logo-comunidad-cristianaIglesia Comunidad Cristiana de Santa Ana.

El sábado 26 de abril pasado participé del congreso: “Unidos en adoración”, gracias a la invitación de mi amigo Alfredo Maravilla y la Extensión Santa Ana del Instituto Canzion El Salvador. El congreso se llevó a cabo en la iglesia Comunidad Cristiana del Reino de Dios que los Hnos. Mauro y Reina Ayala pastorean. El evento contó con la participación de 60 personas aproximadamente, quienes disfrutaron de tres conferencias durante la mañana y un taller de composición y clínicas musicales por la tarde.

Mi participación fue a la 1:30 p.m., con un taller de composición que titulé: La Aventura de Componer. “¿Por qué lo habré llamado así… eh? Jeje”. Como era de esperar, dediqué los minutos introductorios a promover el blog e invitar a los participantes a visitar, suscribírse y dejar sus comentarios en el mismo. Desarrollé el tema, propicié un tiempo de preguntas y respuestas, finalicé y entregué el micrófono al director del programa.

Después de finalizado el taller y mientras guardaba mi computadora portátil, se acercó Hna. Reina de Ayala, esposa del pastor de la iglesia, y me habló de una experiencia de composición que tuvieron junto con el equipo de alabanza. Experiencia que me gustaría compartir con usted.

Resulta que un sábado de mediados de marzo el grupo de alabanza de Comunidad Cristiana de Santa Ana se reunió a las 4:00 p.m. para desarrollar su ensayo semanal previo a la celebración del domingo. A los 10 minutos de haber comenzado a orar, Hna. Reina sintió el impulso del Espíritu que le dijo: “¡Este es el momento! ¡Hoy van a escribir una canción nueva!” Ella cuenta que eso la tomó por sorpresa, pues aunque ya habían recibido diversas palabras proféticas de que en medio de ellos habían personas con “corazón de David” y que sus alabanzas se oirían en las naciones, no imaginó que ese día y en ese ensayo el Señor les pediría incursionar en la composición. ¡Cosa que nunca antes habían hecho! Hna. Reina oró: “Bueno, Señor… ¡Si esto es tuyo vamos a hacerlo!” Y efectivamente, ella, como comandante de tropa, dio directrices a todo el equipo reunido para que se dispersaran sobre la tarima y les pidió que tomaran papel y lápiz para comenzar a componer.

A medida que todos se ubicaban, ella dio instrucciones a Mauricio, el guitarrista, para que escogiera acordes musicales sobre los cuales componer ya que él sería parte vital en la composición del canto que el Señor quería que escribieran. Luego, mientras él tocaba, los demás se dedicaron a escribir ideas y pensamientos que sentían de Dios en ese momento. Ideas que posteriormente se convertirían en la letra de la canción.

Unos cuarenta minutos después de haber comenzado, cada quien comenzó a cantar, delante de todos, sus propias letras intentando acoplarse a lo que tocaba Mauricio en la guitarra. Algunos lo hicieron con timidez pues no sabían cómo iba a resultar aquello. Al hacerlo notaron que había letras que sí y letras que no se acoplaban a la música. Por lo tanto, decidieron escoger las partes de las letras que sí concordaban hasta definir aquellas que incluirían en la canción. Es decir, en la estrofa, coro y puente.

Después de transcurrido más de la mitad del tiempo que les ocupa su ensayo lograron escribir la letra final, le pusieron los acordes, fueron a la oficina de la iglesia e imprimieron la canción para comenzar a ensayarla. Todo mundo estaba tan emocionado que no querían terminar de trabajar. Además, para que nos se les olvidaran las partes de la canción grabaron en sus celulares las melodías que estaban cantando.

Al final del ensayo todos estaban tan emocionados que comenzaron a aplaudir al Señor en agradecimiento. Sobre todo por haber vencido las barreras del “nunca lo hemos hecho” y del “eso no se puede”. Todos aplaudían con entusiasmo. Después de dos horas de trabajo estallaron en expresiones de gozo producto de haber culminado su primera composición como grupo de alabanza. En palabras de Hna. Reina: “¡Toda la experiencia fue una verdadera aventura!”

El episodio que le acabo de relatar sucedió a mediados del mes de marzo, por lo que el equipo de alabanza decidió estrenar la canción el día del aniversario de la iglesia. Es decir, el 20 de Abril pasado. Una semana antes del congreso: “Unidos en adoración” organizado por Canzion.

Hna. Reina cuenta que luego de un breve protocolo de presentación cantaron la canción “Al Rey exáltale” ante la congregación. Cuando terminaron de cantarla no se imaginaron la reacción de la gente exclamando en voz alta: “¡Otra vez! ¡Otra vez!” Al oír eso Hna. Reina se conmovió. La verdad es que nunca pensaron que la congregación iba a decir eso. Así que con entusiasmo volvieron a cantarla.

Hna. Reina cuenta que luego de terminar la celebración y mientras se retiraban oyeron a varios niños cantar el coro de la canción en los atrios de la iglesia y además, los miembros del equipo de alabanza han quedado tan motivados por esta experiencia que se han acercado a ella para mostrarle ideas de canciones que han estado trabajando después de esa primera vez que escribieron.

¿Por qué he compartido con usted esta experiencia inusual? Porque creo que tiene importantes lecciones para cada uno de nosotros:

En primer lugar: me llama la atención la forma en que el Espíritu Santo impulsó a este equipo de músicos y cantantes a componer. Esta experiencia confirma lo que la Escritura nos enseña cuando dice: “Canten canciones nuevas” (véase Salmos 33:3, 96:2, 98:1 y 149:1) Es decir, su mandamiento sigue vigente. Dios aún está interesado en que escribamos canciones propias e inéditas para él.

Segundo: me impresiona imaginar a este equipo de músicos y cantantes distribuirse sobre la tarima de la iglesia y utilizarla como escritorio para componer. Ellos comenzaron a escribir lo que sentían que serían las letras y las notas apropiadas para la canción que el Señor los impulsaba a hacer. Cuando comenzaron a mostrar sus propuestas ante todos, a pesar de la timidez, nadie se burló el uno del otro ni menospreciaron las aportaciones que cada quien estaba haciendo. ¡Eso es verdadero trabajo en equipo!

Y por último: me impresiona saber que este equipo de cantantes y músicos, que nunca antes habían escrito una canción, tomaron valor suficiente, no sólo para animarse a escribir, sino también para cantarla ante la congregación reunida. A eso se le llama: ¡Valor! Eso es creer en sus propias canciones y decidir bendecir a otros con las cosas frescas que Dios les está inspirando a escribir.

Pienso que si el equipo de alabanza de Comunidad Cristiana lo pudo hacer, cualquier otro equipo también puede. Pienso que si los equipos de alabanza de nuestras congregaciones apartaran un ensayo al mes para practicar un tipo de ejercicio de composición similar, sucederían cosas impresionantes. ¿Qué tal si se anima a hacerlo? ¿Qué tal si motiva a sus cantantes y músicos a imitar el ejemplo de esta iglesia?

Por mi parte, ya oí la canción del equipo de alabanza de Comunidad Cristiana. Y déjeme decirle que está… ¡Buenísima! Digna de ser grabada en un disco y ser cantada en las congregaciones.

PREGUNTA PARA LOS LECTORES DEL BLOG: ¿Qué opinión le merece la experiencia que relaté en esta oportunidad? ¿Cree que es realista pensar que un grupo de alabanza puede practicar este tipo de ejercicio de composición por lo menos una vez cada dos meses?

Noel Navas.