Mi última canción de amor (Primera parte)

Mi última canción de amor (Primera parte)

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Noel B/N“Lo sé”, de Noel Navas.

La conocí en la oficina del ministerio de mi amigo Al. Era la recepcionista que siempre me atendía cuando llegaba. Su amabilidad y dulzura me llamaron la atención, por lo que un lunes de Enero le dije a Al:  

¡Necesito confesarte un pecado!
¡Ops! ¿Y eso?–Me dijo un poco tenso.
Fijáte que me agrada mucho fulana, ¿será que la puedo conocer? Después de soltar una carcajada me dio excelentes referencias de ella:

Es una buena cristiana, amable y respetuosa. Adelante… ¡Conocéla!

Una semana después estaba conectado al Internet y en medio del sonido característico del Messenger me encontré conversando con mi amigo Ed. Entre plática y plática le pregunté:

¡Hey vos! ¿Qué  tal de chavas?

No me dijo mayor cosa y me devolvió la pregunta:

¿Y vos qué ondas?
Bueno, fijáte que me llama la atención la recepcionista de la oficina de Al, pero francamente no sé cómo abordarla.
¡Ah! ¡Yo soy experto en eso! Seguí mi consejo… ¡Regalále flores!
¡Queeé!–Me alarmé.
¡Sí!–Continuó–No le des rosas, las rosas las puede malinterpretar. Pero sí, regalále flores y vas a ver cómo eso te abre la puerta para conocerla.
Vos, pero llevo años sin regalar flores.
¿Querés conocerla?
Sí, claro.
¡Entonces hacélo! Te lo dice un experto. ¡A todas las mujeres le gustan las flores!

Después de esa conversación y de vencer mi nerviosismo decidí seguir el consejo de “El experto”, digo: de mi amigo Ed. El miércoles visité una floristería, ordené unas flores y dí la dirección a dónde enviarlas. “Con mucha admiración y respeto…” Escribí, “¡Me gustaría que fuéramos amigos!” puse en la tarjetita.

Las entregaron el jueves.

El viernes llamé a la oficina de Al y como era de esperar ella contestó el teléfono.

¡Hola!–Le dije–¿Te entregaron mi pequeño presente?
Sí, gracias. ¡Me alegraron el día!

Le expresé mi deseo de ser amigos y de tal vez más adelante invitarla a salir. En ese momento se me ocurrió preguntarle:

¿Y con quién vives?
Con mi mamá, mis hermanos y… Mi hija–Respondió.

Francamente no me sorprendí. Al contrario, me pareció sumamente honesto de su parte que me lo dijera. Después de despedirnos y de colgar el teléfono una pregunta asaltó mi mente:

¿Seré yo la provisión de Dios para una mamá soltera?

El lunes siguiente tenía que reunirme con Al. Llegué a la oficina y no estaba ella. Casualmente se había levantado de su escritorio, así que cuando entré Al me dijo:

¡Noel! ¡Noel! ¡Tengo que hablar con vos! ¡Hay algo que tenés que saber de fulana!
Que tiene una niña… ¿Verdad?
¡Sí! ¿Cómo sabés?
Ella me lo dijo el viernes.
Francamente no lo sabía–Dijo Al en tono de disculpa–Cuando le conté a mi novia que vos la querías conocer, me dijo: Pero, ¿sabe Noel que ella tiene una niña?

Al continuó:

¡Noel! ¡En serio no lo sabía! Si lo hubiera sabido te lo hubiera dicho cuando me dijiste que querías conocerla. ¡Saberlo me cayó como balde de agua fría!
A mi no–Contesté–Pero me salpicaron algunas gotas.

A pesar de la revelación ella me seguía agradando. Sostuvimos un par de conversaciones por teléfono antes de salir por primera vez. Me gustó su inteligencia, su forma de conversar y la dulzura de su carácter.

