Desde la adoración privada (Octava parte)

Desde la adoración privada (Octava parte)

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Cómo escribir canciones desde el devocional personal.

Ya vimos 6 de los 7 componentes que debemos incorporar para desarrollar una vida de adoración privada. Hablamos del lugar, la hora, la cantidad, la actitud, el formato y hasta del ayuno. Ahora hablaremos del último componente para tener un devocional efectivo.

7. La Palabra de Dios.

Si usted aprende a tener tiempos significativos de adoración privada, conforme he tratado de animarle, y practica el ayuno como estilo de vida, pero no incorpora el estudio de las Escrituras, su vida de adoración será una vida muy superficial. Muchos son buenos para orar, pero superficiales en su relación con Dios porque no conocen la Palabra.

La verdadera adoración inexorablemente lo llevará a las Escrituras y las Escrituras a la verdadera adoración. Ambos caminan de la mano. Seguramente a eso se refirió Jesús cuando habló con la mujer samaritana cuando le dijo que “el Padre busca adoradores que le adoren en espíritu y verdad”. ¿Qué quiso decir el Señor con “espíritu”? Que lo adoráramos desde lo más profundo del ser. ¿Y qué quiso decir con “verdad”? Que lo adoráramos basados en la verdad de la Palabra.

Lamentablemente la mayoría de quienes se desenvuelven en el área de la música en la iglesia son débiles en cuanto al conocimiento de las Escrituras. Les encanta la música, pero no leer. Les encantan las canciones, pero no estudiar. Les fascinan los instrumentos, pero no la Biblia. He allí por qué la vida de músicos, cantantes y compositores sea tan pero tan superficial. Sin la Palabra no hay solidez, estabilidad ni firmeza.

¿Cómo entonces puede incorporar el estudio de la Biblia a su vida? Simple. Después de su tiempo a solas con Dios, busque leer la Palabra. En mi experiencia personal no es lo mismo meditar en las Escrituras habiendo orado que no habiéndolo hecho. De algún modo mi espíritu se sensibiliza y estoy más receptivo a los versos de la Biblia. ¿Se podría leer primero la Palabra y luego orar? ¡Por supuesto! Sin embargo, en mi experiencia disfruto más la Biblia y hasta la entiendo mejor cuando he tenido un tiempo de adoración significativo.

Ahora que usted ha decidido orar y leer la Palabra a diario, la pregunta es: ¿Qué parte de todo lo que hay en la Biblia se debe leer? Bueno, eso usted lo decide. Esta decisión puede ser tan sencilla como leer la Biblia de principio a fin o simplemente un libro hasta terminarlo. Otros prefieren estudiar personajes bíblicos y buscan todo lo referente a ellos, y otros un tema en particular usando la concordancia para revisar todo cuanto se dice de él.

Uno de los formatos más populares es “La Biblia en un año”. ¿Lo conoce? Consiste en leer entre 3 y 5 capítulos de la Escritura según un plan establecido y eso le garantiza que al finalizar el año usted habrá leído la Biblia completa de pasta a pasta. Claro, si usted no falla ningún día.

El plan que a mí me funcionó de forma extraordinaria fue el que una vez compartió el Hermano Pablo (de Un Mensaje a la Conciencia) y que me ha servido por años para estudiar la Palabra fielmente.

En el artículo Hermano Pablo, el compositor que publiqué cuando él falleció, narré cómo durante una de sus conferencias compartió su plan de estudio bíblico y cómo lo adopté desde entonces. Allí escribí:

“Una de esas noches de la conferencia, como parte de su sermón el Hermano Pablo compartió con los asistentes su forma personal de estudiar la Biblia. Francamente no recuerdo el título del mensaje, pero durante esos días yo estaba batallando con encontrar un método personal de lectura bíblica que me ayudara a leerla todos los días y sin fallar. Para vergüenza mía nunca había leído la Biblia totalmente.

