El salmo más corto de la Biblia

El salmo más corto de la Biblia

- en Misceláneos
17501
0


Una gran lección en una pequeña canción.

Quienes me siguen en Facebook saben que en ocasiones suelo hablar de las letras de las canciones de adoración, de mi preocupación porque cada vez más se publican letras que no dicen nada o que simplemente no dicen algo relevante. Ante este tipo de estados en mi muro, algunos amigos me han dicho que, aunque entienden lo que quiero decir, yo no debería darle tanta importancia a ese detalle y no ver de menos a las canciones cortas que dicen cosas simples.

Siempre he creído que la profundidad de una canción no depende de lo corto o lo amplio de sus versos, sino del contenido en sí. Una canción puede tener a penas una estrofa, pero decir cosas tan relevantes que le vuele la tapa de los sesos a cualquiera (metafóricamente hablando). Por lo tanto, mi preocupación está más orientada, no a que se escriban letras largas, sino a que independientemente del tamaño de la canción se diga algo realmente notable.

Cada quien es libre de escribir lo que quiera escribir, pero en mi opinión, si la letra no dice algo que verdaderamente impacte al cuerpo de Cristo, entonces esas canciones deberían guardarse para las devociones privadas del que la escribió. No para la adoración congregacional. Para la adoración pública deberíamos escoger aquellas que cumplan el estándar de Colosenses 3:16. ¿Alguna vez se ha detenido a leerlo? Esas canciones deberíamos escoger para adorar junto con los hermanos. Claro, si después de usarse en la iglesia se ve que tienen potencial de impactar a otras iglesias más y se tiene la capacidad, entonces que se publiquen en un proyecto de adoración.

Si los salmistas estudiáramos a conciencia Colosenses 3:16 comprenderíamos que el propósito de Dios para los salmos, himnos y cánticos espirituales es que reflejen sabiduría, enseñanza y exhortación producto de la abundancia de la Palabra de Cristo que haya en nuestros corazones. Lamentablemente muchos salmistas ni siquiera han considerado las implicaciones de este texto y otros más en su ministerio musical.

Usemos el ejemplo de los Salmos de la Biblia, el himnario del antiguo Israel. Mire, el 90% de ellos contienen letras amplias y solo el 10% letras cortas. El día de hoy se escriben para la adoración congregacional 90% letras cortas y 10% letras amplias. ¡Estamos haciendo las cosas al revés! Pienso que si los salmistas nos hacemos llamar “salmistas” deberíamos emular el modelo de los Salmos y dejar de escribir tan corto. Obvio, con esto no quiero decir que comencemos a escribir letras del tamaño del Salmo 119 ni tampoco canciones de diez o más estrofas. Pero sí creo que deberíamos replantearnos el contenido de nuestras letras basados en principios derivados de los Salmos e inclusive de los Himnos de antaño, y de este modo comenzar a componer letras un poco más amplias y por supuesto, con un contenido bíblico y teológico de peso.

Para un estudio más profundo acerca de principios de composicion que se pueden extraer de los Salmos, le invito a revisar una serie de artículos que publiqué hace algunos meses y que titulé: «Siete grandes características de los Salmos» y que puede comenzar a leer haciendo clic aquí.

Volviendo al tema… hace poco cené con un amigo y me dejó entre ver que yo no estaba siendo totalmente objetivo con mi énfasis y que las canciones no tenían por qué ser tan profundas como a veces he planteado. Yo le agradecí su opinión, pero insistí en que mis argumentos a favor de mejores letras y mejores canciones se basaban en un modelo bíblico. Así que para convencerlo le pedí que abriera su aplicación de YouVersion y leyera el Salmo 117. El salmo más corto de la Biblia.

Léalo usted también por favor:

Alabad al Señor, naciones todas;
alabadle, pueblos todos. Porque grande
es su misericordia para con nosotros,
y la fidelidad del Señor es eterna. ¡Aleluya!
Salmo 117:1-2.

“Está bien…” le dije a mi amigo, “si alguien tiene tantas ganas de escribir canciones breves para usarse en la adoración congregacional, ¡que lo haga! Pero por lo menos debería de imitar el modelo de la canción más corta de los Salmos”.

¿Cuál es ese modelo? El de volarle la tapa de los sesos a quienes escuchen una canción. Que diga algo desafiante, que rompa los paradigmas y que impresione las mentes de forma contundente. Así como lo hizo el Salmo 117 en la época que fue escrito.

Si usted revisa el versículo uno, dice: “Alabad al Señor, naciones todas; alabadle, pueblos todos”. Vamos, eso debió haber sacudido el cerebro de algunos adoradores judíos. ¿Por qué? Porque si recuerda ellos se consideraban el pueblo escogido de Dios y se veían a sí mismos como la nación más especial del planeta, al punto de verse como los únicos dignos de elevar alabanzas al Dios verdadero. ¡Ningún otro pueblo lo podía hacer más que ellos!

Por lo tanto, que alguien escribiera una canción que invitara a “todas las naciones” y a “todos los pueblos” para unirse en alabanza al Dios de Israel, pudo haber provocado en algunos reacciones como: “¡Que, qué! ¿Cómo está eso de que todas las naciones le alaben? ¿Ah? ¡Que no saben que ellos son pueblos paganos! ¡Por favor! ¡Son gentiles! ¡Qué disparate es ese! ¡Ellos no conocen a Dios como nosotros y no debería invitárseles a alabar a la par nuestra!”

