Una buena letra (Tercera parte)

Una buena letra (Tercera parte)

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¿Qué características tiene una buena letra?

Continuando con esta serie donde estoy compartiendo aquellos elementos que considero indispensables para calificar una letra cristiana como buena, en esta oportunidad planteo la característica número tres. Ya vimos que para que una letra sea buena debe Ser moralmente buena y además Poseer un mensaje suficientemente claro. Ahora hablaremos de la profundidad.

3. Una buena letra dice mucho con poco.

Un buen compositor es hábil en la síntesis. Sin síntesis las letras de las canciones no se diferenciarían de cualquier otro escrito. La síntesis hace de la poesía (las canciones son poesías cantadas) diferenciarse de otros tipos de escritura.

La síntesis es al compositor lo que el cincel es al escultor. La síntesis permite depurar esas partes que impiden vislumbrar la belleza escondida en la roca y que un escultor sabe quitar con su herramienta. Una vez le preguntaron a un escultor: “¿Oye? ¿Cómo fue que esculpiste un León en la piedra?” A lo que él respondió: “La verdad es que el León siempre estuvo allí, yo solo quité lo que no lo dejaba ver”.

El compositor, como escultor del lenguaje, sabe qué quitar y qué no quitar para que emerja una obra de arte.

Como usted sabe la letra de una canción se conforma de versos. El objetivo final de la síntesis literaria en una canción, es producir versos. ¿Qué son los versos? Cada uno de los rengloncitos que conforman las partes de una canción, es decir: la estrofa, el pre-coro, el coro o el puente. En este sentido, un buen compositor escoge los mejores versos que su creatividad le permite para que ello resulte en buenas estrofas, buenos pre-coros, buenos coros o buenos puentes. Y si todas estas partes son buenas, ¡toda la letra será buena!

El problema de muchas canciones es que contienen versos que no dicen nada y si dicen algo, por lo general son débiles y sin fuerza. ¿A qué me estoy refiriendo? A que una buena letra tiene versos sólidos, sugerentes y poderosos. Hace un tiempo estuve leyendo un libro sobre cómo escribir poesía y entre algunos consejos que rescaté estaba este: “Si su estrofa tiene cuatro versos y solo uno de ellos tiene energía, ¡deshágase de esos tres y quédese con ese único que tiene energía!”

Hay dos series que publiqué en La Aventura de Componer basadas en canciones seculares. La primera es: Escribir una canción, canción escrita por Ricardo Arjona y que habla del proceso de composición. Cuando la escuché por primera vez dije para mí: “¡Wow! ¡Una canción que explica cómo se escribe una canción! ¡Increíble!” Hice una exégesis de cada uno de sus versos y compartí lo que ellos me hablaban personalmente a mí. De ese ejercicio surgieron seis artículos basados en la letra.

La otra canción a la que le hice una exégesis fue La música no se toca de Alejandro Sanz. La canción es un homenaje a la música y describe lo grandiosa que es. Tan sublime que le pide a Dios que la guarde en su inmensidad. ¿Por qué? Porque la música no se toca ni se manosea, se respeta y se tiene en alto honor.

¿Por qué le menciono estos ejemplos? Porque en mi opinión estas canciones dicen mucho con poco. Los autores usaron de síntesis y comprimieron tal profundidad en sus versos que provocó en mi describir todo cuanto me sugerían sin importar que originalmente significaran otra cosa para ellos.

¿Y qué de nuestras canciones? Si alguien decidiera sentarse a hacerles una exégesis a nuestros versos, como yo hice con estas dos, ¿tendrían algo que destilar de ellas? ¿Tendría qué decir por lo ricos y nutritivos que son? ¿Qué aporte les daría a las mentes ávidas de versos sustanciosos?

Un problema que muy común en las letras cristianas son los clichés. A mi manera de ver una letra con versos gastados no puede considerarse una buena letra sin importar que la melodía sea emocionante y la intención del compositor sea honorable. Versos como: “No puedo vivir sin ti”, “Eres todo para mí” o “Llenaste el vacío de mi corazón”, por poner estos ejemplos, están tan gastados en la música cristiana que sinceramente no entiendo por qué se siguen publicando canciones con letras así.