En el mes de Febrero la invité a cenar a un restaurante de comida asiática. Comimos y conversamos, conversamos y comimos. Algo que yo siempre he buscado en una mujer es: Conexión. Sí, una mujer puede ser bellísima y poseer un carácter dulce, pero si yo no encuentro conexión no sigo adelante. ¿Qué creen? Sentí una conexión muy especial.

Por motivos largos de comentar ella tuvo que viajar a EE.UU. por 5 meses y aunque ella y yo sostuvimos algunas conversaciones por el Messenger durante ese tiempo, puse la amistad en el tintero.

Ella volvió a El Salvador en el mes de Agosto. A inicios de Septiembre mi mamá me dijo:

¡Oye! ¿Y no le piensas llamar a tu amiga ?
La verdad no. No he pensado hacerlo–Contesté.

Un par de días después lo estaba haciendo.

Una vez más, mientras conversábamos, sentí esa conexión que percibí esa primera vez que cenamos en Febrero. Ella me confesó que también sentía lo mismo y la invité a que reanudáramos nuestra amistad y volviéramos a salir. Lo hicimos.

Desde entonces salíamos una vez por semana, sostuvimos conversaciones telefónicas prolongadas y de ese modo conocimos nuestras respectivas historias. La pasábamos de maravilla.

Al llegar Noviembre y a causa de su último viaje de 5 meses ella no lograba conseguir empleo. Eso la preocupaba mucho. Incluso le ayudé a hacer un currículum para presentarlo en varios lugares y nada.

Como existía la posibilidad de que volviera a irse a EE.UU. pues en Diciembre se me ocurrió invitarla a trabajar conmigo y unírseme al proyecto de la pequeña empresa que tengo. Acordamos un salario y para empezar trabajaríamos juntos desde Enero hasta Junio del siguiente año. Es decir, 6 meses para comenzar.

Francamente yo tenía tres propósitos al involucrarla:

Uno: que ella tuviera una fuente de ingresos que en ese entonces no tenía. Eso le ayudaría sufragar sus gastos y ahorrarse el estrés desgastante de no tener empleo.

Dos: evitar que se fuera a EE.UU. y dejar a su preciosa hija. Siempre he creído que los padres deben estar con sus hijos y por ningún motivo separarse. Me partía el corazón pensar que su hija estuviera sin su mamá.

Y tres: ¡Tener más tiempo para conocerla!

Sinceramente ella había ganado mi corazón, su belleza, su forma de ser y la conexión que sentía me impulsaron a invitarla a participar del proyecto.

Trabajamos desde Enero hasta Junio. Como era de esperar: ¡una excelente asistente! Inteligente, con iniciativa y muy servicial. La ventaja de trabajar conmigo era que ella podía hacerlo desde su casa. Por eso, además de conversaciones laborales, hablábamos por teléfono algunas noches y disfrutábamos salir una vez por semana.

Me estaba enamorando. Mi amor no solo crecía por ella, sino también por su hija. La cual comenzó a incorporarse a nuestras salidas. ¡La pasábamos genial! Hasta el día de hoy no sé cómo fue que mi corazón se expandió tanto. A veces creo que fue un milagro. Jamás en mis planes como soltero me imaginé salir con una mamá soltera. Nunca. Algunos amigos se sorprendían de que lo hiciera; sin embargo, yo estaba feliz. Mi corazón se estaba expandiendo y experimentado un amor… Un amor… Mmm… ¿Qué palabra uso? Un amor «agape». Sí, ese amor puro y verdadero que habla la Biblia. Un amor que busca dar en lugar de recibir, el bienestar de la otra persona en lugar del propio.

