Cuestión de cortesía

Cuestión de cortesía

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La benignidad como rasgo del músico.

Recientemente un amigo me relató el breve encuentro que tuvo con una de las bandas cristianas más famosas de la industria cristiana en español. Resulta que estaba en un aeropuerto estadounidense y vio que ellos estaban haciendo fila. Él se acercó desde atrás y les preguntó: “¿Ustedes son la banda de fulano de tal?” Al instante uno de ellos se volteó y de tajo le dijo: “Sí, ¡pero ahorita estamos ocupados!” De inmediato le dio la espalda y siguieron conversando como si él no estuviera allí.

Mi amigo se sintió desilusionado, no tanto porque le dijeran que estaban ocupados, sino por el tono de hastío que percibió en la respuesta. 

Un organizador de eventos hizo un concierto en una ciudad de EE.UU. Invitó a un cantante de renombre; sin embargo, a pesar de haber sido quien soltó el dinero para que la actividad fuera un éxito, el equipo alrededor del artista jamás le permitió accesar al cantante siquiera para saludarlo.

Como el organizador había sido el encargado de traerlo, de cubrir sus gastos y sus honorarios, al final del concierto exigió a quienes rodeaban al cantante que le permitieran acercarse. ¿Qué hizo cuando lo tuvo en frente? No le dio las gracias por haber venido, ¡no señores!, lo amonestó por su descortesía de no pasar a saludar a quien lo había contratado.

Hace unos meses estaba intentando entrevistar a un par de compositores que visitarían El Salvador y le llamé a un amigo que integraba una de las bandas que abrirían el concierto. Al preguntarle sobre cómo veía la posibilidad de que yo lograra concertar alguna de esas entrevistas me dijo que iba a ser imposible, “los organizadores los van a manejar dentro del país tan herméticamente que no creo que lo consigas”, me dijo.

Después de tocar ese tema nos enfrascamos en cómo me había ido a mí entrevistando a un cantante muy famoso. “Pues al final conseguí la entrevista, pero al inicio me salió un poquito enojado”, le comenté. “¡Ah! ¡Jajaja!…” Se rió, “¡A nosotros nos trató súper bien cuando lo entrevistamos!” (Yo en mis adentros pensaba: “¿Por qué se rió de que me haya salido enojado?”)

“¡Quien sí nos salió súper enojado fue Fulano de tal!” Continuó diciéndome, “¡Hubieras visto la gran regañada que nos dio por tanto insistir!” “¡Qué raro!” respondí, “¡Ese Fulano de tal me trató de lo más bien que te puedas imaginar!”

Ahora yo me quería reír… No lo hice. 

Hace varios años asistí al lanzamiento de un disco de Danilo Montero en Costa Rica. Si no lo sabe, la mayoría de cantantes famosos tienen un manager. Su labor, entre otras cosas, es velar que el cantante esté libre de cualquier distracción que no sea cantar y ministrar. Por eso, al final de los eventos tratan de llevárselo lo más rápido posible a descansar al hotel. Principalmente cuando ha sido un evento multitudinario.

Casualmente yo sabía quién manejaba a Danilo por ese entonces, por eso, cuando yo iba saliendo por unas de las puertas vi al manager girando órdenes a través del intercomunicador: “¡Ya está todo listo! ¡Saquen a Danilo! ¡Saquen a Danilo!” A lo que la voz del otro lado respondió: “No, Danilo dice que le traigan una mesa. Quiere sentarse a saludar a la gente”.

LOS ARTISTAS SON IGUALES A NOSOTROS

Con más de 50 entrevistas realizadas a cantantes y compositores cristianos para mi blog, puedo asegurarle que he visto y oído casi de todo en cuanto a las reacciones positivas y negativas de los cantantes cristianos ya sea antes, durante o después de algún evento. Tengo colecciones de anécdotas tanto de los que reaccionan mal, como las que cité al inicio, como de los que reaccionan bien, como el caso de Danilo y otros más.

Si algo he aprendido en todo esto de entrevistar a músicos cristianos famosos y que verdaderamente son celebridades, es que ellos son iguales a nosotros. Ríen y se enojan, se alegran y se enfadan, tal como usted y yo hacemos alguna vez en el día, la semana o el mes.

Disculpe la jactancia, pero tan consciente estoy de sus formas de ser que podrían presentarme al cantante más famoso que pueda existir en la industria y yo no me inmutaría. Claro, me emocionaría la idea de saludarle y quizá de realizarle una entrevista, pero a lo que me refiero es que no entraría en éxtasis como cientos de cristianos hacen cuando sorpresivamente se encuentran ante una celebridad al final del algún evento para pedirle un autógrafo o una foto.

