Principios fundamentales de composición (Novena parte)

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No. 5. El principio del inventor: las canciones son producto de la inventiva.

Las dos hijas de un gran compositor, de seis y siete años, estaban acostumbradas al silencio. En la casa no debía oírse ni un solo ruido porque papá trabajaba. Andaban de puntillas, en zapatillas, y sólo a ráfagas. El silencio se rompía con las notas del piano de papá y luego: otra vez silencio.

Un día, la puerta del estudio quedó mal cerrada y la más pequeña de las niñas se acercó sigilosamente a la rendija; pudo ver cómo papá, a ratos, se inclinaba sobre un papel y anotaba algo. La niña más pequeña corrió entonces en busca de su hermana mayor. Y gritó, gritó por primera vez en medio de tanto silencio: “¡La música de papá, no te la creas! ¡Se la inventa!”

Cuando leí por primera vez esta breve historia dije para mí: “¿Y cómo creían estas niñas que componía su papá? ¿Mediante algún trance?” A veces las personas, y algunos aspirantes a compositor, creen que las canciones se escriben mientras experimentan algún éxtasis o alguna experiencia religiosa. No digo que no pueda ser así, pero no es la generalidad. A veces los cristianos podemos ´súperespiritualizar´ las cosas, o… ¡exagerar!, que es lo mismo.

Recuerdo la primera vez que vino Marcos Vidal a El Salvador. Este gran compositor español tenía agendado un concierto que uno de los ministerios de la iglesia a la que yo asistía había organizado. Una noche antes del evento Marcos ministró la Palabra en una reunión a la que asistieron unos 150 jóvenes. Al final de su participación se abrió un tiempo de preguntas y respuestas y un amigo mío preguntó: “Marcos, la canción “Buscadme y viviréis” que está sonando en las radios y está impactando poderosamente la vida de muchos, ¿cómo la escribiste?”

Todo mundo se quedó callado y expectante de cuál sería la respuesta. ¿La habrá escrito en una de sus visitas al cielo? ¿Se la habrá inspirado el Señor a través de una visión, sueño o revelación? Marcos lo miró y con sencillez respondió: “Mmm… ¡No sé! Simplemente se me ocurrió”.

¿Comprende? A veces pensamos que las canciones son producto de experiencias místicas y no producto de la inventiva humana. Ahora, no me malentienda, que el toque divino puede intervenir, puede intervenir, pero siempre se requerirá de ingenio y de creatividad mental humana para escribir canciones.

Mire, las canciones se inventan. ¡Nada más y nada menos! Están dentro de usted, en su mente y en su espíritu, y si comprende que con esfuerzo y dedicación usted puede exteriorizar y hacer realidad esas canciones entonces se habrá librado de un engaño que atrapa a muchos. ¿Cuál engaño? Que las canciones aparecen mágicamente. Y no, como le dije antes, no necesariamente es así. Es simple: ¡se inventan! Por eso, pienso que los compositores se parecen a los inventores porque…

Un inventor estudia.

Algunos afirman que el inventor más extraordinario de la época moderna fue Thomas Alva Edison, el creador de la bombilla eléctrica. Se dice que a lo largo de sus ochenta y pico de años de existencia creó más de 1,000 inventos. Ahora, su ola de creatividad no era producto de la casualidad. Era producto de su sed por aprender. Se dice que tal era su deseo por estudiar que se convirtió en un lector incansable. Con sus ahorros compraba libros para saciar su hambre por conocimiento y hasta se afirma que estando en la ciudad de Detroit intentó leer una biblioteca completa, comenzando desde los libros del estante más alto, yendo de izquierda a derecha, leyéndolos según el orden en que estaban situados.

Un compositor, así como un inventor, es un estudioso. “Mmm…” murmurará alguien, “yo conozco algunos compositores que no son tan estudiosos como dices”. Y podría tener razón. Pero yo estoy hablando de verdaderos compositores, de personas que han tomado con seriedad su llamado a componer. Véalos en la televisión y escúchelos hablar. Por lo general un compositor es profundo en sus pensamientos y en su manera de comunicar. ¿Por qué? Porque son personas que constantemente están estudiando su entorno y la realidad que los rodea. Son gente que lee, estudia, medita y reflexiona sobre los temas importantes de la vida. No al punto de devorarse una biblioteca al estilo Edison, pero sí lo suficientemente hambrientos como para cultivar el hábito de la lectura. Por eso, cuando llega la hora de componer, tienen un caudal suficiente al cual recurrir para inventar temas y letras para canciones.

Un inventor se aísla.

Se afirma que Edison instaló su primer laboratorio en el sótano de la casa de sus padres cuando tenía 10 años de edad. Allí fue donde se encerró a aprender los rudimentos de la química y la electricidad. Cuando fue adulto continuó montando laboratorios prácticamente donde le tocaba vivir. Se dice que montó uno en el vagón de un tren en sus tiempos de telegrafista. Una noche mientras se había aislado a trabajar en sus experimentos provocó un incendio, el conductor del tren y un ayudante le auxiliaron a apagar el fuego para seguidamente arrojar por las ventanas todos los cacharros que abarrotaban el vagón y fueron a parar a la vía… junto con el propio inventor.

