Verdadero adorador vrs. Falso adorador (Séptima parte)

Verdadero adorador vrs. Falso adorador (Séptima parte)

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Los sabios del oriente vrs. el rey Herodes.

Después de estudiar la primera característica de un falso adorador, en esta entrada veremos la segunda y la tercera.

2. Un falso adorador simplemente no adora.

Cuando Herodes se enteró del motivo de la visita de los sabios del oriente convocó a los líderes religiosos, ellos le abrieron las Escrituras y le mostraron el lugar donde nacería el Mesías. Es allí donde el evangelio de Mateo dice:

Luego Herodes llamó en secreto a los sabios
y se enteró por ellos del tiempo exacto en que
había aparecido la estrella. Los envió a Belén
y les dijo: —Vayan e infórmense bien de ese niño
y, tan pronto como lo encuentren, avísenme
para que yo también vaya y lo adore.

Mateo 2:7-8.

Herodes les dijo a los sabios que se adelantaran y fueran a adorar al Rey y que después él se les uniría, ¡cosa que nunca pasó! Él no tenía intenciones de adorar, nunca lo hizo. Herodes dijo: “Vayan, ¡ya los alcanzo!” Un falso adorador deja que otros adoren, pero él no tiene planes de hacerlo.

¿Conoces a cristianos que durante la adoración pública nunca se involucran? ¿Los has visto en los servicios de la iglesia asistiendo, pero nunca cantando, expresando su alabanza o por lo menos orando? ¿Eres tú uno de ellos?

Algunos se excusan en que la música es demasiado contemporánea como para ellos unirse a adorar. “¡Eso es para los más jóvenes, no para mí!” afirman. Pero la adoración no tiene nada que ver con el rango de edad. La pueden practicar tanto niños como ancianos. La adoración es para todos.

Otros dicen: “es que mi temperamento no me lo permite, yo no soy alguien extrovertido y por eso no adoro”. Pero la adoración tampoco tiene que ver con ser melancólico o flemático. Si ese fuera el caso entonces el Señor solo hubiera llamado a los extrovertidos a celebrar su presencia. Pero no, Dios llama a todos a la adoración.

Hay también quienes se excusan diciendo: “Es que la adoración es para los emocionalistas y yo no siento que deba adorar de esa manera”. De nuevo, la adoración es para todos. Para quienes sienten adorar y para quienes no siente adorar. Es más, yo diría que quienes no adoran porque no sienten el impulso de hacerlo, ellos mismos son unos emocionalistas de primera ya que tienen que esperar un sentimiento o una sensación especial para entonces adorar. No, la adoración no tiene que ver con emociones, es un acto de la voluntad donde tú y yo decidimos ofrecerla al Señor.

¿Lo ves? Los falsos adoradores, así como Herodes, dejan que otros adoren. Presentan mil y una excusas con tal de no involucrarse en la adoración porque eso es para otros, no para ellos.

“La adoración es para los del ministerio de alabanza, no para mí”, dicen otros. “Lo mío es el estudio de la Palabra, no adorar”. Mira, Herodes sabía dónde había nacido el Rey y hasta tenía un séquito de religiosos a quienes preguntarle sobre la mejor forma de adorar al Mesías cuando apareciera, pero él no dejó que dicho conocimiento repercutiera positivamente en su vida a modo de llevarlo a adorar. Saber de adoración no significa que eres un adorador. El conocimiento es importante, ¡amén a eso!, pero si no adoras, ¿de qué sirve tanta teoría?

Todo lo anterior que he dicho es con relación a la adoración pública, ¿y qué si me pusiera a hablar de la adoración privada que supuestamente todo creyente debería practicar a solas? ¿No será que algunos de nosotros estamos cruzando la raya y moviéndonos al lado de los falsos adoradores por aparentar que tenemos una gran relación con Dios cuando ni siquiera oramos y leemos la Biblia en nuestro cuarto?

¡Tema para otra ocasión! Sigamos…

3. Un falso adorador es un hipócrita.

Mateo dice:

Luego Herodes llamó en secreto a los sabios
y se enteró por ellos del tiempo exacto en que
había aparecido la estrella.
Los envió a Belén
y les dijo: —Vayan e infórmense bien de ese niño
y, tan pronto como lo encuentren, avísenme
para que yo también vaya y lo adore.
Mateo 2:7-8.

¿“Para que yo también vaya y lo adore”? ¡Sííí! ¡Como nooo!!! “¡Para que yo también vaya Y LO MATE!”, quiso decir.

Herodes era un verdadero hipócrita, Herodes era un falso adorador.

El meollo de la falsa adoración es la hipocresía, el fingimiento y la apariencia. Por definición un falso adorador es un hipócrita porque en el fondo de su corazón no tiene intenciones de encontrarse con su Señor. Él forma parte de una congregación para simular, aparentar espiritualidad y fingir que es un buscador de Dios. El apóstol Pablo, refiriéndose a este tipo de creyentes, escribió: “Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Con esa gente ni te metas!” (2 Timoteo 3:5).

Herodes dijo algo que al final nunca hizo. Dijo que iría a adorar, pero cuando envió a matar a los niños varones de Belén delató su verdadera intención.

La hipocresía del adorador se refleja en la contradicción de sus palabras y su conducta. Hablar es fácil, decir que creemos en Jesús y que lo adoramos cualquiera lo puede decir. Pero demostrarlo con los hechos y en verdad no es así de simple. En cuanto a demostrar una vida consecuente con nuestra fe los hechos son la máxima evidencia para determinar si somos verdaderos o falsos adoradores.

CONTINÚA…

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