El etnocentrismo que evidenció Israel en el Antiguo Testamento al no cumplir su misión de ser luz a todas las naciones, permaneció hasta la época del Nuevo Testamento. Tanto así que después de que el Señor Jesucristo envió a sus discípulos para que fueran «testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la Tierra» (Hechos 1:8), vemos a Dios intervenir sobrenaturalmente en Hechos capítulo 10 para romper los paradigmas de aversión que les impedían obedecer la Gran Comisión tal y como el Señor la había planeado. Ellos no habían entendido completamente que los gentiles también estaban llamados a salvación, al punto que cuando Pedro fue a predicar a la casa de Cornelio, dijo a los que se habían reunidos: “ustedes saben cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero” (Hechos 10:28). ¡Vaya introducción de sermón eh! Delatando sus prejuicios hacia los gentiles.

Como usted sabe, al final de esa historia, el Espíritu Santo se derramó poderosamente sobre los congregados en casa de Cornelio y entonces el paradigma de Pedro y del resto de los los creyentes judíos comenzó a derrumbarse.

A esta altura del libro de los Hechos uno nota que los primeros cristianos no estaban obedeciendo a cabalidad el mandato de ir por todo el mundo y predicar el evangelio. No, se habían concentrado en predicarle a los judíos principalmente y esporádicamente a algunos gentiles.  Sus prejuicios estaban tan arraigados que simultáneamente a la revelación que recibió Pedro en Hechos 10, el Señor tuvo que llamar a un hombre, a Saulo de Tarso (ver Hechos 9) y levantarlo para convertirlo en el gran apóstol Pablo que hoy todos conocemos, quien sin prejuicios ni inhibiciones se lanzó a predicar a todo el mundo gentil. Es decir, a los pueblos y a las naciones que describe el Salmo 117.

Un tiempo después de que Pablo y muchos más comenzaron a predicar más allá del pueblo de Israel, algunos judíos conversos quisieron imponerse sobre los gentiles que se estaban convirtiendo y obligarlos a circuncidarse y obedecer la ley de Moisés. ¿Por qué? Porque aún luchaban en sus mentes con la apertura del evangelio al mundo gentil. Fue por eso que se convocó el concilio de Jerusalén (ver Hechos 15) y de este modo esclarecer todo este asunto. Fue hasta después de dicho concilio que la iglesia comprendió más completamente la voluntad de Dios y la forma de llamar al arrepentimiento a los pueblos y naciones por igual.

Aun así, los prejuicios hacia quienes no eran judíos continuaron en las mentes de algunas comunidades judeocristianas. Por eso, si usted revisa la carta de Pablo a los Romanos (carta que en gran parte trata de justificar la inclusión de los gentiles entre el pueblo de Dios), notará que antes de terminar su escrito Pablo recurrió al Salmo 117 para explicar a los creyentes de Roma que el hecho de que él le predicara a los gentiles estaba amparado en las escrituras del Antiguo Testamento. Así que utilizó la letra de la canción más pequeña de los Salmos para derribar cualquier vestigio etnocéntrico que aun quedara en la mente de sus lectores. Por eso escribió:

Por tanto, recibíos los unos a los otros,
como también Cristo nos recibió,
para gloria de Dios. Os digo que Cristo Jesús
vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar
la verdad de Dios, para confirmar las promesas
hechas a los padres, y para que los gentiles
glorifiquen a Dios por su misericordia,
como está escrito: «Por tanto, yo te confesaré
entre los gentiles y cantaré a tu nombre.»
Y otra vez dice: «Alegraos, gentiles, con su pueblo.»
Y otra vez: «Alabad al Señor todos los gentiles
y exaltadlo todos los pueblos.»

Romanos 15:7-11.

La parte subrayada es el Salmo 117 que tomó Pablo de la Septuaginta, versión griega del Antiguo Testamento y según los comentaristas bíblicos. Lo cual nos muestra qué tan trascendente fue la letra de esta pequeña canción, al punto que el mejor teólogo del primer siglo tuvo que utilizarla para fundamentar su quehacer ministerial.

¿Qué quiero decir con todo esto? Que si alguien va a seguir componiendo canciones cortas para la adoración congregacional, vamos, ¡adelante! Pero por favor, que imite el modelo del Salmo 117. Que escriba letras verdaderamente relevantes, letras que desafíen el intelecto de los adoradores, letras que rompan los paradigmas mentales, letras que catapulten las conciencias a un mayor conocimiento del carácter y de las obras de Dios, letras que estimulen a los creyentes a una nueva dimensión de nuestro trabajo como iglesia.

El Salmo 117 es un excelente ejemplo de una brevísima canción pero que tenía como objetivo transformar la manera de pensar de quienes la escucharan. “¿Alabar a Dios?”, pensaron algunos judíos, “¡Por supuesto! ¡Alabémosle como pueblo escogido!” “¡No!” afirmaba la canción, “¡que también le alaben los demás pueblos! ¡Que también lo hagan las demás naciones!”. ¿Por qué? “Porque grande es su misericordia para con nosotros, y la fidelidad del Señor es eterna”.

A eso me refiero con canciones que desafíen nuestra manera de pensar.

¡Compositores! ¡Está bien, está bien! Escriban letras cortas; pero vamos, que sean letras tan impresionantes que le vuelen la tapa de los sesos a quienes las escuchen. ¿Ok? Por favor, no se conformen con hacer copy-paste de las letras de adoración que están de moda. Procuren escribir cosas originales, trascendentes y que trastoquen la conciencia de Dios que tiene la iglesia.

Noel Navas.

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Te podría interesar

Cómo formar doctrinalmente a cantantes y músicos

En la actualidad hay una gran necesidad de