Aunque a un compositor también lo pueden echar de algún lugar, no por causar un incendio como Edison, sino por ocasionar demasiado ruido, el escritor de canciones necesita aislarse a su laboratorio para crear. El aislamiento propicia la invención. O mejor dicho: la composición. La creatividad encuentra su medio de cultivo en la soledad.

Mire, la mayoría de compositores que conozco escriben solos. No es que no puedan hacerlo en compañía de alguien o que no lo puedan hacer en alguna ocasión, pero como regla general un compositor se aparta para poder estar a solas consigo mismo, con lápiz y papel y si les es posible, con un instrumento musical.

Un inventor experimenta.

Thomas Alva Edison tenía muchas ideas para inventos en su mente, pero hubo una que apasionaba sus pensamientos: la lámpara incandescente. Como afirmó en una ocasión: “Yo le proporcionaré luz tan barata al mundo que no sólo lo ricos podrán hacer arder sus bujías”. En ese entonces se sabía que ciertos materiales podían convertirse en incandescentes cuando se les aplicaba energía eléctrica en un globo sin aire. Lo único que faltaba descubrir era el filamento adecuado que calentara hasta la incandescencia sin fundirse manteniéndose así el mayor tiempo posible. En este sentido Edison se entregó a la tarea de conseguirlo experimentando con filamentos de distintas especies: platino, carbón, hollín y otros materiales. Inclusive envió a algunos de sus colaboradores a Japón, Suramérica y Sumatra para reunir distintas variedades de fibras vegetales antes de escoger el más conveniente. Su primera lámpara estuvo lista en octubre del 1879 y era una bombilla de filamento de bambú carbonizado que superó las 40 horas de funcionamiento ininterrumpido.

Como ve, un compositor también experimenta. No con elementos de la naturaleza como lo hace un científico o un inventor, sino con frases, palabras y sílabas. Escribe algo aquí, algo allá; borra aquí, borra allá hasta encontrar la letra que le satisfaga. Con la melodía sucede lo mismo, crea una, crea otra; desecha una, desecha otra hasta dar con aquella que lo emocione y lo haga vibrar. Y bueno, con las armonías es igual: toca aquí, toca allá, sube aquí, sube allá, experimentando hasta encontrar el conjunto de acordes que necesita su canción.

Un inventor es tenaz.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, alguien tenaz es “Una persona firme en su propósito, que se apega a algo sin poder dejarlo”. Thomas Alva Edison fue alguien así. Experimentó las mieles del triunfo y las hieles del fracaso. Por cierto, muchas de las investigaciones que él inició terminaron en eso, en fracasos. Cuando las pruebas no eran satisfactorias, experimentaba con nuevos materiales, los combinaba de modo diferente y seguía intentándolo. Se dice que “poseía un hábito de trabajo extraordinariamente fuerte, impenetrable ante la decepción, profundamente positivo en cuanto a su actitud, perseverante hasta la consecución de sus metas”. Según afirman fracasó más de mil veces antes de dar con el filamento apropiado para producir la luz incandescente. Una vez dijo: “¡Yo no fracasé mil veces! El foco fue un invento que me tomó 1001 pasos”.

Definitivamente él fue alguien tenaz.

Los compositores también pueden serlo. Ellos no se dan por vencidos ante lo difícil que pueda resultar escribir una canción. No dejan una idea hasta lograr materializarla en el papel. Podrán cansarse de trabajar en una letra, alguna figura melódica o con un círculo de acordes, pero después retomarán el trabajo que han dejado hasta terminarlo. Incluso, si después de mostrar en público una canción ven que la reacción de la gente no es la que esperaban, no abandonan su vocación. Por el contrario, comienzan a trabajar en otra confiando en que inventarán una que sí inspire a las audiencias. Un compositor no renuncia a su llamado, avanza a través de lo difícil que puede ser escribir y se sobreponen a cualquier fracaso. Todo con tal de dar con esa canción que trasportará a la gente al mismísimo cielo.

Un inventor culmina.

Según afirman, Edison inventó: el fonógrafo, la bombilla eléctrica, interruptores, enchufes, fusibles, sistemas de instalación alámbrica, la dinamo de seguro rendimiento, el sistema telegráfico cuádruple, el automóvil y la locomotora eléctricos, la batería de acumuladores, entre muchos otros inventos más. La actividad de este gran inventor se prolongó más allá de cumplidos los ochenta años, completando la lista de sus realizaciones tecnológicas hasta totalizar las 1,093 patentes que llegó a registrar en vida. Sin importar que algunos de sus inventos sólo hayan sido eso: inventos, la verdad es que Edison era alguien que comenzaba las cosas y las terminaba.

Un compositor también es así: culmina lo que comienza. Él no sólo escribe una canción y la abandona para seguir con otra. Claro que puede hacerlo, pero luego volverá a esa canción que dejó incompleta y la retomará hasta terminarla. Él procura no dejar las cosas a medias, sino tomarlas con sus manos hasta darle la forma final que ha planeado. Para un compositor no es suficiente tener muchas ideas para canciones, sino llevarlas a cabo y concluirlas. Esto es lo que lo convierte en un compositor prolífico: hacer realidad toda idea melódica que aparece en su mente.

Continúa…

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