Por eso, cuando el Hermano Pablo comenzó a explicar su forma de leerla, saqué papel y lápiz y tomé nota de su método. Él dijo:

“Yo leo la Biblia de la siguiente manera. Yo he seccionado los 66 libros de la Biblia en 6 grupos, uno para cada día de la semana. El lunes leo la sección comprendida entre Génesis y Deuteronomio. Por ejemplo, ese día leo 3 ó 5 capítulos y al terminar pongo una seña en donde me quedé y retomo la lectura el siguiente lunes para continuar leyendo lo que comprende esa sección. El martes leo de Josué a Ester y hago lo mismo, leo en orden la cantidad de capítulos que yo desee y pongo una seña donde me quedé para continuar con mi lectura de esa sección todos los martes. El miércoles leo Job a Cantares. El jueves Isaías a Malaquías. El viernes Mateo hasta Hechos y el sábado Romanos hasta Apocalipsis. ¿Qué leo el domingo? ¡Nada! ¡Ese día voy a la iglesia!”

Luego de explicar esto, el Hermano Pablo mencionó que ese método le había ayudado a leerla completa varias veces en su vida. Que leer de ese modo le daba la sensación de estar leyendo todas las partes de la Biblia a la vez y de forma ordenada. Dijo que ya no tenía esa horrible sensación de que mientras leía Génesis tendría que esperar muchos meses hasta llegar a los evangelios. No, él sentía que al leer con ese método podía leer de todas la partes de la Biblia durante la semana y que no se estaba perdiendo de nada.

También mencionó algo con lo que yo me sentí sumamente identificado. Dijo que el método de lectura de “La Biblia en un año” no le funcionaba. Debido a que si por alguna razón no leía un par de días, le estresaba la idea de ponerse al día con todos los capítulos que tenía que leer más los del propio día. Unos años después, me contó que con su método podía leer la Biblia sin estrés y a su propio ritmo, y que podía leerla completa en menos 8 meses.

Al terminar la conferencia decidí adoptar como mío el “Método de lectura bíblica del Hermano Pablo” y me entregué a la tarea de estudiarla de principio a fin sin detenerme.

¿El resultado? Leí la Biblia en dos ocasiones seguidas de forma consciente y ordenada en menos de 5 años”.

Como regalo especial por estar leyendo esta entrada, quiero obsequiarle el “Método de lectura bíblica del Hermano Pablo” si es que usted desea adoptarlo. Lo descargué hace varios años del blog del pastor Alex López de la Fraternidad Cristiana de Guatemala. En el artículo que lo hallé, él comentó cómo este método también le había ayudado a estudiar la Biblia a diario. Si usted desea descargarlo en este momento por favor haga click aquí.

Por último, ¿cuántos capítulos de la Biblia debería leer en su devocional? Para contestar esta pregunta citaré las palabras de mi tío Juan Benavides, a quien admiro por ser una de las pocas personas que conozco que tiene un devocional diario desde hace muchos años. Él dice: “Debemos comer la Palabra de Dios en cantidades industriales si es que esperamos ver grandes cambios en nuestras vidas”.

Yo recomiendo leer entre 1 y 3 capítulos diarios. No unos cuantos versos, sino varios capítulos al día. Cuando los lea, no los lea por cumplir. Léalos como buscando algo, con deseos de aprender y de extraer de cada verso la voz de Dios para usted. Si leyó y no percibió que aprendió algo, ¡vuelva a leer! Recuerde, los grandes tesoros los encuentran los buscadores. No los que pasan, miran superficialmente y se van. Los hallan quienes tienen hambre de riqueza.

En mi experiencia, me he llevado grandiosas sorpresas cuando he tomado grandes porciones de la Palabra para leerlas, estudiarlas, meditarlas y reflexionarlas. Cuando uno se acerca a la Biblia con esa actitud de búsqueda, Dios le hablará. Nos da a beber de su jugo, sus nutrientes y sustancia. Textos que  usted había leído por años de repente cobran sentido. Pasajes que usted nunca pensó que existían, le sorprenden. ¡Hasta de las genealogías Dios le hablará!

Vamos, aprenda a adorar a Dios en privado, pero también profundice en su estudio personal de la Palabra. ¿Lo hará?

Continúa…

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