Es más, voy a decir algo que a algunos podría ofender, pero versos como “Tú eres santo”, “Tú eres digno” o “Tú eres grande”, que hasta son expresiones bíblicas, se han repetido hasta el hartazgo en las canciones evangélicas que por su uso desproporcionado podrían considerarse actualmente como clichés. ¿Por qué? Porque nuestros compositores no han tenido la creatividad de parafrasear dichas expresiones y convertirlas a un lenguaje que transmita el mismo mensaje pero con otras palabras. ¿Qué tal si en vez de “Tú eres santo” una canción dijera: “Eres más puro que las estrellas”? ¿Qué tal si en vez de “Tú eres digno” dijera: “Nadie merece adoración más que tú”? ¿O en lugar de decir: “Tú eres grande” dijera: “Tu sobrepasas el universo”?

Por favor, no me malentienda, respeto a quienes utilizan estas expresiones, ¡a veces hasta yo las uso! Sin embargo, ¿no será que nos hemos acomodado a “cortar” lo de otras canciones y “pegar” en las nuestras para que suenen espirituales? ¿No será que preferimos “copiar” lo que otros están diciendo y de este modo sonar parecidos a ellos en lugar de esforzarnos mentalmente para encontrar nuestra propia voz?

Ese es nuestro problema, muchos compositores somos un eco, no una voz.

Si los clichés han permeado las letras cristianas, el lenguaje metafórico brilla por su ausencia. Las metáforas, las figuras y las imágenes literarias parecen haber desaparecido de las canciones de adoración congregacional contemporáneas, aunque no necesariamente de las de solistas. Por eso me sorprendió la vez que escuché la canción “Above all”, de Paul Baloche, que en español titularon: “Por amor” y que interpreta Aline Barros. La letra no es amplia, es corta, pero su coro dice:

Como flor que alguien pisote
quedaste tú y fue por mí, por amor.

«¡Wow!…» pensé, «¡por fin una metáfora en una canción de adoración!»

Cuando uno canta esa canción e imagina al Señor Jesucristo sangrante en la cruz y de inmediato la analogía de la flor siendo pisoteada, uno no puede más que sorprenderse. La expresión es poderosa, muy pero muy gráfica y con la energía suficiente para impactar la mente. Es decir, dice mucho con poco.

El lenguaje figurado en las canciones le da profundidad a las letras.

En la serie: Siete grandes características de los Salmos dije con relación al Salmo uno:

«La metáfora del árbol plantado, fuerte, verde y fructífero, que representa a los justos, implícitamente nos habla también de un árbol débil, seco y cuyas hojas se las lleva el viento, el cual representa a los malos.

¿Podría imaginar conmigo la primera vez que se estrenó el Salmo uno? ¿Podría percibir el impacto que la imagen del frondoso árbol produjo en quienes la escucharon? Seguramente al oír esta canción las mentes de los hijos de Israel brillaron ante tal pintura interior. La fuerza de la canción y lo gráfico de ambos estilos de vidas pudo haberlos conmovido al punto de desear vivir una vida recta apegada a la ley de Dios. Definitivamente querían ser un árbol saludable y no uno desvigorizando a causa de su alejamiento de la Escritura.

Las figuras, imágenes y símbolos en una canción dejan una impresión más duradera en las mentes que si no las tuviera».

Aunque no es obligación que una letra contenga metáforas, en mi opinión, las letras que las usan tienen más probabilidades de ser consideradas buenas que aquellas que no.

Continúa…

1 Comentario

  1. Buen tema Noel, creo que hoy día se ve poca creatividad en las canciones, y hay algunas que parece que se escribieran solo para llenar un disco. Ojalá y todas las canciones que escribiéramos los cristianos tengan como único propósito glorificar a Dios.
    Estamos esperando los otros consejos.
    Dios te bendiga.

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