Mi equipo de alabanza… ¿Componiendo? (Primera parte)

Mi equipo de alabanza… ¿Componiendo? (Primera parte)


La asignatura pendiente de la mayoría.

“Mi equipo de alabanza… ¿Componiendo?” fue el título del taller que impartí hace algunas semanas en la Iglesia de Santidad Restauración (ISARES), en Tegucigalpa. Resulta que por invitación el Instituto Canzion de Honduras, tuve la oportunidad de participar del Congreso Adoradores con Propósito enseñando un par de talles sobre el tema de escribir canciones. De mis dos  participaciones, la primera trató sobre la realidad de los ministerios musicales que no cantan lo propio a pesar de tener compositores entre sus filas. La segunda trató específicamente sobre la parte práctica de componer. Permítame entonces compartirle los pensamientos que abordé en mi primera participación más algunos conceptos adicionales que después reflexioné y decidí añadir.

Como usted sabe, hay tres fuentes de canciones de las cuales un equipo de alabanza puede obtener recursos para el repertorio de la iglesia local: Canciones traducidas de otros idiomas, canciones de otros ministerios musicales y canciones propias. Las fuentes a las que más nos avocamos son las primeras dos, no la última. La mayoría de ministerios musicales cantan lo de otros. Las canciones propias, ¡brillan por su ausencia!

¿Es malo esta tendencia? No del todo, cada iglesia y equipo de alabanza decide la fuente de canciones que desea utilizar; sin embargo, cantar lo propio es la asignatura pendiente de la mayoría de grupos musicales de iglesias. Asignatura que si aprobaran beneficiaría enormemente sus ministerios, la iglesia local en sí y más allá.

CINCO RAZONES DE POR QUÉ CANTAR LO PROPIO

Sin afán de exagerar los beneficios que cantar canciones nuevas ni de que hacerlo es la panacea del ministerio, quiero plantearle cinco razones que probablemente usted no ha considerado. Veamos:

1. Cantar lo propio refleja el valor que el equipo de alabanza le da al mandamiento de los Salmos.

Revise conmigo rápidamente los siguientes textos:

“Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo” (Salmo 33:3). La palabra “Cantadle” está en imperativo, no es una opción. Es una orden. Y de paso, se nos dicen que lo hagamos con excelencia. “Con arte” dice la Biblia de las Américas. ¿Está usted obedeciendo este mandato de las Escrituras? ¿Está su equipo de alabanza velando por acatar este lineamiento de la Palabra?

“Cantad a Jehová cántico nuevo; cantad a Jehová, toda la tierra” (Salmo 96:1). Una vez más se nos exhorta a cantar canciones nuevas. Pero el mandato no es solo para los salmistas anglos, sea que estén en EE.UU., Inglaterra o Australia. No, es para los salmistas que está esparcidos por todo el planeta. Esto incluye su país, su ciudad, su iglesia… ¡Y a su equipo de alabanza!

“Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho maravillas” (Salmo 98:1). ¿Por qué vamos a cantar canciones nuevas? Porque el Señor ha hecho maravillas. Es decir, cada maravilla que Dios ha hecho en nuestras vidas amerita una canción. Desde el hecho de habernos rescatado del pecado hasta los milagros cotidianos, todo puede activar la inspiración. ¿Qué maravillas ha hecho Dios en su congregación? ¿Qué cosas poderosas ha hecho Dios en la vida de los músicos y cantantes de su iglesia? ¿Qué ha hecho Dios por usted? Plásmenlo entonces en una canción.

“Cantad a Jehová cántico nuevo; su alabanza sea en la congregación de los santos” (Salmo 149:1). ¿Lo ve? El llamado a componer canciones nuevas va más allá de que el compositor o el equipo de alabanza componga, esto es cuestión de llevar dichas canciones a la congregación y ofrecerlas como alabanzas para nuestro Dios.

Extrañamente la mayoría de cristianos interpretan los textos anteriores que dicen: “Cantad un cántico nuevo”, como una alusión a cantar lo que en el argot evangélico conocemos como “canciones espontáneas”. Esas que cantamos tipo cantos gregorianos y cuyas frases improvisamos durante nuestros tiempos de adoración privada o congregacional.

Yo no digo que esa interpretación esté mal, pero no es completa. Hasta donde he estudiado estos pasajes, el sentido original de los versos tiene que ver con cantar canciones nuevas. No se refieren solo al cántico espontáneo. Se refiere principalmente a entonar canciones inéditas, recién compuestas, acabaditas de hacer y recién salidas del horno.

