Obras de calidad

Obras de calidad

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Imitando la excelencia de Dios.

Hace un par de semanas me invitaron a enseñar al equipo de alabanza de la iglesia “Campamento de Dios”, donde mis tíos son pastores y mis primos están a cargo de la música, y aproveché para compartirles algunas ideas que venía meditando en Mateo 5:14-16 y que trata sobre las buenas obras. Mejor dicho: las obras de calidad. Aunque esa vez apliqué el texto a la excelencia dentro del equipo de alabanza, en esta oportunidad lo aplicaré a la excelencia de nuestras obras musicales.

Durante su famoso sermón del monte, el Señor Jesucristo dijo:

Ustedes son la luz del mundo.
Una ciudad en lo alto de una colina
no puede esconderse. Ni se enciende
una lámpara para cubrirla con un cajón.
Por el contrario, se pone en la repisa
para que alumbre a todos los que están
en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos,
para que ellos puedan ver las buenas obras
de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.
Mateo 5:14-16.

BUENAS OBRAS ES EXCELENCIA

La mayoría de nosotros estamos familiarizamos con este gran pasaje de la Palabra de Dios; sin embargo, eso no significa que comprendamos completamente su significado. Pienso que los siguientes pensamientos le ayudarán a tener otro atisbo a lo que usted ya conoce sobre estas famosas palabras que el Señor pronunció.

En primer lugar, cuando este texto habla de “Buenas obras” se refiere a “Obras buenas”, “Obras excelentes”, “Obras hechas con calidad”. Jesús quiso decir que la gente alabará al Padre que está en el cielo cuando vean nuestras obras si ellas están bien hechas.

Me resulta interesante notar que cuando se habla de música y canciones la mayoría de personas se refiere a ellas como “Obras”. ¿Le suenan familiar estas frases? “¡Esta canción es una obra de arte!” “Mozart escribió una gran obra”, etc. Por lo tanto, cosas bien hechas provocarán alabanza en el corazón de las personas hacia el Padre celestial. Cosas mal hechas, no.

Aunque la expresión de Cristo al referirse a “Obras” abarcaba todo el espectro de lo que hacemos, es interesantísimo notar que cuando alguien escucha una obra musical, una gran canción o una composición espectacular, ocurre exactamente lo que describió el Señor, la gente “alaba al Padre que está en el cielo”. ¿No es cierto?

Hace algunos meses tuve el enorme privilegio de asistir al primer concierto de la Sinfónica Cristiana de El Salvador. Nunca en mi país ha existido un esfuerzo musical de este tipo y gracias a la invitación de unos amigos tuve el honor de asistir a la primera presentación.

En mi opinión la ejecución de las piezas musicales de la sinfónica fue grandiosa. Mientras oía cada uno de los nueve temas que tocaron los más de 50 músicos en escena, únicamente podía sentir dentro de mí un fuerte deseo de adorar, de llorar y de postrarme ante la presencia del Señor. Es decir, experimenté Mateo 5:14-16. Vi las “Buenas obras” que ellos interpretaron y quise glorificar a Dios.

Le aseguro que si las piezas hubieran sido mal ejecutadas, no hubiera sentido lo mismo.

La excelencia en todo lo que hacemos inexorablemente producirá alabanza y adoración en el corazón de quienes se expongan a nuestro arte.

GÉNESIS UNO Y MATEO CINCO.

Cuando Mateo cinco habla de “Buenas obras” está haciendo alusión a las obras hechas por Dios descritas en Génesis capítulo uno. Alguien podría preguntar: “¿Cómo sabes eso? ¿En qué te basas para hacer tal afirmación?” Simple… En la similitud del lenguaje.

El primer capítulo de la Biblia es el primer lugar en la Escritura donde se habla de las “Buenas obras”. Nomás échele un vistazo a la frase “Y vio Dios que era bueno” que aparecen en los versos 10, 12, 18, 21 y 25. Dios creó sus obras cada día y al final opinó sobre lo que había hecho. ¿Qué era “bueno” según estos versos? Las obras que Dios estaba llevando a cabo.

A media que avanzaban los días de la primera semana de la creación, Dios mismo daba el visto de “¡Aprobado!” a todo cuanto hacía. Cuando Génesis dice “Y vio Dios que era bueno”, era como si al finalizar el día dijera: “¡Qué bien me quedó esto que hice hoy!” “¡Qué calidad tienen mis obras” “¡Qué excelente va quedando todo!”

Desde el principio de los tiempos Dios se caracterizó por la excelencia. Él no hizo las cosas a medias ni tampoco dijo que era bueno para apaciguar la culpa que surgía de algún detalle mal hecho. No, él se expresaba de ese modo porque todo cuando hacía tenía plasmado verdaderamente el sello de la excelencia divina. Él afirmaba que era bueno porque en verdad era bueno, excelente y con el más alto estándar de calidad.

Es más, la siguiente sección de Génesis uno tiene grandes similitudes con Mateo 5:14-16. Por favor, lea el siguiente pasaje detenidamente:

Y dijo Dios: «¡Que haya luces en el firmamento
que separen el día de la noche; que sirvan como
señales de las estaciones, de los días y de los años,
y que brillen en el firmamento para iluminar la tierra!»
Y sucedió así. Dios hizo los dos grandes astros:
el astro mayor para gobernar el día, y el menor
para gobernar la noche. También hizo las estrellas.
Dios colocó en el firmamento los astros para alumbrar
la tierra. Los hizo para gobernar el día y la noche,
y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios consideró
que esto era bueno. Y vino la noche, y llegó la mañana:
ése fue el cuarto día.
Génesis 1:14-19.

