Bendito sea tu nombre

Bendito sea tu nombre

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La perspectiva correcta del sufrimiento de Job.

Hace unos años escuché la siguiente afirmación: “Job sufrió lo que sufrió por culpa de lo que confesó con su boca”. Lo impresionante de estas palabras no es solo lo falsas que son, sino que miles de evangélicos en el mundo las creen en la actualidad. La mal llamada “Teología de la Prosperidad” y su mascota favorita “La Confesión Positiva” ha permeado las iglesias evangélicas al punto de manipular libros enteros de la Biblia, como el de Job, para hacer que ella diga lo que ellos quieren que diga y no lo que la Biblia dice en realidad.

No señores, Job no sufrió lo que sufrió por lo que confesó con su boca. Él sufrió porque el Dios Todopoderoso quiso glorificarse de esa manera en su vida.

“¡Pero Noel!…” dirá alguien, “Job dijo: ´lo que más temía me sobrevino, lo que más me asustaba, me sucedió´ (Job 3:25). ¡Eso demuestra que sus confesiones fueron las desencadenantes de sus calamidades!”.

Sí, Job dijo eso, pero en el contexto total del libro se entiende que esas palabras fueron simplemente una expresión. Vea por qué…

En primer lugar, el capítulo tres de Job en su totalidad es un discurso de queja y de lamento. Job simplemente estaba expresando lo que había en su corazón. No filosofando sobre la “Ley de la atracción” ni dando por sentado que “lo que dices recibes” es verdad. Simplemente se estaba expresando.

Segundo, si a Job le sucedió conforme a su confesión, ¿por qué no le sucedió lo mismo después? ¿Por qué no murió luego de confesar en 3:11-13 que deseaba estar muerto? ¿Por qué no murió si confesó que quería morirse? De nuevo, al estudiar el contexto completo del libro de Job encontramos que él simplemente estaba externando su frustración. Es más, cuando se llega al último versículo del libro se afirma que “Job murió muy anciano, colmado de días”.

¿Lo ve? Así como Job no murió por culpa de desear morir, tampoco sus confesiones provocaron sus tragedias iniciales.

Y en último lugar: ¿por qué en el primer capítulo del libro de Job ni Dios ni Satanás apelaron a las confesiones de este hombre para dar inicio a las calamidades? ¿Por qué Dios no dijo: “Debido a las confesiones negativas de Job me veo obligado a darle lugar a Satanás para que lo destruya”? ¿Por qué ni siquiera Satanás amparó su deseo de probar a Job diciendo: “¡Lo ves Dios! ¡Job ha confesado mal! ¡Ahora tengo derecho legal sobre su vida y su familia!”?

¿Sabe por qué no aparece ninguna alusión de estas? Porque las confesiones de Job no tuvieron nada que ver con sus tragedias.

¿Por qué entonces sufrió Job lo que sufrió? Porque Dios lo permitió, porque soberanamente lo decidió así y porque fue la forma que él escogió para glorificarse en su vida. Punto.

Ahora bien, usted y yo sabemos que hay problemas que nosotros mismos ocasionamos. Un examen de conciencia revelaría que somos nosotros, ¡no nuestras confesiones eh!, quienes por nuestras malas decisiones, conductas impropias o por habernos asociado con las personas equivocadas provocamos ciertas adversidades. Para estos casos hay que reconocer nuestra responsabilidad, arrepentirnos, pedir ayuda al Señor y tomar medidas. Sin embargo, hay otras dificultades que no tienen explicación: el nacimiento de un hijo con una enfermedad congénita, la pérdida de un empleo bien remunerado, una enfermedad terminal que aparece sin causa, un accidente de tránsito del que no tuvimos que ver o la muerte inesperada de un ser querido.

Hay cosas malas que le ocurren a gente buena y las causas son un misterio. Hay cosas que pasan y le aseguro, por lo que enseña la Escritura, que no tienen nada que ver con nuestras confesiones.

En este sentido, cuando esté atravesando tragedias, problemas, pruebas o dificultades que sobrepasen su comprensión, vamos, no se culpe frente al espejo diciendo: “¿qué habré confesado mal? ¿En qué pequé con mis palabras?” En lugar de eso alce su mirada al cielo y adore como Job cuando dijo:

Desnudo salí del vientre de mi madre,
y desnudo he de partir.
El Señor ha dado; el Señor ha quitado.
¡Bendito sea el nombre del Señor!
Job 1:20.

“Bendito sea tu nombre”
Noel Navas.

Cuando todo se derrumbe
y ya nada quede en pie.
Cuando una nube de escombros
sea lo que yo pueda ver.

Cuando todo esté en el piso
y sienta desfallecer,
alzaré a ti mis ojos
y yo te bendeciré.

Coro:
/Aunque todo sea vea oscuro
y nada resulte bien,
¡bendito sea tu nombre!
¡Bendito sea tu nombre!/

Cuando ya no queda nada
y solo queda la fe,
es cuando tú apareces
para hacernos renacer.

Tú comienzas todo nuevo,
reconstruyes del dolor.
Abres el entendimiento
y entonces podemos ver.

Puente:
/¡Bendito seas por siempre,
desde ahora y siempre, amén!/

Noel Navas.

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