Verdadero adorador vrs. Falso adorador (Cuarta parte)

Verdadero adorador vrs. Falso adorador (Cuarta parte)


Los sabios del oriente vrs. el rey Herodes.

A esta altura hemos visto tres características de un verdadero adorador basado en el ejemplo de los sabios del oriente. Hoy hablaré de la cuarta:

4. Un verdadero adorador es generoso.

Los sabios del oriente no viajaron desde tan lejos solo para hacer un acto de adoración y ya, ellos acompañaron su adoración con presentes. Todos conocemos el relato de Mateo cuando dice:

Y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres
y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra.
Mateo 2:11.

La Biblia Arqueológica afirma: “Los regalos de los sabios (oro, incienso y mirra), eran los artículos más valiosos transportables y comerciales de la época, ideales para el sustento económico de María y José en otro país (v. 14)”.

Como ya vimos, los sabios viajaron desde muy lejos con sus animales de transporte y probablemente hasta con sirvientes, pero no parece lógico pensar que el oro, el incienso y la mirra los trajeran en cofrecitos chiquitos. Con esto no estoy diciendo que abrieron ante José y María cofres gigantescos que solo se podían cargar entre dos personas. No, pero no estaría fuera de lugar pensar que los cofres eran de una forma y tamaño que reflejaran abundancia y generosidad.

En este sentido, más allá de lo que simbólicamente represente cada obsequio, las ofrendas de estos hombres nos hablan de que los adoradores son generosos y que siempre tienen algo que ofrecer. En el caso de la familia de Jesús, algunos estudiosos afirman que dichos presentes fueron providenciales ya que según nos cuenta el relato de Mateo ellos estaban a punto de experimentar persecución y obligatoriamente tendrían que abandonar el país para sobrevivir.

¿Recuerdas que al final de este relato Dios le habló en sueños a José para que huyera con María y el niño a Egipto? Esto significa que la ofrenda de los sabios del oriente fue verdaderamente providencial. Es decir, la ayuda llegó a tiempo.

¿Alguna vez has tenido una necesidad y providencialmente ha aparecido alguien que te ha dado algo para suplirla? Puede haber sido dinero, ropa o hasta sus manos y tiempo para ayudar. Los sabios del oriente no solo dieron oro, también dieron incienso y mirra, es decir, la generosidad no solo tiene que ver con dinero. Uno puede dar cualquier cosa, pero sobre todo cuando uno da debe darlo pensando en que se está dando al Señor, no solo a las personas.

Hubo un hombre que mientras se dirigía hacia su casa encontró en la calle a un pordiosero que tenía mucho frío. El hombre se quitó el abrigo, cubrió al pordiosero que se congelaba y se despidió. Al llegar a su casa se puso su ropa de dormir y se durmió. Esa noche tuvo un sueño. En este vio a Jesús sentado en su trono a la diestra del Padre y encima suyo, arropándolo, llevaba puesto el abrigo que había regalado esa noche al hombre de la calle.

Cuando damos, sea a quien sea que lo demos, lo damos al Señor. ¿No dijo él: “les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aún por el más pequeño, lo hicieron por mí” (Mateo 25:40)?

Recuerdo que hace algunos años un amigo cantante recibió la petición de una amiga que necesitaba dinero para sufragar algunos gastos. Ella había incurrido en algunas deudas y estaba sin trabajo. Ella se lo pidió en modo de préstamo y hasta le ofreció algunas cosas como garantía de pago; sin embargo, él sintió tal compasión cuando la escuchó que comenzó a considerar no prestárselo, sino ofrendárselo.

Aun así, una lucha interior comenzó a gestarse de si era correcto o no ayudar a su amiga de ese modo y no de otra forma. Un par de días después seguía meditando en el tema y me cuenta que de repente, mientras reflexionaba, una Escritura asaltó su mente: “Al Señor presta el que da al pobre…” (Proverbios 19:17). Mi amigo dice que en ese momento el Espíritu Santo le preguntó: “¿Es ella pobre?” En se instante recordó el concepto de pobreza que recientemente había aprendido del libro “Padre rico, padre pobre” de Robert Kiyosaki. Según el autor la pobreza se mide “el dinero en el tiempo”. No solo en dinero.

Por ejemplo, si tuvieras tres mil dólares ahorrados y tu presupuesto mensual fuera de quinientos dólares, si hoy dejaras de trabajar, ¿cuánto tiempo te duraría ese ahorro? R/ Seis meses. ¿Verdad? En ese sentido, serías rico solo seis meses. Después ya no. Los ricos son ricos porque podrían dejar de trabajar hoy mismo hasta el día de su muerte y nunca padecerían necesidad porque tienen tanto dinero en el banco o en propiedades que les duraría toda la vida y probablemente sus hijos y sus nietos tampoco necesitarían trabajar jamás porque poseen tal fortuna que dicha riqueza duraría en el tiempo una o dos generaciones después de ellos haber fallecido.

Cuando mi amigo estaba meditando en ayudar o no a su amiga, sintió que el Señor le dijo: “¿Es ella pobre?” “¡Por supuesto!” respondió él. “¡Entonces ayúdale! Porque al Señor presta el que da al pobre y ella es pobre”.

Al siguiente día ella lo acompañó a sacar el dinero y juntos fueron a pagar todas las cosas que necesitaban ser pagadas. Ella fue el recipiente de la generosidad de un adorador que se había dispuesto a dar.

Un verdadero adorador es generoso, aprende a mitigar ese leve dolor que emerge de solo pensar que va a despegarse de algo y, acompañado de prudencia, convierte dicho dolor en deleite. ¿Cómo? Estando consciente que cuando da a alguien, lo da al Señor mismo.

Hace unos meses alguien me dijo: “¡Qué cólera Noel! ¿Le presté a fulano diez dólares y no me los ha pagado?” Yo le pregunté: “¿Por qué le prestaste diez dólares?” “Porque estaba en necesidad y le urgía el dinero”, respondió. Yo le dije: “¿Él es tu amigo?” “¡Por supuesto!” exclamó. “¿Entonces por qué te lamentas por diez dólares si tu amigo estaba en necesidad? ¡Solo son diez dólares! ¡No son cien ni mil!” Él se quedó callado, pero yo continué: “Tu problema es que no has aprendido a dar. Si al dar un préstamo esperas recibirlo de nuevo, entonces no has leído bien el evangelio. El Señor dijo: “den prestado sin esperar nada a cambio” (Lucas 6:35). Así que la próxima vez que alguien te pida prestado pregúntate: “¿estoy dispuesto a darlo y desprenderme para siempre de ese dinero a pesar que esta persona nunca me lo pague?” Si tú respuesta es “No”, entonces no tienes la madurez para prestar dinero. Pero si tu respuesta es “Sí”, ¡adelante! ¡Préstalo! Y sigue tu vida feliz sabiendo que has ayudado al necesitado”.

En la vida siempre encontraremos a personas con necesidad y deberíamos estar preparados para ayudar en lo poco o mucho que podamos. Mira, un adorador es generoso, así como lo fueron los sabios del oriente al satisfacer una necesidad que la familia de Jesús estaba por enfrentar. Es cierto, estos sabios no sabían lo que a continuación iba a pasar después de su partida, pero sin importar eso dieron lo que sintieron en su corazón que debían dar. Como le escuché alguna vez a Danilo Montero, cuando de dar se trata: “has siempre lo que la compasión te dicte”.

CONTINÚA…

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