Yo no digo que esté mal emocionarse ante una celebridad. No, pero reconozcamos que los medios de comunicación han jugado un papel importantísimo para que algunos reaccionen con tanto fervor. Conocer sus videos musicales, sus premios internacionales y hasta haberlos escuchado en la radio, vamos, no lo podemos negar, eso tiene un impacto en nuestra mente. Sin embargo, le puedo asegurar que ellos son mortales como usted y como yo que lo único que los diferencia del resto de cristianos es que son súper talentosos y tienen un aura de celebridad alrededor. Nada más.

¿Por qué le digo todo esto? Porque parte de la desilusión que algunos sienten ante el desplante que les han dado ciertos cantantes se debe a que los han idealizado, al punto de creer que ellos viven sonriendo como ángeles y emanando felicidad por donde pasan.

No señores, los cantantes y músicos cristianos son como todos nosotros. Se cansan, tienen hambre y sed, les da sueño y hasta se tiran gases. ¡Y no huelen a vainilla eh!

En mi opinión, lo que no se vale es que los cantantes y músicos sean descorteses con las personas que quieren un autógrafo, tomarse una foto o simplemente saludarles para agradecerles la bendición que han sido para ellos.

EL EJEMPLO DE CRISTO

Como dije antes, los ministros son seres mortales que experimentan cansancio y hastío de tanto viajar y dormir poco; sin embargo, eso no justifica tratar mal a las personas y ser descorteses. Es más, el solo hecho de que seamos representantes de Cristo nos debe motivar a sacar fuerzas de debilidad y ser amables en todo tiempo y en todo lugar. El apóstol Pablo escribió: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería… Antes sed benignos unos con otros…” (Efesios 4:30-31).

En este texto ser “benignos” significa “ser amables”. Es más, uno de los frutos del Espíritu Santo según Gálatas 5:22-23 es la “benignidad”, ¿lo recuerda? Benignidad es amabilidad.

Me llama la atención que cuando el Señor Jesucristo alimentó a los cinco mil, el evangelio de Marcos dice que después del milagro de la multiplicación: En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud…” (Marcos 6:45).

¿Por qué despidió él a la multitud? ¿Por qué no dejó que los discípulos lo hicieran en lugar suyo y así irse a descansar?

Porque Jesús era amable, cortés… Benigno.

Yo soy de lo que creen que cuando Jesús despidió a la multitud no lo hizo de una sola vez alzando su mano y gritado en alta voz: “¡Gracias a todos por venir! ¡Nos vemos la próxima semana!” Hacer eso le habría quitado cinco minutos a lo sumo y hasta se hubiera podido ir junto con los doce en la barca. Pero no, Jesús se quedó más tiempo luego de alimentar a todos. Él sabía que algunos querían verle de cerca, otros agradecerle y otros más simplemente saludarle. Por eso se quedó algunos minutos más, no sabemos si horas, antes de irse a reunir de nuevo con los discípulos.

Hubo una entrevista que hice para La Aventura de Componer que sinceramente me dejó un tanto traumado, je. El cantante fue tan descortés que aunque al final me pidió disculpas, francamente desde esa vez ya no me esfuerzo tanto por conseguir entrevistar a alguien. Sí, toco la puerta una vez; sí, puedo tocar la puerta dos veces. Pero ya tres veces no.

Esa entrevista me enseñó que tengo un límite y ese límite es: No mendigar entrevistas.

Cuando le conté a un amigo la forma como este cantante me trató, me dijo: “Si él me hace eso a mí, de inmediato le digo: ´Hermano Fulano, yo pensé que usted era más caballero, ¡discúlpeme pero ya no quiero la entrevista!´”

Ese día de la entrevista traumática reafirmé mi convicción de que los cantantes y músicos famosos son seres humanos como nosotros. Viajan mucho, duermen poco y pueden estar de malhumor. ¡Como todos nosotros!

Aun así, como cristianos, ¡principalmente si somos ministros de plataforma!, debemos sacar fuerzas de debilidad y tratar amablemente a todos quienes se nos acerquen. Hacer eso es parte de negarnos a nosotros mismos y brindar bondad en lugar de malestar a pesar de que todo nuestro ser gima porque nos dejen en paz.

En fin, es cuestión de cortesía.

Noel Navas.

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