Verdadero adorador vrs. Falso adorador (Tercera parte)

Verdadero adorador vrs. Falso adorador (Tercera parte)

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Los sabios del oriente vrs. el rey Herodes.

Ya vimos que un verdadero adorador sabe valorar la creación de Dios y que no le importa el tiempo ni la distancia para ir a adorar, ahora veremos una tercera característica:

3. Un verdadero adorador sabe a quién debe de adorar.

Una vez que estuve enseñando en una congregación sobre este tema, como introducción les dije: “Santa Claus no existe y tampoco los sabios del oriente estuvieron presentes la noche en que nació Jesús”. ¡Pobre niños presentes! ¡Les arruiné su Navidad! 😉 Hablando en serio… los sabios no estuvieron la noche del nacimiento. Si lees detenidamente el capítulo dos de Mateo verás que llegaron después, no el propio día. Por eso el rey Herodes les preguntó por la fecha que ellos habían detectado la estrella y fue según ese dato que envió a matar a los niños menores de dos años como se describe al final del relato.

Mi punto es que cuando los sabios del oriente llegaron a donde Jesús vivía seguramente ya no era un bebé, probablemente tenía entre un año y medio y dos años de edad. Es decir, ya caminaba, se valía de alguna manera por sí mismo y hasta podía sostener conversaciones muy mínimas. El asunto es que cuando los sabios del oriente llegaron a la casa de José y de María el texto dice que: “postrándose lo adoraron” (Mateo 2:11).

No se postraron ante José, no se postraron ante María… se postraron ante Jesús de Nazaret. ¿Por qué? Porque un verdadero adorador sabe a quién debe de adorar.

Es curioso que a lo largo de todo el capítulo dos de Mateo el evangelista se refiera a la familia del Señor mencionando primero a Jesús y no a María. Mira:

Cuando llegaron a la casa
vieron al niño
con María, su madre. v. 11.

Y le dijo: «Levántate, toma al niño
y a su madre, y huye a Egipto”. v. 13

Así que se levantó cuando todavía
era de noche, tomó al niño y a su madre
y partió hacia Egipto… v. 14.

Y le dijo: «Levántate, toma al niño
y a su madre, y vete a la tierra de Israel… v. 20.

Así que se levantó José, tomó al niño y a su madre,
y regresó a la tierra de Israel. v. 21.

Que el Señor Jesucristo sea mencionado primero antes que sus padres no es casualidad. El evangelista escribió esto a propósito para decirnos claramente que el protagonista de su evangelio es Jesús, nadie más. Lo demás son actores secundarios. Y así como los sabios del oriente se postraron para adorar a Jesús y no ante alguien más, nosotros debemos emular su ejemplo si es que esperamos convertirnos en verdaderos adoradores.

Yo sé que a esta altura quienes me lean y se consideren católicos devotos se sentirán aludidos. Y si es así, qué bien; sin embargo, los evangélicos no nos libramos de cierto tipo de idolatría que muchas veces criticamos de los católicos romanos.

Por ejemplo, recientemente vi unos videos en Youtube donde una iglesia en México insta a sus miembros a honrar a sus pastores de una manera idolátrica. La forma en que ellos animan a honrar a sus autoridades es postrándose cara al suelo y de cuerpo entero como señal de lealtad y reverencia. En uno de los videos un grupo de jóvenes aparece pasando al frente de la plataforma diciendo que no les importa que otras iglesias los critiquen, que ellos sí se postrarán ante sus pastores y sin esperar más tiempo se tiran al suelo, se postran completamente en señal de adoración. “En señal de reverencia…” dirán ellos. Pero no señores, eso es adoración.

Lo que esta iglesia hace es una vergüenza como iglesia cristiana, pero ella no es la única que en Latinoamérica que incurre en este pecado. Hay iglesias en el continente, principalmente las de la nueva corriente apostólica, que sin instar a sus fieles a que se postren ante ellos permiten que la admiración pase de ser admiración a un descarado culto al hombre. Vamos, no yo no digo que no se deba honrar a las autoridades, la Biblia nos anima a hacerlo; sin embargo, a veces la línea divisoria entre el bien y el mal en cuanto a la debida honra que debemos dar a los pastores y el culto al hombre es tan delgada que la cruzamos.

Recuerdo cuando comencé a ser miembro de una iglesia de las Asambleas de Dios en mi país. En la denominación se celebra el Día del pastor el primer domingo de diciembre, pero el primer año que estuve en la iglesia vi que no homenajearon a los pastores como yo estaba acostumbrado a ver y solo hicieron una ligera felicitación ese día. Al final de la reunión le pregunté al pastor el por qué no se celebraba el Día del pastor como se hacía en otras iglesias. Me dijo: “Noel, ¿cómo voy a permitir que un servicio de adoración que es para Dios se centre en un hombre? ¿Cómo voy a dejar que una reunión de la iglesia sea para mí mismo?”

De nuevo, yo no digo que no se honren a las autoridades; pero una cosa es honrar sanamente a alguien y otra idolatrarlo.

Podría citar más ejemplos de este problema no solo en cuanto a creyentes que sobre estiman a sus pastores al extremo de seguir ciegamente sus enseñanzas sin importarles que lo que les prediquen sean falsas doctrinas, sino también de cristianos que se han dejado deslumbrar por el glamur de la industria musical y literaria al punto que hay cantantes cristianos y autores de libros que son celebridades y aprueban que la gente vierta sobre ellos gloria que solo le corresponde al Señor Jesucristo, Señor al que ellos mismos dicen adorar.

Hay dos episodios en el libro de Apocalipsis donde el apóstol Juan, el hombre que conoció a Jesús desde joven, que presenció los grandes milagros de Cristo y hasta el día en que se transfiguró. A la altura de las revelaciones que recibió en Patmos el discípulo amado rondaba los noventa años de edad y llevaba consigo toda una vida sirviendo fielmente a su Maestro. Sí, este gran hombre que presenció las grandiosas revelaciones del Apocalipsis, a pesar de su gran experiencia ministerial, en dos ocasiones se sintió tentado a adorar al ángel que le mostraba las visiones. Apocalipsis 19:9-10 dice: El ángel me dijo: «Escribe: “¡Dichosos los que han sido convidados a la cena de las bodas del Cordero!”» …Me postré a sus pies para adorarlo. Pero él me dijo: «¡No, cuidado! Soy un siervo como tú y como tus hermanos que se mantienen fieles al testimonio de Jesús. ¡Adora sólo a Dios!” Y Apocalipsis 22:8-9 dice: “Y cuando lo vi y oí, me postré para adorar al ángel que me había estado mostrando todo esto. Pero él me dijo: «¡No, cuidado! Soy un siervo como tú, como tus hermanos los profetas y como todos los que cumplen las palabras de este libro. ¡Adora sólo a Dios!»

¡Adora a Dios! Esa debe ser la consigna de los verdaderos adoradores que saben a quién adorar. No a María de Nazaret, no a los santos, no a los ángeles y mucho menos a algún hombre mortal. ¡Adora a Dios! Porque los verdaderos adoradores saben a quién deben rendirle toda su adoración.

CONTINÚA…

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