Daño colateral (Tercera parte)

Daño colateral (Tercera parte)

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Efectos inesperados del movimiento de adoración.

A esta altura de la serie espero que quienes estén leyendo no malinterpreten lo que hasta hoy he escrito. Yo no estoy en contra del movimiento de adoración contemporánea, al contrario, formo parte de él. El simple hecho de auspiciar un sitio como La Aventura de Componer, participar de congresos de alabanza en mi país y más recientemente comenzar a impartir clases en Instituto Canzion El Salvador, habla de mi deseo de sembrar en la vida de las personas semillas que puedan ayudarles a servir mejor en sus ministerios musicales. Sin embargo, después de algunos años de iniciado el movimiento y de evaluar ciertas cosas que están pasando, pienso que algunos nos hemos extraviado del camino. Yo los llamo: “daños colaterales”. Por eso, después de presentar tres de ellos continúo con los siguientes.

4. La exclusión del adulto mayor

Algo fabuloso que sucedió durante los inicios del movimiento de adoración fue la incorporación de los géneros musicales y ritmos contemporáneos a la música de las iglesias. Por ejemplo, cuando entrevisté a Marcos Witt sobre su forma de componer y hablamos de sus inicios, me dijo:

“Por ese tiempo yo ya salía a cantar y a ministrar, y en mis conciertos vi que cuando cantaba esas canciones los jóvenes estaban sentados en la parte de atrás bostezando. Y me propuse cambiar eso. Yo dije: “¡No, no, no! Si nosotros vamos alcanzar a esta generación necesitamos hacerlo con el sonido de esta generación”. Lo que sucedió fue que me percaté que teníamos que modificar todo, letras, ritmos, etc.” (1).

Esto nos habla de cómo era la música antes de los 90´s: poco atractiva para la juventud.

Cuando Marcos y muchos más se aventuraron a componer y producir música con ritmos más de nuestra época, el tsunami de críticas no se hizo esperar. Aun así, él y la generación de cantantes que Dios levantó perseveraron rampantes a pesar de la opinión de los sectores conservadores de la iglesia.

Por ese lado, ¡fabuloso! Sin embargo, un daño colateral que sucedió producto de la incorporación de ritmos contemporáneos en la adoración fue el alejamiento de los adultos mayores del ministerio musical de las congregaciones. Prácticamente ya no hay lugar para ellos.

¿O qué? ¿No lo ha notado? La mayoría (por no decir el 80%) de equipos de alabanza de las iglesias en Latinoamérica están conformados por adolescentes y jóvenes menores de 30 años. ¿Está mal eso? No, me parece muy bien. Pero en mi opinión los ministerios de la iglesia local, independientemente que sea o no el de alabanza, deberían dar la bienvenida a todas las edades. No solo a los jóvenes.

Alguien argumentará: “Pero es que como nuestro equipo de alabanza toca solo música contemporánea es difícil hallar ancianos que quieran cantar este tipo de canciones”. ¡Podría ser! Igual el daño colateral existe y la forma de solucionarlo es un desafío.

Si a esto le sumamos que los equipos de alabanza tocan exclusivamente música contemporánea, es lógico deducir por qué los adultos mayores no se sientan invitados a adorar en nuestras reuniones.

Si quiere haga el siguiente ejercicio: la próxima vez que vaya a la iglesia mida el nivel de participación de las personas arriba 60 años. Ojo, no mida la participación basado en si aplauden junto con todos; más bien, vea sus labios: ¿Están cantando las canciones de Hillsong que tocamos? ¿Están cantando las nuevas de Israel Houghton en español? ¿Les es fácil seguir al director de adoración mientras cantan estas canciones tan modernas y sincopadas?

El problema de muchos equipos de alabanza es que no entienden qué es la adoración participativa. Entienden qué es la adoración, pero no la adoración participativa. A la cual se le pone el apellido de “participativa” porque su visión es intentar incluir a todos los grupos etarios durante la ministración.

La mayoría de directores de adoración nunca piensan en los ancianos a la hora de elaborar su lista de cantos y de escoger las canciones para la reunión. ¡Mucho menos al proyectar las letras! En este último las letras deberían ser un poquito más grandes para que quienes tengan problemas visuales puedan leer más cómodamente.

Ahora, con lo anterior no estoy diciendo que uno deba dirigir la alabanza para agradar a la gente, sino que debemos velar por hacer todo lo posible para que quienes nos escuchen se unan a nosotros a adorar sin importar su rango de edad. Por lo tanto, si un gran porcentaje de las canciones que usaremos durante la reunión son muy difíciles de seguir, deberíamos repensar un par de ellas e intentar adaptarnos al nivel de los adultos mayores para que puedan acompañarnos durante la adoración.

Aquí cuento una experiencia.

Cuando formé parte del ministerio de alabanza del Templo Cristiano siempre admiré a un anciano de la iglesia, el hermano Raúl Durón. En esa época era presidente de las Sociedades Bíblicas y algunas veces al año le prestaban el púlpito para predicar. Me encantaba oírlo. Sí, predicaba lento, ¡pero predicaba la Palabra! Sí, predicaba larguísimo, ¡pero era profundo en las Escrituras! Yo disfrutaba escucharlo a pesar de que a la mayoría de mis amigos del equipo de alabanza les aburría.

El punto es que cuando me tocaba dirigir yo tenía una vista panorámica de toda la congregación, por lo que de vez en cuando echaba un vistazo al sector por donde el hermano Durón se sentaba y no recuerdo haberlo visto cantar alguna vez con nosotros. Siempre lo vi de pie, pero no aplaudía ni cantaba. Y aunque eso no me frustraba, sí me hacía reflexionar sobre nuestro papel como equipo de alabanza: “Este tipo es un verdadero hombre de Dios, ¿por qué no se une a cantar con nosotros? ¿Será que estamos haciendo algo mal?”

