Desde la adoración privada (Séptima parte)

Desde la adoración privada (Séptima parte)

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Cómo escribir canciones desde el devocional personal.

En la entrada pasado hablamos del lugar, el tiempo y la cantidad. En esta ocasión terminaremos de conocer los componentes que necesitamos considerar para tener una vida devocional efectiva.

4. La actitud.

¿Cuál debe ser nuestra actitud cuando oramos? ¿Qué debe motivarnos a acercarnos a Dios a través de la adoración privada? Al orar nuestro deseo debe ser centrarnos en la persona de Dios y no en los beneficios que obtendremos de él. Beneficios habrán, ya hablamos en entradas pasadas de las recompensas. Pero la actitud que debe reinar en nuestros corazones debe ser un profundo interés por su persona y no por lo que él nos puede dar.

Tener una actitud así nos llevará a evitar que nos acerquemos a su presencia con una lista de supermercado ante “La Gran Despensa Divina”. Evitará que lo veamos como el “Gran Santa Claus Cósmico” que debe obsequiarnos todo aquello que le pedimos. Y evitará que veamos a Dios como el “Gran Bombero Apaga Incendios” al cual buscamos solo cuando lo necesitamos.

Como afirmó Tommy Tenney en unos de sus libros más vendidos: “Debemos buscar el rostro de Dios, no sus manos”. Es decir, debemos interesarnos por quién es él y cuánto significa para nosotros, y no por un simple interés de obtener algo. Sean las cosas que sea que necesitemos o queramos… ¡incluyendo inspiración para canciones!… debemos orar porque él es valioso para nosotros independientemente que obtengamos o no lo que pedimos. Si lo tenemos a él, lo tenemos todo. ¡Incluso nuestros deseos más profundos! ¿No dijo el Salmista “deléitate en el Señor y él te concederá las peticiones de tu corazón”?

Se cuenta de un nuevo cristiano que estaba asistiendo a su primera reunión de oración y se sentía remiso a orar en voz alta porque no podía hacerlo como los otros. Tras algo de aliento, se levantó y dijo: “Señor, soy Jim. Soy aquel que te encontró el jueves pasado por la noche. Perdóname, Señor, porque no puedo decirlo de la manera que lo dice el resto de esta gente, pero quiero decírtelo de la mejor manera que sé: Te amo. Amén”.

Demás está decir que la sencilla y sincera oración de Jim encendió la reunión de oración.

Esa debe ser nuestra actitud, ver la oración como una oportunidad para amar a Dios independientemente de lo que obtengamos. Si lo honramos de ese modo, tenga por seguro que “Dios honra a los que le honran”. Él se encargará de todas nuestras necesidades.

En resumen, cuando tenga su devocional, adórelo profundamente y olvídese de lo demás.

5. El formato.

Uno de los mayores problemas de aquellos que están aprendiendo a cultivar una vida de adoración privada, es saber qué dirán durante el tiempo que orarán. ¿Se ha preguntado eso alguna vez? “¡No quiero repetir la palabra ´Aleluya´ durante 10 minutos seguidos!” exclaman aburridos, je.

Bueno, aquí la palabra “formato” nos será de gran ayuda. Un formato implica un orden establecido de cosas que dirá y hará mientras ora. Por ejemplo, el formato que generalmente yo uso para adorar es: Primero, adoración. Y segundo: Intercesión.

Simple, ¿no?

Los primeros minutos los paso adorando. Me despreocupo de todo, me olvido de mis problemas y necesidades, y me concentro totalmente en Dios y sus atributos. La mayoría de veces pongo música de fondo.

Si no lo sabe poner música de adoración contribuirá a la atmósfera de su tiempo de oración. La música es una herramienta que el Señor nos ha dado para conectarnos con él. Muchas veces me uno al canto que está sonando de fondo y otras solo lo dejo sonar detrás mientras expreso con mis palabras lo que Dios significa para mí. Después, voy a la segunda parte de mi formato, intercedo por mis peticiones, las de mi familia, las que conozco de mis amigos y oro por mi nación.

Yo soy de la mentalidad de que uno no debe acercarse a Dios solo para pedir. Uno debe acercarse para adorarle, por lo que él es, por lo que él significa para nosotros. Por ejemplo, si usted conociera esta noche al presidente de su país, no le diría de primas a primeras: “Señor Presidente, ¡qué gusto conocerlo! ¿Me presta 100 dólares?” ¡Jamás!

Usted primero se hace su amigo y con el tiempo podría pedirle alguno que otro favor. En cierto modo, lo mismo pasa con Dios. Ojo: no estoy hablando de chantajear a Dios adulándolo para luego obtener lo que queremos de él. En ninguna manera. Estoy hablando de adorarlo porque realmente él nos importa nos brinde o no lo que sea que necesitemos. En este sentido, adorarlo es enfocar nuestro corazón en lo que más importa, su persona, no sus bendiciones. Después de adorarlo profundamente, la Biblia nos enseña a través de múltiples pasajes que podemos pedir por nuestras necesidades.

