Juan Bueno y yo

Juan Bueno y yo

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Su influencia en mi familia y en mi.

Era 1989 y llevaba varios meses de no asistir fielmente a la iglesia. La razón era muy simple, estaba en el grupo de escuela dominical de 10-14 años y la mayoría de quienes lo conformaban tenían 10 u 11, y yo, que tenía 14, me sentía demasiado mayor como para estar con ellos. Yo quería estar con los de 15-18 años. Como no me dejaban estar en el grupo de más edad me sentía muy frustrado.

El colmo llegó cuando en una celebración del Día del pastor el grupo de 10-14 años tendría una participación especial, pasaríamos al frente de la iglesia y con camisas blancas con letras grandes sobre el pecho diríamos: F-e-l-í-z D-í-a d-e-l P-a-s-t-o-r.

“¡No puede ser!” Pensé, “¡Yo no quiero hacer eso! Que lo hagan los niños, ¡yo no!” Por eso, para escabullirme del compromiso, me esforcé por no asistir a la iglesia durante varias semanas. Después de que logré esquivar el Día del pastor quedé con pocos deseos de asistir a la iglesia aunque mi mamá siempre nos presionaba a asistir.

Quizá fueron cuatro meses de desgano hasta que un día mi papá me dijo: “¿Por qué no me acompañas al Templo Cristiano? El hermano Juan Bueno me invitó a que conociera su iglesia el domingo”.

Esa fue la primera vez que escuché su nombre.

Hermano Juan Bueno concibió la idea del Liceo Cristiano en 1962. Eran más de las 9 de la noche cuando regresaba de predicar, se detuvo en uno de los pocos semáforos que había en San Salvador y vio a un niño vendiendo periódicos. “Ver niños pidiendo dinero o limpiando parabrisas…” cuenta él, “siempre me conmovió. Pero esa vez ver a un niño que a esa hora de la noche estuviera haciéndolo me conmovió más”. Hermano Juan le preguntó cuántos periódicos le quedaban y el niño contestó que tres. “¡Te los compro!” dijo hermano Juan. “¡No saben la cara de alegría que puso!”, relata, “Se fue corriendo entusiasmado de que había vendido ya todos los periódicos”.

Durante el resto del viaje hacia casa hermano Juan Bueno fue meditando en cómo unos pocos centavos cambiaron el día de ese niño, “sin embargo…” pensó, “mañana comenzará una nueva odisea con un nuevo bulto de periódicos que tendrá que vender. Si nadie hace algo por él así será el resto de su vida”.

El Templo Cristiano de las Asambleas de Dios es una Iglesia que fundó hermano Juan Bueno allá por 1986. Lo interesante del proyecto es que fue fundando en una de las zonas más exclusivas de San Salvador. Para que tenga una idea muchas embajadas están ubicadas allí y hasta donde recuerdo uno de los propósitos de la iglesia era alcanzar a los profesionales de la ciudad. Por eso, con ofrendas extranjeras y nacionales, en muy poco tiempo se erigió uno de los templos evangélicos más hermosos de El Salvador.

Cuando mi papá me invitó a acompañarlo a la iglesia del hermano Juan, a mí me gustaba una amiga del colegio. Yo sabía que ella era evangélica y ella sabía que yo también; sin embargo, yo ignoraba a qué iglesia asistía. El día que mi papá y yo fuimos al Templo Cristiano nos sentamos en los asientos de atrás del auditorio. En un momento del sermón eché un vistazo a mi lado derecho y ¡sorpresa! mi amiga, la que me gustaba, estaba allí. “¡Wow!” exclamé, “Parece ser que esta es la iglesia a la que el Señor me está llamando a asistir!”

Permanecí allí durante 11 años.

Hermano Juan Bueno continuó pensando en el niño de los periódicos mientras conducía hacia su casa. “¿Cómo podría ayudarle a quitarle esa carga?”, se preguntaba. “Un niño de esa edad no debería estar en la calle vendiendo periódicos, ¡mucho menos a estas horas de la noche!” A medida que meditaba otro pensamiento lo asaltó: “¿Pero qué puedo hacer si son muchos niños en la ciudad? ¡Ni comprándoles todos los periódicos ayudaría!”

El breve encuentro con ese niño fue el detonante que inició el Liceo Cristiano y de este modo comenzar a ayudar a la niñez del país a salir de la pobreza por medio de la educación. Comenzaron con apenas tres aulas, seis grados (tres en la mañana y tres en la tarde) y un total de 81 alumnos. Aunque algunos niños fueron hijos de hermanos de la iglesia, un buen porcentaje los recogieron de las calles.

Conocí a Roberto Bueno, hijo mayor del hermano Juan, allá por 1991 cuando vino a radicarse al país y se convirtió en pastor de jóvenes del Templo Cristiano. A los pocos meses de haber venido comenzamos una amistad que permanece hasta hoy. Con los años, aunque yo no fui su mano de derecha en el Ministerio Juvenil, a veces fungí como su mano izquierda.

Vivo agradecido por las oportunidades de servicio que me brindó en el Templo. Por eso, cuando allá por 1998 junto a Cilinia (su esposa) tuvieron que moverse de iglesia y de paso, hacer un viaje de un año a EE.UU., les obsequié una canción que recién había compuesto: “Un amigo”. Ellos fueron los primeros a quienes se las mostré y dediqué. Yo sabía lo que su amistad significaba para mí y que no los volvería a ver sino hasta mucho tiempo después.

