Verdadero adorador vrs. Falso adorador (Segunda parte)

Verdadero adorador vrs. Falso adorador (Segunda parte)


Los sabios del oriente vrs. el rey Herodes.

Estamos estudiando el ejemplo de adoración de los sabios del oriente y del rey Herodes, ejemplo descrito en el capítulo dos del evangelio de Mateo. Hoy veremos la segunda característica de un verdadero adorador.

2. Un verdadero adorador se sobrepone al tiempo y a la distancia.

Algunos estudiosos afirman que los sabios del oriente probablemente viajaron de Persia o del sur de Arabia, ambos lugares se encontraban al oriente de Israel. Otros creen que fueron el cumplimiento de la profecía de Isaías 60:6 que dice: “te llenarás con caravanas de camellos, con dromedarios de Madián y de Efa. Vendrán todos los de Sabá, cargando oro e incienso y proclamando las alabanzas del Señor”.

De aquí se deduce que no pudieron haber sido solo tres hombres quienes viajaron a Israel. Tuvieron que haber sido más. Algunas tradiciones afirman que por lo menos debieron haber sido diez sino doce sabios del oriente. Eso sin contar a sus sirvientes o ayudantes que los acompañaron en el trayecto. Si hubieran sido solo tres es muy probable que la dificultades y peligrosidades del camino les hubieran impedido alcanzar su destino.

Ahora bien, independientemente de su lugar de origen y de cuántos exactamente eran, lo que sí podemos afirmar es que estos hombres viajaron desde muy lejos para ir a encontrarse con el Salvador. A ellos no les importó el tiempo que iban a invertir en semejante travesía ni la distancia que iban a recorrer con tal de llegar a Jerusalén. Lo único que a ellos les importaba era ir a adorar al Rey del universo que había nacido.

He allí el por qué la segunda característica que derivamos del pasaje capítulo dos de Mateo, que un verdadero adorador se sobrepone al tiempo y a la distancia. Lo único que él tiene entre ceja y ceja es su responsabilidad de ir a adorar a Dios sin importar las inclemencias del clima, el tiempo que le tome llegar ni la distancia que deba recorrer para llegar al lugar de adoración.

Hace algunos años visité a un matrimonio amigo y a sus dos hijas. Ellos llevaban varios meses sin asistir a su iglesia y se me ocurrió invitarlos a la mía. Yo tengo la firme convicción de que no es correcto pescar peces en las peceras de otros; sin embargo, cuando a mí me consta que algunos cristianos ya no se congregan me atrevo a invitarlos a mi iglesia debido a que no están asistiendo a ningún lugar.

Así que allí estaba con ellos el sábado por la noche animándolos a recuperar su relación con Dios e invitándolos a congregarse. Les di los horarios de los servicios y les hablé de las facilidades que la iglesia brinda con autobuses que recorrían la ciudad y cómo eso les facilitaría llegar.

Luego de intentar persuadirlos la esposa de mi amigo me dijo con tono de desgano: “Eh, eh… es que si voy a tu iglesia tengo que levantarme más temprano el domingo y recuerda que soy yo quien debe vestir y alistar a las niñas. Además, vamos a tener que caminar un par de cuadras para abordar el autobús que lleva a tu iglesia. ¡Mejor te confirmamos otro día si te acompañamos! ¿Ok?”

No insistí más.

Actualmente ellos están divorciados y hasta donde tengo conocimiento ambos se alejaron del Señor. Yo no digo que esto les pasó por no haber asistido a la iglesia. Vamos, hay gente que aun yendo a la iglesia terminan divorciados. Pero generalmente quienes no anteponen a Dios en lugar de a ellos mismos suelen terminar con familias desintegradas.

Jesús dijo: “La reina del Sur se levantará en el día del juicio y condenará a esta generación; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí tienen ustedes a uno más grande que Salomón” (Mateo 12:42). Cuando el Señor dijo que había alguien más grande y mayor que Salomón, se refería a él mismo.

La Biblia habla de un día en el que nos presentaremos delante de Dios. La Escritura lo llama: el Día del juicio. No sé si alguna vez te has puesto a estudiar el tema, pero según las descripciones de los profetas ese día va a ser grande y temible. Yo le llamo “el día en el que todos nos vamos a orinar” de terror. Ese día todas nuestras obras serán conocidas y serán juzgadas.

Yo me imagino que en el Día del juicio el Gran Juez le preguntará a la esposa de mi amigo aquel que invité a la iglesia: “¿Por qué no te congregaste en una iglesia cristiana si tuviste la oportunidad de hacerlo?” y ella responde: “Eh, eh… es que si iba a la iglesia me tenía que levantar más temprano el domingo y tú sabes, soy yo quien debía vestir y alistar a mis niñas. Además, tenía que caminar un par de cuadras para abordar el autobús que lleva a la iglesia y preferí mejor dejarlo para otro día”.

En ese momento, como dijo el Señor mencionando a la reina de Saba, los sabios del oriente se pondrán de pie y exclamarán: “¡Tú no tenías excusa para no ir a adorar al Señor el día domingo! Nosotros atravesamos montañas, valles y desiertos con tal de ir y adorar al Hijo de Dios. Caminamos en caravana y sobre nuestros animales durante cientos de kilómetros hasta que conseguimos postrarnos ante el Señor. ¡Tú no tenías excusa para no esforzarte para ir y adorar a Dios!”

Vamos, un verdadero adorador se sobrepone al tiempo y a la distancia.

CONTINÚA…

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