Un amigo

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Una canción por el Día de la amistad.

Hace alrededor de un año atravesé un período sumamente difícil en mi vida. Una angustia, una soledad y un vacío aparecieron repentinamente. Era como si un gigantesco agujero negro, de esos que ha detectado la NASA, hubiera decidido alojarse dentro de mi alma. Sentía tanta obscuridad y tanto vacío que me iba a la cama con lágrimas y cuando despertaba era igual. Si me detuviera a detallar las razones del por qué resultaría en una entrada demasiado larga; sin embargo, basta con decirle que mis sentimientos estaban tan a flor de piel que esas canciones que nunca me tocaron y esas películas que nunca me conmovieron, hoy sí lo hacían. ¡Todo me quebraba!

Jamás en mi vida había enfrentado algo así y aunque mi papá es psicólogo, creo que jamás había necesitado de uno. Esa vez fue distinto, estaba tocando fondo y poco a poco la situación fue volviéndose insoportable. No sabía lo que me pasaba y no sabía cómo salir de allí. Cuando mis deseos de salir de casa y hasta de vivir iban disminuyendo entendí que estaba en serios aprietos. Yo nunca he sido una persona depresiva, siempre me he considerado una persona optimista y con un buen sentido del humor; sin embargo, la alegría, el gozo y el entusiasmo ya no estaban. Solo había vacío, tristeza y soledad. Así que decidí pedir ayuda.

Recuerdo ese lunes al medio día que llamé a Verónica de Colindres, psicóloga y amiga de la familia. Al contestar le dije: «Vero, ¿podrías recibirme hoy para conversar?» «Déjame ver…» respondió. Hizo una pausa y luego añadió: «puedo atenderte el miércoles». «¡No, Vero! ¡¡¡Es urgente!!!» Hizo otra pausa y me dijo: «Está bien, puedo darte una hora a las seis de la tarde».  Al final le tomé dos.

Vaya que me ayudó esa y las demás sesiones. Vivo agradecido con Verónica por lo que hizo por mí. Aun así, ella no fue la única ayuda que solicité. Mientras oraba y reflexionaba sobre lo que me pasaba sentí en mi corazón que debía buscar algunas personas más. Entre familiares y amigos, me avoqué a ellos porque sé que son gente seria para buscar la presencia de Dios. Durante todo ese tiempo ellos se convirtieron en mis amigos de oración.

Primero, mi mamá. Cuando le expuse mi situación y le abrí mi corazón me sentí comprendido y amado. Luego, mi tía Silvia. Su tono cariñoso y sus palabras de ánimo siempre me confortaron. También mi amigo Alfredo Maravilla, su experiencia pastoral y su preocupación por mi estuvieron presentes todo ese tiempo. Mi amigo Ramón Valle, quien me llamaba varias veces por semana para escucharme y decirme: «estoy orando por vos». Mi tío Juan Benavides, su apoyo fue muy importante para mí. Reina de Ayala. Vamos, ella estuvo tan pendiente de mí que se portó como la hermana que nunca tuve. Y por último, mis dos amigas a la distancia: Arely Valero, que vive en México. En las buenas y en las malas llevamos casi 15 años de ser amigos vía Internet. Y claro, Marilaura Alberro, que así como Arely llevamos el mismo tiempo de ser amigos. Desde Uruguay estuvo intercediendo por mí.

Una mañana, en medio de esos días que lidiaba con mi angustia interior, me desperté a las cuatro de la madrugada. Al nomás abrir los ojos las lágrimas comenzaron a brotar, de inmediato volteé mi rostro sobre la almohada y comencé a llorar desconsoladamente. Estaba desesperado, sentía un fuerte dolor en el pecho y que me iba a morir. Entre las gotas de llanto clamaba a Dios y le decía: “¿Qué me está sucediendo? ¿Por qué siento tanto dolor? ¡¡¡Ayúdame Señor!!! ¡¡¡Ayúdame!!!” Habían transcurrido unos 40 minutos cuando en medio de mi gemir una voz interrumpió mis pensamientos: “¿CÓMO NO TE VOY A  AYUDAR SI TIENES TANTOS AMIGOS ORANDO POR TI? ¿CÓMO NO TE VOY A AYUDAR SI YO AYUDÉ A AQUEL PARALÍTICO CUYOS AMIGOS ROMPIERON EL TECHO PARA PRESENTARLO DELANTE DE MÍ?»

Cuando escuché eso seguí derramando lágrimas, pero ya no de tristeza, ahora eran de gratitud. Había escuchado la voz de Dios consolando mi corazón y que me prometía ayudarme a salir adelante.

Tardé alrededor de tres meses en recuperarme y desde entonces siento un especial agradecimiento con todos quienes estuvieron a mi lado. A un año de haber pasado esta situación, aprovecho estos días para agradecerle a Dios por su ayuda y por los amigos que me dio. A ellos y a todos quienes saben que somos cercanos deseo obsequiarles esta canción. ¡Feliz Día de la amistad!

«Un amigo»
Noel Navas

Un amigo de verdad,
¿quién lo hallará?

Honestidad, transparencia,
respeto y sinceridad
.
Todos tenemos un ideal,
quisieras que fuera una realidad

Coro:
/Un amigo que pueda amar,
un amigo que quiera escuchar.
Que en los tiempos difíciles contigo estará.
Más que un hermano un amigo será/

Un amigo, dos o tres,
¿dónde estarán?

En un rincón escondido,
en la calle o en una ciudad
.
Búsqueda extensa y sin final.
Pídele a Dios y lo encontrarás.

Noel Navas.

4 Comentarios

  1. Que importante es tener amigos que realmente se preocupen de estar cerca de Dios, porque esa cercanía hace que sean sensibles a los problemas que aquejan a los demás! Completamente identificada con tu entrada, Noel. Bendiciones!

  2. Arely Priscila Valero

    Noelo!
    Hermoso tu artículo! tenía toda la semana esperandolo!!!
    Mas que un hermano, un amigo!!
    un abrazote a la distancia!

  3. Gracias por compartir tu experiencia con nosotros Noel, Dios te siga fortaleciendo y llenando de sabiduria.
    Bendiciones

  4. Saber que podemos contar con amigos es parte del cuidado de Dios para nuestras vidas. Noel gracia por ser un instrumento de Dios para muchas vidas.

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