En sus inicios, el Liceo Cristiano no tuvo ayuda financiera del extranjero. Cobraban por alumno lo que hoy serían 60 centavos de dólar al mes. Aun así hermano Juan cuenta que no siempre les alcanzaba para pagar el sueldo de los profesores. “A veces Dios nos proveía de un modo y a veces de otro, ¡pero siempre proveía!”

Él tenía tres convicciones que repetía a los profesores cuando se reunían. Primero: “Si el ministerio es de Dios, él provee los recursos”. Segundo: “Debemos ser buenos administradores de los recursos que nos da Dios”. Y tercero: “La gloria siempre debe ser para Dios”. 

Conocí a Ronaldo y a David Bueno, el tercero y cuarto hijo del hermano Juan, a través de Roberto. El segundo, Steve, nunca he tenido el placer de conocerlo. Sin embargo, la última vez que Ronaldo y yo conversamos fue en enero de 2013 durante la boda de nuestro amigo Alfredo Maravilla. Nos sentamos juntos durante toda la ceremonia y en un momento salió el tema del retiro del hermano Juan Bueno y el rumor de que regresaría a vivir sus últimos años a El Salvador.

Ronaldo no me lo confirmó, pero me dijo que una de las aficiones favoritas de su papá y que sabe que al retirarse le encantará realizar, es dedicar parte de su tiempo a aconsejar a pastores que requieran de su ayuda. Me dijo que cuando viene al país siempre atiende a líderes que solicitan una consejería personal.

A eso se llama ser: “pastor de pastores”.

A pesar de los humildes comienzos del Liceo Cristiano y de las tormentas que toda institución pueda atravesar, el 16 de julio pasado celebraron en el Estadio Mágico González 50 años de fundación. Hoy cuentan con 37 colegios en todo el país y más de 16 mil estudiantes como parte del alumnado. Se calcula que a la fecha casi un millón de niños y jóvenes han pasado por las aulas del Liceo Cristiano durante sus 50 años de existencia.

En 2004 el hermano Juan Bueno y su esposa Loida fueron reconocidos por la Asamblea Legislativa como “Nobles Amigos de El Salvador” por su gran aporte a la niñez salvadoreña.

En 2010 participé de CIECAD, un congreso para educadores que celebra las Asambleas de Dios. Resulta que como un proyecto a “muy lento paso” estoy buscando entrevistar a pastores que conocieron a mi abuelo Juan Benavides y así conocer más sobre su ministerio. Por eso, durante el CIECAD abordé al hermano Juan Bueno y le solicité unos minutos para entrevistarlo. Entre varias cosas me dijo:

“Juan Benavides fue una de las personas que más admiré en mi tiempo aquí en El Salvador, especialmente en mis primeros años. Él no solo fue un gran hombre de Dios, sino también un amigo. A finales de 1961, cuando yo recién había venido, hice un viaje a Guatemala con él y tuve la oportunidad de entablar una amistad muy especial. Siempre fue un instrumento pacificador. Él removía barreras, no las levantaba. No solo fui amigo de él sino también de algunos de sus hijos. Por ejemplo, de Loida, tu mamá, que fue secretaria en el Liceo Cristiano Central, y de tu papá, Víctor, que por un tiempo fue director del colegio”.

Mis papás se conocieron en el Liceo Cristiano. Hermano Juan Bueno los casó.

Por eso, cuando el comité organizador de los “50 Años” de fundación del Liceo Cristiano me pidió componer, además de la canción lema, una canción especial para el hermano Juan, sin dudarlo me ofrecí para colaborarles. Es mi forma de retribuirle a la familia Bueno lo mucho que directa e indirectamente hicieron por mi familia y por mi.

«Gracias a Dios por ti»
Letra y música: Noel Navas

Intérprete: Pablo Rosales.

Los comienzos humildes de esta visión
sucedieron en San Salvador
Hubo un hombre que tuvo en su corazón
educar a esta generación

Un colegio, luego dos
y así más y más
hasta lo que vemos hoy

Coro:
/Gracias, gracias a Dios por ti
por amarnos y darnos de ti
Gracias, gracias por ser así
hoy sabemos que Dios te inspiró
y por eso aquí estamos hoy/

Ahora vemos en todo El Salvador
a lo largo y ancho de la nación
Que esos niños sedientos de formación
ahora tienen familia y profesión

La Palabra se sembró
y hasta tienen un futuro en Dios

Puente:
El camino nunca es fácil
para quien busca cosechar
y tú has sido un sembrador ágil
nos legaste más que educación
conocimos la Salvación

Noel Navas.

5 Comentarios

  1. Los mejores momentos son los que dedicamos al servicio de nuestro Dios adelante Dios nos respalda siempre…

  2. Orlando Vásquez

    woow sin duda encierra todo lo que Hno. Juan Bueno hizo por nosotros excelente letra y música…soy fruto de un liceo y de los cambios que hizo en mi vida esa semilla se sembró….saludos Noel

  3. Maria Teresa Peñate Trejo

    Que bendicion,… engrandecido la honra de nuestro Dios.

  4. Que Dios les bendiga grandemente y en especial a nuestros hermanos Juan Bueno y Loida de Bueno y su hijos ejemplares que han sido de mucha bendicion para esta nacion y para muchas familias, ¡¡¡¡a Dios sea la Gloria!!!!

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