La conclusión a la que llegué fue que nuestra música era demasiado moderna para que nos pudiera seguir. No es que él no amara al Señor ni que no tuviera una vida de comunión. Simplemente diseñábamos nuestras listas de cantos de tal modo que los ancianos de la iglesia no podían unírsenos.

Al final de mi servicio en el Templo Cristiano nunca vi al hermano Durón cantar con nosotros, pero mi admiración y respeto nunca cesó. Por eso y otras razones más, pienso que un daño colateral de la adoración contemporánea es la exclusión de los adultos mayores, no solo del ministerio de alabanza, sino que a veces hasta de la adoración congregacional.

5. El destierro de los himnos

El movimiento de adoración que inició en los 90´s trajo consigo una colosal ola de canciones nuevas. Era sorprendente ver cómo la creatividad de los ministerios musicales se activó al punto de que el pico más alto de producción y venta de música cristiana se dio durante esa década e inicios de la siguiente. Las canciones que se escribieron eran tantas y tan hermosas, que la industria de la música cristiana alcanzó estratos mundiales.

Cuando todo esto comenzó a pasar, los sectores conservadores de la iglesia evangélica se alarmaron: “¡Oh, no!…” pensaron, “¡Este movimiento va a tirar los himnos tradicionales a la basura!”. Incluso Marcos Witt relató en su libro “Adoremos” que se corrió la voz de que él había roto un himnario a la mitad frente a todos los asistentes a uno de sus conciertos como señal de que la nueva adoración sería la reinante, no la del pasado. ¿De verdad lo hizo? No, fue un rumor.

Debido a esto, Marcos, como uno de los principales exponentes del movimiento, comenzó a incluir himnos tradicionales dentro de sus grabaciones y las que Canzion Producciones lanzó a través de la serie “En vivo”. Por ejemplo: “Hay poder” (“Poderoso en vivo”), “Santo, santo, santo” (“Alabadle en vivo”), “Paz, cuán dulce paz” (“Venció en vivo”), “Me guía él” (“Eterno amor en vivo”), “Loores dad a Cristo el Rey” (“Homenaje a Jesús”), además del proyecto “Recordando” que incluyó varios coritos y “Proyecto himnos” que interpretó Nola Warren, su madre.

El punto es que aun y con todo este esfuerzo las nuevas generaciones de cantantes y músicos no captamos el mensaje. Más allá de que se cantaran himnos del pasado con arreglos contemporáneos, el mensaje no caló lo suficiente de tal modo que en la actualidad es muy difícil encontrar una iglesia evangélica, que no sea bautista o reformada, que cante canciones antiguas periódicamente durante la adoración.

¿Quién nos hizo creer que no se puede adorar “en espíritu y en verdad” con los himnos del pasado? ¿Ah?

La triste realidad es que un buen porcentaje de pentecostales desterramos los himnos tradicionales y los confinamos al baúl del olvido a pesar que ellos hayan sido tan importantes dentro de la historia de la iglesia. Como muy bien afirma el pastor Sugel Michelén en la segunda parte de su sermón “Tensiones de la adoración”:

“El cristianismo no nació ayer, nosotros tenemos veintiún siglos de historia que no podemos echar por la ventana incluyendo una rica colección de himnos, que como bien señala Bob Kauflin, han sido probados por cientos de años quedando los mejores en el tope. No todo lo que se ha compuesto en el pasado tiene la misma calidad, pero eso es algo que hace el tiempo. El tiempo va filtrando y va quedando lo mejor de las generaciones pasadas” (2).

El daño colateral que veo es que muchas iglesias ni siquiera valoran esos mejores himnos que han quedado y que señala el pastor Michelén, tanto así que pasan meses, sino años, sin incluir de vez en cuando alguno dentro de sus reuniones. ¡Ni siquiera como puntos especiales del programa!

En la siguiente entrada explicaré por qué esta práctica ha repercutido en el deterioro de las letras de nuestras canciones.

Continúa…

Notas:

(1) Tomado de: http://www.laaventuradecomponer.com/conversando-sobre-composicion/conversando-sobre-composicion-con-marcos-witt/

(2) Tomado de: http://www.laaventuradecomponer.com/miscelaneos/tensiones-en-la-adoracion/

3 Comentarios

  1. Noel ¡fue simplemente magistral!

  2. Me gusta mucho la música contemporánea sin embargo tenemos una riqueza doctrinal en y y espiritual en nuestros himnos de antaño, muy buen tema noel.

  3. Israel Almanza Amaya

    En el ministerio que estamos levantado compaginamos el 50% gente con más de 20 años de convertida y el resto menos de 5años o jóvenes y niños!!! Así una brecha generacional tremanda, por lo que hemos analizado y añadido a nuestro repertorio, coritos, y cantos de los primeros de canzión así como de ministerios actuales como Hillsong, recuerdo con mucho entusiasmo un sentir muy especial de hace unos meses que nos llevo a cantar dos hermosos cantos «Adoremos al Señor» y «Gracias Cristo», en un estilo vintage muy similar a como los interpreta «Generación de Jesús», guaa, que bendición, se sintio tremendo eso momento, incluso al final agradecimos por Generación de Jesus y todos los que nos antecedieron, fue hermoso ver hermanos que andan sobre los 60 años levantando sus manos y recordando sus tiempos de juventud, nunca olvidemos que gracias a ellos es que tenemos la alabanza como la conocemos, excelente articulo.

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