Por qué dejé de estudiar teología (Segunda parte)

Por qué dejé de estudiar teología (Segunda parte)

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Confesiones de un compositor.

La materia que me hizo desistir de seguir estudiando teología fue una que tenía que ver con la introducción al estudio de la Biblia y la teología. La impartió un profesor como el que describí en la entrada anterior: poseía dos carreras y solía jactarse ante el alumnado de sus dos títulos.

Durante el primer mes de clases noté sus deficiencias como docente, pero lo más grave fue que enseñaba algunas cosas que contradecían la ortodoxia cristiana. Por ejemplo, cuando se abordó el tema del canon bíblico a él se le olvidó poner en la lista del canon del Antiguo Testamento dos libros. Cuando otros compañeros y yo señalamos que faltaban dos libros, en lugar de reconocer su error, mejor dijo: “¡Ah, lo que pasa es que esos dos libros no son inspirados! Y por eso no los incluí”. Se refería al libro de Nehemías y al de Ester.

Imagínese la cara que pusimos todos.

En otra ocasión, también hablando de la inspiración de las Escrituras, dijo que como el libro de Eclesiastés afirmaba que Salomón había probado de todo lo que había debajo del Sol eso significaba que hasta con hombres había tenido relaciones sexuales. Cuando él dijo eso me sorprendí y comencé a preocuparme ya que poco a poco iban sumándose varios desatinos durante la clase.

En ese entonces yo tenía una amiga que trabajaba en el área administrativa de la Universidad, así que un día le comenté lo que estaba pasando. Después de escucharme me animó a que escribiera una carta al decanato explicando lo que estaba sucediendo, que hablara con más compañeros míos y viera si se animaban a firmar la carta junto conmigo.

Dicho y hecho. Encontré siete compañeros que también se sentían insatisfechos con la materia y todos firmamos. Básicamente en ella expusimos algunas de las cosas que describí antes y otras más, además de pedirle al decano que no relevara nuestros nombres debido a que temíamos que el docente tomara represalias.

¿Qué pasó después? Las clases siguieron normalmente hasta que a las dos semanas entré a la Universidad pero esa vez llegué unos minutos tarde. Como la clase era en el tercer nivel del edificio, cuando pasé por la primera planta, me topé con un compañero de los que firmó la carta que me dijo alarmado: “¡¡¡Navas!!! ¡¡¡El profesor está leyendo la carta que le enviamos al decano frente a todos!!!” Obvio que si mi compañero estaba allí abajo diciéndome eso era porque no tenía intenciones de subir.

Al entrar a la clase efectivamente el profesor estaba leyendo la carta. El decano estaba también allí, en la entrada del aula. Como llegué tarde me senté en los asientos de atrás pero a medida que el docente continuaba leyéndola decidí irme a los asientos del frente. Cuando terminó de leer puso la carta violentamente sobre su escritorio y dijo: “¡Todo lo que se afirma en esta carta es falso! ¡No puede ser que hayan hecho esto! ¿Dónde están los alumnos que firmaron?”

No recuerdo cuántos de los firmantes estábamos allí, pero yo alcé mi mano, pedí la palabra y dije: “¡Todo cuanto está escrito allí es totalmente cierto! ¡No hemos inventado nada!” El profesor espetó: “¿¿¿Cuándo dije yo que el rey Salomón fue homosexual??? ¿¿¿Cuándo???” Volví a pedir la palabra y me volteé a los alumnos: “¿Cuántos de los que están aquí recuerdan cuando el profesor dijo eso?” Habíamos unos cuarenta, de los cuales solo siete u ocho alzaron la mano. “¿Lo ve?” dije yo, “¡Usted dijo eso!” El profesor volvió a espetar: “¡¡¡Pero no levantaron la mano todos!!! ¡¡¡Eso significa que yo no he dicho eso!!!” Yo respondí: “¡No la levantan porque o no se acuerdan que usted lo dijo o porque le tienen miedo! Pero que usted dijo eso, ¡usted dijo eso!”

Para hacer de una historia larga una corta el profesor comenzó a maldecirme frente a todos, me auguró una mala vida y que Dios me castigaría por lo que había hecho. Rompió la carta frente a todos y se marchó furioso del aula. De más está decir que la clase se suspendió.

Cuando bajé al primer piso encontré al compañero que había firmado pero que no había querido subir. Al nomás verlo le dije apuntándole con mi índice: “¡¡¡Sos un gran cobarde!!!” Y le di la espalda. A eso de las siete de la noche tenía mi última clase y allí estaban otros compañeros. Cuando llegué algunos me abrazaron, otros me felicitaron y me animaron.

Yo por dentro me sentía terrible.

Al día siguiente almorcé con mi papá. Resulta que él fue uno de los fundadores de la Universidad Evangélica de El Salvador, una de las Universidades más respetadas en el país. Además que fue vice-rector de la misma él siempre ha trabajado en el ámbito universitario. Como yo aún me estaba recuperando de la confrontación del día anterior le relaté de inicio a fin todo lo que había ocurrido. Con los ojos abiertos como platos me dijo: “¡Qué gran error cometió el decano! Esa carta nunca debió entregársele al profesor”.

