Una buena letra (Segunda parte)

Una buena letra (Segunda parte)

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¿Qué características tiene una buena letra?

La vez anterior comencé a compartir la primera de siete características que en mi opinión deberían considerarse para evaluar la letra de una canción y así calificarse como una buena letra cristiana. En esta oportunidad continuaré con la segundad cualidad que debemos revisar antes de dar por buena una letra.

2. Una buena letra tiene un mensaje claro.

Una buena letra cristiana debe ser clara, no debe dar lugar a la confusión. Debe desarrollar una sola idea y tener un solo hilo conductor. No dos ni tres temas, uno solo.

El tema central de una letra es como la columna vertebral del ser humano. ¿Ha visto a alguien con dos o más columnas vertebrales? Seguramente no, pero si usted lo viera pensaría que es un mutante. Pues así hay canciones cristianas, principalmente las de aquellos que comienzan a componer, crean mutaciones dignas de los “X-Men”. Hablan de todo, pero no hablan de nada. Siguen muchos caminos en lugar de uno. Al final quien la oye queda confundido y no sabe exactamente qué quiso decir el compositor porque no siguió una sola línea de pensamiento.

Por pretender ser profundos y por querer hablar de todos los temas, muchos compositores amateurs evidencian su inexperiencia.

Cuando mi hermano Elí estuvo estudiando teología llevó una clase de homilética y tuvo que leer el libro: “La escalera de la predicación”. Francamente yo nunca lo leí; sin embargo, un día que estábamos conversando me explicó que cuando se predica uno debe tener la mente enfocada un solo conejo. Entiéndase por conejo: una idea.

Resulta que cuando se está predicando aparecen muchos conejos (varias ideas) que nos quieren distraer de nuestra idea principal y esa es la razón por la que muchos se desenfocan al predicar, al punto que por querer atrapar varios conejos al final no atrapan ninguno y es por eso que algunos de nosotros después de escuchar ciertos sermones pensamos: “¡Habló de todo pero de nada!”

Desde que mi hermano me enseñó El principio del conejo lo he extrapolado a otras áreas de mi vida, por ejemplo, cuando estoy conversando con una persona me esfuerzo por concentrarme en el conejo que ambos estamos siguiendo y así evitar el error de no entender lo que mi interlocutor me está diciendo. Incluso cuando me sumerjo en la tarea de componer letras procuro perseguir una sola idea.

Hace unos meses mi amigo Pablo Rosales y yo estábamos hablando sobre formas de escribir canciones y le compartí este principio. Después me contó que en un ejercicio de composición que hizo con todo el equipo de alabanza resultó ser que las canciones que estaban escribiendo, en lugar de abordar un solo tema, abarcaban demasiados. Fue allí que les dijo a todos: “Cuando escriban letras sigan un solo conejo”.

Muéstreme una buena letra y le mostraré una canción que desarrolla una sola temática.

Cuando afirmo que las canciones deben desarrollar un mensaje claro no solo me refiero a una sola línea de pensamiento, sino también a que no deben ser ambiguas. La ambigüedad debería ser el inquilino indeseado en la letra del compositor cristiano.

¿A qué me estoy refiriendo? A que si la letra está dirigida a Dios, debe entenderse que es para Dios. Y si está dirigida a una persona, una mujer por ej., debe entenderse que es hacia esa persona. ¿Por qué? Porque una buena letra es clara en su mensaje, no confusa.

Hace un par de años el reconocido salmista Jesús Adrián Romero fue entrevistado por renombrado periodista de Univisión, Jorge Ramos, en el programa “Al punto”. Durante le entrevista, que fácilmente usted podría encontrar en Youtube, Ramos le dice a Jesús Adrián: “He estado escuchando en estas últimas veinticuatro horas tú música y estoy un poco sorprendido. Tengo que reconocer que no había puesto atención a las letras. Por ejemplo, tienes una canción que se llama “El aire de tu casa” y te leo un par de líneas. Dices: “disfrutar tu fragancia y llenarme de ti…” Esto, junto a otras líneas de tus canciones, podrían ser como una canción de amor de un hombre a una mujer o de una mujer a un hombre. Y de pronto, uno se sorprende que no, que le estás cantando a Jesucristo”.

