Mi equipo de alabanza… ¿Componiendo? (Segunda parte)

Mi equipo de alabanza… ¿Componiendo? (Segunda parte)

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Más razones de por qué cantar lo propio.

En la entrada anterior comencé a enumerar algunas razones por las cuales es importante que el equipo de alabanza de una iglesia local componga sus propias canciones. Hablé de que incursionar en esa disciplina refleja el valor que le dan al mandamiento de los salmos de “Cantar un cántico nuevo” y el valor que le dan a la innovación del repertorio de canciones. En esta oportunidad mencionaré dos razones más.

3. Cantar lo propio refleja el valor que el equipo de alabanza le da a sus compositores.

No nos engañemos, el hecho de que un ministerio de alabanza no cante lo propio es evidencia de una situación mucho más profunda. Se dice que en los océanos gélidos del planeta, las puntas de los icebergs que se divisan son apenas el 10% de lo que realmente está debajo. Es decir, el 90% está sumergido mientras lo que vemos es el 10%.

Pienso que el hecho de que un equipo de alabanza no innove con canciones propias es la punta del iceberg. En el fondo la verdadera razón por la que no se hace es la subvaloración tácita del compositor local.

Ahora, yo no estoy diciendo que pongamos en un pedestal a los compositores de la iglesia o les erijamos un monumento. No, pero una forma de reconocer su trabajo es cantar lo que ellos están creando. La mayoría de compositores que conozco se contentan con el solo hecho de que se canten sus canciones en público y no porque se les reconozca como autores. Un gran porcentaje de compositores cristianos son felices en el anonimato. Aun así, no se equivoque. Lo compositores no son ingenuos. Ellos saben cuando son valorados y cuando no. Entonces, a pesar de no ser reconocidos, ellos siguen componiendo en secreto y ofreciendo a Dios sus canciones durante sus tiempos de adoración privada, confiando en que algún día el pastor o líder de ministerio abrirá los ojos y reconocerá la importancia de innovar el repertorio de la iglesia con canciones propias.

El problema que algunos compositores enfrentan en sus equipos de alabanza va más allá de lo que acabo de mencionar. El dilema se agudiza cuando los músicos y cantantes de la banda se burlan de lo que sus compañeros escriben. Me he enterado de compositores que muestran sus canciones con entusiasmo en un ensayo y de repente algunos ridiculizan su trabajo. No porque la canción esté mal (cosa que podría pasar), sino porque la personalidad bromista de algunos integrantes aflora cuando alguien plantea propuestas nuevas. Cuando pasa eso, lamentablemente algunos compositores se desaniman a mostrar en el futuro sus obras debido a que fueron avergonzados en público. ¿Qué le queda hacer ante tales reacciones? Aguantar, callarse y a partir de allí disfrutar a solas sus propias canciones por temor al rechazo.

Cuando yo comenzaba a componer experimenté la burla en dos ocasiones. La primera por parte de un amigo que aprecio mucho. Cuando le canté una de mis primeras canciones, me dijo: “¡Ay, no! ¡Quitále ese ti-ri-ri-ri, ti-ri-ri-ri que le has puesto!” Si usted hubiera visto su cara, los ademanes de sus manos, el tono de voz y la carcajada que soltó, entendería por qué no le volví a enseñar canciones por mucho tiempo.

En otra ocasión escribí una canción para un evento de la iglesia y la canción fue aprobada por los líderes para cantarse como lema. Resulta que ya en el evento, mientras yo salía de una de las conferencias, uno de los pastores asociados comenzó a ridiculizar la letra de mi canción frente a otro líder y con tono de burla la criticó. Vamos, la canción no estaba mal escrita y doctrinalmente estaba correcta. Sin embargo, su tono de sarcasmo e ironía me hizo sentir muy apenado y solo pude sonreír nerviosamente frente a él. Sin embargo, dentro de mi pensé: “¡Jamás le voy a mostrar una canción mía a este pastor!”

Amigo cantante, amigo músico… ¡amigos integrantes de ministerios de alabanza!… Cuando algún compañero vuestro les muestre una canción, no se burlen. No hagan chistes de su canción. No lo menosprecien, no lo tilden de loco ni de inexperto. Algunos compositores que apenas están comenzando lo que menos necesitan cuando están aprendiendo a componer es que los menosprecien. Ellos necesitan que los alienten. Sí, es cierto, podría ser que su canción no sea tan buena como pudiera ser, pero igual hay formas de decirle que debe mejorar sin herir susceptibilidades.