Mi papá me explicó la forma correcta de cómo se manejan este tipo de casos en una Universidad. Me dijo: “Cuando ocurren situaciones así lo que se hace es enviar a un alumno encubierto para que constate si lo que se ha señalado realmente está pasando. Luego de su reporte se habla con el profesor y con los alumnos de forma separada, pero el profesor nunca debe saber quiénes fueron los autores de la carta. Como la educación es un servicio, el cliente siempre tiene la razón. Así que se parte de la premisa de que los alumnos no están mintiendo. Si después de las investigaciones y las conversaciones con las partes se comprueba que los señalamientos son ciertos se quita al docente. Pero nunca se hace lo que ese decano hizo, ¡eso fue un gran error!”

¿Por qué dejé de estudiar teología? Porque tuve una mala experiencia con la única Universidad que en ese entonces licenciaba en mi país. La experiencia me dejó muy desgastado. No solo por el mal manejo que hicieron del caso de la carta sino porque un buen porcentaje de las cátedras que se impartían no eran cátedras de nivel universitario, sino clases de escuelita dominical.

Mi conclusión al retirarme de la Universidad fue: “Aprendo más comprando libros, leyéndolos yo solo y siendo un autodidacta que estudiando sistemáticamente en un lugar como este”. Así que desde entonces esa ha sido mi filosofía, que si bien respeto los recintos donde verdaderamente se enseña teología y admiro a mis amigos que han o están cursando estudios teológicos, en lo personal decidí estudiar empíricamente ya que con el pasar de los años fui teniendo más ocupaciones y menos tiempo para inscribirme en un lugar serio.

Soy de quienes aboga por que los compositores cristianos estudien teología de forma sistemática; sin embargo, ¡amigos escritores!, si fuera el caso de que no cuentan con el tiempo o la disponibilidad, vamos, compren y lean libros, consulten comentarios bíblicos, escuchen sermones, asistan a congresos y seminarios, pero sobre todo… ¡ESTUDIEN LA BÍBLIA TODOS LOS DÍAS Y SIN FALLAR!

Si hacemos esto no les quepa la menor duda que nuestra vida cristiana se verá enriquecida y ni se diga nuestra faceta como escritores de canciones.

Noel Navas.

7 Comentarios

  1. Noel me siento muy identificado con tu publicación y siento una afirmación de que no está mal ser autodidacta. Yo soy empresario y tengo dos carreras a parte el ministerio y sin duda creo que no es imposible estudiar teología, siento a veces una pérdida de ttiempo estar en lugares donde no se va al grano, se aprende mas de los libros directamente. Me has dado animos de seguir por ese camino de estudiar teología de manera autodidacta ya que se me hace difícil comprometerme con una institución sería.

    Saludos!

  2. Querido, algo similar me sucedió cuando yo estudiaba en el seminario. Ya cursé 16 materias, de las cuales sin exagerar, aprendí en 5 porque esos 5 profesores no solo saben de lo que hablan, sino que desean que otros sepan. En las otras principalmente solo se cubría una plaza («nadie mas quiere/puede hacerlo, y usted es graduado»). Al final estos docentes siempre tenían la razón, no contestaban preguntas e incluso había uno que claramente dijo que no queria estar ahi y que si estaba era para arruinarnos el ciclo(!). Cual es el problema entonces? Que todos quieren ser apóstoles, evangelistas, profetas y pastores…pero pocos realmente quieren ser maestros. Muy mal!

  3. ¡Vaya travesía, Noel! Me alegra mucho que te hayas mostrado inquebrantable ante una injusticia de ese tamaño. Es triste, muy lamentable la mediocridad que se ve en algunos centros de estudio teológico, pero has sabido sacar una enseñanza de todo esto.

    Yo estudié teología (gracias a Dios no viví nada de eso) pero aún así estoy de acuerdo con el seguir aprendiendo por tu cuenta. Si vas a estudiar mentalizado en que con el «cartón» ya te hiciste experto, te pones a ti mismo una barrera… ¡Adelante pues, maestro!

  4. Israel Almanza

    Mas o menos así me paso con mi pastora anterior, tuve que buscar otra congregación y aprendí mucho de teología en el proceso

  5. Pues don Noel, vea que mi esposa estudio en un seminario del concilio Asambleas de Dios, y le va lo más de bien. Añadiéndole a ella lo ñoña (je) que es para estudiar, le exigen bastante. Le ha tocado trasnochar estudiando o haciendo trabajos, que hasta a veces le ayudo en lo que puedo. Es una lástima que le haya pasado eso, pero bueno, que sirva para hacer una base de datos de buenas instituciones para graduarse de teología.

  6. Noel excelente blog, recién lo leo, tienes mucha información interesante. No estoy de acuerdo con todo lo que he leído hasta ahora pero sí con la mayoría. Puedo apreciar tu amor a Dios y tu deseo de ser fiel. Te felicito por tu valentía para confrontar al profe. ¿Así que según él Esther y Nehemías no eran libros inspirados??? Comprobando esa aseveración nada más debían haberlo expulsado ipso facto. Si se cree capaz de redefinir el canon bíblico, ¿qué cosa buena se puede esperar de él como profesor de Teología?? Tristemente esa es la situación actual en muchos seminarios bíblicos en EEUU. Por ahí hay muchos profesores que no creen en la Palabra de Dios y enseñan herejías a los que van a ser los pastores de la nueva generación. Supongo que es parte de lo que se debe esperar en estos tiempos malos que estamos viviendo, cada vez más cerca del regreso del Señor. Dios te bendiga grandemente y sigue valiente 🙂

  7. Debiste haber venido a estudiar a Guatemala jejeje Dios te bendiga hermano y creo que siempre hay lugares adecuados y no adecuados para estudiar y lastimosamente te tocó en el q parece el menos adecuado.

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