El Arte Ciencia de Hacer Amigos

El Arte Ciencia de Hacer Amigos

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Crónicas de mi viaje a Panamá.

Ciudad de Panamá, Viernes 19 de Marzo, 11:20 p.m. Hoy almorcé con Pablo Azael. Para quienes no saben, es el escritor de El Arte Ciencia de Hacer Canciones. El único libro en español sobre el tema de composición. Fuimos a almorzar y sostuvimos una plática muy amena. Entre muchas de las cosas que hablamos me comentó lo bien que le fue con las ventas vía Internet de El Arte Ciencia de Hacer Canciones. Imagínese: ¡10 mil unidades vendidas! Eso sin contar los más de 2,000 ejemplares impresos que vendió. Si le contara cuánto dinero recibió en concepto de regalías usted se pondría a escribir… ¡Pero ya! Je.

Luego que regresamos de almorzar Don Pablo me preguntó cómo iba yo con el tema de las chicas. Le conté que hace como un año dejé de salir con alguien que fue muy pero muy especial para mí. Le relaté cómo durante 2 años y medio la cortejé y cómo al final me dijo que no. Llevo un año sin nadie en mente.

En eso él también me abrió su corazón y me contó de una relación de la cual recién está saliendo. Al llegar a casa me mostró una de las canciones que va a incluir en su nuevo disco de boleros. Se titula: “A esa”. ¡Impresionante! Puso la pista que le han secuenciado y me la cantó.

Voy a contarle una breve historia de Don Pablo Azael. Él estuvo casado por 12 años con su esposa Lourdes. Una mujer a quién él amó como usted no se imagina. En palabras suyas: “Con ella yo fui una persona sumamente pero sumamente feliz”, me dijo esta tarde. Resulta que mientras estuvieron casados Don Pablo le compuso una canción cada año como muestra de su amor. Algunos años le escribió más de una, pero su compromiso con ella fue de componerle una canción cada año. Cosa que cumplió fielmente hasta que ella falleció de cáncer en 2005.

El disco de boleros que él está grabando es la compilación de esas canciones de amor que hizo para ella. Un homenaje a su esposa fallecida.

Luego de yo contarle mi historia y él la suya a mí, se me ha ocurrido escribir un libro que bien podría llamarse: El Arte Ciencia de Hacer Amigos.

A eso de las 7:00 p.m. fui a la Comunidad Misionera Hosanna, mejor conocida como: Iglesia Hosanna. Al concierto de Danilo Montero. Allí me pasaron dos cosas… Una buena y una mala.

¿Cuál quiere que le cuente primero?… ¡Ok!… la mala, je.

Es la primera vez que me regañan en una iglesia al ir al baño. Lo que pasó fue que de tanto calor que sentí durante la tarde me tomé un gran vasote con agua y al llegar a la iglesia visité el baño en dos ocasiones. La segunda vez, mientras salía y regresaba al auditorio alguien gritó desde atrás: “¡¡¡Varón!!!” Pensé que no era conmigo. “¡¡¡Varóóónnn!!! ¡¡¡Varóóónn!!!” Oí fuerte desde atrás. Alguien se fijó y me dijo: “Es con usted”.

Me estaba llamando una señora sentada a la puerta y que cobraba $0.10 ctvs. por entrar al baño. Quizá me vio la primera vez por lo que en esta segunda no dejó que me escapara. Francamente yo no sabía por qué estaba allí. Simplemente la vi y pasé de largo.

Luego que ella me llamó y me acerqué, le dije: “¿Si?” “Varón… “ dijo ella, “Son $0.10 ctvs. por usar el baño”. “¿Cómo?” “En esta iglesia se paga por usar el baño”, insistió. “Mmm… No sabía hermana, discúlpeme pero no sabía”. “¡¡¡Así ha sido por añooosss!!!” enfatizó con tono severo. “Ay hermana, yo no soy de aquí y qué pena, pero no tengo $0.10 ctvs. ¡Discúlpeme!” No puso buena cara pero igual tuve que retirarme.

Creo que ella será la primera persona a quien le regalaré un ejemplar de El Arte Ciencia de Hacer Amigos, je.

Ahora le cuento la buena… El concierto de Danilo.

Es la primera vez que veo dirigir a Danilo con pistas. Sí, no fue con su banda. Excepto con Godofredo González, su pianista. Por lo menos yo no sentí la diferencia, estuvo muy pero muy bien.

Danilo cantó canciones de su último disco: “Devoción”. Y como bien me relató en la entrevista que hace unos meses le hice: abrió espacios para cantos espontáneos. Cantos tan pero tan hermosos que mucha gente estaba llorando. Pienso que de alguno u otro modo todos estábamos conmovidos por el espíritu de adoración que se derramó las casi dos horas que ministró.

Me gustó algo que dijo antes de finalizar: “Dios nos ama tanto que nos acepta tal y como estamos”. Y añadió: “Pero también nos ama tanto que no nos deja tal y como estamos”. Dando a entender que cuando venimos a Cristo el Señor nos recibe tal cual somos, pero su amor es tal que no nos deja como vinimos a él, sino que nos transforma cada vez más hasta asemejarnos a la imagen de su Hijo.

Son las 12:10 a.m. y voy a dormirme.

Continúa…

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