¿Cuál es la similitud entre Mateo 5:14-16 y Génesis 1:14-19? En que el Señor dijo: “Ustedes son la luz del mundo…” En otras palabras: “Ustedes iluminan el planeta”. Y esto fue exactamente lo que Dios hizo el cuarto día de la creación.

Durante los primeros tres días él creó el planeta, separó la luz de las tinieblas, las aguas de las aguas, la tierra seca y creó  la vegetación; sin embargo, el cuarto día creó el Sol, la luna y las estrellas en el firmamento para alumbrar la Tierra. Dios iluminó su obra el cuarto día de la creación así como nosotros debemos iluminar nuestras obras con la excelencia del Señor.

Esto fue como que si él haya trabajado esos días a penas con la luz necesaria de un artesano, pero cuando el cuarto día llegó… «¡Clap! ¡Clap!» (Honomatopeya de aplausos)… Las luces se prendieron… y… «¡Voila!»… Dijo Dios… «¡Miren lo que estoy haciendooo!”  ¿Recuerda a Morgan Freeman actuando de Dios en «Bruce Todopoderoso«? Je.

Durante los primeros tres días de la creación no hubo lumbreras que iluminaran la Tierra, sino que la luz misma de Dios alumbraba su actuar. “Dios es luz”, ¿no? Fue hasta el cuarto día que puso poderosísimas fuentes de luz en el espacio sideral para iluminar el planeta. Esto fue como si se cumpliera literalmente Mateo 5:14-16 en la creación descrita en Génesis uno. Dios prendió los reflectores estelares para que sus obras se pudieran contemplar. Es por eso que ahora nos manda en el Nuevo Testamento a que nosotros iluminemos las nuestras. De este modo, otros “verán nuestras obras y glorificarán a Dios”, así como nosotros contemplamos las suyas y lo glorificamos.

LA EXCELENCIA REQUIERE ESFUERZO

Una cosa interesantísima del relato de Génesis uno es el significado de la palabra “Firmamento”. En el hebreo habla de algo que está en expansión o que se está estirando, como una gran hoja de metal que está siendo constantemente martillada y tomando forma con cada golpe.

Interesante, ¿no?

En lo personal esto me habla de que realmente Dios es un artesano, alguien que se involucró en la creación de todas las cosas con entrega y esmero. Dios, como dicen otros textos de la Palabra, “Trabajó durante seis días”, y entonces dio por bien lograda su obra.

La excelencia requiere trabajo.

Las “Buenas obras” u “Obras de calidad” no surgen al azar. Ellas requieren dedicación, entrega y esfuerzo. Dios no chasqueó sus dedos y el universo apareció al instante, así como tampoco nosotros podemos chasquear y hacer que surja una gran canción o pieza musical. Dios nos dejó modelo en la primera semana de la creación.

PARA CONCLUIR

Podría seguir y seguir describiendo algunas joyas encontradas en Génesis capítulo uno producto del hermanamiento que hice con Mateo 5:14-16, pero sería un artículo sumamente extenso… Mmm… Pero voy a decir algo más.

La excelencia es un desafío para todos. La excelencia se logra en el tiempo, no de primas a primera. Las buenas obras, obras buenas, obras excelentes u obras de calidad, se consiguen poco a poco. Alguna veces pasa que creamos obras (llámense: canciones, piezas instrumentales, etc) en un muy corto tiempo y son muy buenas. Pero si dedicáramos más tiempo a ellas podríamos elevarlas de un nivel de muy buenas, a un nivel de excelentes.

La prisa es enemiga de la excelencia.

Interesantemente Génesis uno se detiene de decir que “Vio Dios que era bueno…” (versos 10, 12, 18, 21 y 25) para introducir otro calificativo a la obra de Dios. El sexto día de la creación, día que hizo al hombre a su imagen y semejanza, la Biblia dice: “Y vio Dios todo cuanto había hecho, y era bueno en gran manera” (Génesis 1:31).

No solo lo que hacía era bueno, sino que la suma de todo lo que hizo era excelentísimo.

La excelencia es progresiva. Pienso que nuestras canciones también deberían de serlo. Usted y yo deberíamos componer hoy mejor de lo que lo hacíamos el primer día que comenzamos nuestra Aventura de Componer. Y deberíamos componer mañana mejor de lo que lo estamos haciendo hoy.

Noel Navas.

1 Comentario

  1. Excelente paralelismo el que usaste entre esos dos momentos en la Biblia, el inicio de un ministerio y el inicio de la creación.

    La lectura es agradable y desafiante, nos hace exigirnos un poco más lo cual me recuerda una frase «pateada» que la mayoría en sus iglesias usa (al menos las que conozco acá en mi país) al momento de hacer una interpretación para Dios. La cual es: -«es para gloria de Dios»-. En pocas palabras muchos se escudan en esta frase cuando alcanzar la excelencia no es una prioridad.

    Con el comentario anterior no digo que muchos cuyo talento natural no es el canto o la interpretación de algún instrumento puedan llegar a ser usados maravillosamente como vasos de bendición para la congregación a través de la interpretación que han realizado pero cabe mencionar que aún en lo poco nuestro deseo debe ser siempre dar el 200% de nuestra capacidad natural para honrar el nombre de Dios.

    Saludos cordiales.

    ¡Fuerte abrazo!

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