Por el mes de Abril yo ya tenía la certeza de que la amaba. Ella lo percibió. Incluso en una conversación telefónica le recordé algo que ella me había dicho unas semanas antes:

¿Recuerdas lo que me contaste que te dijo tu mamá?
¿Qué cosa?–Dijo ella.
Tú me dijiste que tu mamá te ha dicho en un par de ocasiones: “Hija, dése una oportunidad de conocer a un buen hombre. Un hombre que va a amarla a usted y a su hija”.
Sí, es cierto–Respondió.
¿Te puedo hacer una pregunta directa?–Le dije.
Sí, claro.
¿Te estás dando la oportunidad de conocerme? Sinceramente disfruto mucho los tiempos que pasamos juntos y claro, te veo como una amiga, pero quiero que sepas que mi intención al ser amigos es conocerte más, descubrirte y quién sabe, a lo mejor después de nuestro período de trabajar juntos podríamos hablar sobre algo más.
Sí, la verdad me estoy dando la oportunidad de conocerte–Respondió.

Sentí un gran alivio. Sabía que estaba siguiendo el camino correcto y eso me emocionaba mucho.

Aunque trabajábamos juntos, conversábamos mucho y salíamos frecuentemente, jamás me aproveché de mi posición como “jefe” (entre comillas) de ella. Sostuvimos una relación muy sana y muy respetuosa. Pero en mi corazón yo ya estaba convencido que al terminar nuestro período de trabajo quería conversar sobre el tema de ser novios.

El tiempo se cumplió, el período de trabajo acordado terminó y era hora de prepararme para preguntarle si quería ir a una etapa más allá de la amistad. Eran mediados de Julio y yo ya había decidido qué día declarármele: Martes.

La verdad pensaba hacerlo de la forma tradicional: Invitarla a salir, conversar y… ¡Pum!… Disparar. Pero dos días antes, el domingo, algo especial pasó: Apareció una canción. Sí, mientras caminaba por un centro comercial un par de melodías asaltaron mi mente. “Wow”, dije dentro de mí, “¡Esto se oye genial!” En cuestión de 30 minutos ya tenía las estructuras melódicas básicas y parte de la letra. Las grabé en mi celular y me fui derechito a mi casa a terminar la canción. “¡Eureka!” Pensé, “¡Le pediré que sea mi novia con esta canción”.

Ese mismo domingo en la noche hablé con mi amigo Fred y le pedí que de emergencia me ayudara a hacer la pista musical. Me dijo que sí, me hizo un precio especial y a las 8:00 de la mañana del lunes me entregó la maqueta de la canción. Como a las 4:00 p.m. fui a un estudio de grabación a montar mi voz y a eso de las 9:00 de la noche tuve que volver a donde Fred a ajustar unos detalles. A las 12:00 de la media noche yo ya estaba en casa y con todo listo: La canción en Cd, un pergamino con la letra amarradito con un listón rojo y un Cd player para que en el momento que le pidiera ser mi novia oyera la canción en el instante.

El martes por la mañana salimos a comer, desayunamos juntos, me contó algunos problemas que estaba atravesando la familia y titubeé en declarármele. Cuando la conversación cambió de tono, pensé: “¡Este es el momento!” Estaba nerviosísimo. Pero abrí mi corazón y le pedí que fuera mi novia con la siguiente canción:

“Lo sé” 
Noel Navas.

Lo sé, que las cosas pueden ir bien
que las cosas pueden ir mal, lo sé.

Lo sé, que las cosas pueden cambiar
si decides arriesgar, si decides… 

Amarme, es la decisión.
Amarme, así como yo te amo hoy.
Sé que puedes amarme.

Lo sé, que lo nuestro puede tener
un final espectacular, con fe.

Lo sé, las cosas pueden resultar,
si aprendemos a no desmayar,
si me escuchas bien…

Sólo debes de darme la oportunidad
de poder demostrarte que puedes…

Amarme, es la decisión.
Amarme, así como yo te amo hoy.
Sé que puedes…

/Amarme, es la decisión.
Amarme, como sabes que te amo yo.
Amarme, con tu corazón.
Amarme, como sabes que te amo yo/

La escuchó frente a mí, sonreía mientras la oía. Ella estaba muy contenta por lo que yo había hecho y me dijo: “¡Gracias por la canción! ¡Nadie nunca había hecho esto por mi! Pero necesito que me des tiempo para pensarlo”.

Continúa…

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