«Escribir una canción» (Quinta parte)

«Escribir una canción» (Quinta parte)

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Escribir una canciónEstudiando una letra de Arjona.

Ahora analizaremos la segunda estrofa de la canción. Espero que el análisis que he hecho hasta el momento le haya servido de algo. Sé que no es usual que alguien tome una canción de un cantante que no es cristiano y derive lecciones de sus letras. Pero vamos, ¡Arjona se mandó con esta descripción del arte de componer! Mis respetos por esta joya de la cual podemos extraer pensamientos tan valiosos. Una vez más si aun no se ha familiarizado con la letra y la melodía le invito a que haga click aquí. De este modo usted sacará mayor provecho de la entrada de hoy.

Luego del coro la segunda estrofa dice:

Si escribí por escribir algunas veces
pa’ aumentar el inventario en la despensa.

Aquí el compositor se viste de franqueza. Nos da a entender a manera de confesión que algunas veces ha escrito por el simple hecho de escribir con el fin de aumentar su catálogo personal de temas sin importar que dichas canciones tengan algún significado personal importante. Eso no solo le ha pasado a él, a muchos de nosotros también.

Lo que pasa es que aunque usted no lo crea los compositores podemos experimentar la sutil tentación de querer decir a todo mundo que tenemos cientos de canciones en nuestro haber y proclamar a los cuatro vientos lo prolíficos que somos. Algunos que hemos caído en esa trampa de la inmadurez hasta hemos llegado a pensar que citar una cantidad abultada de temas equivale a que la gente crea que somos escritores experimentados. Yo no digo que sea incorrecto decir cuántas canciones uno haya escrito, pero el compositor cristiano debe tener cuidado de hacerlo con humildad y sin afán de impresionar.

En algunas ocasiones me han preguntado: “¿Y cuántas canciones has escrito en tu vida?” Aquí entre nos: esta es una de las preguntas que menos me gusta responder, pero cuando insisten e insisten respondo: “Quizá unas 400…” Pero de inmediato añado: “Pero de todas esas creo que solo 50 ó 60 son dignas de usarse alguna vez. ¡No todas!”

Lo que pasa es que no todo lo que uno compone es bueno. Algunas canciones que he escrito son tan malas que cuando las escucho después de algunos meses pienso para mí: “¡Dios mío! ¡En qué estaba pensando cuando escribí esto!”

Lo positivo de esos intentos de canción es verlos como ejercicios de composición que uno puede guardar en el baúl de las anécdotas. El problema es que hay compositores que piensan que esto de componer es una especie de competencia, que entre más “aumenten el inventario en la despensa” eso los acreditará como grandes escritores. Por eso, cuando les preguntan cuántas canciones han escrito meten tanto las canciones buenas como las malas y entonces se jactan de tener una inmensa alacena. No señores, no todo lo que escribimos es bueno, pienso que esas canciones, o mejor dicho: esos intentos de canciones no los deberíamos meter dentro, sino verlos como ejercicios que nos sirvieron en el pasado para perfeccionar nuestra forma actual de componer.

El otro día estuve conversando con mi amigo Alex Navas y le comenté que a veces lamentaba no ser tan prolífico como quisiera, que a veces siento que escribo muy poco para lo que creo que debería de hacer. Me respondió: “Es mejor componer pocas canciones pero buenas, que muchas sin calidad”.

¡Sabias palabras!

Olvídese de “aumentar el inventario en su despensa”. ¿Por qué quiere hacer eso? ¿Para inflar su ego ante sus iguales o para tener más y mejores recursos y de este modo contribuir a la vida de la gente?

Si un encargo me obligó al sacrilegio…

Algunos compositores noveles no saben que hay varias formas de animarse a componer. Entre ellas:

Por disciplina personal.
Por el empujoncito de la inspiración.
Por encargo.
Etc.

Cuando hablo de disciplina personal me refiero a la práctica diaria de la composición. Donde el escritor se obliga a sí mismo a producir algo, mucho o poco, pero a diario.

Al mencionar el empujoncito de la inspiración estoy hablando de entregarse a la tarea de componer porque la emoción brota de forma natural de nuestro interior y nos impulsa a plasmar en el papel todo cuanto sentimos o queremos transmitir. Esto puede pasar una vez a la semana o… ¡Una vez al año! Je.

Y bueno, por encargo me refiero a que alguien nos pide una canción ya sea ofreciendo una compensación económica de por medio o no. En este caso se compone cada vez que se solicita.