Una vez me pasó así, era media noche y todos estaban dormidos en casa. Quise tener mi devocional en la sala, así que salí de mi cuarto, prendí la luz y me senté en medio para adorar. No quise pedir nada, solo adorar. No quería interceder por mis necesidades, solo amarlo profundamente. Así pasé bastante tiempo, al punto que cuando vi la hora me sorprendí de cuánto tiempo había transcurrido desde que comencé.

En ese instante, una voz me dijo al corazón: “Hasta este momento nada me has pedido”. Era una voz tan dulce y tan tierna que de inmediato comprendí que era el Señor diciéndome: “¡Pídeme lo que quieras que te de!”

Un formato que algunos suelen usar y yo le animo a conocer es “El Padre nuestro”. Este consiste en usar cada frase de la oración que el Señor nos enseñó en Mateo 6:9-13 como distintas secciones que debemos incorporar para que nuestra oración sea completa. Aunque no estoy seguro que usted pueda hallar este libro en su librería cristiana favorita, por lo menos lo animo a que lo consiga por Internet. El libro se titula: “¿Ni tan solo una hora?”, de Larry Lea, Editorial Vida.

Después de estudiar dicho libro usted dejará de preocuparse sobre qué decir durante su tiempo de oración. Al contrario, al finalizar su lectura se preguntará: “¿Cómo puedo decir todo esto en tan corto tiempo?” Es decir, usted aprenderá a orar por tiempos prolongados.

6. El ayuno.

Si la vida privada de adoración es la asignatura pendiente de los integrantes de un equipo de alabanza, el ayuno es la asignatura pendiente del 90% de los evangélicos del continente. Por eso, le animo a que simultáneamente aprende a orar también incorpore el ayuno a sus disciplinas espirituales.

¿Cada cuánto debería ayunar un cristiano? Bueno, mi sugerencia es que para comenzar a incorporar el ayuno a su vida lo haga por lo menos una vez al mes. Si no 24 horas, por lo menos ayune las comidas del desayuno y el almuerzo. Al final podría cenar algo liviano y ayunar de este modo durante los primeros 3 o 4 meses. Después podría comenzar a ayunar 24 horas al día una vez al mes durante tres meses más. Luego podría comenzar a ayunar cada 2 semanas a modo que al cumplir el año usted pueda ayunar una vez a la semana si así usted lo dispusiera.

Después del año, tal vez usted podría incrementar su vida de ayuno a 3 días (solo bebiendo líquidos) un par de veces al año, y según la guianza del Señor y lo que la prudencia le dicte, ayunar más de 3 días una vez por año. El punto aquí es incrementar los días de ayuno poco a poco, según sienta que lo deba hacer. La mayoría de iglesia agendan tiempos de ayuno mensual o trimestral, por lo que unirse a más hermanos le ayudará a vivir una vida de ayuno efectiva.

Antes de continuar permítame recomendarle que adquiera un libro sobre el ayuno, uno que hable desde los principios básicos hasta planes de abstinencia de alimentos y bebidas durante el ayuno. No son difíciles de encontrar, cualquier librería cristiana tiene libros sobre el tema.

Recientemente leí Isaías 58, uno de los capítulos más famosos de la Biblia en cuanto al tema del ayuno. Me impresionó encontrar que una de las bendiciones del ayuno que aparecen en los versículos del 8 al 12 es: Serás como un huerto de riego…” (v.11). ¿Sabe qué vino a mi mente al leerlo? El jardín del Edén.

Cuando ayunamos se comienza a crear dentro de nosotros una especie de Edén espiritual. Ese es “el huerto de riego” por excelencia. ¿Recuerda lo que dice Génesis? Dice que cuando Dios hizo la Tierra “aún no había ninguna planta del campo sobre la tierra ni había nacido ninguna hierba del campo, porque Jehová Dios todavía no había hecho llover sobre la tierra ni había hombre para que labrara la tierra, sino que subía de la tierra un vapor que regaba toda la faz de la tierra” (v.5-6). También dice que “salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos…” (v.10).

En lo personal eso me habla de la llenura del Espíritu Santo, Jesús dijo: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir…” (Juan 7:38-39). El Señor no dijo que llovería sobre nosotros, sino que brotarían ríos de nuestro interior. ¡Así como en Edén!

Procurar una vida de ayuno no solo nos garantiza la llenura continua del Espíritu, sino también su fruto. Génesis 2  dice que “Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista y bueno para comer…” (v.9). Árboles con fruto delicioso nos habla del fruto del Espíritu brotando a través de nuestro ser y reflejándose en nuestro carácter (Gálatas 5:22-23).

Lo interesante de todo esto es que cuando Dios creó a Adán y Eva estableció para ellos una vida de ayuno. Les dijo: “De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás…” (v. 16-17). Esto fue como decirles: “Adán, Eva, ¡presten atención! Ustedes tendrán una vida plena en el Edén si ayunan y se abstienen de comer el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. ¡Esa es mi voluntad para ustedes!”

El ayuno es una decisión, es abstenerse de alimentos para dedicarse a causas espirituales. En el caso de Adán y Eva era abstenerse de este árbol para dedicarse a obedecer a Dios. Por lo tanto, así como ellos tuvieron que decidir comer o no comer, el ayuno es una decisión voluntaria de abstenernos de comer para dedicarnos por completo a la comunión íntima con Dios.

Continúa…

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