La gran pregunta es: ¿Cómo vamos a cantar canciones nuevas sin que alguien las componga? ¿Cómo lo haremos sin compositores que las escriban? Es más, ¿cómo cantaremos canciones nuevas “en la congregación de los santos” sin equipos de alabanza que se atrevan a obedecer este mandato de las Escrituras?

2. Cantar lo propio refleja el valor que el equipo de alabanza le da a la innovación.

Hace algunos años la esposa de uno de los pastores de la iglesia donde me congregaba, me dijo: “Noel, francamente yo no soporto vuestros tiempos de alabanza. ¡Llevan más de 4 meses sin variar el repertorio de canciones!” Lamentablemente muchos ministerios musicales no tienen la más mínima idea de lo que significa innovar periódicamente el catálogo de canciones.

Como el Taller de composición que impartí en Tegucigalpa fue día sábado, pues dos días antes Roberto Prado estuvo en este mismo evento. El asunto es que durante su Master Class, él dijo algo muy interesante sobre el tema de la innovación: “Hay muchos equipos de alabanza que durante su primer año cantan: “Eres mi amigo fiel”.  Durante el segundo año: “Eres mi amigo fiel”. Durante el tercer año: “Eres mi amigo fiel”, durante el cuarto año: “Eres mi amigo fiel”, etc”.

Y yo añado: ¡¡¡Y por toda la eternidad: “Eres mi amigo fiel”!!!

Muchos ministerios no usan de sabiduría cuando de administrar canciones se trata. Olvidan que repetir una canción vez tras vez cansa y desgasta la canción en la mente de los oyentes. ¡Ni se diga en la de los propios integrantes!

Yo soy el primero en confesar que hay canciones que el día de hoy no puedo cantar más porque no siento nada al hacerlo. Las canté tanto tiempo que es como si me hubieran anestesiado contra ellas. Cuando comienzan a sonar siento un “surmenage” que no me deja hasta que han terminado. Es como si me hubieran dado a comer Pupusas (Comida típica salvadoreña) tres veces al día durante un año entero y sin parar, y quedado tan harto que no puedo verlas ni en pintura de tanto hartazgo.

Canciones como: “Cristo no está muerto”, “El poderoso de Israel”, “Te alabaré mi buen Jesús”, etc., no las puedo cantar más porque las canté tanto debido a que los pastores y líderes de la iglesia las pedían una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez… ¿Puedo poner un «Etc.» aquí?… ¡Ok!… ¡ETCÉTERA!

Alguno me dirá: «¡Ah, hermano! Eso no debería pasarle a ningún cantante. Las canciones son para Dios y no deberíamos de aburrirnos de ellas nunca». Pues está equivocado. Precisamente es porque el ser humano experimenta aburrimiento que el sentido de innovación se activa. Lamentablemente muchos equipos de alabanza se amparan en la repetidera de canciones para excusar sus hábitos de pereza y holgazanería de buscar nuevos recursos y actualizar periódicamente el repertorio.

Es por eso que mientras enseñaba mi Taller en Tegucigalpa les dije: «Cuando en su iglesia canten: «Te alabaré mi buen Jesús» o «Eres fiel»… ¡Seguramente esa semana el equipo de alabanza no ensayó!» Je.

Ahora, no me juzgue  mal por favor. Le aseguro que a usted también le ha pasado lo mismo, ¿o no? ¿Qué tal si me dice qué canciones ya no puede cantar más porque no le despiertan ni un ápice de emoción? ¿Vienen a su mente algunas? Vamos, dígame la verdad… ¡No me deje a mi solito en esto eh! Je.

Algunas que los participantes de mi Taller dijeron fueron:

«Eres mi amigo fiel»
«Tu fidelidad»
«Renuévame»
Etc.

Bueno, pues así como usted y como yo, también los miembros de la congregación tienen canciones que ya no quieren cantar más. El equipo de alabanza las cantó por tanto tiempo que les restaron energía por tanta repetición. Las canciones perdieron su poder debido a una mala administración.

En ese sentido, el grupo de músicos y cantantes que no administran sabiamente el repertorio de canciones de la iglesia local, es un grupo que no está consciente de la importancia de la innovación. Ahora, lo contrario también es cierto. El equipo de alabanza que cantan canciones nuevas, propias o de otros, y las administra sabia y dinámicamente, es un equipo que reconoce el valor de innovar y que sabe que variar el repertorio trae frescura y dinamismo a la adoración congregacional. De paso, evita que las canciones pierdan su poder en el corazón de las personas.

Continúa…

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