese modo no está bien. Ya que aparte de reflejar una mala compresión de la vida cristiana, no es realista. Como dije antes: una revisión superficial de la Biblia demostraría que los justos experimentan dolor, tristeza y sufrimiento. Es más, una lectura superficial de algunos Salmos derribaría esa manera de pensar.

Solo vea conmigo los siguientes dos casos:

El Salmo 3. El mejor compositor de todos los tiempos comienza su canción así: “¡Oh, Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí. Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios”. ¿Leyó bien? ¡Es una canción triste señores! Una canción que refleja el estado de ánimo de alguien atrapado, solitario y abandonado. Pero… ¿Finaliza allí el Salmo? No, inmediatamente dice: “Más tú Jehová eres escudo alrededor de mí; mi gloria y el que levanta mi cabeza”. Es decir, la experiencia triste del salmista, sí, fue triste, pero también de victoria. Él no se quedó apesadumbrado y abatido. No, él avanzó y escribió una canción de fe y esperanza.

Otro ejemplo.

El Salmo 73. Asaf, otro compositor de peso del libro de los Salmos escribió: “En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos…” Al parecer Asaf comenzó a comparar su estado económico con el de aquellos que no obedecían al Señor. ¿Conclusión? “¡A ellos les va mejor que a mí que soy obediente a Dios!”. Su canción sigue diciendo: “He aquí estos impíos, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas. Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón y lavado mis manos en inocencia”. Pero eso no fue todo, el estado anímico de Asaf empeoró al punto de decir: “Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas”. ¡Asaf estaba grave señores!

Sin embargo, este genial compositor que conocía la Palabra de Dios redireccionó su actitud y lo plasmó en la letra de su canción al decir: “Tan torpe era yo, que no entendía. Me tomaste de la mano derecha, me has guiado según tu consejo. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la Tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre”.

¿Lo ve? Un compositor puede escribir canciones a pesar de que su estado anímico se encuentre atormentado por la tristeza. Eso le pasó a David y a Asaf, eso me pasó a mí. Claro, en mucho menor medida que a ellos, pero igual me pasó.

Lo grandioso de componer a partir de la tristeza es que cuando otros escuchan su canción se identifican con ella. ¿Por qué? Porque todos en algún momento experimentamos tristezas. ¡Hasta los cristianos! Pero más allá de la identificación, que es una característica de las grandes canciones, una canción escrita a partir de la tristeza provee una perfecta oportunidad para brindar una reflexión de consuelo y de esperanza a quienes la escuchen.

Hace poco alguien me preguntó en la sesión final de preguntas y respuestas de uno de mis Talleres: “¿Es correcto escribir canciones partiendo de experiencias tristes?” Yo le dije que sí. Ella reformuló su pregunta y dijo: “Entonces, ¿cómo se hace para que quienes escuchen una canción de ese tipo no se sientan tristes?” Muy buena pregunta eh.

Le respondí varias cosas incluyendo los ejemplos de David en el Salmo 3 y de Asaf en el Salmo 73, pero principalmente me aseguré de explicarle que la forma en que una canción basada en una experiencia triste no cause tristeza es brindar consuelo y esperanza. Sí, esa es la palabra clave en todo esto. La canción cristiana en alguna de sus partes debe brindar una repuesta, una salida… Luz al final del túnel.

Esa es una de las grandes diferencias entre la música cristiana y la secular (si es que existe tal cosa), que la canción cristiana brinda consuelo y esperanza.

El Salmo 3 lo hace al decir: “Más tú Jehová eres mi escudo…”
El Salmo 73 al decir: “¿A quién tengo en los cielos sino a ti?…”
Y la mía al decir: “Tú estás conmigo, tú estás conmigo…”

 Noel Navas.

Notas:

(1) Todos los Derechos Reservados, El Salvador, Centroamérica.