Un buen ejemplo de componer por encargo se ve reflejado en la película “Letra y música” que Hugh Grant y Drew Barrymore protagonizaron hace algunos años. En ella se narra como una gran artista pop le pide a Alex Fletcher (Hugh Grant) componer una canción para su próximo disco y éste se esmera por hacerla porque necesita el dinero para no caer en bancarrota. Si usted no la ha visto le animo a verla. Es una gran película.

El punto es que la película refleja algo que muchos compositores cristianos amateurs no están conscientes: detrás de la industria musical mundial, incluyendo la cristiana, hay todo un andamiaje de compositores que escriben canciones por encargo, no necesariamente porque la inspiración los impulsa a crear.

¿Es malo esto? A mi modo de ver sí y a mi modo de ver no, je. No es malo porque sin compositores la industria colapsaría. Necesitamos que la gente componga cuando se lo piden. Por el otro lado sí podría ser malo si nuestra única motivación es la ambición financiera y no objetivos más nobles.

Es cuando se compone solo por dinero que algunos compositores como Arjona tildan de “sacrilegio” el oficio.

De sentirme un arquitecto de emociones…

Mejor no lo pudo haber descrito alguien: un compositor es un arquitecto de emociones.

Las canciones son una extensión del compositor. El compositor confecciona letras y melodías a partir del sentir interior, de la emoción que lo embarga y de la inspiración que lo apodera. Usando de creatividad, de ciertas habilidades musicales y literarias construye una composición producto de lo que experimentó dentro suyo.

Si no lo sabía las emociones y sentimientos tienen potencial melódico, es por eso que cuando el corazón del compositor siente intensamente existe la posibilidad de que componga algo extraordinario. Por decirlo de otro modo: El sentimiento es el padre de la composición y la emoción su madre. Todo cuanto usted sienta tiene el potencial de convertirlo en canciones. ¡Pero eso no es todo!

Cuando el compositor construye una canción emocionante… Mmm, por cierto… Si una canción no emociona no es una buena canción. Las grandes canciones siempre emocionan. Entonces si usted como compositor construye una canción emocionante puede provocar que otros experimenten lo que usted ya experimentó. ¡Por eso el compositor es “un arquitecto de emociones”! Porque las canciones son medios a través de los cuales hacemos sentir lo que previamente nosotros hemos sentido.

Nunca lo olvide: toda canción transmitirá el mismo sentimiento del cual se originó.

Es por eso que sus canciones tienen la capacidad de construir calles y avenidas en la mente de las personas, escenarios emocionantes y grandes sensaciones. Esta habilidad es una parte inherente de las artes. Si hay una razón por la cual existen los artistas (compositores, poetas, pintores, etc) es para que los seres humanos estemos conscientes de la belleza de las cosas creadas. Para que construyan dentro nuestro emociones que de otra forma muy difícilmente experimentaríamos.

En una sola frase podemos afirmar que “Somos arquitectos”.

Continúa…

3 Comentarios

  1. Hola Noel: Me gusta mucho que alguien pueda sacar lo precioso de lo vil, caracteristica de nuestro Dios. Le animo a seguir escribiendo así y sin duda lo hará mejor pues el que comenzó en nosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. De la frase ¨somos arquitectos¨ pues creo que tiene razón, los somos, pues tenemos como Rey al Arquitecto de los arquitectos. Salomón no tenia ni idea de como construir el templo de Jehová, pero le pidió sabiduría al Arquitecto y El le dió abundantemente, eso debería hacer cada compositor, Ojala!!Arjona Conociera a Jesucristo.Sería un excelente adorador. Amén…..

  2. KAROL: Gracias por tu comentario, tambien me gusta saber eso de que somos «arquitectos». Sobre Arjona, pues que el Señor lo toque, amén!

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

  3. Sobre «Si escribí por escribir algunas veces
    pa’ aumentar el inventario en la despensa.» difiero en lo tocante a que escribió por escribir sólo para aumentar su catálogo de temas.

    Como guatemalteco, sé que a Rajona (así le dijo yo) le tocó bastante difícil al salir del país, tuvo que componer temas por encargo, para poder COMER (de allí el «aumentar el inventario en la despensa»).

    Y se me hace que estará haciendo un guiño, una alusión a los compositores que se venden, solo por el hecho de ganar más plata; pero qué se yo, eso sería mi interpretación personal.

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