La otra vez un amigo de la iglesia me mostró una canción. La verdad verdad… ¡Muy bien lograda! Yo estaba tan contento que me la mostrara que le di mi más sincera felicitación. Una hora después otra persona se me acercó y me dijo: “¿Oye? ¿Qué le dijiste a fulano de tal de su canción que no cabe de alegría?”

Ese día aprendí que mis palabras tienen poder. El poder de levantar o de derribar. A partir de allí decidí que nunca desanimaría a los compositores amateurs. Hice un compromiso conmigo mismo de que a pesar de que sus canciones no fueran tan buenas, siempre los alentaría a seguir adelante y a que no dejaran de practicar la composición.

Vamos, valore a sus compositores, que cuando lo haga entonces comenzará a valorar las melodías que ellos están manufacturando. ¡Y quién sabe! Quizá hasta comience a cantarlas en la iglesia.

4. Cantar lo propio refleja el valor que el equipo de alabanza le da a la identidad propia.

Hace algunos meses publiqué una serie de artículos que titulé: “La iglesia es un karaoke”, ¿la recuerda? Allí hablé de cómo un gran porcentaje de equipos de alabanza son tan improvisados y tan mal organizados que parecen karaokes. Una de las razones de por qué afirmo que parecen karaokes, es porque cuando se participa de un karaoke uno pasa al frente a cantar lo de otros. No lo propio. Si usted cantara lo propio en un karaoke sería cualquier cosa pero ya no un karaoke.

El problema de muchos equipos de alabanza es que no tienen identidad. Se la pasan imitando, no tienen personalidad propia. La evidencia más tangible de esto es el fenómeno Hillsong. Un gran porcentaje de bandas en el continente ya no oyen más discos que no sean Hillsong, no cantan más canciones que no sean Hillsong y ya no se visten con otra ropa que no sea estilo Hillsong, je.

En mi opinión, algunos ministerios musicales se pasan de Hillsong pues cuando dirigen desde el frente meten tantas guitarras acústicas y eléctricas que en lugar de bandas de adoración parecen rondallas. ¿Sabe qué es una rondalla? Entonces tiene tarea, je.

Cuando alguien no tiene identidad, imita en desmedida. La admiración que los integrantes de los equipos de alabanza sienten por sus artistas favoritos, como Hillsong, llega a tal grado que a veces me preocupa que la admiración ya no sea admiración, sino adoración. Nuestros músicos y cantantes son tan fáciles de impresionar que no disciernen que detrás del glamur, los congresos y la mercadotecnia de Hillsong, hay todo un andamiaje de valores y principios que sostienen la fantástica labor de ese ministerio.

Por ejemplo, si un ministerio musical admirara más objetivamente a Hillsong comprendería que un elemento importante de que Dios los use de una forma tan particular, es que cantan sus propias canciones. Es decir, Hillsong, como regla general, no canta lo de otros. Cantan lo que ellos mismos están manufacturando. Entonces, el problema de los equipos de alabanza en Latinoamérica es que creen que la clave está en cantar las canciones de Hillsong, sonar como Hillsong y vestirse como Hillsong. ¡Y nooo!!! Parte de la clave (¿Vio que dije “Parte”?) de Hillsong está en que cantan lo propio. En que conocen quiénes son y cuál es su llamado dentro del cuerpo de Cristo. Por lo tanto, su identidad se ve reflejada en sus canciones.

Los equipos de alabanza de nuestros países tendrían una mejor identidad si en lugar de cantar lo de Hillsong, compusieran sus propias canciones así como Hillsong hace. ¿Me doy a entender? 

Mi punto es que cantar lo propio consolidaría la identidad de nuestros ministerios musicales. Si compusiéramos canciones nuevas según el mover de Dios en nuestra congregación, nos daría identidad como bandas y aun como iglesias. No cantaríamos solo lo de otros (cosa que es bueno hacer), sino que nuestras canciones reflejarían lo que está pasando entre el pueblo de Dios que está en casa.

Si usted revisa Éxodo 15 notará que ante el grandioso milagro que los Israelitas acababan de presenciar del mar rojo abrirse y pasar en seco, lo único que Moisés pudo hacer fue componer una canción. Dios había hecho maravillas entre su pueblo y esas maravillas ameritaban una nueva expresión. En este sentido, si los compositores se pusieran las pilas y compusieran conforme al mover del Espíritu Santo en sus congregaciones, dicha creatividad le daría identidad propia como ministerio de alabanza.

Vamos, sea original, deje de imitar tanto, olvídese de ser un karaoke… ¡Componga también lo suyo!

Continúa…

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