En ese momento Jesús Adrián le explica que la Biblia muestra que la relación que Dios quiere tener con los seres humanos se asemeja a la que un hombre tiene con una mujer, y Ramos interrumpe a Jesús Adrián para añadir: “Claro, por ejemplo, tu canción “Mi universo”… “que seas mi universo”, yo he escuchado la idea de universo, que seas mi mundo o que seas todo para mí. Es más, si pasáramos tus canciones… me vas a perdonar, pero si las pasáramos o las pusiéramos en voz de Alejandro Sanz o de Shakira o de Luis Miguel o de cualquiera de estos cantantes famosos serían canciones de amor, canciones románticas”.

Independientemente de la respuesta de Jesús Adrián, lo que me llama la atención del episodio es que un agnóstico como Jorge Ramos le dijera a Jesús Adrián que algunas de sus canciones poseen un rasgo ambiguo. Vamos, Jesús Adrián sabe que le canta a Dios porque él compone para Dios y nosotros sabemos que le canta a Dios porque sabemos que es cristiano. ¡Amén a eso! Sin embargo, hoy en día, donde la música cristiana ha alcanzado tal influencia en las radios seculares, la gente no necesariamente conoce el trasfondo religioso de quienes componen o interpretan las canciones y simplemente se dejan llevar por lo que oyen. En este sentido, al escuchar una canción “supuestamente” cristiana que no es clara de a quién va dirigida, como ellos no son creyentes, lo más seguro es que piensen que se le está cantando a un hombre o a una mujer, no a Dios.

Voy a ir un poco más allá en cuanto a este tema de la ambigüedad y es que es tan necesario evitar la ambigüedad en las letras que usar la palabra “Dios” ya no es suficiente para dejar de ser ambiguos. ¿Por qué? Porque aunque el evangélico sabe que le está cantando al Dios de la Biblia, un buen porcentaje de personas que escuchan la palabra “Dios” en nuestra sociedad posmoderna no necesariamente saben de qué Dios estamos hablando. Para millones de personas “Dios” es una fuerza impersonal, una influencia o una voz interior que experimentan dentro de sí, no el Dios que describen las Escrituras. Es más, incluso “Dios” para ellos podría ser la entidad divina de su religión predilecta, y debemos estar conscientes de ello.

Mi punto es que las letras de las canciones cristianas deben reflejar rigurosamente las verdades de la Escritura de forma más contundente si es que esperamos vencer la ambigüedad. No debemos dar lugar a las dudas de a qué deidad se le está cantando. En este sentido, he allí por qué es importante mencionar el nombre de Dios en las canciones e ir más allá de simplemente poner “Dios”.

¿Deberíamos entonces calificar de malas las letras ambiguas? Sí, pero desde la óptica que voy a explicar a continuación. Por favor, sígame en mi explicación.

Hace varios años mi primo, Numa Rodezno, me enseñó una clasificación de canciones que me pareció muy interesante. Para él las canciones que existen en el mundo se clasifican en cuatro:

a. Canciones cristianas
b. Canciones positivas
c. Canciones negativas
d. Canciones satánicas

Partiendo entonces de esta clasificación, si una canción escrita por un cristiano es ambigua en su mensaje, antes de afirmarse que la letra es buena o mala, debería establecerse a qué categoría pertenece. Por lo tanto, en mi opinión, las letras ambiguas no son buenas letras cristianas, pero sí buenas letras positivas. ¿Por qué? Porque aunque no cumplen su cometido de ser contundentemente claras de a quién van dirigidas, por default caen en la categoría de canciones positivas. Categoría en la cual sí podría decirse que son buenas.

Recientemente estuve conversando con el cantante y compositor Oscar Medina. Después de la entrevista que le realicé para la sección “Conversando sobre composición” me compartió un concepto que en lo personal despertó mi interés. Él me preguntó: “¿Qué es una canción evangélica?” Sin esperar que yo respondiera añadió: “Es una canción que refleja el mensaje de los evangelios. Si una canción asegura ser evangélica pero no refleja el mensaje del evangelio entonces no debería llamársele “evangélica”.

Aplicando su manera de pensar al concepto de “canción cristiana”, una canción cristiana es aquella que refleja los principios cristianos, llámense doctrinas fundamentales o principios de la vida cristiana. Por lo tanto, así como la palabra “cristiano” proviene de la palabra “Cristo”, entonces una canción que no es clara en la proclamación del mensaje de Cristo no debería llamársele cristiana, sino nada más canción positiva

Continuará…

 

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