Verdadero adorador vrs. Falso adorador (Sexta parte)

Verdadero adorador vrs. Falso adorador (Sexta parte)


Los sabios del oriente vrs. el rey Herodes.

Después extraer del viaje de los sabios del oriente algunas lecciones de adoración, ahora toca el turno del rey Herodes, el falso adorador. ¿Por qué le llamo falso adorador? Porque les dijo a los sabios:

Vayan e infórmense bien de ese niño
y, tan pronto como lo encuentren,
avísenme para que yo también vaya y lo adore.
Mateo 2:8.

Él también quería ir a adorar… supuestamente.

Bueno, aquí están sus características:

1. Un falso adorador se turba ante la verdadera adoración.

El evangelio de Mateo dice:

Después de que Jesús nació en Belén de Judea
en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén
unos sabios procedentes del Oriente. —¿Dónde
está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—.
Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo.
Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él.
Mateo 2:1-3.

Como comenta la Biblia Arqueológica: “Herodes se turbó con el anuncio de los magos porque sabía que no era el heredero legal del trono de Israel, ya que había usurpado el poder al aliarse con Roma. La visita de los magos probablemente le hizo temer que fuerzas invasoras del este se unieran con otras dentro de Israel para reemplazarlo por un rey del verdadero linaje del Mesías anticipado. Los líderes religiosos se habían aliado políticamente con Herodes. Si la base de su poder se veía amenazada, también la suya”.

Esto significa que la turbación interior que experimentó Herodes y la élite religiosa de Jerusalén no se debió solamente por verse sorprendidos ante la noticia de que el Mesías prometido había nacido, sino porque si la noticia era cierta entonces su estatus y posición estaba en riesgo. Por lo tanto, Herodes se desequilibró emocionalmente porque si había nacido el Rey, entonces él ya no sería rey y por default tendría que ser destronado.

Un falso adorador se turba ante la verdadera adoración porque sabe que convertirse en un verdadero adorador implica que Otro tendrá que gobernar su propia vida, no él mismo.

Recuerdo cuando aprendí a evangelizar a través de las “Cuatro leyes espirituales”. A la mitad del folletito aparece una imagen con dos círculos, el de la izquierda representa al no cristiano y el de la derecha al cristiano. En medio de cada círculo aparece una silla que representa el trono de nuestro corazón. En la del no cristiano el trono está gobernado por el “Yo” y una cruz, que representa el señorío de Cristo, aparece fuera del círculo. Es allí donde se le explica al no creyente que convertirse en cristiano es destronar el “Yo” y hacer a Jesús el Señor de su vida. Y es allí donde uno le muestra el círculo de la derecha donde la cruz está sobre el trono, representando el gobierno de Cristo, y el “Yo” debajo de la silla.

En pocas palabras en eso consiste el cristianismo, ¿no? La conversión, el caminar en victoria y vivir en continua de adoración es cuestión de señoríos. ¿Quién es el Señor de tu vida? ¿Tú mismo o el Señor Jesucristo?

Dependiendo de quién esté en el trono de tu corazón es que podrás decir si realmente eres un verdadero o un falso adorador.

Es impresionante ver la cantidad de canciones de adoración que hablan acerca de Jesús como Rey, de su señorío y hasta las que hablan de su reino. Sin embargo, cuando estamos en un servicio de adoración y cantamos dichas canciones, ¿realmente Jesús es el Rey de nuestra vida? ¿El Señor realmente gobierna cada área de nuestro ser?

Ante canciones de ese tipo debemos apelar a la reflexión y aprovechar para elevar oraciones de arrepentimiento. Muchas veces participamos de la adoración utilizando canciones que realzan la majestad del Señor sin la más mínima conciencia de lo que estamos confesando. Vamos, con esto no estoy diciendo que dejemos de cantar sobre esta temática. No, pero cuando cantemos estas canciones sepamos que no solo tenemos que confesar con nuestra boca sino también creer con el corazón que Jesús es el Señor (ver Romanos 10:8-9).

Ser un falso adorador consiste en ser el propio rey de tu vida fingiendo que eres un verdadero adorador de Jesús. Ser tu rey y cantar que Jesús es Rey no tiene sentido. Es una contradicción colosal. Por eso, para convertirnos en verdaderos adoradores debemos propinarnos un auto golpe de estado colocando así a Jesús como el Rey supremo de nuestro ser, ya no más nosotros.

¿Y qué seremos nosotros a partir de entonces? Sus súbditos.

CONTINÚA…

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